CAPITULO XIV.

_Describense diferentes casas que tenia Motezuma para su

divertimiento, sus armerías, sus jardines y sus quintas, con

otros edificios notables que habia dentro y fuera de la

ciudad._

Demas del palacio principal que dexamos referido, y el que habitaban

los Españoles, tenia Motezuma diferentes casas de recreacion que

adornaban la ciudad, y engrandecian su persona. En una de ellas

(edificio real donde se vieron grandes corredores sobre columnas de

jaspe) habia quantos géneros de aves se crian en la Nueva España

dignas de alguna estimacion por la pluma ó por el canto: entre cuya

diversidad se hallaron muchas extraordinarias, y no conocidas hasta

entónces en Europa. Las marítimas se conservaban en estanques de agua

salobre; y en otros de agua dulce las que se traían de rios ó lagunas.

Dicen que habia páxaros de cinco y seis colores, y los pelaban á su

tiempo, dexándolos vivos para que repitiesen á su dueño la utilidad de

la pluma: género de mucho valor entre los Mexicanos, porque se

aprovechaban de ella en sus telas, en sus pinturas y en todos sus

adornos. Era tanto el número de las aves, y se ponia tanto cuidado en

su conservacion, que se ocupaban en este ministerio mas de trescientos

hombres diestros en el conocimiento de sus enfermedades, y obligados á

subministrarles el cebo de que se alimentaban en su libertad. Poco

distante de esta casa tenia otra Motezuma de mayor grandeza y variedad

con habitacion capaz de su persona y familia, donde residian sus

cazadores y se criaban las aves de rapiña: unas en jaulas de igual

aliño y limpieza, que solo servian á la observacion de los ojos; y

otras en alcándaras, obedientes al lazo de la pihuela, y domesticadas

para el exercicio de la cetrería; cuyos primores alcanzaron,

sirviéndose de algunos páxaros de razas excelentes que se hallan en

aquella tierra, parecidos á los nuestros, y nada inferiores en la

docilidad con que reconocen á su dueño, y en la resolucion con que se

arrojan á la presa. Habia entre las aves que tenian encerradas muchas

de rara fiereza y tamaño, que parecieron entónces monstruosas, y

algunas águilas reales de grandeza exquisita y prodigiosa voracidad.

No falta quien diga que una de ellas gastaba un carnero en cada

comida: debanos el autor que no apoyemos con su nombre lo que, á

nuestro parecer, creyó con facilidad.

En el segundo patio de la misma casa estaban las fieras que

presentaban á Motezuma, ó prendian sus cazadores, en fuertes jaulas de

madera, puestas con buena distribucion y debaxo de cubierto: leones,

tigres, osos, y quantos géneros de brutos silvestres produce la Nueva

España, entre los quales hizo mayor novedad el toro Mexicano, rarísimo

compuesto de varios animales, gibada y corva la espalda como el

camello, enjuto el ijar, larga la cola y guedejudo el cuello como el

leon, hendido el pie y armada la frente como el toro, cuya ferocidad

imita con igual ligereza y execucion. Anfiteatro que pareció á los

Españoles digno de Príncipe grande, por ser tan antiguo en el mundo

esto de significarse por las fieras la grandeza de los hombres.

En otra separacion de este palacio dicen algunos de nuestros

escritores que se criaba con cebo quotidiano una multitud horrible de

animales ponzoñosos, y que anidaban en diferentes vasijas y cavernas

las viboras, las culebras de cascabel, los escorpiones: y crece la

ponderacion hasta encontrar con los crocodilos; pero tambien afirman

que no alcanzaron esta venenosa grandeza nuestros Españoles, y que

solo vieron el parage donde se criaban: cuya limitacion nos basta para

tocarlo como inverisímil, creyendo ántes que lo entenderian así los

Indios, de cuya relacion se tomó la noticia, y que sería este uno de

aquellos horrores que suele inventar el vulgo contra la fiereza de los

tiranos, particularmente quando sirve afligido, y discurre

atemorizado.

Sobre la mansion que ocupaban las fieras habia un quartel muy capaz,

donde habitaban los bufones, y otras sabandijas de palacio, que

servian al entretenimiento del Rey, en cuyo número se contaban los

monstruos, los enanos, los corcovados y otros errores de la

naturaleza: cada género tenia su habitacion separada, y cada

separacion sus maestros de habilidades, y sus personas diputadas para

cuidar de su regalo, donde los servian con tanta puntualidad, que

algunos padres, entre la gente pobre, desfiguraban á sus hijos para

que lograsen esta conveniencia, y emendar su fortuna, dándoles el

merito en la deformidad.

No se conocia ménos la grandeza de Motezuma en otras dos casas que

ocupaba su armería. Era la una para la fábrica, y la otra para el

depósito de las armas. En la primera vivian y trabajaban todos los

maestros de esta facultad, distribuidos en diferentes oficinas, segun

sus ministerios: en una parte se adelgazaban las varas para las

flechas: en otra se labraban los pedernales para las puntas: y cada

género de armas ofensivas y defensivas tenia su obrador y sus

oficiales distintos con algunos superintendentes que llevaban á su

modo la cuenta y razon de lo que se trabajaba. La otra casa, cuyo

edificio tenia mayor representacion, servia de almacen donde se

recogian las armas despues de acabadas, cada género en pieza distinta:

y de allí se repartian á los exércitos y fronteras, segun la

ocurrencia de las ocasiones. En lo alto se guardaban las armas de la

persona real colgadas por las paredes con buena colocacion: en una

pieza los arcos, flechas y aljabas, con varios embutidos y labores de

oro y pedrería: en otra las espadas y montantes de madera

extraordinaria con sus filos de pedernal, y la misma riqueza en las

empuñaduras: en otra los dardos, y así los demas géneros, tan

adornados y resplandecientes, que daban que reparar hasta las hondas y

las piedras. Habia diferentes hechuras de petos y zeladas con láminas

y follages de oro, muchas casacas de aquellos colchados que resistian

á las flechas, hermosas invenciones de rodelas ó escudos, y un género

de paveses ó adargas de pieles impenetrables que cubrian todo el

cuerpo, y hasta la ocasion de pelear andaban arrolladas al hombro

izquierdo. Fué de admiracion á los Españoles esta grande armería, que

pareció tambien alhaja de Príncipe, y Príncipe guerrero, en que se

acreditaban igualmente su opulencia y su inclinacion.

