XI.

ROBERTO. Tambien mi partido está tomado. Me vuelvo a Inglaterra con

Pedro, sin dejar representacion, que Luisa haga lo que quiera, ya que es

libre.

ANA. Yo te sigo, Roberto. No me quedo con Luisa, si ella quiere tener

una madre que no puede ser la mia...

D. SEB. Pero reflexionad que vosotros no sois dueños de hacer vuestra

voluntad, i que no debeis seguir al señor Llorente, quien no es ya nada

para vosotros, i que mañana u otro dia puede dejaros para siempre.

ROB. (_insistiendo_). Mas es nuestro amigo, i no nos abandonará...

D. SEB. I entre tanto vosotros abandonais a vuestra hermana, renegais a

vuestra madre, por un amigo. ¿No ves, Roberto, que esto es sencillamente

un absurdo?

LUISA. Es sencillamente el capricho de un niño, que no sabe lo que dice.

Tú, Roberto, no puedes resolver, tú no puedes disponer de tu persona, ni

hai amigo alguno que pueda separarte de mí; ni a tí, ni a Ana.

Desconocereis a mi madre si quereis, pero estareis a mi lado, porque

tengo la responsabilidad de vuestro cuidado.

LLOR. No vamos tan allá. Si todo estaba ya arreglado, ¿por qué ir a

tales estremos? ¿Por qué entrar en estas disputas de autoridad? Dime,

Luisa, ¿consientes en ir con don Sebastian a abrazar a tu madre, a

pedirle que bendiga nuestra union, para volver despues a Lima, donde

celebraremos nuestro matrimonio?

LUISA. Pregunta escusada, desde que reanudas nuestro compromiso,

consintiendo en que yo reconozca a mi madre. Mas quisiera saber si

persistes aun en ponerme condiciones para despues de nuestro

matrimonio...

LLOR. Satisfecho tu deseo, nos volveremos a Europa, i tú no volverás a

ver tu madre, eso es todo.

(D. Sebastian sale, sin ser visto.)

LUISA (_con superioridad_). ¿De ese modo piensas conciliar mis deberes

de hija con los de esposa, i con el capricho de mis hermanos? Nos

iremos, ellos renegando de su madre, sin reconocerla; i yo abandonándola

en su enfermiza ancianidad, ¿no es eso? ¿Crées digna de tu esposa

semejante conducta?

LLOR. (_vacilando_) No pretendo imponerte nada que sea indigno... Si

quieres quedar al lado de tu madre... Si no quieres seguir a tu

marido... Pero dejemos eso para meditarlo despues. Vé i entre tanto

deliberaremos...

AGUE. (_aparte_) ¿A donde habrá ido mi padre?... ¿Creerá llegado el

momento?

ROB. (_a Ana_). Veo que Pedro quiere abandonarnos, hermana mia. ¿Qué

vamos a hacer?...

ANA. No sé, sino que me espanta la idea de confesarme hija de una negra.

LLOR. No tienes, Roberto, por qué decir eso: yo no te abandono. Cumplo

con tu padre, al resolverme a tomar a Luisa como mi mujer. Yo no puedo

iniciar con un choque brutal mi matrimonio con ese ánjel, que amo tanto,

que admiro...

(Luisa se enjuga las lágrimas.)

AGUE. (_aparte a Luisa_). Reciba, Luisa, mis sinceras felicitaciones por

el triunfo de su virtud. Aplaudo su union i me conformo con ser el mas

respetuoso de sus amigos...

(Luisa le estrecha la mano.)

ROB. ¿Sabes que no te entiendo, Pedro? Estás resuelto a complacer a

Luisa, que quiere lo que nosotros no queremos; i sin embargo aseguras

que no nos abandonas... El resultado será que tú i ella tendrán una

madre que nosotros no podemos tener, i que Ana i yo quedaremos solos...

LLOR. Siempre tendrán tú i Ana una madre en Luisa, i en mí a vuestro

padre. No quedareis solos, ni os haremos violencia para que acepteis una

madre que repudiais... Esta ignorará siempre vuestro proceder, i es

necesario que lo ignore para no morir de dolor...

_Ana._ Mas creo que no podremos permanecer aquí, ni estar al lado de

Luisa, sin reconocerla... ¡Qué haremos; Dios mio!...

ROB. Sí... ¡qué haremos! Dílo tú, Pedro, tú que ya eres el jefe de

nuestra familia...

D. SEB. (_volviendo, i desde la puerta del fondo_). ¡No es cierto,

querido, no lo es!... Aquí no hai otro jefe de vuestra familia que la

señora doña Rosalia, que está presente... Luisa, abraza a tu madre...

(Sorpresa jeneral.--Dos sirvientes introducen a Rosalia, vestida de

negro i con un velo espeso que le cubre el rostro, sentada en un sillon,

que colocan en la penumbra de la lámpara.)

LUISA (_precipitándose a abrazar a Rosalia, cae de rodillas a sus

piés_). ¡Madre, madre mia!...

D.ª ROS. ¡Mi Luisa!...

LLOR. (_que ha seguido a Luisa, colocándose al lado del sillon_). I su

esposo, señora, si me la concedeis...

D.ª ROS. Su padre te la dió... Es tuya (ALZANDO A LUISA I ENTREGÁNDOLA A

LLORENTE, QUE LA RECIBE EN SUS BRAZOS). ¡Pero a dónde está Roberto!

¡Cuál es mi Ana! ¡Por qué no vienen!

D. SEB. (_que ha estado instando a Roberto i Ana, los empuja hácia el

sillon_). ¡Que Dios mueva vuestros corazones empedernidos! ¡Vamos, un

momento de jenerosidad con la pobre madre!

ROB. i ANA (_miéntras dice don Sebastian estas últimas palabras, corren

a arrodillarse a los piés de Rosalia, esclamando_:) ¡Perdon, perdon,

madre mia!...

Antaño i Ogaño: Novelas i Cuentos de la Vida Hispano-Americana · 第 113 / 113 题