Comienza a aclarar.
El corazon humano es mui leal, no hai duda; pero no sabemos por qué el
de Mr. Livingston palpitó al recuerdo de Julia, cuando su dueño habia
quedado poco ménos que en cuclillas, al aspecto de tantos cuernos. A esa
hora tal vez la bella almendralina, imposibilitada ya para tomar el velo
de monja, i durmiendo en el brazo izquierdo de su primo i marido, soñaba
con el ingles, pagando el primer tributo a la infidelidad conyugal.
¡Pero quién es dueño de un ensueño! ¡Ni quién es árbitro de los augurios
del porvenir! El cuadro que se representaba a los ojos del amante
abandonado podia coincidir con el que pasaba por la imajinacion dormida
de la infiel querida; pero si era una amenaza para el marido, bien podia
ser tambien un emblema de lo que sucedia el amante. Talvez aquello no
era otra cosa que una espresion de la doble infidelidad de Julia, que
traicionando a un querido, soñaba con traicionar tambien al otro. En
todo caso, ello no seria mas que una corroboracion de la teoría del
emperador romano sobre las Julias.
Mr. Livingston estaba realmente abatido. Amaba de buena fé, aunque no
habria querido casarse de buenas a primeras. Al fin era comerciante i
sabia que no se debia comprar sin muestras, sino cuando la especie es
mui barata i no cuesta tanto como la libertad de un soltero. En eso
meditaba, i no sabiendo si habia hecho bien o mal, desahogó su
incertidumbre, sacudiendo la cabeza i dando un suspiro. No tan pronto
abrió los ojos, cuando vió que se adelantaba hácia él un hombre de
fraque negro como él, que marchando hendia la roca de la muralla como si
fuera una nube o una sutil neblina.
Era el recien venido un hombre de regular estatura, flaco i nervudo, de
pelo de color incierto por las canas que se le entreveraban, i de
patilla angosta i mas canosa que la cabeza. Sus ojos grandes daban a su
cara un aspecto agradable i risueño.[7] Restregándose las manos como con
gusto, le dijo con familiaridad:
[7] Retrato del abogado Don José Felipe Gándara, notario de
Valparaiso, cuyo carácter jovial se trata de pintar en el
diálogo.
--¿Cómo va, don Guillermo?
--¿Quién es usted? contestó éste sorprendido de hallar allí quien le
conociera.
--Soi un escribano, añadió el otro sonriéndose.
--¿Qué tiene que hacer conmigo i en este sitio un escribano?
--Es que va a venir el juez del crímen a interrogar a usted.
--¡El juez del crímen! ¡A mí, que no soi delincuente! ¡Que soi por el
contrario víctima de un atentado atroz!
--No se asuste usted... Estos tienen la costumbre de entregar al juez
del crímen a todos los que caen en sus manos. Pero ya se reformará eso:
están pensando en someter a consejo de guerra a todos los que son de
otro color. Ya eso será mas llano i ménos molesto para nosotros, porque
un fiscal militar no tiene mas que atender a su formulario, para sacar
culpable al interrogado, i sea o no inocente, pone su conclusión fiscal
pidiendo que se le pase por las armas.
--¿Pero, por Dios, de qué se trata? esclamó Mr. Livingston desesperado
al oir hablar de procesos i acusaciones.
--Tranquilícese usted, le dijo amablemente el escribano; sométase a todo
lo que le manden, hágase el leso no mas, i verá como lo pasa bien.
Cuando me atraparon a mí, quisieron hacerme imbunche para que hiciera mi
noviciado, pero yo me allané a todo, i luego me dieron el mismo puesto
de escribano que tenia allá en el mundo.
Estupefacto Mr. Livingston, preguntó con voz ronca de terror.--¡I qué!
¿Acaso no estamos en el mundo?
--Nó, en el de allá arriba, nó. En el de aquí abajo, sí; respondió el
escribano.
--Luego estoi en una cueva de ladrones, esclamó el ingles; ya lo creia
yo al encontrarme sin mi dinero ni mis alhajas.
--Nó, no son ladrones. Le han quitado a usted eso, porque los jenios
están mui necesitados. ¿No ve usted que tienen que hacer tantos gastos?
Antes están pensando ahora en aumentar los derechos de importacion, en
ponerlos a la exportacion de la plata i demas productos del pais, i aun
en restablecer la bula de la Santa Cruzada para aumentar las entradas,
porque de otro modo es imposible conservar el órden.
Al oir esta respuesta del escribano, don Guillermo quedó mas confuso que
cuando se desengañó de que las cabezas i caras que le burlaban no eran
efecto de la óptica. Se calló aterrado, i el escribano le miró con
compasion.
Despues de una larga pieza de silencio, miró al curial como implorando
una esplicacion, i preguntándole adonde estaban.....
El escribano le comprendió i le dijo:
--Estamos no se adónde, don Guillermo, pero dicen que este pueblo es el
de los jenios de la colonia, que se han refujiado aquí desde la
revolucion de la independencia, i que desde aquí trabajan por inspirar a
los de arriba, por conquistar prosélitos i por hacer la
contra-revolucion para reconquistar su poder. Yo no sé lo que haya en
esto de cierto; yo veo todo lo que se hace aquí, i sé que es una pura
picardia; pero...
