Muy pocos son los países del mundo que tengan la desgracia

Notas del Transcriptor:

Se ha respetado la ortografía y la acentuación del original.

El texto en cursiva se indica con _guion bajo_.

El texto en negrita se indica con =signos de igual=.

El texto en versalita (mayúscula igual en tamaño a la minúscula

de la misma clase) han sido sustituidas por letras mayúsculas de

tamaño normal.

Los superíndices se indican con el símbolo ^circunflejo.

Los errores obvios de puntuación y de imprenta han sido corregidos.

* * * * *

PROSA POLÍTICA

[Ilustración]

[Ilustración]

[Ilustración: RUBÉN DARÍO PROSA POLÍTICA]

[Ilustración]

ES PROPIEDAD

LAS REPVBLICAS AMERICANAS

[Ilustración]

PROSA POLÍTICA

(LAS REPÚBLICAS AMERICANAS)

POR

RUBÉN DARÍO

ILUSTRACIONES

DE

ENRIQUE OCHOA

[Ilustración]

VOLUMEN XIII

DE LAS OBRAS COMPLETAS

ADMINISTRACIÓN:

EDITORIAL «MUNDO LATINO»

MADRID

ARGENTINA

[Ilustración]

Entre los acontecimientos que la historia ha de señalar de modo

principal en los principios del siglo XX, está el surgir ante el

mundo de la «nueva y gloriosa Nación» que se canta en el himno de

los argentinos, no a la vida política, libre e independiente que

se conquistara hace una centuria, sino a la vida de los pueblos

superiores por el trabajo y la riqueza pacífica. En la balanza que

forma el continente americano, es la República Argentina la que hace el

contrapeso a la pujanza yanqui, la que salvará el espíritu de la raza y

pondrá coto a más que probables y aprobadas tentativas imperialistas.

Y hoy, por eso el mundo fija la mirada en ese gran país del Sur, de

apenas siete millones de habitantes, que rivaliza en más de una empresa

agraria, pecuniaria o financiera con el otro gran país del Norte cuya

población pasa de ochenta millones.

Pueblo formado con savia española, que heredara todas las cualidades y

defectos de los conquistadores, con agregación de nuevos elementos,

inició su independencia con hechos épicos, sufrió las consecuentes

agitaciones y revueltas de un estado de ensayo; soportó los soplos

del pampero anárquico y se desangró en choques intestinos; supo lo

que pesa el plomo y hierro de las tiranías; se revolvió contra ellas;

fué poco a poco iluminando su propia alma, el alma popular, y enseñó

al Demos la verdadera diferencia entre la civilización y la barbarie;

cuida de la escuela y de la universidad; propaga cultura y progreso;

levanta y da brillo a la organización parlamentaria; ve que en el

seno de su tierra está la mayor de las riquezas; se preocupa de las

cuestiones económicas que son las cuestiones vitales; por eliminación

y por cruzamiento comienza la formación de una raza flamante; recibe

sangre viva y músculo útil de los cuatro puntos del globo; echa al

olvido el daño español del «pronunciamiento» y el mal hispano-americano

de la revolución; crece; se hace fuerte al amparo de una política de

engrandecimiento económico; hace que las grandes potencias la miren con

simpatía, y celebra su primer fiesta secular con el asombro aprobador

de todas las naciones de la tierra.

De tal modo puede decir con justo orgullo un ilustre argentino,

Joaquín V. González, palabras como éstas: «Así, el pueblo argentino,

con ser en América uno de los que mayores dificultades ha debido vencer

para fundar un estado social de libertad y un hogar común para todos

los hombres, puede ofrecer un cuociente de trabajo propio y prospectivo

que equivale a un período más extenso de paz y de orden que el que

realmente ha podido gozar, y su mérito mayor a la consideración de sus

contemporáneos, será la consagración absoluta de su labor y supremas

energías, a labrar una prosperidad y una riqueza materiales que no

ciegue de modo irreparables las fuentes del ideal y la belleza, que no

encierre como el avaro dentro de su propia casa, sino que la ofrezca

al goce de todos los hombres y pueblos, en un banquete eucarístico de

fraternidad y de solidaridad universal».

Pocos países, puede decirse, están más seguros de su porvenir. La

prosperidad nacional no tiene, relativamente, parangón, pues asombra a

los mismos hombres del Norte, que comparan. Las lecciones del pasado se

han tenido en cuenta, y en medio de las más enconadas luchas políticas,

todos los partidos, todos los hombres dirigentes, han tenido ante

todo en mira la dignidad y el engrandecimiento nacionales. Ha habido

grandes errores que la ola del progreso ha borrado, y aun desaciertos

de ayer han abonado el campo del trabajo de hoy.

Ha tenido el país que hacerse fuerte para hacerse respetable, aunque,

según la palabra del eminente Sr. Norberto Piñero, «el papel histórico

de la Argentina es el de la creación de una raza y de una civilización

que ha de difundirse en la paz y por medios pacíficos». Y ha sostenido,

a pesar de su desenvolvimiento positivo y práctico, la cultura

tradicional. «Bajo el punto de vista literario, escribía un autor

francés hace más de cuarenta años, Buenos Aires ocupa el primer rango

entre las ciudades de la antigua América española».

La prensa Argentina es hoy la primera en lengua castellana, por su

riqueza, por su incomparable impulso y por su nutrición universal. El

adelanto universitario ha sido enorme en pocos años. Su instrucción

pública, sus planteles pedagógicos no tienen nada que envidiar, y sí

mucho que mostrar con justo orgullo a cualquier país de la tierra.

Al antiguo romanticismo político, noble y generoso de ideales, sucede,

por virtud de la evolución, un concepto más hondo y firme de la misión

nacional y del patrio porvenir, sin mengua de la fraternidad humana,

antes bien, ofreciendo trabajo y hogar a todos los hombres.

