Y sin perderle quedaré pagado.
Si la hermosa Filis no fuera tan graciosa
y tan discreta, no pudiérase cansar
destas canciones, porque igualmente el
cautivo y el exento la enfadaban; mas
viendo que los demás con tanto deleite
los oían, la pastora hizo lo mismo hasta
el fin, que como los pastores se metieron
en cuestión de firmezas y mudanzas,
ella se volvió á Elisa, y á poco rato,
despedidas de los pastores, se entraron
por la espessura de los árboles con poco
gusto de todos, y menos de Mendino, que
las quisiera seguir, pero no pudo, que
Galafrón por diversa parte le llevó
hablando, y cuando le vido en soledad
favorable á su intención, primero alabó
la hermosura y discreción de Filis, el
caudal y suerte, y sobre todo el trato
tan lleno de bondad y llaneza; después
le aconsejó que pussiesse en ella el
pensamiento, pues en otra ninguna estaría
tan bien ocupado. Ni le pareció al cortés
Mendino despreciar alguna destas cosas,
pero menos le salió al empleo, y como
no era esto lo que Galafrón buscaba,
declaróse más, y dijo que él sabía que le
amaba Filis. Mendino hizo la estimación
debida, y tras largas razones, á más
ver se despidieron los dos y guiaron á
sus ganados, que en el amparo de nobles
mayorales y pastores los tenían. Graciosa
cosa que Filis hizo el mismo oficio con
Elisa, pidiéndole que amasse á Galafrón,
pues su valor y su fe lo merecían; de dó
se deja entender que Galafrón y Filis
estaban de concierto, y aunque Galafrón
á Mendino y Filis á Elisa se encargaron
el secreto, no por esso Mendino y Elisa
le guardaron; y bueno fuera que los dos
se celaran ningun propio acaecimiento,
ésta fuera la falta, que si en essotro
la hubo quedóse en quien entendió que
entre Mendino y Elisa podía, habiendo
sola una alma, haber más de un corazón.
Discreta era Elisa, y viendo que Filis,
enamorada y celosa, los podría dañar,
aconsejó á Mendino que con aparencias
la entretuviesse, y serviría de más
seguridad y secreto en sus veras. Lo
mismo quiso Mendino que Elisa hiciesse
con Galafrón, y el ponerse assí por obra
fué causa en ellos de mayor deleite,
porque las horas que los dos verdaderos
amantes se hurtaban de todos para solos
verse y conversarse, con toda aquella
bondad que dos almas desnudas lo pudieran
hacer, no era la peor parte el contarse
lo que á él con Filis y á ella con
Galafrón les sucedía. Ved si Mendino y
Elisa vivirían contentos: pues Galafrón
y Filis también lo estaban, hasta que
no faltó quien lo viniesse á turbar en
todos. Murió Padelio, noble y próspero
rabadán, y vino al Tajo á heredar sus
rebaños Palideo, su hermano, mancebo
sabio y galán, y quitando los ojos de
la herencia, los puso en la belleza de
Elisa, con tanta solicitud y ardimiento,
que de día en sus cabañas, con el viejo
Sileno, que su grande amigo era, y
de noche cercándolas con sus propios
pastores, jamás faltaba: esto á gran
costa y pesar de Mendino, y no menos de
Elisa, porque, estorbadas las horas de
su contento, los dos andaban tan sin él,
que fácilmente se les echaba de ver, y
lo peor fué que Sileno, con sospecha ó
aviso, se receló de entrambos. Creció
el cuidado en Mendino, y perdiendo el
respeto á su recato, los días velaba y
las noches no dormía. Y no es possible
menos á quien ama en competencia, aunque
verdaderamente se vea triunfando de
su enemigo. Desta diligencia, Padileo,
celoso, acrecentó la suya, y Galafrón y
Filis vieron su perdición: que en los
tiempos adversos nadie sabe fingir.
Nublados fueron éstos que en Padileo
tronaron, en Mendino y Elisa turbaron
la luz, y en los ojos de Galafrón y
Filis llovieron, y no por esso cesaron:
pues viéndose Elisa en tanto dolor y á
su querido amante, confusa y triste y
imposibilitada de poderle consolar, quiso
hacerlo por escrito, y con el zagal Sirio
le envió una letra que decía: