NOTA DE TRANSCRIPCIÓN
* Las cursivas se muestran entre _subrayados_ y las versalitas se
han convertido a MAYÚSCULAS.
* Los errores de imprenta han sido corregidos sin avisar. Para su
detección se han tenido en cuenta otras ediciones de estos dramas.
* Se ha respetado la ortografía original. También se han respetado
las inconsistencias en la acentuación, aunque se han añadido
algunas tildes a las mayúsculas para deshacer ambigüedades.
* Se han reparado los emparejamientos de los signos de admiración
e interrogación.
* Las notas a pie de página se han renumerado y colocado tras el
párrafo o la estrofa en que se encuentra la llamada.
* En el original impreso, las indicaciones o acotaciones escénicas
se distinguen del texto principal por su menor tamaño. En esta
transcripción se presentan en cursiva.
TEATRO SELECTO
DE
CALDERÓN DE LA BARCA.
BIBLIOTECA CLÁSICA.
Doce reales cada tomo en toda España.
OBRAS PUBLICADAS.
Tomos.
HOMERO.—_La Ilíada_, traduccion directa del griego en verso y con
notas de D. José Gomez Hermosilla. 3
CERVANTES.—_Novelas ejemplares y viaje del Parnaso._ 2
HERODOTO.—_Los nueve libros de la historia_, traduccion directa del
griego, del padre Bartolomé Pou. 2
ALCALÁ GALIANO.—_Recuerdos de un anciano._ 1
VIRGILIO.—_La Eneida_, traduccion directa del latin, en verso y
con notas de D. Miguel Antonio Caro. 2
— _Las églogas_, traduccion en verso, de Hidalgo.—_Las geórgicas_,
traduccion en verso, de Caro; ambas traducciones directas del
latin, con un estudio del Sr. Menéndez Pelayo. 1
MACAULAY.—_Estudios literarios._ 1
— _Estudios históricos._ 1
— _Estudios políticos._ 1
— _Estudios biográficos._ 1
— _Estudios críticos._ 1
Traduccion directa del inglés de M. Juderías Bender.
QUINTANA.—_Vidas de españoles célebres._ 2
CICERÓN.—_Tratados didácticos de la elocuencia_, traduccion directa
del latin de D. Marcelino Menéndez Pelayo. 2
SALUSTIO.—_Conjuracion de Catilina._—_Guerra de Jugurta_,
traduccion del infante D. Gabriel.—_Fragmentos de la grande
historia_, traduccion del Sr. Menéndez Pelayo, ambas directas del
latin. 1
TÁCITO.—_Los anales_, traduccion directa del latin de don Cárlos
Coloma. 2
PLUTARCO.—_Las vidas paralelas_, traduccion directa del griego por
D. Antonio Ranz Romanillos. 5
ARISTÓFANES.—_Teatro completo_, traduccion directa del griego por
D. Federico Baráibar. 2
POETAS BUCÓLICOS GRIEGOS.—(_Teócrito, Bion y Mosco._) Traduccion
directa del griego, en verso, por el Ilmo. Sr. D. Ignacio Montes de
Oca, Obispo de Linares (Méjico). 1
MANZONI.—_Los Novios_, traduccion de D. Juan Nicasio Gallego. 1
ESQUILO.—_Teatro completo_, traduccion directa del griego, con
notas, por D. Fernando Brieva Salvatierra. 1
QUEVEDO.—_Obras satíricas y festivas._ 1
DUQUE DE RIVAS.—_Sublevacion de Nápoles._ 1
MADRID.—IMP. CENTRAL Á CARGO DE VÍCTOR SAIZ, COLEGIATA, 6.
BIBLIOTECA CLÁSICA
TOMO XXXIX
TEATRO SELECTO
DE
CALDERÓN DE LA BARCA
PRECEDIDO DE UN ESTUDIO CRÍTICO
DE
D. MARCELINO MENÉNDEZ PELAYO
TOMO IV
OBRAS VARIAS
COMEDIAS.
NO SIEMPRE LO PEOR ES CIERTO.
GUÁRDATE DEL AGUA MANSA.
ZARZUELAS.
EL LAUREL DE APOLO.—LA PÚRPURA DE LA ROSA.
AUTOS SACRAMENTALES.
LA CENA DE BALTASAR.—LA VIDA ES SUEÑO.
