Aquí el ruido que hace el manso viento,
en los floridos ramos sacudiendo,
deleita más que el popular estruendo
de un numeroso y grande ayuntamiento,
adonde las superbas majestades
son vanidades:
las grandes fiestas,
grandes tempestas;
los pundonores,
ciegos errores,
y es el hablar contrario y diferente
de lo que el corazón y el alma siente.