Montes, sierras y collados, que entendido
habéis mi pena rabiosa y mis dolores,
escuchando mis fatigas y querellas
que al alto cielo han subido,
rompiendo con mis clamores
las estrellas,
Doleos de mis trabajos y fatiga;
llorad conmigo mis ansias y mis males;
moveos á compasión de mi tormento,
pues la dulce mi enemiga
quiere sean mortales
los que siento.
Los ríos desta montaña, con las fuentes,
testigos de mis fatigas y cuidados,
cansados ya de me ver con mis enojos,
detengan hoy sus corrientes,
dando lágrimas parados
á mis ojos.
Tú, Eco, que estás contino resonando,
de mis llantos grande amiga y compañera,
llevando mis tristes voces por los vientos,
no dexes de ir publicando
cómo me acusan, que muera
mis tormentos.
Y tú, mi ganado triste y afligido,
con pastor tan sin ventura y desdichado,
que alredor deste acebo andas paciendo,
aquí te estarás tendido
tomando en ti mi cuidado,
y padesciendo.
Soledad muy agradable, y compañía
á mis tristes pensamientos y memoria,
con la cual siempre descansa mi tristeza,
no dexes de ser mi guía,
porque sienta en ti su gloria
mi firmeza.
Belisia, si mis clamores han herido
tus oídos, yo te ruego que escucharlos
quieras con lástima alguna y compasión
de verme tan afligido,
y no quieras ataparlos
sin razón.
Porque si no remediares mi dolor,
á mí me basta que sepas que padezco,
con entera libertad, y así lo quiero,
con muy verdadero amor,
pues á la muerte me ofrezco
y por ti muero.
_Fin._
Á LOOR Y HONRA DE SEÑOR JESUCHRISTO Y DE
SU BENDITA MADRE SANTA MARÍA,
NUESTRO AMPARO Y GUÍA, FUERON IMPRESSOS
LOS SIETE COLLOQUIOS EN LA CIUDAD DE
MONDOÑEDO