Y ello no es una frase lírica. Yo he habitado en el suelo argentino

y he visto cuán grandes se abren las puertas de la república a todo

extranjero, cuán sincera y práctica es la hospitalidad para todo

elemento útil. El programa patrio pudiera declararse en dos palabras:

trabajo y cultura. En ello van la independencia y la libertad. ¿Quién

más dueño de su futuro que semejante pueblo? Escribe C. O. Bunge: «La

semilla arrojada con gesto grandioso por la mano de la Revolución

sobre el suelo fecundo de la patria, ha germinado, desarrollándose en

gigantesco árbol, exuberante de flores, muchas de las cuales cuajáronse

ya en riquísimos frutos. Si nos enorgullecemos con razón de la presente

cultura, obra en gran parte de la enseñanza nacional, mucho más debemos

esperar para el porvenir. ¡El porvenir es nuestro!» Ese porvenir, que

será resultado del esfuerzo argentino y de la colaboración extranjera,

se define en las palabras de Edmundo d'Amicis, que citara en un

concienzudo trabajo sobre inmigración Aníbal Latino; es el voto y

el augurio de que los argentinos y los extranjeros vivan siempre

como hermanos, «y avancen juntos en el camino de la bondad y del

trabajo, manteniendo ese amplio y fecundo sentimiento de tolerancia,

de benevolencia, de amor patrio sin soberbia, de amor fraternal sin

recelos, que puede hacer de diez pueblos un solo pueblo, de varias

razas un solo estado, produciendo una maravillosa generación multiforme

que verá una patria argentina transfigurada y poderosa, como lo desean

y lo sueñan la fiereza amable de sus hijos y la gratitud sincera de sus

huéspedes».

VENEZUELA

[Ilustración]

Por sus antecedentes históricos de heroísmo libertador, Venezuela

ocupa la primera página en los fastos de la América Meridional. Allí

tuvieron lugar las primeras rebeldías emancipadoras del continente

Sur, y surgieron muchos de los grandes soldados patriotas que fundaron

cinco nacionalidades. Patria de Simón Bolívar, Venezuela abrió amplios

horizontes a la cultura y al progreso de nuestra raza, influyendo de

manera trascendental en el desenvolvimiento político de ella.

A pesar de los contratiempos de la vida interna y de los reveses en la

marcha evolutiva, los venezolanos y su régimen mantuvieron siempre esa

influencia. En defensa de su integridad, Venezuela ha dado muestras de

firme civismo, oponiéndose a los poderosos y sosteniendo la justicia

de su causa. Todas las condiciones de una raza superior acreditan al

venezolano, que es valiente, franco y comprensor de sus deberes de

ciudadano, para quien la patria está sobre todo otro interés. Las

instituciones y Legislatura del país lo llevan a un alto destino entre

los pueblos avanzados, pues desde el establecimiento de la República,

ha tenido por norma los mejores principios democráticos.

Venezuela, como es sabido, ocupa el límite Norte de la América del

Sur, en una superficie de 1.553.742 kilómetros cuadrados, o sea el

cuádruplo de la totalidad del territorio de Centro-América. Con arreglo

a la Constitución, la República se compone de 20 Estados, un Distrito

Federal y dos territorios, como sigue: Estados de Apure, Aragua,

Anzoátegui, Bolívar, Carabobo, Cojedes, Falcón, Guárico, Lara, Monagas,

Mérida, Miranda, Nueva Esparta, Portuguesa, Sucre, Táchira, Trujillo,

Iaragui, Zamora y Zulia, los territorios de Amazonas y Delta Amacuro y

el Distrito Federal formado por la ciudad de Caracas y sus parroquias

Foráneas. El censo de la República ascendía en el año de 1909 a

2.664.294 habitantes. El clima se adapta a toda clase de cultivos. Son

desconocidos los extremos de calor y frío. La salubridad es inmejorable

en todo el país.

Venezuela, más que el Paraguay, es la Mesopotamia de América. Cruzan

y bañan su territorio algo como 1.059 ríos, de los cuales 436 son

afluentes del Orinoco. Esto es causa de que exista allí una flora de

las más ricas y variadas del mundo.

En las llanuras crecen las palmas; en los bosques, los bambues, los

manglares y una inmensa variedad de árboles selváticos como el laurel,

el tamarindo y las palmas de hojas pinadas. En la región cálida, el

cacao, el café, la caña de azúcar, el coco, el banano y la yuca. En la

zona templada, además de lo anterior, se dan el algodón, maíz, trigo,

cebada, todos los cereales y árboles frutales. La región vegetal consta

de 349.661 kilómetros cuadrados, de los cuales 785.590 están en plena

naturaleza, abundando las maderas preciosas.

Después de la Argentina, Venezuela es el país que posee más terrenos

aptos para la ganadería. Estos alcanzan a unos 405.620 kilómetros

cuadrados. La minería es de una riqueza casi inverosímil. Existen allí

todos los metales conocidos; pero pueden explotarse con mayor facilidad

el oro, la plata, el cobre, el hierro, el plomo, el azufre y el

asfalto. Hasta el año de 1894 se conocían en el país 62 minas de oro.

Venezuela ocupa el quinto lugar entre los países auríferos de América.

Las minas de cobre ascendían en el año de 1894 a 14, estando en

constante explotación. Los yacimientos de hierro son de una ley de

80 por 100 de metal puro. El asfalto es de fabuloso acopio cerca del

río Pedernales, en Maracaibo, Mérida y Coro. La hulla, el azufre, el

petróleo, el azabache, la pizarra, el mármol, la cal, así como las

salinas, se explotan abundantemente.

Venezuela es una de las naciones americanas más favorables a la

inmigración, y su gobierno, con el fin de fomentarla, ha dictado

leyes liberales que otorgan a los que inmigran importantes garantías,

auxilios y franquicias. El carácter esencialmente hospitalario del

venezolano, la fertilidad de la tierra, la legislación, la estabilidad

de su sistema monetario y de su régimen económico, abren horizontes

dilatados al extranjero que llega a la República dispuesto a trabajar.

La nación está constituída federalmente. Los estados son autónomos.

Reconocen la autonomía federal de los distritos y su independencia

del poder político del Estado, en todo lo concerniente a su régimen

económico y administrativo.

