Mi lengua muy torpe, mi muy ruda pluma,
mi poco saber, mi grande deseo
agora conviene que largo resuma
en loor de persona, que con mayor suma
de lo que diré merece su arreo.
El grande tesoro de[1273] acerva Siqueo
no se compara con este minero,
el oro y la plata parece muy feo
delante de aqueste á quien claro veo
Minerva lo tiene por su tesorero.
Las minas ó venas que hobo en España
de oros y platas y de otros metales,
al grande poder por fuerza y por maña
que tenía adquerido, que era cosa extraña,
de grandes haciendas y ricos caudales.
Si el rey Hispan fundó cosas reales
y hizo otros hechos en ella famosos,
ya casi que vemos por tierra los tales;
pero aun que faltaron, por ser terrenales,
ya han adquirido otros más frutuosos.
El oro y la plata al fin, fin, fué tierra,
y asina se halló sin trabajo poner
las minas que ora hay, Tritona las cierra;
no se abren á nadie sino á pura guerra
que el que las quisiere con si ha de traer.
En esto está firme España y su ser,
toda bordada de sublimes ciencias
que están en personas de mucho valer,
y de los que hay, podremos creer
vos sois el uno de más preeminencias.
Y no os doy aquellas que os debría de dar
según que se debe á su merecimiento,
que sería manera de nunca acabar
un imprincipio de siempre contar
y al cabo que falte la suma y el cuento.
Porque habéis fundado tan hondo secreto
de dichos subtiles, avisos y cosas,
que cualquier curioso de noble talento
si los nota bien verá lo que siento
ser digno de fama y honrra gloriosas.
Todos los vicios que están embaucados
de aquellos que piensan apenas se engañan
reciban v noten los vuestros dechados,
que allí entenderán como andan burlados,
verán si coligen los bienes qne apañan.
E los que otros puntos también amarañan
mirando muy bien lo que va apuntando
á sí mesmos cierto temen que se dañan;
de donde sucede que muchos se ensañan
á Dios maldiciendo no habiendo pecado.
_Vale, autor charissime._
EL IMPRESOR Á LOS LECTORES SOBRE LA
CORRECCIÓN DE LOS LIBROS
Es costumbre tan usada en cualquiera que
lee un libro, si halla algunos defetos
ó mentiras ó letras mal puestas ó unas
por otras, que luego echan la culpa al
impresor que lo imprimió, sin saber si
aciertan ó si no, que como ya tiene esta
fama no habrá nadie que se la quite,
y para desengañar los que así echan
la culpa á los impresores determiné
avisarles declarándoles la manera que
se tiene en las correcciones; y habéis
de saber que en cualquier emplenta hay
un corretor asalariado para que corrija
todos los libros que se imprimen, y éste
ha de tener cuidado de corregir todas
las faltas que halla en el original y
que se hacen en la emplenta, y así, si
algunos defetos se hacen, son á cargo del
corretor y no del impresor, y así ninguno
se debe de maravillar por las faltas que
halla, porque por sí mesmo puede juzgar
á los corretores: estáis escribiendo una
carta á donde tenéis todo vuestro juicio
y memoria y entendimiento, á donde no
tenéis más con quien entender sino con
el papel y la pluma y tinta, y después
de escrita, tornándola á leer halláis en
ella harto que tornar á enmendar, y aun
tomarla á trastadas, cuanto más donde
hay tantas menudencias de letra que no
basta juicio humano para hacer que en lo
que se imprime no lleve defetos; porque
por mí lo he visto passar dos y tres
veces y aun cuatro una prueba, y si me
tomasen juramento juraría que no hay en
ella qué corregir, y tornarla á leer y
hallar en ella algunas mentiras ó letras
mal puestas, y aun algunos que me han
dado obras á imprimir, y ellos mismos son
corretores de sus obras, y decirme que
en sus obras no han de llevar sola una
mentira, y al cabo de impresa la obra
tornarla á pasar el autor y hallar tantas
que estaban espantados; assí que se pasan
los ojos y no basta nadie á hacer que
no lleve defetos, aunque más mirar y
diligencia tengan.