Con tanta tristeza acabó su fabla, que
apenas podia acabar de hablar, e sin
de mí despedirse, desatinada de mucho
llorar, turbada la lengua e mudada la
color se boluio a la camara do antes se
yua, con tan rezios gemidos, que assi
de miedo que no la oyessen, como del
dolor de lo que hazia, sin me despedir
me fuy a mi posada con tanta tristeza,
que muchas uezes de mi desesperada
uida con la muerte tomara uengança, si
pudiera hacello sin que por desesperado
me pudieran culpar. E como tan solo
de plazer como de amigos con quien le
hablasse me hallaua, acostéme en mi
retraymiento, y en esta manera, como si
biuo delante de mi estuuiera, contra el
desdichado de Leriano comenzé a dezir.