Á DIOS POR RAZON DE ESTADO.
MADRID
LUIS NAVARRO, EDITOR
COLEGIATA, NÚM. 6
—
1881
COMEDIAS.
NO SIEMPRE LO PEOR ES CIERTO.
PERSONAS.
DON CÁRLOS, _galan_.
DON JUAN ROCA, _galan_.
DON DIEGO CENTELLAS, _galan_.
DON PEDRO DE LARA, _viejo_.
FABIO, _criado_.
GINÉS, _criado_.
LEONOR, _dama_.
DOÑA BEATRIZ, _dama_.
INÉS, _criada_.
GENTE.
La escena es en Valencia.
JORNADA PRIMERA.
_Sala de una posada._
ESCENA PRIMERA.
DON CÁRLOS y FABIO, _vestidos de camino; despues_, LEONOR.
D. CÁRL.
¿Diste el papel?
FABIO.
Sí, señor,
Y con notable alegría
Dijo que al punto vendria
A esta posada.
D. CÁRL.
Y Leonor
¿Habráse ya levantado?
FABIO.
Aun no ha abierto su aposento.
D. CÁRL.
Pues llama á él, porque intento
Darla parte del cuidado
Con que asegurar me atrevo
Su vida y su honor aquí
Por lo que me debo á mí,
No por lo que á ella la debo.
Llámala pues, que ya es hora
De que despierte. _(Sale Leonor.)_
LEONOR.
Eso fuera
Si yo, Don Cárlos, durmiera;
Pero quien padece y llora
Desdenes de una fortuna
Tan cruel, tan inclemente,
Tan á todas horas siente,
Que no descansa en ninguna.
¿Qué me quieres?
D. CÁRL.
Informarte
De cómo en tan triste suerte
Trata mi amor defenderte,
Ya que no es posible amarte.
Sabrás...
LEONOR.
No prosigas, no,
Pues sea justo ó no sea justo,
Basta saber que es tu gusto,
Para obedecerle yo.
Que aunque en pena semejante
Atento te considero
A la ley de caballero
Primero que á la de amante;
En mí no hay más eleccion,
Más gusto, más albedrío,
Que el tuyo: siendo este el mio,
¿Para qué es la relacion?
D. CÁRL.
¡Oh qué bien esa humildad,
Hermosa Leonor, viniera,
Si de voluntad naciera,
Y no de necesidad!
LEONOR.
A quien ya le ha persuadido
La apariencia de un engaño,
Tarde ó nunca el desengaño
Pondrá su queja en olvido:
Y más cuando él de su parte
Tan poco hace por creer
Qué pudo ó no pudo ser.
D. CÁRL.
No trates de disculparte;
Que no has de poder, Leonor.
LEONOR.
Haz una cosa por mí,
Por ser la última que aquí
Ha de deberte mi amor.
D. CÁRL.
Sí haré: sal dese cuidado.
Díme, pues, lo que deseas.
LEONOR.
Escúchame, y no me creas
Despues de haberme escuchado.
D. CÁRL.
Con aquesa condicion,
Sí haré. Prosigue, pues: dí,
¿Qué es lo que quieres de mí?
LEONOR.
Solamente tu atencion.
D. CÁRL.
Aguarda.—Fabio.
FABIO.
Señor.
D. CÁRL.
Si viniere el caballero
Que llamaste, entra primero,
Porque se esconda Leonor.—_(Vase Fabio.)_
Prosigue ahora.
ESCENA II.
LEONOR, DON CÁRLOS.
LEONOR.
Ya sabes,
Cárlos mio... Mal empiezo,
Pues yendo á decir verdades,
Hube de empezar mintiendo.
Descuido fué.—¡Ay Dios! ¡Cuál debe
De andar mi amor acá dentro,
Pues de cuanto arroja fuera,
Hasta el descuido es requiebro!
Ya sabes, digo otra vez,
La ilustre sangre que tengo,
Por la estimacion que has visto
En mis padres y en mis deudos.
Tambien sabes que por mí,
Cárlos, no la desmerezco,
Aunque quieran mis desdichas
Deslucir mis pensamientos.
¡Oh cuánto en esta materia
Cobarde estoy, conociendo
Que contra mí hasta la misma
Verdad sospechosa tengo!
