Tan mala vez las delicadas manos
de aquel marfil para mil muertes hechas,
y aquellos ojos claros soberanos
tiran al corazón mortales flechas,
que quedan de los golpes inhumanos
mis fuerzas pocas, flacas y deshechas,
y tan pasmado, flojo y débil quedo,
que vence á mi deseo el triste miedo.