La tierra venezolana fué descubierta por Colón en 31 de Julio del

año 1498. El incremento que tomaron posteriormente las tierras

descubiertas, hizo que el gobierno español las dividiera en virreinatos

y capitanías generales. Venezuela fué, en el año de 1731, una de éstas,

dependiente del virreinato de la Nueva Granada, que abarcaba lo que

después fué la gran Colombia. En el año de 1567 se echaron las bases de

la ciudad de Caracas, erigiéndose la primera iglesia católica al año

siguiente. En 1725 establecióse la Universidad de Caracas.

A fines del siglo XVIII empezaron a propagarse las ideas de

independencia. El 13 de Julio de 1797 se descubrió el primer conato

revolucionario, que debía estallar pocos meses después, y que llevó al

patíbulo a varios de sus promotores. El primer mártir de la libertad

venezolana fué don José María España, que murió ahorcado el 8 de Mayo

del año de 1799.

Francisco de Miranda inició en 1806, aunque sin éxito, la época

heroica, que debía tener como resultado la independencia. El 19 de

Abril de 1810, el capitán general Emparán fué depuesto por el pueblo,

y se nombró en su lugar una Junta de gobierno que reconoció a Fernando

VII como legítimo rey. La Regencia de Cádiz protestó de esta

determinación y ordenó el bloqueo de los puertos venezolanos; pero la

Junta de gobierno convocó una Asamblea, que se reunió el 2 de Mayo

de 1811. Esta Asamblea, en 5 de Junio del mismo año, declaró a la

nación absolutamente desligada de España, y una guerra empezó entre

venezolanos y españoles, en la que intervinieron gloriosamente Bolívar,

Soublette, Nariño, Cedeño, Plaza, Rivas, Anzoátegui, Flores, Urdaneta,

Páez, Brián y otros egregios patriotas. Esta contienda terminó el

7 de Noviembre de 1823 con la toma de Puerto Cabello por las armas

libertadoras.

La Gran Colombia, creada por el Congreso de Angostura, fué despedazada

por las tempestades revolucionarias de 1830, surgiendo entonces la

República de Venezuela. El general José Antonio Páez, uno de los héroes

de la Independencia, desentendiéndose de los vínculos que le unían a

Bolívar, rompe todo ligamen entre Venezuela y la Gran Colombia, toma el

poder en 1831 e inicia la primera presidencia constitucional. Siguieron

a Páez, que tomó por segunda vez el poder en 1839, José María Vargas,

José Tadeo Monagas y José Gregorio Monagas, que fueron desposeídos de

sus cargos por nuevas revoluciones. En 1858 sube al poder el general

Julián Castro, cuyo gobierno fué poco estable por la lucha armada entre

liberales y conservadores, en la cual aquéllos alzaron por primera

vez la bandera de la federación, sistema que ha imperado hasta hoy.

Después de una dictadura del general Páez, el triunfo de las ideas

liberales elevó al poder, en 1863, al general Juan C. Falcón, jefe del

liberalismo, quien dió a la República una nueva Constitución.

El florecimiento de la Instrucción Pública es muy notable en Venezuela.

Por decreto de 23 de Febrero de 1909, el gobierno dispuso elevar a

1.012--que luego han sido 1.217--el número de escuelas de la República

que, cuatro años antes, sólo alcanzaban a 716. A estas escuelas

asisten, por término medio, 27.000 alumnos. Hay, además, dos escuelas

normales, una para cada sexo; 54 colegios particulares, de los cuales

están subvencionados 21; numerosos institutos especiales, entre

ellos la Academia Nacional de Bellas Artes, las Escuelas de Artes y

Oficios, las universidades Central de Caracas, y la Andina en Mérida;

la Escuela de Ingeniería, el Seminario, las Escuelas Politécnicas, de

Agricultura, de Ingenieros, la de Minas y otras. Por lo que se ve, la

educación pública de Venezuela estará muy pronto a la altura de su

intelectualidad.

Este ramo importante cuenta con valiosos elementos profesionales,

como los doctores D. Trino Baptista y D. Samuel Darío Maldonado. El

primero está considerado como la mejor autoridad en el ramo por su

vasta ilustración, su amplio espíritu reformador y su patriotismo.

Hoy ocupa el ministerio de Instrucción Pública un hombre eminente,

nutrido de letras humanas, y en el cual hay el espíritu de los grandes

Cancilleres: el Dr. Gil Fortoul.

El Tesoro Público ha tomado grande incremento. Se han suprimido los

monopolios que existían sobre algunas industrias importantes y roto

las trabas que impedían las transacciones comerciales en general,

derogándose muchos decretos y disposiciones de viejos gobiernos sobre

exportación e importación. Han sido exonerados de derechos aduaneros

varios artículos considerados como esenciales para el desarrollo de la

riqueza nacional y libertádose de gabelas el comercio de cabotaje, y se

han dejado además sin objeto disposiciones sobre impuesto tabacalero,

y se ha restablecido el importante tráfico mercantil con la vecina

República de Colombia. Se han dictado medidas acertadas sobre salinas

y venta de licores, aumentando considerablemente los ingresos públicos.

El presupuesto del año fiscal, comprendido entre el 1.^o de Octubre de

1909 hasta el mismo día de 1910, ascendía a 50.000.000 de Bolívares,

equivalentes a francos.

Las obras públicas se hallan en singular desarrollo, y se cuentan

ya varias construcciones de nuevas escuelas, hospitales, lazaretos,

cuarteles, ferrocarriles y puentes, que se llevan a cabo tanto en

Caracas como en los diversos estados federales. No he de terminar sin

saludar cordialmente la mentalidad venezolana, en sus representantes

de un siglo de labores transcendentes, que han enaltecido el nombre

nacional en la Historia, en la Crítica, en la Polémica, en la Novela,

en la Poesía...

