CAPÍTULO XVIII

_Como los soldados lo vendieron á unos

alemanes que iban á Roma y lo que cuenta

por el camino; cosa de notar._

GALLO.--Puesto por obra de me vender

por alguna necesidad me compraron unos

alemanes que á título de peregrinacion

iban á un negocio á Roma y yo pense de

nuevo resucitar cuando me vi escapado

de las manos de tan mala gente porque

me temía mucho que por su maldad había

Dios de permitir en nosotros algun mal

acaescimiento. En fin, con la ayuda de

Dios comenzamos nuestro viaje, y más

que tenía yo mucho deseo de ir á Italia

porque despues que yo fue Pitágoras no

había vuelto por allá y por ver las

novedades que de allá contaban todos los

que de allá venian, y iba muy contento

porque ya había cristiandad y residia

un Pontifice de toda la monarquia en

la ciudad de Roma y todas las cosas de

la gobernacion y templos y sacreficios

eran mudados. Pues una mañana, ya que

comenzaba á salir el sol, ibamos por

una deleitosa floresta de muy hermosas

huertas de fresca arboleda; iban por alli

mis dos buenos amos á veces contando,

de la manera que habían de tener en

su negociacion en llegando á Roma,

cómo habian de verse con el Papa en la

expedicion de las bulas; hablaban de

un Cardenal que tenía el cargo de los

despachos; decian no sé que, el uno que

llamaban abreviador; en cuanto yo pude

colegir de la calidad del negocio alcancé

que era una dispensacion para que se

pudiesen casar dos grandes señores de

aquella tierra, que no lo podian hacer

por ser parientes dentro en el cuarto

grado; concertaban entre sí que llegados

á Roma y presentada su aplicacion ante

los oficiales del papa no le habian de

decir la calidad de las personas, si no

solamente los nombres.

MICILLO.--Dime, Gallo, ¿porque se fengían

y trataban ansí?

GALLO.--No se declaraban del todo ellos,

mas sigun yo conosci de sus pláticas,

creo que fue porque si dijeren al Papa

ó á los oficiales ó aquellas personas

con quien habian de dispensar que eran

señores de mucha calidad y valor, les

llevarian mas cuantía de maravedís por

la dispensación, á tanto que decian

que si salian con su propósito sin ser

descubiertos que no les haria de costa

más de cien ducados y que si supiesen la

verdad de la calidad de las personas les

costaría más de seis mill ducados.

MICILLO.--¡Oh; nefandisimo género de

simonia, que en las cosas de la Iglesia

que va tanto interes á nuestra salud

no haya otra mayor dificultad para las

alcanzar si no es añadir dinero.

GALLO.--Despues que hubieron bien

concertado su negocio vinieron de platica

en platica á tratar de la gran suma de

dinero que se consumia en Roma; hablaban

de las riquezas que tenía el Papa, de

las posesiones de los Cardenales y de

los tesoros que habia entre los obispos

y oficiales que trataban este género de

contratacion.

MICILLO.--Mira, Gallo, avisote no hables

de la Iglesia ni de las cosas sagradas

de la cristiandad; ¿de qué te ríes, que

paresce que burlas de mí?

GALLO.--Ríome de que me acuerdo que

llegando ellos á este paso yo iba tan

atento á su plática que descuidado

cai en un charco y me hinchí de lodo,

y viniendo ansi por nuestro camino

hubieron nos de alcanzar dos hombres

que en su representacion parescian

ser gente de bien, y como llegaron á

nosotros saludaronse entre sí y dijeron

el uno dellos: razon es que no perdamos

vuestra compañia y conversación, pues

Dios nos ha juntado; y apeados de sus

cuartagos ataron los cabestros á mí y

mandáronnos andar delante; uno de mis

amos les preguntó que dónde era su viaje;

respondiéronle que una ciudad de los

confines de Italia, de la señoria del

Papa y que venian de complir un voto que

habian hecho por devocion, y era ir á ver

el cuerpo de Santa Ana, madre de Nuestra

Señora, é que la mostraban los alemanes

en Dura, ciudad en Alemania, que por una

pequeña limosna voluntaria concedia el

Papa muchos años de perdon. Dijo mi amo:

ya somos nosotros estados ahí é tenemos

con esa señora gran devocion porque nos

ha hecho grandes mercedes. Respondio el

italiano: basta que sea haber trabajado

en venirla á vesitar; mas yo no sé si

esté aquí ó si esté mas de verdad en

Leon de Francia, porque lo mesmo dicen

que está alli en Nápoles, y como dicen

muchas veces estas cosas nos hacen perder

la devocion á los cuerpos santos, porque

por estas diferencias les dejamos de

hacer la veneracion debida, sospechando

que hagamos á cuerpos que debemos

maldecir en lugar de santificarlos.