--¡I cómo no huye usted! le interrumpió el ingles sublevado en lo mas
noble de su corazon, al oir aquel lenguaje.
--Es imposible. Esto no tiene salida.
--¡Por qué no resiste usted, por qué se somete a servir a la
iniquidad!...
--Qué quiere usted, don Guillermo, si le pagan bien a uno, i uno es
pobre. No hai mas que aguantar.
Nuestro amigo vió que esa era la filosofía de todos en el mundo de donde
venia, i comprendió que en aquel mundo subterráneo se encontraba con
conocidos. El escribano era hablador, como muchos de su oficio; se
revelaba sin embozo, i censuraba sin cautela a sus soberanos, como
muchos empleados públicos vituperan al gobierno de que dependen, sin
perjuicio de votar por él en las elecciones i de obedecerlo ciegamente
en los mismos actos que le vituperan. Su filosofía es la del escribano:
¡que quiere usted, somos pobres i nos pagan! ¡Como si la pobreza
autorizara la maldad!
Pero con todo, Mr. Livingston no podia todavía atar los hilos que
recojia. Lo que le descubria la afable locuacidad del interlocutor,
quedaba oscurecido por la redundancia. Era necesario hacerlo que tuviese
mas precision en sus respuestas.
--Por fin, insistió el ingles, ¿en qué pais estamos?
--En el pais de _Espelunco_,[8] replicó el escribano con alguna
solemnidad, voz que se deriva de la latina _Spelunca_, que significa
_Cueva_. Aquí se usa mucho el latin, pues para ser buen Espelunco, es
necesario siquiera poder leer los salmos del santo rei profeta i asistir
a maitines.
[8] Anagrama de la palabra _pelucones_, con la cual se designaba
a los fundadores del partido conservador que, por sus
antecedentes en la época de la colonia, eran mas retrógrados i
mas aferrados al viejo réjimen.
--¡Cómo! ¿Se usan tambien esas cosas por acá?
--Sí, señor, todo lo que va en derrota por allá arriba tiene aquí su
refujio, principalmente la relijion.
--¡Hum! I dígame usted, ¿qué papel hace aquí ese chibato que me ha
atacado a mí esta noche, i qué son esa multitud de cabrones que habia en
estas murallas cuando usted entró?
--Ese chibato es el diablo, i los que se asomaban por aquí son sus
ayudantes, que jeneralmente sirven de público en este tribunal para
preparar el ánimo de los neófitos.
--¿Cómo se comprende esa asistencia de los demonios con las cosas
relijiosas de que usted me habla?
--¡Oh! Eso es mui fácil de comprender. Como aquí se sirve a Dios,
trabajando para que triunfe el espíritu antiguo tan atacado por la
revolucion, es sin duda lícito poner en juego al diablo i todas las
cosas, porque todo depende en este mundo i el otro de Dios. Fuera de que
el diablo no hace aquí nada que no sea bueno: su oficio es reclutar
jente, como le ha reclutado a usted, i luego abatirles la soberbia para
que se rindan por el terror. Hai muchos dóciles como yo, que al instante
nos allanamos a servir la causa. Hai otros mas renitentes, porque no han
nacido con vocacion para ser Espeluncos: a esos se les somete al
procedimiento de imbuncharlos, lo mismo que a los chicos que se pescan,
a los cuales se les hace imbunches para contar despues con mas seguridad
con sus servicios.
--Tenga usted la bondad de esplicarme ese procedimiento i su objeto.
--_Imbunchar_ se llama coserle al paciente con hilo fuerte i buena aguja
todos los agujeros, salidas i entradas de su cuerpo, teniéndole así
cierto tiempo de noviciado, privado de los cuatro sentidos mas
peligrosos, que son ver, oir, oler i gustar, hasta que, olvidado del uso
de esos sentidos, se le puede imprimir el carácter e inclinaciones de un
buen Espelunco.[9] El tacto esterno se les deja libre, porque hai una
tradicion entre los Jenios de la colonia, segun la cual no podrá
desencantar a la libertad del encanto en que ellos la tienen, sino el
hombre que sea capaz de vencer sin fuego ni hierro i solo con el empleo
de sus fuerzas corporales a cuatro monstruos que la guardan. Por aquí
verá usted que no hai peligro en dejar a los neófitos el uso de sus
manos, brazos i piernas.....
[9] Tal era lo que se referia en la conseja popular de la Cueva
del Chibato, i lo que significaba la palabra _imbunche_. En
lengua araucana hai una palabra de la cual se ha tomado aquella,
i es _ivumche_, que traduce el diccionario de Febres así: «los
que consultan los brujos en sus cuevas, donde los crian desde
chiquitos para sus hechicerías o encantos: a estos llaman los
indios--_ivúmcoñi_.»
La palabra del escribano fué interrumpida por la repentina aparicion en
la estancina de todas las cabezas cornudas que se habian ántes
ocultado.