COLOMBIA

[Ilustración]

«Nosotros, decía un eminente argentino, no tenemos un país rico, hemos

_hecho_ nuestra riqueza. Países ricos, son esos que suben al norte en

tierras de tesoros, Colombia, por ejemplo». En efecto, si todo nuestro

continente es generoso y rico, Colombia es uno de los países que tienen

mayores riquezas en la tierra. Hay que recordar que en ella está la

fabulosa región de El Dorado. «Su clima variadísimo--escribía hace

poco el Sr. Luis Cano--y la riqueza insoluble de su suelo atraerán

seguramente la inmigración europea, que hasta hoy no ha logrado

recibir, a causa de la inestabilidad política y por falta de propaganda

exterior y de leyes correspondientes a este objeto. Apenas ahora el

Gobierno se preocupa formalmente de provocar una corriente inmigratoria

que desde hace mucho tiempo necesita, y que será uno de los factores

principales en su proceso de crecimiento. Del mismo modo, parece ya

casi suspendido por obra de la paz y de la moralidad gubernativa, el

éxodo de nacionales, que constituía una de las características más

desconsoladoras de la pasada difícil situación del país. Cierto, esa

_tierra de leones_ ha sido de las más agitadas del continente por la

fiebre revolucionaria. El hombre que aró en el mar, conocía bien el

ambiente de sus empresas. Ha sido Colombia en la América Latina, el

país de las más grandes ilusiones políticas y de terribles contiendas,

que han debilitado la salud de la república. «Durante toda nuestra

vida independiente, ha escrito Pérez Triana, hemos malgastado nuestras

energías en pavorosas luchas cruentas, que nos han hecho aparecer ante

el mundo como indignos de la independencia que obtuvieron nuestros

mayores, y como inhábiles para el aprovechamiento, en bien de nosotros

mismos y de la humanidad, de la egregia herencia que nos legaron.» Pero

esos son cargos para todas nuestras nacionalidades, con señaladísimas

excepciones.

Lo que ha distinguido en todo tiempo a Colombia, ha sido su fecundidad

en valores intelectuales. Santa Fe de Bogotá fué tenida, desde antaño,

como la Atenas hispano-americana, aunque tal denominación se haya dado

a otras ciudades estudiosas. ¿Hasta qué punto tendrán razón los que

afirman que hoy es bastante lamentable para un país nuestro el poseer

una capital que sea más o menos nombrada la Atenas de las repúblicas?

El progreso, en la América latina, se dice, se mide por la mayor o

menor preocupación por las bellas letras y por el cultivo de la lengua

castellana. El culto de la gramática, he ahí el enemigo. La capital

menos castiza: Buenos Aires. El único presidente que haya decretado

sobre el idioma de sus conciudadanos: el doctor Soto, de Honduras.

Hay mucho en esto de paradoja. Colombia, no hay duda, ha sido un gran

cerebro en América; pero ha tenido también un brazo fuerte, un corazón

vasto, un cuerpo rico de energías, cuya acción se desviara a causa de

haber concentrado más que en otras partes, la influencia nociva de los

antiguos filtros españoles. A propósito de una región del interior

colombiano, habla el Sr. don Miguel Triana de «el régimen cuasi feudal,

el ensueño aristocrático, la veneración al estandarte real que pudiera

decirse nostalgia colonial, el predominio teocrático en la disciplina

íntima y el consiguiente desafecto hacia los hombres, las glorias, las

ideas y los métodos de la democracia moderna. Así se explica como, en

los plenos días de la vida nueva, se oyen protestas contra el 89,

contra el anhelo de la concordia republicana y contra la igualdad

civil, culpando todos esos cánones modernos de inspiración diabólica».

No os imaginéis que ella sea aplicable a toda Colombia. ¿No es allí

en donde han surgido, en toda época, espíritus revolucionarios, y en

donde se llevara a la práctica un ensueño de romanticismo político,

como la famosa constitución de Río Negro, que mereciera, ¡naturalmente!

la bendición pontifical de Víctor Hugo? Nada más desdeñable que

el jacobinismo; y no seré yo quien censure y desee la completa

desaparición de _antiguallas_, como el respeto a las jerarquías, el

predominio de los excelentes, el orden y la disciplina, y, la más

antigua de todas, el concepto de Dios. Pero todo eso puede ir y debe ir

en la vida moderna, acompañado de ferrocarriles, bancos, industrias,

agricultura; esto es, trabajo y hacienda pingüe en los estados.

Colombia ha pasado, a costa de su sangre y de su oro, por harto

dolorosas experiencias; y si se afirma la dirección de paz y de

progreso, y verdadera regeneración que se ha iniciado con la buena

voluntad de sus hombres eminentes y el aumento de los caudales

públicos, florecerá en una nueva y grandiosa era. ¿Qué llegará a ser

esa renombrada Bogotá, archivo de cultura y señorío, de la cual cuentan

encantos los que han tenido la suerte de visitarla, cuando una a sus

tradicionales atractivos, que desde luego tomarán otros aspectos,

la vitalidad y el brillo de una ciudad moderna? ¿Qué de ese país

predilecto de la abundancia, el día en que sus energías se empleen,

dados ya al olvido los intereses partidarios, en la labor de hacer

riqueza, civilización y patria grande? En una obra del general Jorge

Holguín, se encuentra el siguiente penoso resumen estadístico: «En los

setenta y tres años transcurridos de 1830 a 1903, tuvieron lugar en

Colombia:

Nueve grandes guerras civiles, generales.

Catorce guerras civiles, locales.

Dos guerras internacionales, ambas con el Ecuador.

Tres golpes de cuartel, incluyendo el de Panamá.

Una conspiración fracasada, que hacen en total veintinueve calamidades

públicas.

De los informes publicados por los ministerios de Hacienda y Tesoro en

los años correspondientes a 1830, 1840, 1851, 1854, 1861, 1867, 1876,

1885 y 1899 (que fueron los años de las grandes guerras), resulta

que, sin computar la destrucción de riqueza ni calcular las pérdidas

sufridas por los particulares, desdeñando _lucro cesante_ y _daño

emergente_, y haciendo cuenta únicamente del dinero pagado o reconocido

por el Tesoro Nacional, las susodichas guerras costaron aproximadamente:

