_Dáse noticia del viage que hicieron á España los Enviados de
Cortés; y de las contradicciones y embarazos que retardaron su
despacho._
Razon es ya que volvamos á los Capitanes Alonso Hernandez Portocarrero
y Francisco de Montejo, que partieron de la Vera Cruz con el presente
y cartas para el Rey: primera noticia y primer tributo de la Nueva
España. Hicieron su viage con felicidad, aunque pudieron aventurarla,
por no guardar literalmente las órdenes que llevaban; cuyas
interpretaciones suelen destruir los negocios, y aciertan pocas veces
con el dictámen del superior. Tenia Francisco de Montejo en la Isla
de Cuba cerca de la Habana una de las estancias de su repartimiento:
y quando llegaron á vista del Cabo de San Anton, propuso á su
compañero, y al piloto Juan de Alaminos, que sería bien acercarse á
ella, y proveerse algunos bastimentos de regalo para el viage; pues
estando aquella poblacion tan distante de la ciudad de Santiago, donde
residia Diego Velazquez, se contravenia poco á la substancia del
precepto que les puso Cortés para que se apartasen de su distrito.
Consiguió su intento, logrando con este color el deseo que tenia de
ver su hacienda; y arriesgó no solo el baxel, sino el presente y todo
el negocio de su cargo: porque Diego Velazquez, á quien desvelaban
continuamente los zelos de Cortés, tenia distribuidas por todas las
poblaciones vecinas á la costa diferentes espías que le avisasen de
qualquiera novedad, temiendo que enviáse alguno de sus navios á la
Isla de Santo Domingo para dar cuenta de su descubrimiento, y pedir
socorro á los Religiosos Gobernadores: cuya instancia deseaba prevenir
y embarazar. Supo luego por este medio lo que pasaba en la estancia de
Montejo, y despachó en breves horas dos baxeles muy veleros, bien
artillados y guarnecidos, para que procurasen aprehender, á todo
riesgo, el navio de Cortés, disponiendo la faccion con tanto
celeridad, que fué necesaria toda la ciencia y toda la fortuna del
piloto Alaminos para escapar de este peligro, que puso en
contingencia todos los progresos de Nueva España.
Bernal Diaz del Castillo mancha, con poca razon, la fama de Francisco
de Montejo, digno por su calidad y valor de mejores ausencias. Culpale
de que faltó á la obligacion en que le puso la confianza de Cortés:
dice que salió á su estancia con ánimo de suspender la navegacion,
para que tuviese tiempo Diego Velazquez de aprehender el navio: que le
escribió una carta con el aviso: que la llevó un marinero arrojándose
al agua; y otras circunstancias de poco fundamento, en que se
contradice despues, haciendo particular memoria de la resolucion y
actividad con que se opuso Francisco de Montejo en la Corte á los
agentes y valedores de Diego Velazquez; pero tambien escribe que no
hallaron estos Enviados de Cortés al Emperador en España, y afirma
otras cosas, de que se conoce la facilidad con que daba los oídos, y
que se deben leer con rezelo sus noticias en todo aquello que no le
informaron sus ojos. Continuaron su viage por el canal de Bahama,
siendo Anton de Alaminos el primer piloto que se arrojó al peligro de
sus corrientes: y fué menester entónces toda la violencia con que se
precipitan por aquella parte las aguas entre las Islas Lucáyas y la
Florida para salir á lo ancho con brevedad, y dexar frustradas las
asechanzas de Diego Velazquez.
