_Que pone lo que soñaba Micillo y lo que
da a entender del sueño; cosa de gran
sentencia._
MICILLO.--Pues oye agora, que no me
seria menos gracioso contartelo. Soñaba
yo quel rico Everates era muerto y sin
hijo alguno que le heredase y que me
dejaba en su testamento como hijo que le
hubiese de heredar; y asi yo aceté la
herencia y fui allá y comence a tomar de
aquella plata y oro aquellas ollas que se
acababan de sacar debajo de tierra; tenia
alrededor de mí tanto de tesoro que no
pensaba ser yo el que antes solia coser
zapatos; ya cabalgaba en muy poderosos
caballos y mulas de muy ricos jaeces y
muy acompañado de gente me iba a pasear;
todos me hacian gran veneracion; hacia
muy esplendidos convites a todos mis
amigos y deleitabame mucho en ver aquel
servicio con vasos de oro y plata; y
estando en estas prosperidades veniste
con tu voz a mí despertar, que me fue mas
enojoso que si verdaderamente todo lo
perdiera, y deseaba soñar veinte noches a
reo sueño tan deleitoso para mi.
GALLO.--Deja ya, mi buen Mida, de más
tabular del oro con esa tu insaciable
avaricia; ciego estás, pues solamente
pones tu bienaventuranza en la posesion
de mucho oro y plata.
MICILLO.--¡Oh mi buen Pitagoras!
paréscete que seré yo solo el que lo
suele afirmar; pues aun creo yo que
si verdad es lo que dices que te has
transformado en todos los estados de los
hombres, que podrias decir quanto más
deleite rescebias cuando del mendigar
descapado, ó cuando poseias grandes
riquezas y andabas vestido de oro y te
preciabas de hacer grandes prodigalidades
distribuyendo tu posicion y no es ahora
nuevo consentir en el oro nuestra
felicidad, pues abasta la esperanza de lo
haber para dar animo al cobarde, salud al
enfermo.