Aquesse mismo, FANIO mío, amanse
el cuidado cruel que te atormenta,
de suerte que tu corazón descanse.
He desseado que me diesses cuenta,
pues que la debes dar de tus pesares
á quien contigo, como tú, lo sienta.
Y quiero, FANIO, por lo que tratares
perder la fe y el crédito contigo,
cuando en poder ajeno lo hallares.
Sabe que al que me ofrezco por amigo,
la hacienda pospuesta y aun la vida,
hasta el altar me hallará consigo.