Cuando me paro á ver mi bajo estado
y el alta perfección de mi pastora,
se arriedra el corazón amedrentado
y un frío hielo en la alma triste mora.
Amor quiere que viva confiado,
y estoilo alguna vez, pero á deshora
al vil temor me vuelvo tan sujeto,
que un hora de salud no me prometo.