No tengo á LIRIA yo por tan extraña,
ni entiendo que hay mujer que el ser querida
le pudiesse causar ira tamaña.
Cierto desdeño ó cierta despedida,
cuál que torcer de rostro ó cuál que enfado,
y cada cosa de éstas muy fingida.
Aquesto yo lo creo, FANIO amado;
empero el ser amada, no hay ninguna
que no lo tenga por dichoso hado.
Y si, como me cuentas, te importuna
aquesse mal y tienes aparejo,
no calles más pesar de tu fortuna.
Tú no te acuerdas del proverbio viejo:
_que no oye Dios al que se hace mudo,
ni da ventura al que no ha consejo_.