Nueve guerras, por término medio, a pesos oro 3.500.000

cada una 31.500.000

Catorce guerras locales, por término medio, a 400.000 5.600.000

Dos guerras internacionales 800.000

Dos golpes de cuartel, 23 de Mayo y 31 de Julio de 1912

Una conspiración de cuartel encabezada por el general

Huertas en Panamá el 3 de Noviembre de 1903, importe

de la concesión conforme contrato Herrán-Hay,

10.000.000. Anualidades del ferrocarril, capitalizadas

en 4.000.000. 14.000.000

----------

51.900.000

Muy pocos son los países del mundo que tengan la desgracia

(proporciones guardadas) de registrar en sus Anales inventario tan

aterrador y, sin embargo, a pesar de ser tan elevada la cuenta, es muy

cierto que, atendido el apasionamiento y la exacerbación en que han

vivido los partidos, las ofensas que se han irrogado, los golpes que se

han descargado en medio de luchas espantosas, de agitaciones horribles

y de ansiedades incesantes, las guerras, los golpes de cuartel y las

conspiraciones no han sido tantos cuantos habría podido suponer un

observador imparcial que hubiera seguido con atención la marcha de

los asuntos públicos.» Si se hiciese un inventario igual de cada una

de nuestras _enfermas_ democracias, Colombia tendría el alivio de las

comparaciones. De todos modos, es la patria la que ha sufrido. Y los

estadistas, los gobernantes no han tenido sino que sufrir la fatalidad

de su medio. El mismo Sr. Holguín da una discreta explicación:

«...Por grandes que fuesen, dice, su inteligencia y su ilustración,

y por nobles y rectas que fueran sus intenciones, estando la nación

dividida en partidos intransigentes que habían adquirido la costumbre

de confiar la solución de sus diferencias al juego tan peligroso de

las batallas, no contando con ninguna clase social que sirviera de

contrapeso a las otras clases sociales, que andaban enloquecidas con

la política; viéndose obligados a defenderse con frecuencia de las

revoluciones, de las conspiraciones, de los golpes de cuartel y de los

ataques formidables que le dirigía la prensa de oposición; con escasas

rentas públicas, con gastos enormes, teniendo que hacer esfuerzos

extraordinarios para cumplir los más urgentes compromisos del erario...

por grande, decimos, que fuese su inteligencia, la tarea de guiar la

nave del Estado por entre tantos obstáculos, ha tenido que ser, si

no imposible, por lo menos muy difícil». En cualquiera de nuestros

países, apartando desde hace algunas centurias a Chile, la Argentina y

la pequeña Costa Rica, la situación ha sido la misma. Lo continental

endémico no aminora sino que acrece lo lamentable. Todos hemos tenido

nuestros criollos y chapetones, al comienzo, para seguir después

con nuestros federales y unitarios, rojos y blancos, liberales y

conservadores, y la innumerable división de los _istas_. Pero Colombia,

como pocos pueblos, ha pagado sus choques y disenciones civiles. Y

pocos pueblos han podido también contar con varones tan ilustres en los

distintos partidos.

No me ocuparé nunca de la política interior de ninguna nación.

Haré notar, no obstante, que desde la unión efectuada por los

diferentes elementos de las agrupaciones políticas, se ha logrado «la

reimplantación gradual y segura de un Gobierno democrático y liberal,

dentro de las exigencias no estrechas de su criterio conservador». Y

el actual mandatario se esfuerza por mejorar el crédito ante todo,

impulsar la industria y el comercio, vigorizar, en una palabra, su

país, que ha de llegar a ser todo lo que puede, con sus vastas riquezas

fomentadas en una paz laboriosa.

Bogotá la docta y palatina, se abrillanta, se rejuvenece. Medellín,

cuyos adelantos se han expuesto tan plausiblemente en una publicación,

con motivo del centenario Colombiano; Popayán, ciudad que, según la

frase de Reclus, es de las ciudades que, vistas a distancia, presentan

el cuadro más encantador y más grandioso; Cali, «la ciudad más bella de

Colombia y la que algún día habrá de disputar a Valparaíso el imperio

del Océano Pacífico»; otras ciudades más, serán quizá en breve focos de

civilización y de vitalidad.

Es demás señalar las ventajas de las regiones colombianas descriptas

en los tratados geográficos y en los libros de viajes; y la belleza

y encantos rurales que en el mundo entero se han podido apreciar

con la simple lectura de la _María_, de Jorge Isaacs. Colombia es

la Fertilidad, en su aspecto físico, como en su aspecto moral es el

Talento. Es el imperio de las esmeraldas y de los versos. Sus figuras

intelectuales son incontables, desde la colonia hasta nuestros días.

¿Qué será Colombia el día que lleguen a sus inmensas tierras los brazos

y las iniciativas europeas? Colombia será una de las grandes sorpresas

de la historia humana. Seguid, oh pueblos de nuestra América, la estela

que va dejando en triunfo hacia el porvenir el potente navío argentino,

y más de un sueño increíble se realizará entre las naciones.

CUBA

[Ilustración]

Isla bella, de feracidad sorprendente y de riqueza casi fabulosa.

La página de sus heroísmos cerró el libro de glorias de la América

multirrepublicana, y entre sus grandes hombres tuvo a un santo de la

libertad: José Martí. País de sol y de palmas en que la naturaleza se

recrea.

Descubierta por Colón el domingo 28 de Octubre de 1492, el almirante

llamó a Cuba _la tierra más hermosa que ojos humanos hayan visto_,

donde _no se conciben la muerte ni el dolor_.

A principios de la Conquista, en 1511, llegaron el capitán Diego

Velázquez y otros, y con el suplicio del cacique Hatuey se inició en

la Isla una época de inquietudes. A partir del siglo XVI, hasta fines

del XVIII, la piratería de franceses, ingleses y holandeses mantuvo en

constante sobresalto a los pobladores, que no llegaban por entonces a

cuarenta mil.

España estableció un monopolio mercantil, y quedó la Isla sometida al

Imperio. Las guerras sostenidas entonces por España trajeron como una

de sus consecuencias la sujeción de Cuba a Inglaterra por un pacto

de familias reales. El gobernador británico, conde de Albermale, dió

libertad al comercio, y en sólo un año llegaron a la Habana cerca de

mil embarcaciones mercantes.

La dominación inglesa duró hasta la paz de Versalles, y España restauró

su poder en 1763. Gobernaron entonces el marqués de la Torre, que hizo

el primer censo del país, el cual censo arrojó 172.620 habitantes; D.

Luis de las Casas y el marqués de Somernelos, buenos administradores

que fundaron instituciones económicas y construyeron obras de pública

utilidad. En 1812 se nombró la diputación cubana a las Cortes de Cádiz.

