LA TERCERA PARTE

Dixe que la tercera parte de mi sermon

seria vn consejo para que las señoras

que son seruidas remedien a quien las

sirue. Pero primero que venga a las

razones desto, digo que quisiera,

señoras, conosceros con seruicio, antes

que ayudaros con consejo: porque lo vno

hiziera con sobra de voluntad, y haré lo

otro con mengua de discrecion; mas como

desseo librar vuestras obras de culpa,

e vuestras almas de pena, dezir vos he

mi parecer lo menos mal que pudiere.

Pues para començar el proposito, solo

por salud de vuestras animas, deveriades

remediar los que penays; que incurris

por el tormento que les days en quatro

pecados mortales; en el de soberuia que

es el primero, pecays por esta razon:

Quando veys que vuestra hermosura y valer

puede guarescer los muertos e matar los

biuos, e adolescer los sanos, e sanar los

dolientes, creeys que podeys hazer lo

mismo que Dios, al qual por esta manera

offendeys por este peccado. E no menos

en el de auaricia; que como recogeys la

libertad e la voluntad e la memoria y

el coraçon de quien os dessea, guardays

todo esto con tanto recaudo en vuestro

desconocimiento que no les volvereys vna

sola cosa destas, fasta que muera por

lleuarle la vida con ellas. Pecays assi

mesmo en el pecado de la yra; que como

los que aman, siempre siguen, es forçado

que alguna vez enojen, e importunadas de

sus palabras e porfias, tomays yra con

desseo de vengança. En el pecado de la

pereça no podeys negar que tambien no

caeys, que los catiuos del aficion, avn

que mas os escriuan y os hablen, e os

embien a dezir, teneys tan perezosa la

lengua, que por cosa del mundo no abris

la boca para dar vna buena repuesta.

E si esta razon no bastare para la

redenpcion de los catiuos, sea por no

cobrar mala estimacion. ¿Qué os paresce

que dirá quien sopiere que quitando las

vidas galardonays los seruicios? Para

el leon e la sierpe es bueno el matar.

Pues dexar, señoras, por Dios, vsar a

cada vno su officio; que para vosotras

es el amor, e la buena condicion y el

redimir; el consolar. E si por aqui no

aprueuo bien el consejo que os do, sea

por no ser desconocidas; culpa de tan

gran grauedad. ¿Cómo, señoras; no es bien

que conozcays la obediente voluntad con

que vuestros siervos no quieren ser nada

suyos por serlo del todo vuestros, que

trasportados en vuestro merescimiento, ni

tienen seso para fablar, ni razon para

responder, ni sienten donde van, ni saben

por do vienen, ni fablan a proposito, ni

se mudan con concierto: estando en la

yglesia y cabo el altar, preguntan si

es hora de comer? ¡O quantas vezes les

acaesce tener el manjar en la mano, entre

la boca y el plato por gran espacio, no

sabiendo de desacordados quién lo ha

de comer, ellos o el platel! Quando se

van a acostar, preguntan si amanesce, e

quando se levantan preguntan si es ya de

noche. Pues si tales cosas desconoceys, a

la mi fe, señoras, ni podeys quitar las

condiciones de culpa, ni las ánimas de

pena, quando por precio de sus vidas no

quereys dar vuestras esperanças. E como

vean los que os siruen su poco remedio,

traen los ojos llorosos, las colores

amarillas, sus bocas secas, las lenguas

enmudecidas, que avnque no con ál, sino

con sus lagrimas, deurian reuerdecer

vuestras sequedades. Pues porqué en hora

mala para mi, podeys negar galardon tan

desseado, e por tantas maneras merescido?

Direys vosotras, señoras: ¿no veys,

predicador simple, que no se pueden

remediar sus penas sin nuestras culpas?

A lo qual yo respondo, que no me

satisfaze vuestro descargo; porque el

que es affinado amador, no quiere de su

amiga otro bien, sino que le pese de su

mal; y que tractando lo sin aspereça, le

muestre buen rostro; que otras mercedes

no se pueden pedir. Assi que remediado su

mal, antes sereys alabadas por piadosas,

que retraydas por culpadas. Pues si de

piedad e amor quereys, señoras, enxemplo,

fallareys que en Babilonia biuian dos

caualleros, y el vno dellos tenia fijo

llamado Piramo, y el otro vna hija que

llamauan Tisbe; y como se viessen muchas

vezes encendió la conuersacion sus

desseos. Y conformes en vna voluntad,

acordaron de salirse vna noche porque

tuuiesen compañia sus personas, assi como

sus coraçones, e tomado este acuerdo,

concertaron el que primero saliesse,

esperasse al otro en vna puente que

estaua fuera de la ciudad junto con el

enterramiento del rey Nino; pues como

Tisbe fuesse más acuciosa en el andar

y en el amor, llegó antes que Piramo a

la fuente. Y estando acompañada de sola

esperança dél, salio de vna selva que

alli se hacia vna leona toda sangrienta e

sañuda, de miedo de la qual Tisbe se fue

a meter en el enterramiento dicho. E como

fuesse desatinada, cayosele el manto que

cobria. Llegada la leona a aquel lugar,

despues que vuo beuido en la fuente,

despedaçó el manto e cubrio lo todo de

la sangre que traya, e boluiose luego a

la montaña. Pues como ya el desdichado

Piramo a la fuente llegasse, vistas

las señales del manto sospechó que su

amada Tisbe fuese de alguna vestia fiera

comida, e dando credito a su sospecha

despues que con palabras lastimeras lloró

su mala ventura, pusose vn cuchillo por

los pechos. La sola e desdichada Tisbe

quando ya el roydo de la leona cessó,

salio de donde estaua por saber si era

llegado su Piramo; y como llegase debaxo

de vn moral do cayó con la ferida,

hallóle que ya queria dar el ánima, e

cayendo en la razon que pudo causar su

muerte, llegó a el boluiendole el rostro

arriba, que lo tenia en la tierra, y

besandole diuersas vezes su fria boca,

mezclando sus lagrimas e su sangre,

començo a dezir. Buelue el rostro, señor

mio, a tu desamparada Tisbe. No tengas

mas amor con la tierra que comigo.

Por cierto tambien terné fuerça para

acompañarte en la muerte como para amarte

en la vida; assi seguire yo muerta á ti

muerto. E dichas estas palabras, sacó le

el cuchillo de los pechos, y puesto en

los suyos, abraçose con su amado e assi

acabaron entrambos. Muchas razones y

enxemplos y autoridades podria traer para

enchir de verdad mi intencion; e no las

digo por esquiuar prolixidad. Solamente,

señoras, os suplico, que parezcays a

la leal Tisbe, no en el morir, mas en

la piedad que por cierto mas grave que

la de Piramo es la muerte del desseo;

porque la vna acaba, y la otra dura. E

do vos seguridad que no os arrepintays

de mi consejo. Catad que este amor que

negays, suele emendarse con pena de quien

lo trata con desprecio. E si todavia

quisierdes seguir vuestra condicion,

sostengan los que aman en su paciencia

los dolores. E porque da ya las doze,

e cada vno ha mas gana de comer que de

escuchar.

Ad quam

gloriam nos

perducat.--Amen.

Orígenes de la novela, Tomo II · 第 138 / 605 题