Favoreciólos el tiempo, y arribaron á Sevilla por Octubre de este año
en ménos favorable ocasion, porque se hallaba en aquella Ciudad el
Capellan Benito Martin, que vino á la Corte, como diximos, á solicitar
las conveniencias de Diego Velazquez: y habiéndole remitido los
títulos de su Adelantamiento, aguardaba embarcacion para volverse á la
Isla de Cuba. Hizole gran novedad este accidente; y valiéndose de su
introduccion y solicitud, se querelló de Hernan Cortés, y de los que
venian en su nombre ante los Ministros de la Contratacion, que ya se
llamaba de las Indias, refiriendo:
"Que aquel navio era de su amo Diego Velazquez, y todo lo que
venía en él perteneciente á sus conquistas: que la entrada en
las provincias de Tierra Firme se habia executado furtivamente,
y sin autoridad, alzándose Cortés y los que le acompañaban con
la armada que Diego Velazquez tenia prevenida para la misma
empresa: que los Capitanes Portocarrero y Montejo eran dignos
de grave castigo; y por lo ménos se debia embargar el baxel y
su carga mientras no legitimasen los títulos, de cuya virtud
emanaba su comision."
Tenia Diego Velazquez muchos defensores en Sevilla, porque regalaba
con liberalidad: y esto era lo mismo que tener razon, por lo ménos en
los casos dudosos, que se interpretan las mas veces con la voluntad.
Admitióse la instancia; y últimamente se hizo el embargo, permitiendo
á los Enviados de Cortés por gran equivalencia que acudiesen al Rey.
Partieron con esta permision á Barcelona dos Capitanes y el piloto
Alaminos, creyendo hallar la Corte en aquella ciudad; pero llegaron á
tiempo que acabada de partir el Rey á la Coruña, donde tenia
convocadas las Cortes de Castilla, y prevenida su armada para pasar á
Flandes, instado ya prolixamente de los clamores de Alemania, que le
llamaban á la corona del Imperio. No se resolvieron á seguir la Corte,
por no hablar de paso en negocio tan grave, que, mezclado entre las
inquietudes del camino, perderia la novedad, sin hallar la
consideracion: por cuyo reparo se encaminaron á Medellin con ánimo de
visitar á Martin Cortés y ver si podian conseguir que viniese con
ellos á la presencia del Rey, para que autorizáse con sus canas y con
su representacion la instancia y la persona de su hijo. Recibiólos
aquel venerable anciano con la ternura que se dexa considerar en un
padre cuidadoso y desconsolado, que ya le lloraba muerto; y halló con
las nuevas de su vida tanto que admirar en sus acciones, y tanto que
celebrar en su fortuna.
Determinóse luego á seguirlos, y tomando noticia del parage donde se
hallaba el Emperador (asi le llamarémos ya) supieron que habia de
hacer mansion en Tordesillas, para despedirse de la Reyna Doña Juana
su madre, y despachar algunas dependencias de su jornada. Aquí le
esperaron, y aquí tuvieron la primera audiencia, favorecidos de una
casualidad oportuna: porque los Ministros de Sevilla no se atrevieron
á detener en el embargo lo que venia para el Emperador; y llegaron á
la misma sazon el presente de Cortés y los Indios de la nueva
conquista: con cuyo accidente fueron mejor escuchadas las novedades
que referian, facilitándose por los ojos la estrañeza de los oídos:
porque aquellas alhajas de oro preciosas por la materia y por el arte,
aquellas curiosidades y primores de pluma y algodon, y aquellos
racionales de tan rara fisonomía que parecian hombres de segunda
especie, fueron otros tantos testigos que hicieron creible, dexando
admirable su narracion.
Oyólos el Emperador con mucha gratitud: y el primer movimiento de
aquel ánimo Real fué volverse á Dios, y darle rendidas gracias de que
en su tiempo se hallasen nuevas regiones donde introducir su nombre, y
dilatar su Evangelio. Tuvo con ellos diferentes conferencias:
informóse cuidadosamente de las cosas de aquel nuevo Mundo, del
dominio y fuerzas de Motezuma, de la calidad y talento de Cortés: hizo
algunas preguntas al piloto Alaminos concernientes á la navegacion:
mandó que los Indios se llevasen á Sevilla, para que se conservasen
mejor en temple mas benigno: y segun lo que se pudo colegir entónces
del afecto con que deseaba fomentar aquella empresa, fuera breve y
favorable su resolucion, si no le embarazáran otras dependencias de
gravísimo peso.
