Hoi ha leido al doctor algunas pájinas de mi diario.
--¡Bien! esclamó. Dejadla escribir, sor María. La pluma, el llanto i el
sueño van a curarla pronto. Ya lleva una semana de mejoría, i todo se
debe a...
--Acabad, doctor, agregué yo. ¿A qué se debe?
--Dejadme mirar vuestros ojos. ¡Ah! Estais tranquila...
¿No es así? Parece que ese apóstrofe que lanzasteis a la sociedad os
desahogó. Lanzad cuantos os vengan a la imajinacion. Vaciad vuestra
alma en el papel. Prefiero verla en tinta, ántes que en lágrimas...
--Dejad las chanzas, doctor. ¡Decidme a qué se debe todo!...
--¡Eh! Ya vais a tomar otro barreno. Todo se debe a que os quité de la
vista al que habiais tomado...
--No entiendo, doctor. Por piedad, hablad claro. Ya sabeis que la mejor
panacea que tomo es vuestra conversacion, i ella no ha sido jamas
enigmática. La claridad de vuestras ideas es lo que ha iluminado mi
espíritu. Hablad, hablad...
--No tengais aprensiones, señora. Principiad a curaros de vuestra
susceptibilidad. Lo que he dejado de deciros es una nimiedad. Atendedme,
pero prometedme no preocuparos. He notado que muchas veces os causaba el
acceso un pobre loco que paseaba libremente por estas galerías, i he
dispuesto lo pongan en otra parte. Eso es todo. ¿Comprendeis?
--¡Un clérigo!...
--Sí, un clérigo. Sentaos. Perdeis el color, ¡Dios mio! Fijaos bien en
mis palabras. Desechad recuerdos. Ese clérigo os recordaba algo, pero no
es él quien puede haberos hecho mal. Es un pobre que tiene la rareza de
haber pasado de tonto a loco. Nunca ha salido del Brasil. No podeis
haberle hallado en otra parte.
--No por cierto. Es que se parece a otro que a decir verdad no me ha
hecho mal; a otro que ayudó a bien morir a...
--¡Señora! Fijaos en mí. No recordeis nada. ¡Agua, sor María! El pomo...
--¡I despues se reía!...
--¡Tomad un poco de descanso! Hablemos de otra cosa. Es un rico olor el
de ese pomo, ¿verdad? ¡Venid, venid a la ventana, el emperador pasa! Va
a la Lagoa, al Jardin de Plantas....
Este es el diálogo que he tenido con el doctor esta mañana. Lo he
copiado por encargo suyo. Quiere ver si es exacto i darme en premio
patente de sanidad. Si os falta un ápice, me dijo, si hai inexactitud,
es prueba de que aun estais mal. Yo no recuerdo si mediaron otras
palabras. No sé que refirió sobre la visita del emperador al jardin...
--¡Oh! ¡si tuviera yo una persona que me hablara así, como ese viejo
doctor, tan alegre, algunas horas todos los dias! El portugues me parece
una lengua hermosísima en su boca. ¡Qué bien habla! ¡Como resplandecen
sus lucientes ojos en su negra cara i bajo esa cabellera blanca como la
nieve! Es un médico mui sabio. Es médico de locos...
¡Qué diferencia con sor María! Siempre me habla de Dios en su jerga
gabacha, sin salir de su tema. Quiere convencerme de que Dios prueba a
sus criaturas mandándoles fuertes pesares, horribles pasiones, grandes
dolores. ¡Qué ocupacion! Yo habria preferido que no me probase! Si él
sabe que soi débil, ¿por qué me puso entre el crímen i el amor? ¿Por qué
no inspiró mejor al criminal, para ahorrarme el dolor en mi inocencia,
para ahorrarme la locura!...
¿Esta monja sabrá mi historia tal vez? En mis raptos de dolor se me
habrá escapado. Siempre alude a lo mal que hace una mujer cuando ama sin
reserva, i sin temor de Dios, a un hombre. ¿Será necesario amar a
medias, sujetar el amor al temor de las iras de Dios?
Talvez se podrá hacer eso, cuando se ama tranquilamente, sin obstáculo,
a un hombre que debe ser esposo; o cuando se ama a un hombre con quien
no podremos unirnos jamas; i es necesario que la razon prevalezca para
salvarnos de una vergüenza, de una deshonra...
¿Pero era alguna de esas mi situacion?
Yo respeté las leyes de Dios i del honor, miéntras mi amor era
aplaudido de todos, miéntras mi madre lo bendecia, i Fructuoso era mi
prometido. Entónces corrian felices nuestros dias. Fructuoso me trataba
libremente i queria hacer bendecir nuestra union ántes de que se
emprendiera una nueva guerra. Se decia que los chilenos trataban de
declararla a la Confederacion.
Un dia llegó mi hermano, del ejército. Yo temblé; sabia que odiaba
entrañablemente a mi prometido. Fructuoso desapareció durante largos
dias. Yo estaba llena de angustias. Mi madre se mostraba severa: mi
hermano mústio i sañudo. Al fin, recibí furtivamente una carta que
conservo en la memoria:
«Mi Pepa querida, ídolo mio, insisto en escribirte, aun que no me
contestes. Tal vez no has recibido mis cartas; pero creo que esta
llegará a tus manos. Tu madre me ha intimado romper toda relacion
contigo. Tu hermano se ha atrevido a declararme que me matará si intento
verte. He tenido que sufrir el ultraje. Es tu hermano. Por conservar tu
amor, toleraria que él me matara.»
«Somos nuevos Romeo i Julieta, pues mi tio i tu hermano son Mantegon i
Capuleto. Esto lo dice todo. ¿Qué haremos? Necesitamos ponernos de
acuerdo. Pienso que la nueva campaña que se anuncia pueda obrar un
cambio eficaz.
«Yo partiré al Perú i despues de la guerra, tal vez tu hermano se
saciará de honores i de poder, i los pagará concediéndome tu mano. Mi
tio, estoi seguro, lo olvidará todo por nuestra felicidad.
«Alma mia, mi Pepa, ten valor. No para reñir, nó; una lucha ahora
romperia para siempre nuestras esperanzas. Confia i espera. Mas es
necesario que ordenemos de acuerdo nuestro plan, para vencer a nuestro
enemigo.
«Si no puedes escribirme, está todo perdido. Es preciso que nos veamos.
Habla con esa buena amiga que te entregará esta carta con un millon de
cariños de tu--Fructuoso.»
Esa carta me lo revelaba todo. No sé por qué me reí al leerla, si de
furor o de amor. ¡Mi hermano! ¿Qué títulos tenia él para dominarme así?
¿Era mi padre? ¿Por qué me hacia la víctima de sus odios? Mi anciana
madre podria cederle. Yo, nó, mil veces nó. Desde ese momento lo miré
frente a frente, desafiándolo, i delante de él mismo interpelé a mi
madre sobre su intimacion a Fructuoso.
La señora calló i se deshizo en lágrimas. El quiso tratarme como a un
soldado, haciéndome callar i obedecer. ¿Para qué recordar aquel ardiente
diálogo? El tuvo que callar i aceptó mi declaracion de guerra con su
mirada i un movimiento de cabeza, sin decirme una palabra. Tal vez no
quiso aumentar el dolor de mi madre que tenia su cara cubierta con el
pañuelo en que enjugaba su llanto...