CARTA DE LERIANO Á LAUREOLA

Pues el galardon de mis afanes auie

de ser mi sepoltura ya soy a tiempo

de recebirlo. Morir no creas que me

desplaze, que aquel es de poco iuyzio

que aborrece lo que da libertad. ¿Mas

que haré que acabará comigo el esperança

de verte graue cosa para sentir? Dirás

que cómo tan presto en vn año ha o poco

mas que ha que soy tuyo desfallescio

mi sofrimiento; no te deues marauillar

que tu poca esperança y mi mucha pasion

podian bastar para más de quitar la

fuerça al sofrir, no pudiera pensar que á

tal cosa dieras lugar si tus obras no me

lo certificaran.

Siempre crey que forçara tu condicion

piadosa á tu voluntad porfiada, como

quiera que en esto si mi vida recibe el

daño mi dicha tiene la culpa, espantado

estoy cómo de tí misma no te dueles.

Dite la libertad, ofrecite el coraçon,

no quise ser nada mio por serlo del todo

tuyo, pues, ¿cómo te querrá seruir ni

tener amor quien sopiere que tus propias

cosas destruyes? Por cierto tú eres

tu enemiga. Si no me querias remediar

porque me saluara yo, deuieraslo hazer

porque no te condenaras tú. Porque en

mi perdicion ouiese algund bien deseo

que te pese della, mas si el pesar te

avie de dar pena no lo quiero, que pues

nunca biuiendo te hize seruicio no seria

iusto que moriendo te causase enoio. Los

que ponen los oios en el sol quanto mas

lo miran mas se ciegan, y assi quanto

yo más contenplo tu hermosura mas ciego

tengo el sentido. Esto digo porque de los

desconciertos escritos no te marauilles:

verdad es que á tal tienpo escusado era

tal descargo, porque segund quedo mas

estó en disposicion de acabar la vida que

de desculpar las razones.

Pero quisiera que lo que tú auias de ver

fuera ordenado, porque no ocuparas tu

saber en cosa tan fuera de tu condicion.

Si consientes que muera porque se

publique que podiste matar, mal te

aconseiaste, que sin esperiencia mia lo

certificava la hermosura tuya; si lo

tienes por bien porque no era merecedor

de tus mercedes, pensaua alcançar por fé

lo que por desmerecer perdiese, y, con

este pensamiento, osé tomar tal cuydado.

Si por ventura te plaze por parecerte

que no se podria remediar sin tu ofensa

mi cuyta, nunca pense pedirte merced

que te causase culpa. ¿Cómo auia de

aprouecharme el bien que á ti te viniese

mal? Solamente pedí tu respuesta por

primero y postrimero galardon. Dexadas

mas largas te suplico, pues acabas la

vida que onrres la muerte, porque si en

lugar donde van las almas desesperadas ay

algun bien, no pediré otro si no sentido

para sentir que onrraste mis huesos por

gozar aquel poco espacio de gloria tan

grande.

Orígenes de la novela, Tomo II · 第 86 / 605 题