Me fué imposible contenerla. Su narracion nerviosa, intermitente,
violenta, no me daba lugar. La impresion misma que me causaba, me
impedia dominar el caso: la sensibilidad triunfaba de la ciencia. Yo no
era médico en aquel instante. Su delirio la abatió, i a mí me despertó.
Pero todo fué inútil, ineficaz, en aquel momento de crisis. La fiebre ha
sobrevenido. El letargo cerebral ha dominado. ¡Ah! ¡si él bastara a
restablecer el organismo! La reaccion suele restablecer las funciones...
Pero la debilidad, la atonía...
¡Oh! no, ella despierta, se incorpora, se sienta, su mirada no está
turbada. Voi, amiga mia...