El rey Fernando VII, como lo habían hecho los ingleses, decretó el

comercio libre, y fué en aquel mismo tiempo cuando quedó oficialmente

abolida la trata de africanos, por un convenio con Inglaterra. No

obstante, el comercio de esclavos continuó.

Después de la abdicación de Carlos IV comenzaron a cundir en Cuba las

ideas liberales; se fundaron asociaciones de cubanos separatistas,

y con motivo de la elección de Diputados a Cortes ocurrió el primer

episodio sangriento entre nativos y peninsulares. Era la principal

de aquellas asociaciones revolucionarias la que se llamó _Rayos y

Soles de Bolívar_, que envió delegación a Venezuela para demandar

apoyo al Libertador Sud-americano, mientras en Méjico se instalaba la

Junta Promotora de la Libertad Cubana. La gestión de esas agrupaciones

patrióticas fracasaron por los temores esclavistas reinantes en los

Estados Unidos de Norte-América, y desde entonces no cesaron los

levantamientos contra el poder español. Y en el año de 1850 flameó por

vez primera la bandera de la estrella sola, cuando el prócer Narciso

López desembarcó con seiscientos hombres en la ciudad de Cárdenas.

Las sociedades _El Aguila Negra_, _Los Soles de la Libertad_, de

Camagüey y otras continuaban sus propósitos. Vinieron el levantamiento

y muerte de Joaquín Agüero, la insurrección de Armenteros, el segundo

desembarco de Narciso López--su captura y muerte--y otros muchos

episodios de sangre anteriores a 1868. La Junta de Información

convocada en Madrid en 1866 fracasó, y Carlos Manuel de Céspedes,

hombre de fortuna y de cultura, se rebeló en Octubre de 1868, en su

Ingenio azucarero _Demajuana_, dió libertad a sus esclavos, y con

un grupo de bravos soldados tomó la ciudad histórica de Bayamo,

que fué el primer triunfo de la guerra larga que, en 1878, concluyó

aparentemente con el conocido Pacto del Zanjón. Formóse luego el

partido autonomista cubano, cuyos ideales no eran creídos en la

Metrópoli. Era jefe de este partido D. José M. Gálvez, hombre fuerte

y talentoso. El estadista español señor Maura fué el único que por

aquel entonces vió claro el problema cubano, y aunque las reformas

propuestas por él no daban la autonomía al país, eran una base de ella.

El partido constitucional, integrado por elementos españoles y que

gobernaba la Isla, combatió tenazmente el proyecto de Maura, impidiendo

su aplicación. Vino luego una época de parlamentarismo activo en el

Congreso español, que sirvió a Martí para hacer la última guerra de

independencia.

Ya he hablado de este apostólico héroe en mis «Raros» y suelo evocarle

con singular sentimiento. Hace poco dije en América cómo le conocí. Doy

la palabra, pues, al escritor y diplomático cubano señor Machado, cuya

monografía de Cuba he visto:

«Era José Martí hombre de dotes extraordinarias, de poderoso genio,

de cultura intensa y varia y sólida y admirablemente gobernada:

orador, periodista, poeta, jurisconsulto, sociólogo y prosista de arte

originalísimo. Y junto con todas esas preeminencias de la naturaleza

y del estudio, poseía un corazón de santo y un carácter de verdadero

apóstol, que lo elevaron a las más altas cimas de la perfección humana.

En Baire empezó la guerra decisiva, la que había de dar fin al gobierno

español en América, el 24 de Febrero de 1895, y en la que ganaron los

laureles de la inmortalidad el casi legendario Maceo, el sagaz Máximo

Gómez, el denodado Calixto García, el propio e insuperable Martí, y

cien y cien más caudillos y capitanes de imperecedera recordación...»

Han gobernado la República cubana el patriota y dulce pedagogo D.

Tomás Estrada Palma, a quien derrocó una revolución, una de las

desgraciadamente epidémicas de nuestros pueblos juveniles e inquietos.

Y después de una segunda intervención Norte-Americana, el pueblo cubano

fué llamado a elecciones, y por voto de la mayoría asumió el mando

nacional el bravo general de la independencia José Miguel Gómez.

En cuanto a producción, exportación, importación, etc., etc., de Cuba,

véase lo que dice el gran diario bonaerense _La Nación_:

«Los progresos de Cuba.--La jira que el secretario de estado de la

Unión, Mr. Knox, está realizando por los países que baña el mar Caribe,

ha tenido como primer resultado provocar la atención general hacia esos

países, de los cuales en realidad se sabe poco, particularmente en esta

parte de la América del Sur. Entre ellos, la república cubana es uno de

los más interesantes.

Con trece años apenas de existencia, Cuba ha hecho progresos

sorprendentes en todo orden de cosas, y una de las equivocaciones

más generalizadas consiste en creer que tales progresos son debidos

únicamente a los norte-americanos, no habiendo cabido a los cubanos

ninguna o apenas muy pequeña participación en ellos. En verdad que en

el período de la intervención norte-americana en la isla se llevaron

a cabo o se iniciaron importantes obras de saneamiento, se desarrolló

la instrucción pública, se construyeron ferrocarriles y caminos, etc.;

pero no es menos cierto que posteriormente, terminada la intervención,

los gobernantes cubanos, por sí mismos, no sólo han continuado la obra

de los norte-americanos, sino también han realizado mucha obra nueva,

de todo linaje, hasta alcanzar el satisfactorio estado actual de cosas,

labor que resulta más meritoria si se recuerda la situación en que,

por razón de múltiples y variadas causas, se encontraba la isla al

concluir la dominación española. Los interesantes datos que publicamos

a continuación, comprueban los progresos realizados por la República de

Cuba en los pocos años que lleva de existencia.

El censo de 1907 fijó la población de la isla en 2.048.980 habitantes:

en nueve años (desde 1899) ha aumentado en más de medio millón.

