_Como ya los mismos Indios estaban cansados, y no podian sufrir las
crueldades de sus Dioses._
Esta tan excesiva crueldad en derramar tanta sangre de hombres, y el
tributo tan pesado de haber de ganar siempre cautivos para el sustento
de sus Dioses, tenia ya cansados á muchos de aquellos bárbaros,
pareciéndoles cosa insufrible; y con todo eso, por el gran miedo
que los ministros de los Idolos les ponian de su parte, y por los
embustes con que traían engañado al pueblo, no dejaban de ejecutar
sus rigurosas leyes; mas en lo interior deseaban verse libres de tan
pesada carga. Y fué providencia del Señor, que en esta disposicion
hallasen á esta gente los primeros que les dieron noticia de la ley de
Cristo, porque sin duda ninguna les pareció buena ley y buen Dios, el
que así se quería servir. A este propósito me contaba un Padre grave
en la Nueva-España, que cuando fué á aquel Reino habia preguntado á
un Indio viejo y principal, ¿cómo los Indios habian recibido tan
presto la Ley de Jesu-Cristo, y dejado la suya, sin hacer mas prueba,
ni averiguacion, ni disputa sobre ello? que parecía se habian mudado,
sin moverse por razon bastante. Respondió el Indio: no creas, Padre,
que tomamos la Ley de Cristo tan inconsideradamente como dices, porque
te hago saber, que estábamos ya tan cansados y descontentos con las
cosas que los Idolos nos mandaban, que habiamos tratado de dejarlos y
tomar otra ley. Y como la que vosotros nos predicasteis, nos pareció
que no tenia crueldades, y que era muy á nuestro propósito, y tan
justa y buena, entendimos que era la verdadera ley, y asi la recibimos
con gran voluntad. Lo que este Indio dijo, se confirma bien con lo
que se lee en las primeras relaciones que Hernando Cortés envió al
Emperador Carlos V, donde refiere, que despues de tener conquistada
la ciudad de Méjico, estando en Cuyoacán, le vinieron Embajadores de
la República y Provincia de Mechoacán, pidiéndole que les enviáse su
ley, y quien se la declaráse, porque ellos pretendian dejar la suya,
porque no les parecía bien; y así lo hizo Cortés, y hoy dia son de los
mejores Indios y mas buenos Cristianos que hay en la Nueva-España.
Los Españoles que vieron aquellos crueles sacrificios de hombres,
quedaron con determinacion de hacer todo su poder para destruir tan
maldita carnicería de hombres: y mas cuando vieron, que una tarde
ante sus ojos sacrificaron sesenta ó setenta soldados Españoles, que
habian prendido en una batalla que tuvieron durante la conquista de
Méjico. Y otra vez hallaron en Tezcúco en un aposento, escrito de
carbon: Aquí estuvo preso el desventurado de fulano con sus compañeros,
que sacrificaron los de Tezcúco. Acaeció tambien un caso extraño,
pero verdadero, pues lo refieren personas muy fidedignas, y fué, que
estando mirando los Españoles un espectáculo de aquellos sacrificios,
habiendo abierto y sacado el corazon á un mancebo muy bien dispuesto,
y echándole rodando por la escalera abajo, como era su costumbre,
cuando llegó abajo, dijo el mancebo á los Españoles en su lengua:
Caballeros, muerto me han: lo cual causó grandísima lástima y horror
á los nuestros. Y no es cosa increible, que aquél hablase, habiéndole
arrancado el corazon, pues refiere Galeno[42] haber sucedido algunas
veces en sacrificios de animales, despues de haberles sacado el corazon
y echádole en el altar, respirar los tales animales, y aun bramar
reciamente, y huir por un rato. Dejando por ahora la disputa de como se
comparezca esto con la naturaleza, lo que hace al intento es ver, cuan
insufrible servidumbre tenian aquellos bárbaros al homicida infernal,
y cuan grande misericordia les ha hecho el Señor en comunicarles su ley
mansa, justa y toda agradable.