EPITALAMIO

_En el casamiento de la hija de Don Anacleto Domínguez._

I

Sólo vibra mi salterio

pensativas notas graves.

Yo no sé, como las aves,

«saludar al padre sol»;

Para mí la gran natura,

por su cielo y por su tierra

nada dice, nada encierra

que cautive mi emoción.

Por lo mismo--porque nunca

ni vacila, ni fracasa

y es eterna y solo pasa

por el riel de lo cabal--

no la tengo yo por sabia

como el sabio que la escruta:

Fuerza misma, fuerza bruta,

que no sabe adonde va.

Yo la siento un mecanismo

que no piensa, que no fragua--

cual su gas, como su agua

que proceden porque sí--

un recurso, un instrumento

del propósito divino:

Un vehículo en camino

con un fin que no es su fin.

Y jamás de los jamases

me absorbieron las esferas,

ni el verdor de las praderas,

ni el desierto, ni la mar,

ni las aves, ni las flores,

ni los ríspidos insectos:

Serán bien, serán perfectos,

mas lo son sin voluntad.

¿Quién dirá que la Gioconda

modeló sus propios labios

y esos finos ojos sabios

que Leonardo eternizó?...

Así el sol, así los astros

de más fúlgida apariencia:

Luminarias sin conciencia

que dan luz y dan calor.

Nada saben, nada quieren,

nada buscan, nada inventan,

ni reforman ni violentan

ningún fin, ninguna ley.

Y a pesar de que circulan

por el éter tan audaces,

son idiotas incapaces

de pensar y resolver.

Nuevas poesías y evangélicas con un estudio del Dr. Alfredo Palacios · 第 72 / 75 题