Pues quien me viere venir
Peregrinando á otro reino
En poder de un hombre mozo,
Y deste con tal despego
Tratada, que las finezas
Que á su ilustre sangre debo
Aun no las debo yo, pues
El se las debe á sí mesmo,
¿Como crêrá que sin culpa
Tantas desdichas padezco,
Cuando al primero que obligo
Es el primero que ofendo?
Pero ¿qué importa, qué importa
Que en lo aparente y supuesto
Se conjuren contra mí
Estrella, fortuna y tiempo,
Si en la verdad han de hallarse
Todos de mi parte, haciendo
Lo que el sol con el eclipse,
Que aunque borre sus reflejos,
Aunque perturbe sus rayos,
No por eso, no por eso
Deja, á pesar de las sombras,
De salir despues, venciendo
La vaga interposicion
Que ya le juzgaba muerto?
Yo al fin, contra cuantas nieblas
Mi esplendor deslucen, pienso
Coronarme victoriosa:
Y hasta llegar este efecto,
Hoy, á pesar de sus iras,
A atar el discurso vuelvo.
En la corte, patria mia
(¡Oh pluguiera al mismo cielo
Hubiera sido al nacer
Mi cuna y mi monumento!),
Cárlos, me viste una tarde,
Que á San Isidro saliendo
Con unas amigas mias,
Por amistad ó por deudo
Llegaste á hablarlas; y dando
Licencias el campo, atento...
—A mi hermosura dijera,
Si pensara que la tengo...—
De galan y de entendido
Juntaste los dos extremos,
Haciendo la cortesía
Capa del atrevimiento.
Continuaste desde entónces
En mi calle los paseos,
En mi reja los suspiros,
De dia y de noche siendo
La estatua de mis umbrales,
Y la sombra de mi cuerpo.
Solicitaste criadas
Y amigas, que son los medios
Comunes de amor, á quien
Debiste que tus afectos
Oyese para escucharlos,
Si no para agradecerlos.
Cuántos dias te costó
De finezas y desvelos
Que leyese un papel tuyo,
Tú lo sabes; y así, quiero,
Dejando empeños menores,
Ir á mayores empeños.
Enterada yo de que
Fuesen, Cárlos, tus intentos
Tan lícitos, que aspiraban
Sólo al fin de casamiento,
Admití ménos cruel
Que debiera, tus deseos;
Pero con aquel seguro,
Bastante disculpa tengo
En lo ilustre de tu sangre,
Lo honrado de tus respetos,
Lo galan de tu persona,
Y lo sutil de tu ingenio.
Ya nuestra correspondencia
Entablada, en el silencio
De la noche, porque á él sólo
Se fiaba el amor nuestro,
Nos hablábamos por una
Reja de mi cuarto; y viendo
Que no dejaba de ser
Escándalo á los que necios
De sus cuidados se olvidan
Por cuidar de los ajenos,
Tratamos que desde entónces
Entrases al aposento
De un criado, donde yo
Hablarte podia, sin miedo
Desta vil curiosidad
Que tantos daños ha hecho,
Pues los peligros de afuera
Enmienda con los de adentro.
Una noche que viniste
Más tarde que otras (no quiero
Hablar, que no es ocasion,
En si otro divertimiento
Más gustoso te detuvo,
Pues al fin yo le agradezco
La novedad de venir
Al daño y no venir presto),
Entraste en mi casa; y cuando
Quejoso mi sentimiento,
Desconfiada mi fe,
Te esperaba con aquellos
Dulces desaires de amor
Que entre confianza y miedo
Hacen el cariño más
Porque le descubren ménos;
Apénas una palabra
Pude hablarte, cuando siento
Dentro de mi cuarto ruido,
Y á saber quién era vuelvo.
Tú, pensando que sería
Desden estudiado á efecto
De castigar tu tardanza,
Me seguiste, cuando (¡ay cielos!)
Ví (máteme mi memoria)
Que (¡con qué dolor me acuerdo!)
Un (¡con qué pena lo digo!)
Hombre (ahógame mi aliento)
Embozado (¡qué desdicha!)
Hácia mí...
ESCENA III.
FABIO.—LEONOR, DON CÁRLOS.
FABIO.
Aquel caballero
Que enviaste á llamar, aguarda
Ahí fuera.
D. CÁRL.
_(A Leonor.)_ Éntrate allá dentro,
Que no quiero que te vea
Hasta despues.
