Libertado López, proseguimos la obra de distribución. Pero de pronto
sentí los primeros síntomas de una enfermedad, que me obligaron a
volver con premura a Madrid. Ya de vuelta, me atacó una fiebre que
me retuvo en el lecho unas semanas. Tuve varios ataques de delirio;
durante uno de ellos me imaginé que estaba en la plaza de Martín
Muñoz empeñado en una lucha a muerte con el cabecilla Balmaseda.
Apenas me vi limpio de fiebre, se apoderó de mí una melancolía
profunda que me imposibilitaba para todo trabajo. Me recomendaron un
cambio de lugar y de aires, y me volví a Inglaterra.