EL AVCTOR

Con tanta tristeza acabó su fabla, que

apenas podia acabar de hablar, e sin

de mí despedirse, desatinada de mucho

llorar, turbada la lengua e mudada la

color se boluio a la camara do antes se

yua, con tan rezios gemidos, que assi

de miedo que no la oyessen, como del

dolor de lo que hazia, sin me despedir

me fuy a mi posada con tanta tristeza,

que muchas uezes de mi desesperada

uida con la muerte tomara uengança, si

pudiera hacello sin que por desesperado

me pudieran culpar. E como tan solo

de plazer como de amigos con quien le

hablasse me hallaua, acostéme en mi

retraymiento, y en esta manera, como si

biuo delante de mi estuuiera, contra el

desdichado de Leriano comenzé a dezir.

Orígenes de la novela, Tomo II · 第 122 / 605 题