Ya que de tu presencia,
cruel y hermossísima pastora,
parto por tu sentencia,
la desdichada hora
que con tanta razón el alma llora;
Queriendo ya partirme
de cuanto me solía dar contento,
habré de despedirme,
dando, en tanto tormento,
mis esperanzas y mi lengua al viento.
Adiós, ribera verde,
do muestra el cielo eterna primavera;
que el que se va y te pierde,
su partida tuviera
por muy mejor si de la vida fuera.
Adiós, serenas fuentes,
donde me vi tan rico de despojos,
que si quedáis ausentes,
presentes mis enojos
me dan otras dos fuentes de mis ojos.
Adiós, hermosas plantas,
adonde dejo el rostro soberano,
con excelencias tantas,
que todo el siglo humano
celebrará las obras de mi mano.
Adiós, aguas del Tajo
y Ninfas dél, que en el albergue usado
sentiréis mi trabajo,
pues el cantar passado
en tristeza y en llanto se ha trocado.
Adiós, laurel y hiedra,
que fregando uno en otro os encendía.
Adiós, acero y piedra,
de do también salía
el fuego que ya va en el alma mía.
Adiós, ganado mío,
que ya fui por tu nombre conocido,
mas ya por desvarío
del hado endurecido
tu nombre pierdo, pues que voy perdido.
Adiós, bastón de acebo,
que conducir solías mis ganados,
pues los que agora llevo
de penas y cuidados,
de Fortuna y Amor serán guardados.
Adiós, mastines fieros,
bastantes á vencer con vuestras mañas
los lobos carniceros,
antes que yo las sañas
de aquella que se ceba en mis entrañas.
Adiós, espejo escaso,
donde sólo se ve lo pobre y viejo,
pues fuera duro caso
mirarse el sobrecejo,
faltando al alma su más claro espejo.
Adiós, cabaña triste,
que en el tiempo passado más copiosa
de gozo y gloria fuiste;
ya, sola y enfadosa,
sierpes te habitarán, que no otra cosa.
Adiós, horas passadas;
testigo es aquel tiempo de vitoria,
que si debilitadas
perdistes ya mi gloria,
no os perderá por esso mi memoria.
Adiós, aves del cielo,
que no puedo imitar vuestra costumbre.
Adiós, el Dios de Delo,
que tu sagrada lumbre
fuera de aquí no quiero que me alumbre.
Adiós, adiós, pastores,
adiós, nobleza de la pastoría,
que sin otros dolores
turbará mi alegría
dejar vuestra agradable compañía.
Adiós, luz de mi vida,
Filena ingrata; en tan mortal quebranto
cesse mi despedida,
porque el dolor es tanto
que se impide la lengua con el llanto.
SEXTA PARTE
DEL PASTOR DE FILIDA
Possible cosa será que mientras yo
canto las amorosas églogas que sobre
las aguas del Tajo resonaron, algún
curioso me pregunte: Entre estos amores
y desdenes, lágrimas y canciones, ¿cómo
por montes y prados tan poco balan
cabras, ladran perros, aullan lobos?
¿dónde pacen las ovejas? ¿á qué hora se
ordeñan? ¿quién les unta la roña? ¿cómo
se regalan las paridas? Y finalmente
todas las importancias del ganado. A
esso digo que como todos se incluyen en
el nombre pastoral, los rabadanes tenían
mayorales, los mayorales pastores y los
pastores zagales, que bastantemente los
descuidaban. El segundo objeto podrá ser
el lenguaje de mis versos. También darán
mis pastores mi disculpa con que todos
ellos saben que el ánimo del amado mejor
se mueve con los conceptos del amador que
con el viento las hojas de los árboles.
La tercera duda podrá ser si es lícito
donde también parecen los amores escritos
en los troncos de las plantas, que
también haya cartas y papeles: cosa tan
desusada entre los silvestres pastores.
Aquí respondo que el viejo Sileno merece
el premio ó la pena, que como vido el
trabajo con que se escribía en las
cortezas, invidioso de las ciudades hizo
molino en el Tajo donde convirtió el
lienzo en delgado papel, y de las pieles
del ganado hizo el raso pergamino, y
con las agallas del roble y goma del
ciruelo y la carcoma del pino hizo la
tinta, y cortó las plumas de las aves:
cosa á que los más pastores fácilmente
se inclinaron. Desta arte podría ser que
respondiese á cuanto se me culpasse;
mas ya que yo no lo hago, no faltará en
la necessidad algún discreto y benigno
que vuelva por el ausente. Confiado
en lo cual prosigo que la ausencia de
_Pradelio_ se sintió generalmente en el
Tajo, porque era bueno el pastor para las
veras y las burlas; bastante para amigo y
enemigo, hombre de verdad y virtud y de
nunca vista confianza; pero sobre todos
lo sintió SIRALVO, que en muchas cosas
le tenía probado. Lloraron sus nobles
padres Vilorio y Pradelia; cubrieron sus
cabellos de oro las dos hermosas hermanas
ARMIA y VIANA, y la misma Filena, causa
de la partida, bañó sus ojos en llanto
en presencia del nuevo amor Mireno.
