No te debe espantar que de tal suerte
el niño poderoso
tras un deleite envíe dos mil penas.
Que á nadie prometió firme reposo,
sino terrible muerte,
llantos, congojas, lágrimas, cadenas.
En Libya las arenas,
ni en el hermoso Abril las tierras flores
no igualan los dolores
con que rompe el Amor un blando pecho,
y aun no queda con ello satisfecho.