Asi, señor, querria ser discreto para
alabar tu seso como poderoso para
remediar tu mal, porque fueses alegre
como yo deseo y loado como tú mereces.
Digo esto por el sabio sofrimiento que
en tal tiempo muestras, que como viste
tu iuyzio enbargado de pasion conociste
que seria lo que obrases no segund lo que
sabes mas segund lo que sientes, y con
este discreto conocimiento quesiste antes
errar por mi conseio sinple y libre que
acertar por el tuyo natural y enpedido.
Mucho he pensado sobre lo que en esta
tu grande fortuna se deue hazer y hallo
segund mi pobre iuyzio que lo primero que
se cunple ordenar es tu reposo, el qual
te desuia el caso presente.
De mi voto el primer acuerdo que tomaste
sera el postrero que obres, porque como
es gran cosa la que as de enprender, assi
como gran pesadunbre se deue determinar;
sienpre de lo dubdoso se ha de tomar lo
mas seguro, y si te pones en matar á
Persio y librar á Laureola deues antes
ver si es cosa con que podras salir,
que como es de mas estima la onrra
della que la vida tuya, sino pudieses
acabarlo dexarias a ella condenada y a
ti desonrrado. Cata que los onbres obran
y la ventura iuzga; si a bien salen las
cosas son alabadas por buenas, y si a
mal auidas por desuariadas. Si libras
a Laureola dirase que heziste osadia y
sino que pensaste locura; pues tienes
espacio daqui a nueue dias que se dara
la sentencia prueua todos los otros
remedios que muestran esperança, y si
en ellos no la hallares dispornas lo
que tienes pensado, que en tal demanda
avnque pierdas la vida la daras a tu
fama. Pero en esto ay una cosa que deue
ser proueyda primero que lo cometas y es
esta: estemos agora en que as forçado
la prision y sacado della a Laureola.
Si la traes a tu tierra es condenada de
culpa; donde quiera que allá la dexes
no la librarás de pena. Cata aqui mayor
mal que el primero. Pareceme a mi, para
sanear esto obrando tú esto otro, que se
deue tener tal forma: yo llegaré de tu
parte a Galio, hermano de la reyna, que
en parte desea tanto la libertad de la
presa como tú mismo, y le dire lo que
tienes acordado, y le suplicaré, por que
sea salva del cargo y de la vida, que
esté para el dia que fueres con alguna
gente, para que si fuere tal tu ventura
que la puedas sacar, en sacandola la
pongas en su poder a vista de todo el
mundo, en testimonio de su bondad y tu
linpieça; y que recebida, entre tanto que
el rey sabe lo vno y provee en lo otro,
la ponga en Dala fortaleza suya donde
podra venir el hecho a buen fin. Mas
como te tengo dicho, esto se ha de tomar
por postrimero partido. Lo que antes se
conuiene negociar es esto: yo yre a la
corte y iuntaré con el cardenal de Gausa
todos los caualleros y perlados que ay
se hallaren, el qual con voluntad alegre
suplicará al rey le otorgue a Laureola
la vida; y si en esto no hallare remedio
suplicaré a la reyna que con todas las
onestas y principales mugeres de su casa
y cibdad le pida la libertad de su hija,
á cuyas lagrimas y peticion no podrá,
a mi creer, negar piedad. Y si aqui no
hallo esperança dire a Laureola que le
escriua certificandole su inocencia;
y quando todas estas cosas me fueren
contrarias proferirme al rey que daras
vna persona tuya que haga armas con los
tres maluados testigos; y no aprouechando
nada desto probarás la fuerça en la que
por ventura hallarás la piedad que en el
rey yo buscaua. Pero antes que me parta
me parece que deues escreuir a Laureola
esforçando su miedo con seguridad de su
vida la qual enteramente le puedes dar.
Que pues se dispone en el cielo lo que se
obra en la tierra, no puede ser que Dios
no reciba sus lagrimas inocentes y tus
peticiones iustas.