Tal fuerza tiene la razón, que el que
la niega con la boca con el alma la
confiesa. Guíe el cielo á Pradelio, que
donde quiera que vaya amigos hallará y
patria quizás más favorable que la suya;
y vueltos á los que quedan, sabed que
los dos caudalosos rabadanes _Mendino_ y
_Cardenio_ y el pastor _Siralvo_ quedaron
desta siesta de Diana tan desaficionados
de los campos, tan enemigos de sus chozas
y tan sin gusto de sus rebaños, que á
pocos días ordenaron desampararlo todo
y buscar sólo su contento; y entrando
en acuerdo sobre el orden que tendrían,
á Cardenio le pareció que en el bosque
del Pino hacia la falda del monte se
edificasse un albergue ancho y cubierto
de rama, donde, apartados del concurso de
la ribera, pudiessen expender las horas á
su gusto. No le pareció á Mendino que el
lugar era seguro para esto, antes sería
fácilmente barruntado su propósito, por
ser aquella parte visitada muchas veces
de las Ninfas; á lo cual dixo Siralvo
desta suerte: Yendo por el cerrado valle
de los fresnos hacia las fuentes del
Obrego como dos millas de allí, acabado
el valle entre dos antiguos allozares,
mana una fuente abundantíssima, y á poco
trecho se deja bajar por la aspereza de
unos riscos de caída extraña, donde por
tortuosas sendas fácilmente puede irse
tras el agua, la cual en el camino va
cogiendo otras cuarenta fuentes perenales
que juntas con extraño ruido van por
entre aquellas peñas quebrantándose, y
llegando á topar el otro risco soberbias
le pretenden contrastar; mas viéndose
detenidas, llenas de blanca espuma,
tuercen por aquella hondura cavernosa
como á buscar el centro de la tierra;
á pocos pasos en lo más estrecho está
una puente natural por donde las aguas
passando, casi corridas de verse assí
oprimir, hacen doblado estruendo, y al
fin de la puente hay una angosta senda
que, dando vuelta á la parte del risco,
en aquella soledad descubre al Mediodía
un verde pradecillo de muchas fuentes
pero de pocas plantas, y entre ellas de
viva piedra cavada está la cueva del
Mago Erión, albergue ancho y obrado con
suma curiosidad. Este es el solo lugar
que os conviene, porque el secreto dél
es grande y el apartamiento no es mucho.
¿Qué podréis allá pedir que no halléis?
Todo está lleno de caza y de frescura,
y aunque es visitado continuamente de
las bellas Ninfas, no es lugar común á
todos como el bosque del Pino, pues la
compañía de Erión seros ha muy agradable.
Éste sabe en los cielos desde la más
mínima estrella hasta el mayor planeta
su movimiento y virtud; en los aires sus
calidades y en las aves dél y alimañas
de la tierra lo mismo; en la mar tiene
fuerza de enfrenar sus olas y levantar
tempestades hasta poner sobre las aguas
las arenas: la división de las almas
irracionales y la virtud de la inmortal
con profundíssimo saber. Pues llegando á
los abismos las tres Furias á su canto,
Alecto tiembla, Tesifón gime y Megera
se humilla; Plutón le obedece y los
dañados salen á la menor de sus voces.
Pues de las penas de amor, sin hierba
ni piedra, con sólo su canto hace que
ame el amado ó aborrezca el aborrecido;
y si le viene la gana vuelto en lobo se
va á los montes, y hecho águila á los
aires, tornado pez entra por las aguas,
y convertido en árbol se aparece en los
desiertos; no tiene Dios desde las aguas
del cielo á las ínfimas del olvido cosa
que no conozca por nombre y naturaleza;
no es de condición áspera ni de trato
oculto; allí recibe á quien le busca y
remedia á quien le halla. Aquí podemos
irnos que en probarlo se pierde poco,
y yo sé que el ser bien recebidos está
cierto. _Cardenio_, como de la ribera
había estado tanto tiempo ausente, quedó
admirado del gran saber del nuevo Erión;
pero Mendino, que dél y de su estancia
tenía mucha noticia, aunque pudiera desde
el Mago Sincero estar escarmentado,
fácilmente dando crédito á sus loores,
determinó que le buscassen el siguiente
día por poner aquél en cobro lo que les
importaba dexar, que fué fácilmente
hecho, y recogiéndose á las cabañas de
Mendino, pusieron orden en la cena, que
fué de mucho gusto, y al fin della no
faltó quien se le acrecentasse, porque
vinieron _Batto_ y _Silvano_, pastores
conocidíssimos, ambos mozos y ambos de
grande habilidad, á buscar juez á ciertas
dudas que _Batto_ sentía de versos
de _Silvano_; y el juicio de SIRALVO
fué que si todos los poetas fuessen
calumniados, pocos escaparían de algún
objeto; y colérico Silvano, en un momento
puso mil á Batto, y de razón en razón
se desafiaron á cantar en presencia de
aquellos pastores, pero pareciéndoles la
noche blanda y el aire suave, se salieron
juntos á tomarle y oirlos á la fresca
fuente: donde sentados sacaron la lira y
el rabel, á cuyo son assí cantó _Silvano_
y assí fué _Batto_ respondiendo: