_Que siendo Pitagoras lo que le acaesció._
GALLO.--Vengo á contar lo que siendo
Pitágoras me acaesció y porque cumple
que digamos la verdad, yo fue en suma un
sofista y no nescio, muy poco ejercitado
en las buenas disciplinas, e acordé de
me ir en Egito por disputar con los
filosofos en sus altas ciencias, con los
cuales deprendí los libros de la diosa
Ceres la qual fue inventadora de la
astrología y primera dadora de leyes, y
despues volvime en Italia, donde comenze
á enseñar á los latinos aquello que
deprendí de los griegos y de tal suerte
doctriné que me adoraban por Dios.
MICILLO.--Ya yo he oido eso y cómo de los
italos fueste creido; mas dime agora la
verdad; ¿qué fue la causa que te movió
que constituyeses ley que no comiesen
carne ni habas ningun hombre?
GALLO.--Aunque tengo vergüenza de lo
decir, oirlo has, con tal condicion que
lo calles; yo te hago saber que no fue
causa alguna ni cosa notable ni de gran
majestad; mas miré que si yo enseñaba
cosas comunes y viejas al vulgo no serian
de estimar; por tanto acordé de inventar
cosa nueva y peregrina á los mortales
porque más conmoviese á todos con la
novedad de las cosas de admiracion; ansi
yo procuré de inventar cosa que denotase
algo, mas que fuese á todos incónita su
interpretacion y en conjeturas hiciese
andar á todos atónitos sin saber qué
quería decir, como suele acaescer de los
oráculos y profecías muy oscuras.
MICILLO.--Dime agora, despues de que
dejaste de ser Pitagoras, ¿en quién
fuistes transformado y qué cuerpo
tomaste?