CAPITULO IV

_Que pone lo que soñaba Micillo y lo que

da a entender del sueño; cosa de gran

sentencia._

MICILLO.--Pues oye agora, que no me

seria menos gracioso contartelo. Soñaba

yo quel rico Everates era muerto y sin

hijo alguno que le heredase y que me

dejaba en su testamento como hijo que le

hubiese de heredar; y asi yo aceté la

herencia y fui allá y comence a tomar de

aquella plata y oro aquellas ollas que se

acababan de sacar debajo de tierra; tenia

alrededor de mí tanto de tesoro que no

pensaba ser yo el que antes solia coser

zapatos; ya cabalgaba en muy poderosos

caballos y mulas de muy ricos jaeces y

muy acompañado de gente me iba a pasear;

todos me hacian gran veneracion; hacia

muy esplendidos convites a todos mis

amigos y deleitabame mucho en ver aquel

servicio con vasos de oro y plata; y

estando en estas prosperidades veniste

con tu voz a mí despertar, que me fue mas

enojoso que si verdaderamente todo lo

perdiera, y deseaba soñar veinte noches a

reo sueño tan deleitoso para mi.

GALLO.--Deja ya, mi buen Mida, de más

tabular del oro con esa tu insaciable

avaricia; ciego estás, pues solamente

pones tu bienaventuranza en la posesion

de mucho oro y plata.

MICILLO.--¡Oh mi buen Pitagoras!

paréscete que seré yo solo el que lo

suele afirmar; pues aun creo yo que

si verdad es lo que dices que te has

transformado en todos los estados de los

hombres, que podrias decir quanto más

deleite rescebias cuando del mendigar

descapado, ó cuando poseias grandes

riquezas y andabas vestido de oro y te

preciabas de hacer grandes prodigalidades

distribuyendo tu posicion y no es ahora

nuevo consentir en el oro nuestra

felicidad, pues abasta la esperanza de lo

haber para dar animo al cobarde, salud al

enfermo.

Orígenes de la novela, Tomo II · 第 185 / 605 题