Pues el galardon de mis afanes auie
de ser mi sepoltura ya soy a tiempo
de recebirlo. Morir no creas que me
desplaze, que aquel es de poco iuyzio
que aborrece lo que da libertad. ¿Mas
que haré que acabará comigo el esperança
de verte graue cosa para sentir? Dirás
que cómo tan presto en vn año ha o poco
mas que ha que soy tuyo desfallescio
mi sofrimiento; no te deues marauillar
que tu poca esperança y mi mucha pasion
podian bastar para más de quitar la
fuerça al sofrir, no pudiera pensar que á
tal cosa dieras lugar si tus obras no me
lo certificaran.
Siempre crey que forçara tu condicion
piadosa á tu voluntad porfiada, como
quiera que en esto si mi vida recibe el
daño mi dicha tiene la culpa, espantado
estoy cómo de tí misma no te dueles.
Dite la libertad, ofrecite el coraçon,
no quise ser nada mio por serlo del todo
tuyo, pues, ¿cómo te querrá seruir ni
tener amor quien sopiere que tus propias
cosas destruyes? Por cierto tú eres
tu enemiga. Si no me querias remediar
porque me saluara yo, deuieraslo hazer
porque no te condenaras tú. Porque en
mi perdicion ouiese algund bien deseo
que te pese della, mas si el pesar te
avie de dar pena no lo quiero, que pues
nunca biuiendo te hize seruicio no seria
iusto que moriendo te causase enoio. Los
que ponen los oios en el sol quanto mas
lo miran mas se ciegan, y assi quanto
yo más contenplo tu hermosura mas ciego
tengo el sentido. Esto digo porque de los
desconciertos escritos no te marauilles:
verdad es que á tal tienpo escusado era
tal descargo, porque segund quedo mas
estó en disposicion de acabar la vida que
de desculpar las razones.
Pero quisiera que lo que tú auias de ver
fuera ordenado, porque no ocuparas tu
saber en cosa tan fuera de tu condicion.
Si consientes que muera porque se
publique que podiste matar, mal te
aconseiaste, que sin esperiencia mia lo
certificava la hermosura tuya; si lo
tienes por bien porque no era merecedor
de tus mercedes, pensaua alcançar por fé
lo que por desmerecer perdiese, y, con
este pensamiento, osé tomar tal cuydado.
Si por ventura te plaze por parecerte
que no se podria remediar sin tu ofensa
mi cuyta, nunca pense pedirte merced
que te causase culpa. ¿Cómo auia de
aprouecharme el bien que á ti te viniese
mal? Solamente pedí tu respuesta por
primero y postrimero galardon. Dexadas
mas largas te suplico, pues acabas la
vida que onrres la muerte, porque si en
lugar donde van las almas desesperadas ay
algun bien, no pediré otro si no sentido
para sentir que onrraste mis huesos por
gozar aquel poco espacio de gloria tan
grande.