En todas estas casas tenia grandes jardines prolixamente cultivados.

No gustaba de árboles fructíferos, ni plantas comestibles en sus

recreaciones; ántes solia decir que las huertas, eran posesiones de

gente ordinaria, pareciéndole mas propio en los Príncipes el deleyte

sin mezcla de utilidad. Todo era flores de rara diversidad y

fragrancia, y yerbas medicinales, que servian á los quadros y

cenadores: de cuyo beneficio cuidaba mucho, haciendo traer á sus

jardines quantos géneros produce la benignidad de aquella tierra,

donde no aprendian los físicos otra facultad que la noticia de sus

nombres, y el conocimiento de sus virtudes. Tenian hierbas para todas

las enfermedades y dolores, de cuyos zumos y aplicaciones componian

sus remedios, y lograban admirables efectos, hijos de la experiencia,

que sin distinguir la causa de la enfermedad, acertaban con la salud

del enfermo. Repartianse francamente de los jardines del Rey todas las

hierbas que recetaban los médicos, ó pedian los dolientes; y solia

preguntar si aprovechaban, hallando vanidad en sus medicinas, ó

persuadido á que cumplió con la obligacion del gobierno cuidando así

de la salud de sus vasallos.

En todos estos jardines y casas de recreacion habia muchas fuentes de

agua dulce y saludable, que traían de los montes vecinos guiada por

diferentes canales, hasta encontrar con las calzadas, donde se

ocultaban los encañados que la introducian en la ciudad: para cuya

provision se dexaban algunas fuentes públicas, y se permitia, no sin

tributo considerable, que los Indios vendiesen por las calles la que

podian conducir de otros manantiales. Creció mucho en tiempo de

Motezuma el beneficio de las fuentes, porque fué suya la obra del gran

conducto por donde vienen á México las aguas vivas que se

descubrieron en la sierra de Chapultepec, distante una legua de la

ciudad. Hizose primero de su órden y traza un estanque de piedra donde

recogerlas, midiendo su altura con la declinacion que pedia la

corriente: y despues un paredon grueso con dos canales descubiertas de

fuerte argamasa, de las quales servia la una mientras se limpiaba la

otra. Fábrica de grande utilidad, cuya invencion le dexó tan

vanaglorioso, que mandó poner su efigie y la de su padre, no sin

alguna semejanza, esculpidas en dos medallas de piedra, con ambicion

de hacerse memorable por aquel beneficio de su ciudad.

Uno de los edificios que hizo mayor novedad entre las obras de

Motezuma fué la casa que llamaban de la tristeza, donde solia

retirarse quando se morian sus parientes, y en otras ocasiones de

calamidad ó mal suceso que pidiese pública demostracion. Era de

horrible arquitectura, negras las paredes, los techos y los adornos, y

tenia un género de claraboyas ó ventanas pequeñas que daban penada la

luz, ó permitian solamente la que bastaba para que se viese la

obscuridad. Formidable habitacion, donde se detenia todo lo que

tardaba en despedir sus quebrantos, y donde se le aparecia con mas

facilidad el demonio: fuese por lo que ama los horrores el príncipe de

las tinieblas, ó por la congruencia que tienen entre sí el espíritu

maligno y el humor melancólico.

Fuera de la ciudad tenia grandes quintas y casas de recreacion con

muchas y copiosas fuentes que daban agua para los baños, ó estanques

para la pesca; en cuya vecindad habia diferentes bosques para

diferentes géneros de caza, exercicio que freqüentaba y entendia,

manejando con primor el arco y la flecha. Era la montería su principal

divertimiento, y solia muchas veces salir con sus nobles á un parque

muy espacioso y ameno, cuyo distrito estaba cercado por todas partes

con un foso de agua, donde le traían y encerraban las reses de los

montes vecinos: entre las quales solian venir algunos tigres y leones.

Habia gente señalada en México y en otros lugares del contorno que se

adelantaba para estrechar y conducir las fieras al sitio destinado,

siguiendo casi en estas batidas el estílo de nuestros monteros. Tenian

aquellos Indios Mexicanos grande osadía y agilidad en perseguir y

sujetar los animales mas feroces: y Motezuma gustaba mucho de mirar el

combate de sus cazadores, y lograr algunos tiros, que se aplaudian

como aciertos de mayor importancia. Nunca se apeaba de sus andas sino

es quando se ponia en algun lugar eminente, y siempre con bastante

circunvalacion de chuzos y flechas que asegurasen su persona; no

porque le faltáse valor, ni dexáse de aventajar á todos en la

destreza, sino porque miraba como indignos de su magestad aquellos

riesgos voluntarios: pareciéndole (y no sin conocimiento de su

dignidad) que solo eran decentes para el Rey los peligros de la

guerra.

Historia de la Conquista de Mexico, Volume 2 (of 3) Poblacion y Progresos de la America Septentrional, Conocida por el Nombre de Nueva España · 第 20 / 46 题