1860.
Pronto se enterarán diez i nueve años contados desde aquella tarde. Mr.
Livingston habrá hecho hasta entónces dos mil ochocientos cincuenta
viajes entre Santiago i Valparaiso, i habrá repetido en cada una de esas
ciudades mil cuatrocientas veinte i cinco veces tres palabras
misteriosas.
¿I nosotros qué hemos hecho? Nada. ¡Un solo viaje! ¿Para atras o para
adelante? Ese es el problema. Los descontentos, que son muchos, dicen
que para atras. Los contentos, que son pocos, dicen que para adelante.
Mr. Livingston, que nos ve con ojos serenos, talvez creerá que
principiamos a andar cuando él emprendió su peregrinacion, pero que a
pocos pasos que dimos tropezamos i nos caimos de cabeza en un abismo.
¿Pero cuáles serán esas tres palabras sacramentales que el ingles
pronunciará todavía ciento cincuenta veces hasta enterar sus veinte años
de peregrinacion? ¿Serán las mismas que pronunciaba al salir de la
Cueva--JUSTICIA, PATRIOTISMO, DEMOCRACIA? No lo sabemos; puede ser que
sean, si es cierto que el amor a la patria, cuando es puro i verdadero,
estimula al patriota a practicar la justicia i a buscar la felicidad de
la patria en el triunfo de la democracia.
Lo que es indudable, porque Lucero lo dijo, es que el dia en que se
halle el patriotismo perdido, será dia de gloria, de contento, de paz i
de fraternidad.
Entónces talvez se aclarará el problema ántes indicado, i sabremos si
hemos vivido hácia atras, como Quevedo; si hemos ido adelante como la
tortuga, o si hemos estado en un abismo como suelen estar los zapos
entumecidos i sin accion en las entrañas de la tierra.
Mr. Livingston viaja todavía. Su constancia es un ejemplo. Hoi se le ve
ya estenuado de fatiga, flaco i andrajoso. Su color se ha atezado, sus
ojos se han apagado. La melancolía mas profunda se pinta en su
semblante. ¿Acaso desespera de hallar lo que busca? ¿Morirá ántes de ese
dia de gloria que le anunció Lucero?.....
Hace mui pocos dias que un coche paraba en el camino de Valparaiso, i un
ingles de figura respetable sacaba medio cuerpo por la portezuela para
llamar a don Guillermo. Este se acercó triste, mirando al suelo, i
saludó. El del coche le paso su mano estendida i cubierta de monedas; el
peregrino tomó una sola.
--¿Cuál es su nombre? le preguntó aquel en ingles.
--_Pagan_ (peegan), respondió éste i saludando siguió su camino.....
¿Por qué ese otro nombre? ¿Cuál es el verdadero?
Como quiera que sea, Livingston o Pagan, él es digno de las bendiciones
del cielo.[28]
[28] En efecto vivia i viajaba todavía Mr. Livingston en ese año.
El encuentro de que se habla fué efectivo, i el ingles que le
llamó era el hábil i distinguido D. Federico Green, que venia en
un coche con el autor de este cuento, i que habia conocido a Mr.
Livingston en 1828, como dependiente de comercio en Valparaiso,
pero sin recordar si era este su nombre, o si se llamaba Pagan,
como lo dijo al responder.
Postdata.
Esa fué la última vez que vimos a nuestro héroe. El nombre de _Pagan_
que habia tomado simbolizaba su idolatría, i la espresion inefable de su
rostro perfilado i trasparente indicaba cuán ardiente era la fé que
tenia en su ídolo.
Yo participaba de su fé, i hubo momentos en que me aluciné, creyendo que
él habia triunfado, llenando su mision. ¡Engaño cruel! En 1868 he sabido
que el pobre loco habia muerto despeñado en una cuesta del camino de
Valparaiso por una carreta, ¡ántes de completar sus tres mil viajes
sagrados! El talisman del patriotismo quedó siempre encantado i Lucero
perdida en las tinieblas. Lo que yo creia un triunfo no habia sido otra
cosa que el claror deslumbrante del haz de pajas de la Mentira.[29]
[29] A Alude el autor a las esperanzas que despertó en los
sinceros liberales la inauguracion de la administracion Perez, i
al desengaño que en 1868, año en que se escribió esta postdata,
habia producido la alianza clerical i conservadora en que se
apoyó despues aquel gobierno.
¡Funesta desgracia! El héroe habia vencido a la Ignorancia i a la
Mentira con una firmeza incontrastable, i se habia salvado del poder de
la Ambicion i del Fanatismo con un valor de todos los diablos. ¡Trabajo
perdido! Su admirable constancia no alcanzó a desencantar al
Patriotismo, i la verdad, la justicia i la democracia quedarán todavía
en los abismos, hasta que las levante de allí otro héroe que no muere
jamas, que tiene mas firmeza i mas valor que un hombre solo; otro héroe
que ha atravesado los siglos luchando por aquellos bienes, a quien los
griegos llamaban _Demos_, talvez por lo que tiene de demonio, i a quien
nosotros llamamos _Pueblo_, en nuestro lenguaje moderno.