Respondió mi amo: verdad dices, mas luego

sacamos cuál sea el verdadero de los

milagros que hacen en cuerpos enfermos

y en personas necesitadas, y tambien el

Papa concede sus indulgencias adonde

está persuadido por buena información

que esté lo verdadero y veda que se

publique lo que no fuere ansi. Dijo el

italiano: pues decirme, señor, ¿y no

dió tambien perdones para Francia como

para Dura? y pues se precian en Roma de

tener la cabeza de San Juan Bautista,

¿por qué se consiente que tambien se

publique que esté en Francia en la ciudad

de Aniañes? y si fue un prepucio el que

circundaron á Jesu Cristo, ¿por qué se

precian los cristianos de tener tres: uno

en Roma, y otro en Brujes y otro en la

ciudad de Unberes (_sic_). Con una cosa

me consuelo, que conozca Dios mi sana

intencion y que no sea dado á mi hacer

bastante informacion de lo verdadero para

evitar la idolatria; pecan los principes

que lo consienten por sus particulares

intereses; mas dejemos agora esto, que es

muy larga cuestion; yo os quiero hacer

saber que entre otras cosas notabres que

yo vi en la iglesia de Santa Ana en Dura,

que en un altar junto á la madre vi á

Nuestra Señora la madre de Dios tan al

natural de una linda mujer en una imagen

que con todas las partes de su rostro

y cuerpo mostraba estar viva; en sola

una cosa me descontentó, que es en los

vestidos que tenía, porque de creer es

que fuese ella la más honesta que en el

mundo nunca mujer nasció ni fue; pues

no sé porqué la atavian los cristianos

tan deshonestamente con unos carmesis

y brocados cuchillados de colores y

puestos que reprueban aun las mujeres por

mostrarse honestas en si. Esto queria yo

qu'el pueblo cristiano mirase sin pasion

ni boba aficion é se piensen mas la

servir si la pintan y la visten en hábito

que por la reverencia que le debo quiero

callar; con unas mangas acuchilladas y

llenas de bocadillos y con colores de

afeites en el rostro y con grandes pechos

descubiertos y con camisas rayadas y

polainas muy galanas y polidas, y dicenme

que en España son en esto muy demasiados,

porque les ponen unos verdugados que usan

allá y unos rebociños en el cuello y

otras cosas deshonestas que fuerzan á los

hombres á pecar teniendo con las tales

imagines poca reverencia y devocion, y

acaesce muchas veces que si un pintor ha

de pintar una imagen de Nuestra Señora ó

de la Madalena, toma ejemplo de alguna

mujer deshonesta ramera la qual tiene

puesta delante por muestra de su labor y

pintura; yo no digo esto de mí, porque en

la verdad yo lo he visto. Dijo mi amo;

en este caso solamente tienen la culpa

los obispos porque en sus obispados no

vesitan ni proveen estas cosas, pues nos

va en ellas tan gran parte de nuestra

cristianidad, no se habian de descuidar

con sus regalos y deleites y con sus

rentas y tesoros, los cuales habiendose

de gastar juntamente con todas las rentas

de toda la Iglesia, digo del Papa y de

los Cardenales y obispos y todas las

otras dinidades con los pobres y otras

muchas obras de caridad, y consumenlas

en juegos, en banquetes y fiestas y

otros muchos deleytes del mundo, que yo

no digo, que solo en decirlo me paresce

seria deshonesto y sin tener memoria del

morir ni de la estrecha cuenta que han de

dar á Dios, porque me paresce á mi que

pues los obispos son obligados á visitar

cada año su obispado y no lo visitan,

sino repelanlo, no quedando mejor que

de antes; por el mismo caso ansí habian

de ser obligados los Papas á visitar su

papazgo de dos en dos años, porque de

contino se pierden las ovejas por el

descuido del pastor; antes son ellos

en ocasion de perderlas y destruirlas

desasosegandolas con guerras y tumultos,

tiranizando en la cristiandad con mayor

crueldad que todos los Dionisios juntos

tiranizaron en su tiempo; por cierto

yo querría ser dos años Papa y no mas

porque en estos yo pornia en orden el

Pontificado y lo haría tan ejemplo y

regla de Cristo y de sus apóstoles

que ninguno le viese que se quejase.

