CARTA DECIMOSEXTA DE APOLODORO.

Acaba de enseñarme Isócrates una carta que escribe a Filipo. Un viejo

cortesano no sería más diestro y sagaz para lisonjear a un príncipe. Se

disculpa de atreverse a darle consejos, pero se ve en la precisión de

hacerlo porque lo exige el interés de la Grecia y de Atenas, tratándose

del cuidado que debería tomar en su conservación el rey de Macedonia.

«Todo el mundo os vitupera», le dice, «el precipitaros al peligro con

menos precaución que un simple soldado. Es muy glorioso morir por su

patria, por sus hijos y por aquellos que nos han dado el ser; pero no

hay cosa tan reprensible como exponer una vida de la cual depende la

suerte de un imperio, y marchitar con funesta temeridad la carrera

esclarecida de tantas hazañas».

Isócrates querría establecer entre Filipo y los atenienses una amistad

sincera, y dirigir sus fuerzas contra el imperio de los persas. Mira la

república como cosa propia; conviene en que hemos desacertado, pero los

dioses mismos no son irreprensibles a nuestros ojos.

No paso adelante, y no me causa extrañeza que un hombre de más de

noventa años de edad sea todavía tan rastrero, cuando lo ha sido toda

su vida. Me aflige, sí, que muchos atenienses piensen del mismo modo.

De aquí debéis inferir lo mucho que han mudado nuestras ideas desde

vuestra ausencia.

Compendio del viaje del joven Anacarsis a la Grecia (2 de 2) · 第 37 / 84 题