La administración sanitaria, regida por un ministerio especial, o

secretario del despacho, como se dice en Cuba (primer país en el mundo

que estableció ese departamento), ha extinguido absolutamente la fiebre

amarilla, el paludismo, la viruela, el sarampión y las numerosas

enfermedades clasificadas por la patología intertropical; la mortalidad

ha bajado a un 13 por mil, una de las más cortas proporciones que

se registran en el mundo; la natalidad ha subido a 34 por mil, y el

aumento de la población, no contando las inmigraciones, es de cerca de

cincuenta mil personas por año.

Se ha realizado lo que hace algún tiempo se hubiera creído un milagro:

hacer de Cuba uno de los países más saludables de la tierra.

No menos digna de señalarse como ejemplo notabilísimo es la reforma

de la instrucción primaria: 3.774 escuelas, con maestros competentes

y bien retribuídos, con abundante y adecuado material pedagógico, con

métodos modernos de educación instructiva y objetiva, con 210.092

alumnos y con el 78 por 100 de asistencia, proclaman altamente el

progreso logrado.

Se han aumentado considerablemente las vías de comunicación: 3.433

kilómetros de ferrocarriles y 2.304 de carreteras distribuyen por

todos los lugares habitados de la isla los artículos de importación, y

conducen a los puertos, para ser exportados, los preciosos frutos del

suelo cubano.

Los servicios de correos y telégrafos, organizados y regidos con tanta

perfección como donde los haya mejores, cuentan con 487 oficinas, 9.952

kilómetros de línea, nueve estaciones de telegrafía inalámbrica y 368

líneas de servicio particular, aparte de las destinadas al servicio de

la guardia rural. La Administración postal y telegráfica dió curso el

año pasado a 68 millones de cartas y 645.000 telegramas.

Atiende a la defensa nacional y la conservación de orden público un

ejército de 5.000 hombres (de infantería y caballería) bien equipado,

instruído, disciplinado y pagado, y un cuerpo de guardia rural de 5.246

plazas, en las mismas excelentes condiciones, y que además de las

funciones ordinarias de policía de seguridad en los campos, tiene las

propias del arma de caballería en tiempo de guerra.

Esparcidos por toda la isla hay 175 grandes ingenios (fábricas de

azúcar), que el año pasado produjeron un millón ochocientas treinta

y seis mil doscientas siete toneladas de dicho artículo, y cuya

producción en el presente año se espera que llegue a dos millones de

toneladas, es decir, casi una tonelada por cada habitante del país.

La cosecha de tabaco, la segunda producción de la isla en orden a su

cuantía y valor, alcanzó en el mismo período a 823.082 quintales, con

una exportación de 26.331.835 pesos.

Siguen inmediatamente en importancia la exportación de minerales,

frutas, maderas, cera y miel.

Cuando se leen las cantidades que valúan el comercio de Cuba, cuyo

total volumen con relación a la población, ocupa el segundo lugar en

el mundo (sólo le supera el de Inglaterra), hay que asombrarse del

gran esfuerzo industrial y mercantil que significan, y de la riqueza

que distribuyen 237.774.700 pesos oro, de los cuales 129.178.865

representan la exportación y la importación 108.095.855, con una

diferencia en favor de Cuba, de 21.083.010.

Cabe agregar, para concluir esta breve información, que a esos

progresos materiales corresponde un progreso político muy apreciable,

que permite el funcionamiento regular del mecanismo constitucional y

administrativo, alejándose así la enojosa expectativa de una nueva

intervención norte-americana, que hace poco pareció probable a causa

de la excitación pública motivada por la actitud de la Asociación de

veteranos de la guerra de la independencia, excitación que felizmente

parece ya concluída, circunstancia que hace esperar que la próxima

elección presidencial y la consiguiente transmisión del mando, han de

efectuarse en condiciones que contribuyan al afianzamiento del progreso

y del prestigio de la joven república cubana.»

Son, como se ve, sorprendentes los progresos materiales y morales de

la Perla de las Antillas, una de las Repúblicas latino-americanas de

más porvenir. Su comercio exterior aumenta de año en año, en progresión

extraordinaria; sus producciones naturales y famosas, como el azúcar,

el tabaco y el café, invaden el mercado mundial y son activamente

solicitadas por los países consumidores. Las riquezas de la isla

adquieren positivo valor, y las ciudades se embellecen y se higienizan

con rapidez extraordinaria.

A este resurgimiento material corresponde un verdadero florecimiento

intelectual.

El pensamiento cubano ha tenido, como la libertad cubana, nobles

adalides. El evangélico Martí descolló gallardamente en ambos campos

llevando en su múltiple y grande espíritu las virtudes más altas del

patriotismo libertador y las dotes más puras de la oratoria, de la

poesía y de la prosa caudales.

PERÚ

[Ilustración]

Hace ya largos años tuve la suerte de pasar algunas horas en Lima.

¡Lima! La ciudad tradicional de la riqueza, de la gentileza y del

encanto femenino, la ciudad de Santa Rosa y de D. Ricardo Palma. Y

volvía yo de Chile para Centro América. El vapor tenía que permanecer

algunas horas en el Callao, y yo aproveché ese tiempo para hacer mi

corta visita a ese precioso relicario de la galantería y esplendor

coloniales. No sufrí desilusión ninguna, antes bien, creo que hubiera

permanecido allí por largos años. Pero noté ya que Lima se modernizaba.

Actualmente sí que, si ha perdido algo de su vieja poesía, ha ganado en

progreso y sigue siendo la flor del Perú.

Sobre el Perú de hoy se han publicado algunos libros en Europa y

Estados Unidos; con todo, es poco sabida su situación presente,

su despertamiento. Empieza a conocerse porque tiene laboriosos

propagandistas, como el Sr. Carlos Larrabure, que hace en Europa tanto

bien a su patria.

