IV.

En efecto, aquello me enfermó. He reposado. Sor María me ha dejado sola.

¡Qué dia tan espléndido, pero cuán ardiente! No, hai brisa. El golfo no

se mueve. He ahí a Rio de Janeiro, con sus colinas resplandecientes de

verdura i cuajadas de blancos edificios. Allá el Rosario, mas acá las

palmas del Largo de Machao, todos esos boscajes que suben son los

jardines de Larangeiras. ¡Qué lindas quintas! Mas acá se perfila el

barrio de Botafogo, con sus elegantes casas aisladas i rodeadas de

verdes mangueiras, de plateadas magnolias, i de aquellos arbustos de

hojas purpurinas i amarillas, que tan bello contraste forman entre esos

abundantes i ricos colores. ¡Qué naturaleza!

¡I esa es la mansion de un pueblo de cuerdos, que ha construido en este

sitio un palacio para sus locos! ¿Adónde está la razon, allá o aquí?

Allá, si la razon consiste en ajustar la vida a las conveniencias del

egoismo i a las exijencias de la sociedad: aquí, si únicamente tienen

alma los que saben pensar i sentir sin egoismo, sin esclavitud, sin

miedo, sin estupidez.

¡La humanidad no piensa, i se llama racional i se dice la reina del

mundo! Solo piensa una mínima porcion, i de esos que piensan, los unos

no hacen mas que estudiar el modo de esclavizar el espíritu i de sujetar

a la sociedad a un sistema de ideas i de intereses, propio para

dominarla: los demas que piensan, i no piensan de ese modo, son locos.

Pero todos sienten i se dejan llevar de sus instintos. El que sabe

gobernarlos en provecho propio, saciándolos en secreto, i disimulándolos

en público, para ajustarse a las conveniencias de la sociedad, ese es

cuerdo.

En eso consiste la racionalidad, la superioridad del hombre. Solo los

brutos no calculan, ni especulan con sus instintos. Tambien los locos...

El cerebro que no calcula i se deja dominar de una idea, de una pasion,

es cerebro descompuesto. Va al hospital.

¿Tiene una la culpa de ser así? ¿Por qué nos aprisionan entónces, como a

los criminales? ¡Ah! porque somos bestias feroces, no somos

racionales... El cerebro desorganizado carece de razon...

Yo no soi racional, porque me he dejado dominar de un amor tan inmenso

como desgraciado...

¡El era tan hermoso, tan valiente, tan noble! La primera vez que lo ví,

muchacho aun, con su uniforme punzó, a la cabeza de un batallon

vistosamente vestido, me pareció un ánjel que irradiaba, que

deslumbraba... Mi primer movimiento fué entrar a mi aposento i postrarme

delante de la Vírjen, con el corazon anhelante, a pedirle que salvara de

la muerte a aquel precioso jóven, que le tuviera de su mano en los

combates, en los peligros de la guerra.

Volví a los balcones, en el momento de la partida. Iban a la campaña del

Perú. Todo era movimiento en aquella plaza, todo bullicio; pero las

músicas militares llenaban el aire con sus melodías, i parecia que

lloraban. Sus acentos atravesaban el alma i humedecian todos los

semblantes con dulces lágrimas.

Fructuoso montaba un potro blanco, que no marchaba sino que piafaba.

Frente a mis ventanas estuvo mucho tiempo, i yo me extasiaba mirándolo.

El sol reflejaba mas sobre el blanco mate de su cara, que sobre sus

bruñidas armas. Parecia tranquilo, pero triste i severo. Su cabeza

levantada dejaba ver toda su hermosura.

Sus ojos se fijaron muchas veces en mí, i cuando los mios se

encontraron con ellos, me parece que se unieron i confundieron dos rayos

de luz, que él cortó, moviendo graciosamente su espada para saludarme...

¡Ya nos amábamos!...

Una hora despues estaban desiertas la plaza i las calles. Pero yo creia

divisar todavía a Fructuoso entre la nube del polvo que dibujaba por la

senda del Alto la columna en marcha.

Me parecia oir todavía la vaga armonía de la música que se despedia, i

sentia mi corazon opreso con aquella angustia del amor en ausencia.

El recuerdo de ese dia me hace llorar i mis lágrimas van borrando lo que

escribo. ¿Este dolor tan dulce será locura?...

Antaño i Ogaño: Novelas i Cuentos de la Vida Hispano-Americana · 第 68 / 113 题