CAPÍTULO XXII

_Como ya los mismos Indios estaban cansados, y no podian sufrir las

crueldades de sus Dioses._

Esta tan excesiva crueldad en derramar tanta sangre de hombres, y el

tributo tan pesado de haber de ganar siempre cautivos para el sustento

de sus Dioses, tenia ya cansados á muchos de aquellos bárbaros,

pareciéndoles cosa insufrible; y con todo eso, por el gran miedo

que los ministros de los Idolos les ponian de su parte, y por los

embustes con que traían engañado al pueblo, no dejaban de ejecutar

sus rigurosas leyes; mas en lo interior deseaban verse libres de tan

pesada carga. Y fué providencia del Señor, que en esta disposicion

hallasen á esta gente los primeros que les dieron noticia de la ley de

Cristo, porque sin duda ninguna les pareció buena ley y buen Dios, el

que así se quería servir. A este propósito me contaba un Padre grave

en la Nueva-España, que cuando fué á aquel Reino habia preguntado á

un Indio viejo y principal, ¿cómo los Indios habian recibido tan

presto la Ley de Jesu-Cristo, y dejado la suya, sin hacer mas prueba,

ni averiguacion, ni disputa sobre ello? que parecía se habian mudado,

sin moverse por razon bastante. Respondió el Indio: no creas, Padre,

que tomamos la Ley de Cristo tan inconsideradamente como dices, porque

te hago saber, que estábamos ya tan cansados y descontentos con las

cosas que los Idolos nos mandaban, que habiamos tratado de dejarlos y

tomar otra ley. Y como la que vosotros nos predicasteis, nos pareció

que no tenia crueldades, y que era muy á nuestro propósito, y tan

justa y buena, entendimos que era la verdadera ley, y asi la recibimos

con gran voluntad. Lo que este Indio dijo, se confirma bien con lo

que se lee en las primeras relaciones que Hernando Cortés envió al

Emperador Carlos V, donde refiere, que despues de tener conquistada

la ciudad de Méjico, estando en Cuyoacán, le vinieron Embajadores de

la República y Provincia de Mechoacán, pidiéndole que les enviáse su

ley, y quien se la declaráse, porque ellos pretendian dejar la suya,

porque no les parecía bien; y así lo hizo Cortés, y hoy dia son de los

mejores Indios y mas buenos Cristianos que hay en la Nueva-España.

Los Españoles que vieron aquellos crueles sacrificios de hombres,

quedaron con determinacion de hacer todo su poder para destruir tan

maldita carnicería de hombres: y mas cuando vieron, que una tarde

ante sus ojos sacrificaron sesenta ó setenta soldados Españoles, que

habian prendido en una batalla que tuvieron durante la conquista de

Méjico. Y otra vez hallaron en Tezcúco en un aposento, escrito de

carbon: Aquí estuvo preso el desventurado de fulano con sus compañeros,

que sacrificaron los de Tezcúco. Acaeció tambien un caso extraño,

pero verdadero, pues lo refieren personas muy fidedignas, y fué, que

estando mirando los Españoles un espectáculo de aquellos sacrificios,

habiendo abierto y sacado el corazon á un mancebo muy bien dispuesto,

y echándole rodando por la escalera abajo, como era su costumbre,

cuando llegó abajo, dijo el mancebo á los Españoles en su lengua:

Caballeros, muerto me han: lo cual causó grandísima lástima y horror

á los nuestros. Y no es cosa increible, que aquél hablase, habiéndole

arrancado el corazon, pues refiere Galeno[42] haber sucedido algunas

veces en sacrificios de animales, despues de haberles sacado el corazon

y echádole en el altar, respirar los tales animales, y aun bramar

reciamente, y huir por un rato. Dejando por ahora la disputa de como se

comparezca esto con la naturaleza, lo que hace al intento es ver, cuan

insufrible servidumbre tenian aquellos bárbaros al homicida infernal,

y cuan grande misericordia les ha hecho el Señor en comunicarles su ley

mansa, justa y toda agradable.

Historia natural y moral de las Indias (vol. 2 of 2) · 第 65 / 141 题