Mis ojos, señora, que de mis males han
sido la causa, no tuvieron juyzio más
de para miraros e ver las perficiones
que Dios en vos puso, para que viendoos
pusiesen mi corazon en el fuego que
arde; llegada alli vuestra figura, no
pudo menos hazer de lo que ha hecho. Mi
saber no pudo ser tanto para temer los
inconuenientes de mi daño que vuestra
hermosura no fuesse más para causallo sin
poder ser resistido. Pues llegado aqui mi
pensamiento determinose en que lo mucho
que el merecer desyguala mi pena del
desseo, las sobras della misma son tantas
que lo yguala todo, pues que, señora,
mi intencion no os pide mas de licencia
para padescer, que desta suerte cierto
no puede ser reprouada pues que no es
mala. Ansi que, señora, pues que tanto la
virtud y nobleza en vos sobra, no useys
comigo por el rasero de la crueza, pues
que mudarse ya mi cuydado es imposible. E
assi de vos no quiero consejo; remedio es
el que pido pues que no le puedo esperar
sino de vuestra mano.