Respondio el italiano: ¡ay, señor! por

amor de Dios que no lleveis tal carga

acuestas porque yo os doy mi fe que es

la más incomportable que nunca hombres

pudieron sufrir, ni tenga ninguno envidia

á sus deleites ni banquetes y placeres,

porque os doy mi fe que desde el Papa

hasta el muy mísero sacristan viven

en contina miseria y dolor; tomense

para si sus placeres y pasatiempos los

obispos si juntamente con ellos han de

rezar por toda su familia, emitar á

los apostoles en cuyo lugar vinieron á

suceder y á lo qual cumplir con lo que

denota su habito obispal; que aquella

túnica blanca lavada, limpia, blanca, sin

mácula hecha á ejemplo de pueblo[293];

¿qué sinifica la mitra con dos cuernos

si no el cuidado que han de tener en

declarar al pueblo ambos testamentos

Viejo y Nuevo? qué denotan los guantes

limpios en sus manos? la administracion

pura de los sacramentos; ¿qué los zapatos

que le calzan en los pies? la vigilancia

de su gley; ¿qué la cruz é báculo que

le dan en la mano? la Vitoria y triunfo

de los humanos afetos; y lo mismo es al

Cardenal; ¿no os paresce que el que

debe tener esto de contino en su pecho

y consideracion que tiene trabajo?

pues alléganse á esto otros dos mill

embarazos de la vida que á un momento

no le dejan descansar el ánima, porque

la trae solicita en mill cuidados que

le menoscaban la vida: la visitacion de

su obispado, el examen de sus curas é

beneficiados los quales han de encargar

la administracion de su iglesia y ánimas

de sus feligreses; la visitacion de los

pobres y destribucion de sus bienes;

aquel contino despachar negocios para la

Corte romana é imperial, aquel asestir á

pleitos que les ponen en las dinidades

é pensiones; ¡oh Dios inmortal! pues

tambien tienen ellos sus prestamos y

censuras de las quales demandan prestados

á nunca volver; pues ¿qué trabajo tienen

en las judicaturas de todo el día, oyendo

quejas é pleitos de agraviados; con todos

ha de complir, á todos ha de responder, á

todos ha de satisfacer, á ninguno ha de

inviar quejoso, sino á todos contentos y

satisfechos. Pues vengamos al descanso

y deleite del Papa; por cierto si bien

considerase su dolor y trabajo contino,

no hay hombre de sano juicio que un dia

le pudiese sufrir, ni aunque se le diesen

con toda la posesion y mando de universo

mundo no le querria tomar por un momento;

mas la desordenada codicia que agora

reina en nuestras ánimas causa en todos

tan gran ceguedad que no hay quien mire

con ojos libres su tan trabajada carga

é la repudie y la eche de sí; ¡oh! qué

trabajo considerar que ya no se abscondan

los hombres como hacian en otro tiempo

los santos por no ser Pontífices, mas

antes hay ya quien mucho antes que vaque

lo negocia con sobornos inlícitos y si

menester es con yerbas le aben (_sic_)

antes, y que no hay uno en toda la

cristiandad de quien se presuma que si

se lo diesen no lo tomaria. Pues si se

ponen á considerar que tiene el Papa las

veces de Cristo y que está puesto en su

lugar en el mundo y que le debe remedar y

seguir en la pobreza, en los trabajos, en

la dotrina, en la cruz, en el menosprecio

del mundo, en las continas lágrimas, en

los ayunos, en las oraciones, en los

sospiros, en los sermones, en otras

dos mill fatigas, decirme ¿quien le

querrá? ¿quien le tomará? y esto no es

nada en comparacion de lo que á esto se

les allega: aquella guarda de tesoros;

aquella conservacion de honras, aumentar

las vitorias, acrecentar los oficios

y multiplicar las dispensaciones,

engrandecer las rentas, ensanchar las

indulgencias, proveerse de caballos y

mulas, de grandes familias y criados,

que conoscer de nuevo tantos escritores,

tantos notarios, tantos abogados, tantos

fiscales, tantos secretarios, tantos

caballerizos, tantos despenseros; á todos

ha de mirar é favorescer, con todos ha de

cumplir, á todos ha de pagar con proveer

al uno el obispado, al otro el abadia, al

otro el beneficio, al otro la canonjía,

é la dinidad, por pagar sus servicios;