LEONOR.
¡Que hasta en esto
Hube de ser desdichada,
Pues áun para este pequeño
Alivio de hablar siquiera,
Hubo de faltarme tiempo!
D. CÁRL.
Hoy verás cuánto es en vano
Querer disculparte.
FABIO.
Presto,
Si has de esconderte, que entra.
D. CÁRL.
Tú salte allá fuera luego, _(A Fabio.)_
Y tú escucha lo que hablamos. _(A Leonor.)_
LEONOR.
¡Qué poco á mi estrella debo!
D. CÁRL.
Ménos debo yo á la mia,
Pues lo que me dió la he vuelto.
_(Vanse Leonor y Fabio.)_
ESCENA IV.
DON JUAN.—DON CÁRLOS.
D. JUAN.
¡Don Cárlos! ¡primo!
D. CÁRL.
Los brazos
Me dad, Don Juan.
D. JUAN.
Aunque tengo
Para negarlos razon,
Conmigo acabar no puedo
Que valga la queja más
Que vale el gusto de veros.
¡Vos en Valencia, Don Cárlos,
Y no en mi casa! ¿Qué es esto?
Pues ¿cómo se hace este agravio
A amistad y parentesco?
D. CÁRL.
La queja, Don Juan, estimo
Como es justo; pero tengo
La disculpa tan á mano,
Que habreis de olvidarla presto.
¿Cómo estais?
D. JUAN.
Para serviros
Siempre, á todo trance expuesto[1].
[1] Dispuesto.
D. CÁRL.
Vuestra hermana y prima mia...
D. JUAN.
Salud goza; mas dejemos
El cumplimiento, por Dios,
Que es un hidalgo muy necio.
¿Qué venida es ésta, Cárlos?
¿Qué hay en la corte de nuevo?
D. CÁRL.
¿Qué ha de haber? Desdichas mias,
De que en vano voy huyendo,
Pues donde quiera que voy,
Allí, Don Juan, las encuentro.
D. JUAN.
Con eso que me habeis dicho,
Me habeis crecido el deseo
De saber qué causa os trae
Tan depulsado el aliento.
D. CÁRL.
Yo ví una hermosura, y yo
La amé, Don Juan, tan á un tiempo
Todo, que entre ver y amar,
Aun no sé cuál fué primero.
Rendido ostenté finezas,
Constante sufrí desprecios,
Fino merecí favores,
Celoso lloré tormentos;
Que estas son las cuatro edades
De cualquier amor, pues vemos
Que en brazos del desden nace,
Crece en poder del deseo.
Vive en casa del favor
Y muere en la de los celos.
Entraba una noche á hablarla
De un criado al aposento
Que corresponde á su cuarto...
Escuchamos pasos dentro:
Volvió ella, y yo tras ella,
O recelando ó temiendo
Que fuese su padre, cuando
Vimos un hombre encubierto,
Que de su cuarto venía
A hurto sus pasos siguiendo.
«¿Quién es?» dijo[2]. Él respondió:
[2] Leonor.
«Quien solo quiso ver esto.»
Yo nada hablé, porque á vista
De mi dama y de mis celos,
Remití toda la voz
A la lengua del acero.
Saqué la espada, y cerrando
Los dos, á morir resueltos,
Quiso (no sé bien si diga
Piadoso ó cruel) el cielo
Que de una herida cayese
En la tierra, para hacernos
Iguales la suerte; pues
Nos vimos á un punto mesmo,
Muerto de la herida él,
Y yo del agravio muerto.
Bien pensareis que esta es sola
Mi desdicha, y que el suceso
Pára en que yo delincuente
Me vengo á Valencia huyendo
Del rigor de la justicia:
Pues no, Don Juan, pues no es eso;
Que ahora empieza el más extraño,
El más notable, el más nuevo
Lance de amor que jamás
Dió la cadena á su templo.
Al ruido de las espadas,
De la dama á los extremos,
Dieron las criadas gritos:
Despertó su padre á ellos.
Consideradme á mí ahora,
Sobre declarados celos,
Conjurando contra mí
Su familia á un noble viejo,
Desmayada aquí mi dama,
Y allí mi enemigo muerto.
En este trance me hallaba,
Cuando ella (¡ay de mí!) volviendo
Del desmayo, me pidió
Su vida amparase. ¡Ah cielos!
