IX

Ésas son la verdad, Dios providente,

Que todo lo precaves y lo mandas,

Arquitecto invisible, que dispones

La orientación del pórtico y su fábrica,

Poderoso caudillo que presides

La instrucción del soldado y la batalla,

¡Tragediante inmortal que verificas

La negra intriga de tus propios dramas!

Ésas son la verdad Dios de justicia,

Y cuyo tribunal siempre me llama,

Que has hecho del placer el ancho cauce

Que conduce a la muerte o la nostalgia;

Que has dejado indefensa a la gacela

Armando al lobo de potentes garras;

Que has dividido el mundo de los hombres,

En los más, que padecen y trabajan,

Y en los menos, que gozan y que cumplen

La misión de guiar la recua humana,

Que más grandes son cuando más mienten,

¡Que más nobles son cuando más matan!...

¿Dónde estás Jehová? ¿Dónde te ocultas

Que así me dejas blasfemar y callas,

Mi rebelión airada no sofrenas,

Mi pequeñez pomposa no anonadas,

Mi razón deleznable no enloqueces,

Y esta lengua de arpía no me arrancas,

Y esta lengua de arpía no derribas

Y la haces cual fruto de una rama?

X

Los que sabéis de amor,--de amor excelso,

Que recorre la arteria y la dilata,

Que reside en el pecho y lo ennoblece,

Que palpita en el ser y lo agiganta;

Los que sabéis de amor, nobles mancebos,

Fuertes, briosos, púdicos, sin mancha,

Que recién penetráis en el santuario

De la fecunda pubertad sagrada;

Vosotros,--Sí, vosotros ¡oh! mancebos

Que todavía honráis a vuestras madres,

Circuyendo de besos y de lágrimas

El augusto recinto de sus frentes,

¡La espléndida corona de sus canas!

Volved los rostros a la reina ilustre

Que prostituida por los viejos, pasa,

Y si al poner los ojos en los suyos,

Ojos de diosa que del polvo no alza,

No sentís el dolor que a los varones

Ante el dolor de la mujer ataca;

Si al contemplar su seno desceñido,

Seno de virgen que el rubor abrasa,

No sentís el torrente de la sangre

Que inunda el rostro en borbollón de grana;

Si al escuchar sus ayes angustiosos,

No sentís una fuerza prodigiosa

Que os impele a la lucha y la venganza;

¡Arrancaos a puñados, de los rostros,

Las mal nacidas juveniles barbas,

Y dejad escoltar a vuestras novias

La Sombra de la Patria!

Nuevas poesías y evangélicas con un estudio del Dr. Alfredo Palacios · 第 40 / 75 题