En mi pensamiento crecen
mis esperanzas y viven;
en el alma se conciben
y en ella misma fenecen.
_Glossa._
Porque en el mal que me hiere
perpetua pena reciba,
el Amor ordena y quiere
que en mi pensamiento viva
lo que en mi ventura muere;
pues si alguna vez se ofrecen,
ó de lejos aparecen
esperanzas de mi bando,
en vuestra gracia menguando,
_en mi pensamiento crecen_.
¿Do llegará mi tormento?
Pues por caminos tan agros
do no llegó entendimiento,
suben á hacer milagros.
Ventura y mi pensamiento,
en ello gloria reciben,
y en libertad se aperciben
á morir desesperadas
y en él están sepultadas
_mis esperanzas y viven_.
Aunque falsas, lisonjeras,
mil veces vengo á pensar
que deben ser verdaderas,
viéndolas en el lugar
do suelen estar las veras,
y aunque por milagro aviven,
en parte inmortal se escriben;
que como su vanidad
se engendra en la voluntad,
_en el alma se conciben_.
En noble parte nacidas,
en noble parte criadas,
nobles aunque van perdidas,
noblemente comenzadas
y en nobleza concluídas;
al pensamiento obedecen,
y en su prisión resplandecen
y su natural guardaron,
que en el alma comenzaron
_y en ella misma fenecen_.
A todos contentó la glossa de Siralvo,
y más á FILIDA, que vió en sí la causa
della, y pareciéndole hora de que los
pastores descansassen, mandó á Florela
por señas lo que había de hacer, y al
punto se puso en medio de todos una mesa
ancha, limpia y abundante de dulces y
regaladas viandas, que del albergue de
Vandalio habían traído, y sin esquivarse
FILIDA de comer con los pastores,
todos juntos lo hicieron, salvo Finea
y Alfeo, que de secreta mano se habían
sentido trabar los corazones, y entre
el viejo dolor y el nuevo, estaban con
una suspensión en los espíritus, que
sin poderse ellos entender, fácilmente
los entendieron todos. ¡Oh grande y
poderoso Amor! ¿será possible que Alfeo,
muriendo ayer por Andria, bellísima
cortesana, hoy se enamore de la serrana
Finea? Verlo he menester para creerlo,
que Finea de Alfeo, menos maravilla me
hace, porque, aunque rústica y criada
en aspereza, es muy discreta y hermosa,
y Alfeo excessivamente aventajado al
pastor de quien ella era despreciada.
Si nuevamente estos dos se aman, cosa
es que no se podrá encubrir: alcemos
las mesas, levántense los pastores y
queden solas FILIDA y Celia en el fresco
jardín; que los demás en el templo
podrán passar la siesta, donde hallarán
á Filardo, que, á excusa de Silvia, se
volvió tras ellos, y aunque había gran
rato que allí estaba, no quiso entrar
al jardín, antes, saliendo á la ribera,
por un pequeño resquicio del muro estuvo
mirando y oyendo lo que passaba, y cuando
sintió que los pastores al templo salían,
adelantóse y entró primero. Filena y
Pradelio holgaron poco de verle, pero
_Campiano_ íntimo amigo suyo, con gran
caricia le recibió y assí luego los dos
se apartaron, y por otra parte Florela
y Siralvo, Pradelio y Filena, Belisa y
Mandronio, Sasio y Arsiano, á un lado
del templo se pusieron á concertar
alguna fiesta, para entretener aquella
tarde á la hermosa FILIDA, y la mejor
les pareció representarle la EGLOGA
de Delio y Liria y Fanio, pastores de
aquesta ribera, que con sus casos habían
dado mil veces materia á los poetas.
Belisa tomó la persona de Liria; Sasio,
la de Delio, y la de Fanio, Arsiano, y
mientras en baja voz estaban ensayándose,
Alfeo y Finea en algo se ocuparon:
sentados los vió _Siralvo_ á una parte
del templo, hablando menos palabras
que solían, demudados de su color
natural. No pudo tanto consigo que no se
llegasse á ellos, y antes que nada les
preguntasse, Alfeo le dixo, cuanto los
pudiera preguntar: Siralvo mío, por tres
partes me siento combatir y por todas
tres vencer: las sinrazones de Andria
contrastan mi afición, tus consejos me
mudan la voluntad, la beldad de Finea
me cautiva. A mí me enamora todo, dixo
Siralvo; ¿pero á ti, serrana, qué te
parece? ¿Qué estás hablando por mí? dixo
Finea. ¿Pues qué haremos, dixo Siralvo,
de Andria y Orindo? Lo que ellos hicieron
de nosotros, dixo Alfeo, y con esto se
dieron las manos de no faltarse jamás,
tomando al Dios de los pastores por
testigo; y llenos de contento y placer se
fueron con los que ensayando se estaban.
Campiano y Filardo siempre se estuvieron
apartados, y bien se le echó de ver al
pastor el mal que por Filena sufria, pues
sin bastar su dolor ni el menosprecio
con que le dejaba, se iba tras ella, sin
poderse refrenar en sus deseos. No tomó
la sin par FILIDA mucho tiempo de reposo,
antes, sintiendo que los pastores en el
templo esperaban que los llamasse, mandó
á Celia que lo hiciesse, y assí fueron
todos al jardín, salvo Belisa, Sasio y
Arsiano, que se quedaron para entrar
representando, y después que todos se
sentaron, por orden de FILIDA, los tres
que habían quedado, entraron por la suya,
como aquí veremos.