pues ¿qué trabajo es el despachar cada

día los indultos, las indulgencias,

las compusiciones, las espetativas,

los entredichos, las suspensiones, las

citaciones y descomuniones? Por cierto

que me paresce á mí que por penitencia

no lo habia un bueno de tomar á cargo é

ya no es tiempo sino que todos trabajen

é rueguen por el Pontificado, porque

ya no es tiempo que los Papas hagan

milagros como los santos lo hacian

antiguamente, ni ya enseñan al pueblo

porque es trabajoso, ni declararán las

Sagradas Escrituras porque es de maestros

de escuelas, ni lloran porque es de

mujeres, ni consienten en su casa pobreza

porque es gran miseria; procuran siempre

vencer porque es gran vileza ser vencido;

seguir la cruz es gran infamia; huir

cuanto pueden de la muerte porque les

es el morir muy amargo. Pues si algunos

soberbios papas acaesce predominar en la

monarquia del mundo, ¡oh! Dios inmortal,

qué trabajo incomplensible tienen en

conservar su ruin vida con sus odios,

enemistades é sediciones; para salir

con su tirania hacen grandes ligas con

soldados, con tiranos y robadores,

los cuales les hagan espaldas y los

favorezcan y defiendan, y para estas

cosas echan susidios, bulas, indulgencias

y préstamos; vereislos tan solícitos y

tan cuidadosos en recatarse de todos,

en no se fiar de alguno; todos le son

enemigos y le cavilan la vida; uno le da

el veneno; otro le procura matar porque

suceda su patron; ¡oh! qué trabajo,

¡oh! qué fatiga, ¡oh! qué curiosidad

vana, ¡oh! qué costosa vida, ¡oh! qué

desabrida muerte, ¡oh! qué infernar

de ánima é martirizar del cuerpo; de

verdad os digo, señor, y creame quien

quisiere, que no tengo mas que os decir

sino que me quiero ser mas esto poco que

me soy con no tener más cargo de mi, ni

de más tengo de dar cuenta á Dios que

ser cualquiera destos papas que agora

se ofrecen, porque con sus trabajos é

cuidados yo no podía mucho vivir; tómelo

quien quisiere que ni á mi me lo dan, ni

yo lo demando, ni yo lo querria. Como el

italiano acabó su tragedia dijo mi amo:

por Dios, señor, que teneis mucha razon;

que es gran trabajo su vida; buena sin

alguna comparacion; si la hacen mala

porque viven siempre en sobresalto y

desasosiego, muriendo siempre sin nunca

vevir. Estas cosas y otras semejantes

iban [pa]sando tiempo por aquella

floresta y ya iba calentando el sol, por

lo cual procuraron darse alguna priesa

por llegar á comer á un lugar que cerca

estaba.

MICILLO.--Admirado me tienes ¡oh!

fortunuoso Pitágoras con tan inumerables

trabajos y tan bien representados que

con mis mismos ojos me los haces ver;

basta que me pensaba yo que esos

grandes Pontífices se tenian la suprema

felicidad, porque pensaba yo que los

grandes Pontífices junto con los grandes

tesoros y riquezas y el gran mando no

tenian que desear otra cosa alguna. Agora

que tengo visto su dolor paresceme que

ellos viven en el estado mas misero de

los mortales. Prosigue por amor de mi y

acaba tu tragedia como mientras fueste

asno, ¿que te sucedio?

GALLO.--Pues llegado al lugar, lo

primero que se proveyó en entrando en la

posada fue dar á nosotros las bestias

de comer; fueron luego muy llenos los

pesebres, donde matamos nuestra hambre

del caminar; despues se salieron ellos á

un portal fresco donde con mucho placer

les aparejan su comer; por estar yo lejos

de su mesa y porque venia cansado no

oi nada de lo que en la mesa pasó; mas

despues que todos hubimos reposado y que

fue caida la siesta despedieronse los

italianos de nosotros diciendo que iban

por otro camino á su tierra, demandada

licencia de los compañeros, saludandose

se fueron con Dios; nosotros tambien,

pagada la huéspeda, comenzamos nuestro

camino. Pierres, que ansi se llamaba

uno de los dos mis amos dijo á Perequin

que ansi se llamaba el otro: hermano

Perequin, si mi juicio no me engaña en

pronosticar...

Orígenes de la novela, Tomo II · 第 200 / 605 题