_De las supersticiones que usaban con los muertos._
Comunmente creyeron los Indios del Perú, que las ánimas vivian despues
de esta vida, y que los buenos tenian gloria, y los malos pena; y así
en persuadirles estos artículos hay poca dificultad. Mas de que los
cuerpos hubiesen de resucitar con las ánimas, no lo alcanzaron; y así
ponian excesiva diligencia, como está dicho, en conservar los cuerpos,
y honrarlos despues de muertos. Para esto sus descendientes les ponían
ropa, y hacian sacrificios, especialmente los Reyes Incas en sus
entierros habian de ser acompañados de gran número de criados y mugeres
para el servicio de la otra vida; y así el dia que morian, mataban
las mugeres á quien tenian aficion, y criados y oficiales, para que
fuesen á servir á la otra vida. Cuando murió Gaunacapa, que fué padre
de Atagualpa, en cuyo tiempo entraron los Españoles, fueron muertas
mil y tantas personas de todas edades y suertes para su servicio y
acompañamiento en la otra vida. Matábanlos despues de muchos cantares
y borracheras; y ellos se tenian por bienaventurados: sacrificábanles
muchas cosas, especialmente niños, y de su sangre hacian una raya
de oreja á oreja en el rostro del difunto. La misma supersticion é
inhumanidad de matar hombres y mugeres para acompañamiento y servicio
del difunto en la otra vida han usado y usan otras naciones bárbaras.
Y aun, segun escribe Polo, cuasi ha sido general en Indias; y aun
refiere el Venerable Beda, que usaban los Anglos antes de convertirse
al Evangelio la misma costumbre de matar gente, que fuese en compañía
y servicio de los difuntos. De un Portugués, que siendo cautivo entre
bárbaros le dieron un flechazo con que perdió un ojo, cuentan, que
queriéndole sacrificar para que acompañase un Señor difunto, respondió,
que los que moraban en la otra vida tendrian en poco al difunto, pues
le daban por compañero á un hombre tuerto, y que era mejor dársele
con dos ojos; y pareciéndoles bien esta razon á los bárbaros, le
dejaron. Fuera de esta supersticion de sacrificar hombres al difunto,
que no se hace sino con señores muy calificados, hay otra mucho más
comun y general en todas las Indias, de poner comida y bebida á los
difuntos sobre sus sepulturas y cuevas, y creer que con aquello se
sustentan, que tambien fué error de los antiguos, como dice San
Agustin[23]. Y para este efecto de darles de comer y beber, hoy dia
muchos Indios infieles desentierran secretamente sus difuntos de las
Iglesias y cementerios, y los entierran en cerros, ó quebradas, ó en
sus propias casas. Usan tambien ponerles plata en las bocas, en las
manos, en los senos, y vestirles ropas nuevas, y provechosas dobladas
debajo de la mortaja. Creen que las ánimas de los difuntos andan
vagueando, y que sienten frio y sed, y hambre y trabajo, y por eso
hacen sus aniversarios, llevándoles comida, bebida y ropa. A esta causa
advierten con mucha razon los Prelados en sus Sinodos, que procuren
los Sacerdotes dar á entender á los Indios, que las ofrendas que en
la Iglesia se ponen en las sepulturas, no son comida ni bebida de
las ánimas, sino de los pobres, ó de los ministros, y solo Dios es
el que en la otra vida sustenta las ánimas, pues no comen, ni beben
cosa corporal. Y va mucho en que sepan esto bien sabido, porque no
conviertan el uso santo en supersticion gentílica, como muchos lo
hacen.