Llegaban cada dia nuevas cartas de las ciudades con proposiciones poco
reverentes: lamentabase Castilla de que se sacasen sus Cortes á
Galicia: estaba zeloso el Reyno de que pesáse mas el Imperio: andaba
mezclada con protestas la obediencia: y finalmente se iba derramando
poco á poco en los ánimos la semilla de las comunidades. Todos amaban
al Rey, y todos le perdian el respeto: sentian su ausencia, lloraban
su falta; y este amor natural convertido en pasion, ó mal
administrado, se hizo brevemente amenaza de su dominio. Resolvió
apresurar su jornada, por apartarse de las quejas; y la executó,
creyendo volver con brevedad, y que no le sería dificultoso corregir
despues aquellos malos humores que dexaba movidos. Así lo consiguió;
pero respetando los altos motivos que le obligaron á este viage, no
podemos dexar de conocer que se aventuró á gran pérdida: y que, á la
verdad, hace poco por la salud quien se fia del exceso, en suposicion
de que habrá remedios quando llegue la necesidad.
Quedó remitida, por estos embarazos, la instancia de Cortés al
Cardenal Adriano, y á la junta de Prelados y Ministros que le habian
de aconsejar en el gobierno durante la ausencia del Emperador, con
órden para que, oyendo al Consejo de Indias, se tomáse medio en las
pretensiones de Diego Velazquez, y se diese calor al descubrimiento y
conquista espiritual de aquella tierra, que ya se iba dexando conocer
por el nombre de Nuera España.
Presidia en este Consejo, formado pocos dias ántes, Juan Rodriguez de
Fonseca, Obispo de Burgos, y concurrian en él Hernando de Vega Señor
de Grajal, Don Francisco Zapata y Don Antonio de Padilla, del Consejo
Real, y Pedro Martir de Angleria, Protonotario de Aragon. Tenia el
Presidente gran suposicion en las materias de las Indias, porque las
habia manejado muchos dias, y todos cedian á su autoridad y á su
experiencia. Favorecia con descubierta voluntad á Diego Velazquez, y
pudo ser que le hiciese fuerza su razon, ó el concepto en que le
tenia: que Bernal Diaz del Castillo refiere las causas de su pasion
con indecencia y prolixidad: pero tambien dice lo que oyó, y sería
mucho ménos, ó no sería. Lo que no se puede negar es, que perdió mucho
en sus informes la causa de Cortés, y que dió mal nombre á su
conquista tratándola como delito de mala conseqüencia. Representaba
que Diego Velazquez, segun el título que tenia del Emperador, era
dueño de la empresa, y segun justicia, de los mismos medios con que se
habia conseguido. Ponderaba lo poco que se podia fiar de un hombre
rebelde á su mismo superior, y lo que se debian temer en provincias
tan remotas estos principios de sedicion: protestaba los daños; y
últimamente cargó tanto la mano en sus representaciones, que puso en
cuidado al Cardenal y á los de la junta. No dexaban de conocer que se
afectaba con sobrado fervor la razon de Diego Velazquez; pero no se
atrevian á resolver negocio tan grave contra el parecer de un Ministro
tan graduado; ni tenian por conveniente desconfiar á Cortés, quando
estaba tan arrestado, y en la verdad se le debia un descubrimiento
tanto mayor que los pasados. Cuyas dudas y contradicciones fueron
retardando la resolucion de modo que volvió el Emperador de su
jornada, y llegaron segundos Comisarios de Cortés, primero que se
tomáse acuerdo en sus pretensiones. Lo mas que pudieron conseguir
Martin Cortés y sus compañeros fué, que se les mandasen librar algunas
cantidades para su gasto sobre los mismos efectos que tenian
embargados en Sevilla; con cuya moderada subvencion estuvieron dos
años en la Corte, siguiendo los Tribunales como pretendientes
desvalidos: hecho esta vez negocio particular el interés de la
Monarquía, de quantas suelen hacerse causa pública los intereses
particulares.