El Perú que, bajo el Imperio de los Incas primero, y bajo la

dominación española después, ocupaba una enorme extensión territorial,

comprendiendo bajo su dominio, además del Perú actual, el Ecuador y

parte de los territorios de las Repúblicas de Bolivia y Chile, vió

replegarse sus fronteras cuando la emancipación del continente dió

vida independiente a las citadas repúblicas. Y aun cuando disminuído

nuevamente su territorio por consecuencia de la desastrosa guerra

del Pacífico, que hizo pasar a manos del afortunado vencedor el

inmenso departamento de Tarapacá, con su ingente riqueza salitrera,

cuenta todavía con la considerable extensión territorial de 1.800.000

kilómetros cuadrados, en el que se encuentran todos los climas del

mundo, en el que se aglomeran las más variadas y las más ricas

producciones de los tres reinos de la naturaleza, y en el que se pasa

de las llanuras arenosas y de los valles de prodigiosa riqueza agrícola

de la Costa del Pacífico, a las fragosidades de la sierra, cuyos

flancos están cruzados por filones de los minerales más variados; y

de las altiplanicies andinas, cubiertas de pastos naturales, capaces

de alimentar millones de cabezas de ganado, a los bosques seculares

del Oriente, cruzado por los grandes ríos navegables, el Amazonas y

sus afluentes septentrionales y meridionales, recorridos sin cesar

por legiones de caucheros, explotadores intrépidos del Hevea y del

Castilloa.

La región de la costa se extiende a lo largo del Pacífico, en una

extensión de Norte a Sur de 2.270 kilómetros, desde la línea fronteriza

con el Ecuador, hasta el territorio de Chile. Su anchura, desde el

Océano hasta las primeras estribaciones de la Cordillera de los Andes,

es muy variable, alcanzando un máximum de 100 kilómetros.

Esta ancha faja de territorio, dotada de un clima suave que no pasa

de los 28° centígrados en verano, ni baja a más de 8° sobre cero en

invierno, y en la que es casi desconocida la lluvia, que sólo se

presenta bajo la forma de llovizna menuda (garna), está atravesada

de Este a Oeste por numerosos ríos, torrentosos en su mayor parte,

que bajan de las cumbres de los Andes, y forman una serie sucesiva

de valles, en los que se cultivan, sobre todo, la caña de azúcar, el

algodón, el arroz y la vid.

Puede calcularse en 321.450 hectáreas la extensión de tierras irrigadas

actualmente en la región que nos ocupa. Además, los diferentes

proyectos de irrigación en estudio, permitirán aumentar esa superficie

en 314.982 hectáreas más.

La producción de azúcar en el año de 1910 alcanzó la cifra de

148.045.033 kilos, de los que 26.400.000 fueron consumidos en el país,

y kilos 121.465.033 fueron exportados en su mayor parte a Inglaterra y

a Chile, cuyas refinerías se proveen exclusivamente de azúcar peruano.

En lo que se refiere al cultivo del algodón, introducido en el Perú

cuando surgió la crisis de la producción, originada por la guerra

separatista de los Estados Unidos, las condiciones particularmente

favorables de la tierra y del clima, superiores a las de Egipto para

esta planta, han mejorado notablemente las clases diversas que fueron

introducidas en aquella época, y aun se ha formado una variedad

netamente nacional, que se distingue esencialmente de los demás en la

aspereza de su fibra, que le da tal semejanza con la lana, que se le

emplea para mezclarla con ésta en diversos tejidos, siendo necesario

recurrir al análisis químico para distinguirlo.

La producción de algodón en sus diferentes clases, fué el año último

de 24.005.144 kilos, de los cuales fueron exportados 21.305.144 kilos,

siendo consumida la diferencia de 2.700.000 kilos por las fábricas

nacionales de tejidos.

La producción de arroz en el mismo año fué de 39.409.910 kilos, y la de

vino y alcohol de uva, de 12.175.639 litros.

La principal producción mineral de la costa es el petróleo y sus

derivados, cuya exportación alcanzó la cifra de un millón de toneladas,

a la que hay que agregar el consumo nacional.

Las producciones agrícolas de la sierra, susceptibles de recibir

un impulso que decuplique su monto, cuando se desarrolle la red

ferroviaria que permita la exportación, consisten principalmente

en maíz, trigo, cebada y papas. Su producción en 1910, ha sido la

siguiente, íntegramente consumida en el país:

Maíz 80.000.000 kilos

Trigo 78.000.000 »

Cebada 60.000.000 »

Papas 85.000.000 »

La ganadería es, sin duda, la principal industria de la sierra, después

de la minera, no obstante que, sólo ahora, comienzan a introducirse en

su explotación los modernos métodos científicos que, indudablemente,

le comunicarán en un plazo más o menos largo, el impulso decisivo que

puede convertir al Perú en uno de los primeros países ganaderos del

mundo, debido a las excepcionales condiciones que para ello ofrecen las

altiplanicies andinas, cubiertas de pastos naturales.

No obstante la forma empírica, por lo general, en que se explota esta

industria en la actualidad, la exportación de lanas de oveja, llama y

vicuña, fué el año pasado de 4.729.460 kilos.

En la actualidad, la principal riqueza de la sierra peruana es la

minería. La exportación total del Perú en 1910 ha sido de 650.643

toneladas métricas, con un valor total de 1.922.460 libras esterlinas.

En estas cifras figura la exportación de cobre, ya puro o mezclado

con plata, con 497.824 toneladas, con un valor de 1.231.578 libras

esterlinas; siguiendo su importancia la exportación de plata, oro,

vanadio, antimonio, etc. La producción principal de la región oriental,

llamada _La Montaña_, es la goma elástica y el cauchú. La exportación

del año último ha sido de 2.801.567 kilos.

La población actual del Perú está calculada en 4.600.000 habitantes, de

los que hay un 64 por 100 de indios, 30 por 100 de blancos y mestizos

y 6 por 100 de negros y asiáticos, lo que corresponde a una densidad

de 2,6 por kilómetro cuadrado, cifra ínfima, susceptible de adquirir

un gran aumento mediante la inmigración europea, dadas las riquezas

naturales del país y las ventajas de su clima privilegiado.

Los medios de comunicación adquieren un desarrollo bastante rápido:

numerosas líneas de vapores ponen en comunicación con Europa, tanto

los puertos peruanos del Pacífico como los fluviales de la Montaña.

Iquitos, el gran centro comercial peruano sobre el Amazonas, situado

en el corazón de la selva, está unido al viejo continente por una

línea de trasatlánticos que hacen el viaje directo desde Iquitos hasta

Liverpool, con escala en Manaos, Pará, Lisboa y el Havre.

Prosa Política (Las Repúblicas Americanas) Obras Completas Vol. XIII · 第 1 / 8 段