¡Qué bien hace la mujer
Que habiendo de hacer un yerro,
Lo fía de buena sangre!
Dígalo yo, pues en medio
De su traicion y mi agravio,
Dispuse acudir primero
Al reparo de su vida,
Que no al de mi sentimiento.
«Sígueme presto,» la dije,
Y haciendo muro mi pecho,
Salí con ella á la calle,
Donde las alas del miedo
Nos ampararon de suerte
Veloces, que en un momento,
En cas de un embajador
Tomamos seguro puerto.
Envié á llamar un criado,
Que informado de secreto
De todo, volvió á decirme
Que el hombre era un caballero
Forastero (que en la corte
Estaba á seguir un pleito),
Cuyo nombre, aunque le oí,
Por ahora no me acuerdo.
Que la herida en la cabeza
Le privó el sentido; pero
Aunque con poca esperanza
De vida, no estaba muerto,
Sino en otra casa, adonde
Le llevó un alcalde preso,
Que habiendo sabido que era
Yo el agresor del suceso,
Mi hacienda estaba embargando:
Y añadió despues á esto
Que el padre, como hombre al fin
Prudente, advertido y cuerdo,
Ni querella, ni otra alguna
Diligencia habia hecho,
Porque su venganza solo
Librada tenía en su esfuerzo.
Yo, viéndome pues cercado
De penas, y en un empeño
Tan grande como amparar
La causa dellas, resuelvo
Salir de Madrid, adonde
Pueda vivir por lo ménos
Sin temor de la justicia
Ni de su padre y sus deudos.
Y así, lleno de pesares
Y de obligaciones lleno,
Acordándome de vos,
De vos á valerme vengo.
Yo, Don Juan, traigo conmigo
Aquesta dama, á quien tengo
De salvar la vida á costa
De todos mis sentimientos.
En dejándola segura
(Pues esta es en todo riesgo
Mi primera obligacion),
Podrán mis desdichas luégo
Acudir á la segunda;
Pues la segunda que tengo
Es huir desta enemiga,
Que como noble defiendo,
Que como quejoso obligo,
Como enamorado quiero,
Y como ofendido huyo,
Y en dos contrarios extremos,
Acudiendo á las dos partes,
De amante y de caballero,
Enamorado la adoro,
Y celoso la aborrezco:
Cuyas dos obligaciones
Tan cabal la accion han hecho,
Que desde Madrid aquí,
Si no es hoy, juraros puedo
Que no la hablé dos palabras,
Porque no quise que en tiempo
Alguno de mí dijese
La fama, que pudo ménos
Mi valor que mi apetito;
Que es hombre bajo, que es necio,
Es vil, es ruin, es infame
El que solamente atento
A lo irracional del gusto
Y á lo bruto del deseo,
Viendo perdido lo más,
Se contenta con lo ménos.
Mirad vos cómo en Valencia,
Con otro nombre supuesto,
Podrá vivir esta dama,
En qué casa, en qué convento,
En qué retiro, en qué aldea,
Donde vereis que la dejo
Lo poco que traer conmigo
Pude, para su sustento;
Que á mí me basta esta espada,
Pues al instante, al momento
Que ella asegurada quede,
Yo tengo de ir della huyendo.
A Italia, á servir al Rey
Me pasaré, donde al cielo
Le pido que la primera
Bala acierte con mi pecho;
Porque con mi vida acaben
De una vez tantos recelos,
Tantas penas, tantas ánsias,
Agravios y sentimientos,
Que como noble las huyo,
Y como amante las siento.
D. JUAN.
Es tan nueva vuestra historia,
Tan raro vuestro suceso,
Que sólo puede admirarse,
Dejándoselo al silencio.
Y hablando, no en lo pasado
(Pues ya no tiene remedio),
Sino en lo presente, vamos
Lo que ha de ser previniendo.
Donde mejor esta dama
Estará, es en un convento;
Mas tiene el inconveniente
De haber de estarla asistiendo,
Cuando tan pobre os hallais
Sin renta, con alimentos.
Y aunque mi alma, mi vida,
Mi sér y honor, todo es vuestro,
Mi hacienda está de manera,
Don Cárlos, que no me atrevo,
Porque no sé si despues
Podré cumplirlo, á ofrecerlo.
Y así, en mi casa presumo
Que habrá de estar, donde creo
Que...
