IX.

Comienza a aclarar.

El corazon humano es mui leal, no hai duda; pero no sabemos por qué el

de Mr. Livingston palpitó al recuerdo de Julia, cuando su dueño habia

quedado poco ménos que en cuclillas, al aspecto de tantos cuernos. A esa

hora tal vez la bella almendralina, imposibilitada ya para tomar el velo

de monja, i durmiendo en el brazo izquierdo de su primo i marido, soñaba

con el ingles, pagando el primer tributo a la infidelidad conyugal.

¡Pero quién es dueño de un ensueño! ¡Ni quién es árbitro de los augurios

del porvenir! El cuadro que se representaba a los ojos del amante

abandonado podia coincidir con el que pasaba por la imajinacion dormida

de la infiel querida; pero si era una amenaza para el marido, bien podia

ser tambien un emblema de lo que sucedia el amante. Talvez aquello no

era otra cosa que una espresion de la doble infidelidad de Julia, que

traicionando a un querido, soñaba con traicionar tambien al otro. En

todo caso, ello no seria mas que una corroboracion de la teoría del

emperador romano sobre las Julias.

Mr. Livingston estaba realmente abatido. Amaba de buena fé, aunque no

habria querido casarse de buenas a primeras. Al fin era comerciante i

sabia que no se debia comprar sin muestras, sino cuando la especie es

mui barata i no cuesta tanto como la libertad de un soltero. En eso

meditaba, i no sabiendo si habia hecho bien o mal, desahogó su

incertidumbre, sacudiendo la cabeza i dando un suspiro. No tan pronto

abrió los ojos, cuando vió que se adelantaba hácia él un hombre de

fraque negro como él, que marchando hendia la roca de la muralla como si

fuera una nube o una sutil neblina.

Era el recien venido un hombre de regular estatura, flaco i nervudo, de

pelo de color incierto por las canas que se le entreveraban, i de

patilla angosta i mas canosa que la cabeza. Sus ojos grandes daban a su

cara un aspecto agradable i risueño.[7] Restregándose las manos como con

gusto, le dijo con familiaridad:

[7] Retrato del abogado Don José Felipe Gándara, notario de

Valparaiso, cuyo carácter jovial se trata de pintar en el

diálogo.

--¿Cómo va, don Guillermo?

--¿Quién es usted? contestó éste sorprendido de hallar allí quien le

conociera.

--Soi un escribano, añadió el otro sonriéndose.

--¿Qué tiene que hacer conmigo i en este sitio un escribano?

--Es que va a venir el juez del crímen a interrogar a usted.

--¡El juez del crímen! ¡A mí, que no soi delincuente! ¡Que soi por el

contrario víctima de un atentado atroz!

--No se asuste usted... Estos tienen la costumbre de entregar al juez

del crímen a todos los que caen en sus manos. Pero ya se reformará eso:

están pensando en someter a consejo de guerra a todos los que son de

otro color. Ya eso será mas llano i ménos molesto para nosotros, porque

un fiscal militar no tiene mas que atender a su formulario, para sacar

culpable al interrogado, i sea o no inocente, pone su conclusión fiscal

pidiendo que se le pase por las armas.

--¿Pero, por Dios, de qué se trata? esclamó Mr. Livingston desesperado

al oir hablar de procesos i acusaciones.

--Tranquilícese usted, le dijo amablemente el escribano; sométase a todo

lo que le manden, hágase el leso no mas, i verá como lo pasa bien.

Cuando me atraparon a mí, quisieron hacerme imbunche para que hiciera mi

noviciado, pero yo me allané a todo, i luego me dieron el mismo puesto

de escribano que tenia allá en el mundo.

Estupefacto Mr. Livingston, preguntó con voz ronca de terror.--¡I qué!

¿Acaso no estamos en el mundo?

--Nó, en el de allá arriba, nó. En el de aquí abajo, sí; respondió el

escribano.

--Luego estoi en una cueva de ladrones, esclamó el ingles; ya lo creia

yo al encontrarme sin mi dinero ni mis alhajas.

--Nó, no son ladrones. Le han quitado a usted eso, porque los jenios

están mui necesitados. ¿No ve usted que tienen que hacer tantos gastos?

Antes están pensando ahora en aumentar los derechos de importacion, en

ponerlos a la exportacion de la plata i demas productos del pais, i aun

en restablecer la bula de la Santa Cruzada para aumentar las entradas,

porque de otro modo es imposible conservar el órden.

Al oir esta respuesta del escribano, don Guillermo quedó mas confuso que

cuando se desengañó de que las cabezas i caras que le burlaban no eran

efecto de la óptica. Se calló aterrado, i el escribano le miró con

compasion.

Despues de una larga pieza de silencio, miró al curial como implorando

una esplicacion, i preguntándole adonde estaban.....

El escribano le comprendió i le dijo:

--Estamos no se adónde, don Guillermo, pero dicen que este pueblo es el

de los jenios de la colonia, que se han refujiado aquí desde la

revolucion de la independencia, i que desde aquí trabajan por inspirar a

los de arriba, por conquistar prosélitos i por hacer la

contra-revolucion para reconquistar su poder. Yo no sé lo que haya en

esto de cierto; yo veo todo lo que se hace aquí, i sé que es una pura

picardia; pero...

