_Que la causa de la idolatría ha sido la soberbia y envidia del
demonio._
Es la soberbia del demonio tan grande y tan porfiada, que siempre
apetece y procura ser tenido y honrado por Dios: y en todo cuanto
puede hurtar y apropiar á sí lo que solo al altísimo Dios es debido,
no cesa de hacerlo en las ciegas naciones del mundo, á quien no ha
esclarecido aun la luz y resplandor del santo Evangelio. De este tan
soberbio tirano leemos en Job[1], que pone sus ojos en lo más alto;
y que entre todos los hijos de soberbia él es el Rey. Sus dañados
intentos y traicion tan atrevida, con que pretendió igualar su trono
con el de Dios, bien claro nos lo refieren las divinas Escrituras,
diciéndole en Isaías[2]: Decías entre tí mismo: _Subiré hasta el
Cielo, pondré mi silla sobre todas las estrellas de Dios, me sentaré
en la cumbre del Testamento, en las faldas de Aquilón, pasaré la
alteza de las nubes, seré semejante al Altísimo_. Y en Ezequiél[3]:
Elevóse tu corazon, y dijiste: _Dios soy yo, y en silla de Dios me
he sentado en medio de el mar_. Este tan malvado apetito de hacerse
Dios, todavía le dura á Satanás; y aunque el castigo justo y severo
de el muy Alto le quitó toda la pompa y lozanía, por donde se engrió
tanto, tratándole como merecía su descortesía y locura, como en los
mismos Profetas largamente se prosigue; pero no por eso aflojó un punto
su perversa intención, la cual muestra por todas las vias que puede,
como perro rabioso, mordiendo la misma espada con que le hieren[4].
Porque la soberbia, como está escrito, de los que aborrecen á Dios,
porfia siempre. De aquí procede el perpetuo y extraño cuidado, que este
enemigo de Dios ha tenido siempre de hacerse adorar de los hombres,
inventando tantos géneros de idolatrías, con que tantos tiempos tuvo
sujeta la mayor parte del mundo, que apenas le quedó á Dios un rincón
de su pueblo Israél[5]. Y con la misma tiranía, después que el fuerte
del Evangelio le venció, y desarmó y entró por la fuerza de la Cruz las
mas importantes y poderosas plazas de su Reyno, acometió las gentes
más remotas y bárbaras, procurando conservar entre ellas la falsa y
mentida divinidad que el Hijo de Dios le había quitado en su Iglesia,
encerrándole como á fiera, en jaula, para que fuese para escarnio
suyo y regocijo de sus siervos, como lo significa por Job[6]. Mas en
fin, ya que la idolatría fue extirpada de la mejor y mas noble parte
del mundo, retiróse á lo mas apartado, y reinó en estotra parte del
mundo, que aunque en nobleza muy inferior, en grandeza y anchura no lo
es. Las causas porque el demonio tanto ha esforzado la idolatría en
toda infidelidad, que apenas se hallan gentes que no sean idólatras,
y los motivos para esto, principalmente son dos. Uno es, el que está
tocado de su increíble soberbia, la cual, quien quisiere bien ponderar,
considere que al mismo Hijo de Dios y Dios verdadero acometió, con
decirle tan desvergonzadamente[7], que se postráse ante él y le
adoráse; y esto le dijo, aunque no sabiendo de cierto que era el
mismo Dios; pero teniendo por lo menos grandes barruntos de que fuese
Hijo de Dios. ¿A quién no asombrará tan extraño acometimiento? ¿Una
tan excesiva y tan cruél soberbia? ¿Qué mucho que se haga adorar de
gentes ignorantes por Dios el que al mismo Dios acometió, con hacersele
Dios, siendo una tan sucia y abominable criatura? Otra causa y motivo
de idolatría es el ódio mortal y enemistad que tiene con los hombres.
Porque como dice el Salvador[8]: Desde el principio fué homicida, y
eso tiene por condicion y propiedad inseparable de su maldad. Y porque
sabe que el mayor daño del hombre es adorar por Dios á la criatura,
por eso no cesa de inventar modos de idolatría con que destruir los
hombres y hacerlos enemigos de Dios. Y son dos los males que hace el
demonio al idólatra: uno que niega á su Dios, segun aquello[9]: Al Dios
que te crió desamparaste: otro que se sujeta á cosa mas baja que él,
porque todas las criaturas son inferiores á la racional; y el demonio,
aunque en la naturaleza es superior al hombre, pero en el estado es muy
inferior, pues el hombre en esta vida es capaz de la vida divina y
eterna. Y así por todas partes con la idolatría Dios es deshonrado y el
hombre destruído; y por ambas vias el demonio soberbio y envidioso muy
contento.