--¡I cómo no huye usted! le interrumpió el ingles sublevado en lo mas

noble de su corazon, al oir aquel lenguaje.

--Es imposible. Esto no tiene salida.

--¡Por qué no resiste usted, por qué se somete a servir a la

iniquidad!...

--Qué quiere usted, don Guillermo, si le pagan bien a uno, i uno es

pobre. No hai mas que aguantar.

Nuestro amigo vió que esa era la filosofía de todos en el mundo de donde

venia, i comprendió que en aquel mundo subterráneo se encontraba con

conocidos. El escribano era hablador, como muchos de su oficio; se

revelaba sin embozo, i censuraba sin cautela a sus soberanos, como

muchos empleados públicos vituperan al gobierno de que dependen, sin

perjuicio de votar por él en las elecciones i de obedecerlo ciegamente

en los mismos actos que le vituperan. Su filosofía es la del escribano:

¡que quiere usted, somos pobres i nos pagan! ¡Como si la pobreza

autorizara la maldad!

Pero con todo, Mr. Livingston no podia todavía atar los hilos que

recojia. Lo que le descubria la afable locuacidad del interlocutor,

quedaba oscurecido por la redundancia. Era necesario hacerlo que tuviese

mas precision en sus respuestas.

--Por fin, insistió el ingles, ¿en qué pais estamos?

--En el pais de _Espelunco_,[8] replicó el escribano con alguna

solemnidad, voz que se deriva de la latina _Spelunca_, que significa

_Cueva_. Aquí se usa mucho el latin, pues para ser buen Espelunco, es

necesario siquiera poder leer los salmos del santo rei profeta i asistir

a maitines.

[8] Anagrama de la palabra _pelucones_, con la cual se designaba

a los fundadores del partido conservador que, por sus

antecedentes en la época de la colonia, eran mas retrógrados i

mas aferrados al viejo réjimen.

--¡Cómo! ¿Se usan tambien esas cosas por acá?

--Sí, señor, todo lo que va en derrota por allá arriba tiene aquí su

refujio, principalmente la relijion.

--¡Hum! I dígame usted, ¿qué papel hace aquí ese chibato que me ha

atacado a mí esta noche, i qué son esa multitud de cabrones que habia en

estas murallas cuando usted entró?

--Ese chibato es el diablo, i los que se asomaban por aquí son sus

ayudantes, que jeneralmente sirven de público en este tribunal para

preparar el ánimo de los neófitos.

--¿Cómo se comprende esa asistencia de los demonios con las cosas

relijiosas de que usted me habla?

--¡Oh! Eso es mui fácil de comprender. Como aquí se sirve a Dios,

trabajando para que triunfe el espíritu antiguo tan atacado por la

revolucion, es sin duda lícito poner en juego al diablo i todas las

cosas, porque todo depende en este mundo i el otro de Dios. Fuera de que

el diablo no hace aquí nada que no sea bueno: su oficio es reclutar

jente, como le ha reclutado a usted, i luego abatirles la soberbia para

que se rindan por el terror. Hai muchos dóciles como yo, que al instante

nos allanamos a servir la causa. Hai otros mas renitentes, porque no han

nacido con vocacion para ser Espeluncos: a esos se les somete al

procedimiento de imbuncharlos, lo mismo que a los chicos que se pescan,

a los cuales se les hace imbunches para contar despues con mas seguridad

con sus servicios.

--Tenga usted la bondad de esplicarme ese procedimiento i su objeto.

--_Imbunchar_ se llama coserle al paciente con hilo fuerte i buena aguja

todos los agujeros, salidas i entradas de su cuerpo, teniéndole así

cierto tiempo de noviciado, privado de los cuatro sentidos mas

peligrosos, que son ver, oir, oler i gustar, hasta que, olvidado del uso

de esos sentidos, se le puede imprimir el carácter e inclinaciones de un

buen Espelunco.[9] El tacto esterno se les deja libre, porque hai una

tradicion entre los Jenios de la colonia, segun la cual no podrá

desencantar a la libertad del encanto en que ellos la tienen, sino el

hombre que sea capaz de vencer sin fuego ni hierro i solo con el empleo

de sus fuerzas corporales a cuatro monstruos que la guardan. Por aquí

verá usted que no hai peligro en dejar a los neófitos el uso de sus

manos, brazos i piernas.....

[9] Tal era lo que se referia en la conseja popular de la Cueva

del Chibato, i lo que significaba la palabra _imbunche_. En

lengua araucana hai una palabra de la cual se ha tomado aquella,

i es _ivumche_, que traduce el diccionario de Febres así: «los

que consultan los brujos en sus cuevas, donde los crian desde

chiquitos para sus hechicerías o encantos: a estos llaman los

indios--_ivúmcoñi_.»

La palabra del escribano fué interrumpida por la repentina aparicion en

la estancina de todas las cabezas cornudas que se habian ántes

ocultado.

Antaño i Ogaño: Novelas i Cuentos de la Vida Hispano-Americana · 第 47 / 113 题