D. CÁRL.
No paseis adelante;
Que aunque la oferta agradezco,
No me es posible aceptarla,
Ni que, estas cosas sabiendo,
Dé ese cuidado á mi prima.
Fuera de que no es respeto
Llevar mi dama á su casa;
Que aunque por su nacimiento
Mereciera bien su lado,
Estos extraños sucesos
Ajan mucho las noblezas.
D. JUAN.
Oid, que para todo hay medio.
A una doncella de casa,
Mi hermana habrá poco tiempo
Que puso en estado, y hoy
Está sin ella. Yo tengo
Una dama, amiga suya,
A quien sirvo y galanteo
Para casarme, y á quien
Podré fiar el secreto.
Pidiéndole yo á esta dama
Que la envié á casa, dejo
Asegurada la parte
De que mi hermana, sabiendo
Quién es, lo tenga á disgusto;
Y aunque el desdoro confieso
De que entre con este nombre,
Puede tolerarse, siendo
En lo público criada
Y señora en lo secreto;
Pues yo he de estar á la mira;
Siempre á su servicio atento.
D. CÁRL.
El medio no era muy malo
Para asegurarla; pero
No me atreveré, Don Juan,
Yo á decirlo y proponerlo
A Leonor, porque...
ESCENA V.
LEONOR.—DON CÁRLOS, DON JUAN.
LEONOR.
Detente,
Que yo responderé á eso.
Señor Don Juan, no tan sólo,
Como criada sirviendo,
En vuestra casa estaré
Honrada y gustosa, pero
Como esclava que comprais
De aquesta fineza á precio;
Porque no habrá para mí,
Si es que para mí hay consuelo,
Otro alguno, sino sólo
Saber que ha de ser mi dueño
Cosa tan propia de Cárlos.
Y así, humilde á esos piés, ruego
Faciliteis esta dicha;
Y pues os he estado oyendo,
Y en la relacion que él
De mis fortunas ha hecho,
Parece que estoy culpada
Y que apelacion no tengo,
Porque á vuestra casa no
Lleveis ni áun el más pequeño
Escrúpulo de que soy
Tan fácil como parezco,
¡Plegue á Dios que él me destruya
Con su poder, y los cielos
Me falten, si yo á aquel hombre
Embozado y encubierto
Ocasion le di jamás
Para tanto atrevimiento!
Si ya no es darle ocasion
A un hombre, darle desprecios.
D. JUAN.
Vuestra hermosura, señora,
Al paso que vuestro ingenio,
Os acredita conmigo;
Y no ya por Cárlos quiero
Hacer la fineza (si es
Fineza la que os ofrezco),
Sino por vos. Que la escriba
Mi dama á mi hermana quiero
Un papel que vos lleveis.
Esperad, que al punto vuelvo. _(Vase.)_
ESCENA VI.
LEONOR, DON CÁRLOS.
LEONOR.
Ya, Don Cárlos, que ha llegado
El plazo de tus deseos,
Pues ya te verás sin mí,
Una cosa sola espero
Que añadas á las finezas
Que hasta este instante te debo.
D. CÁRL.
Déjame, Leonor, por Dios:
No apures mi sufrimiento,
Porque no sé que te adoro
Hasta que sé que te pierdo.
Pero díme, ¿qué me quieres
Pedir?
LEONOR.
Que si en algun tiempo
Te llegare el desengaño
De la culpa que no tengo,
Me has de cumplir la palabra
Que me diste.
D. CÁRL.
No sólo eso
Ofrezco á ese desengaño,
Leonor, pero hacerte ofrezco
Víctima el alma y la vida...
Pero ¿cómo me enternezco
Desta suerte? Tú ¿no eres
La que aquel hombre encubierto
En tu aposento tenías?
Pues ni áun desengaños quiero
Tuyos, sino huir de tí,
Ya que segura te dejo.
LEONOR.
Véte, véte; que algun dia
Volverán por mí los cielos.
D. CÁRL.
Si esa esperanza no hubiera,
Me hubiera yo, Leonor, muerto
A manos de mi dolor.
LEONOR.
Si airado una vez, si tierno
Otra vez, me hablas, ¿por qué
Más al mal que al bien atento,
No te pones de mi parte,
Y crees, Cárlos, que puedo
Estar sin culpa?
D. CÁRL.
Porque
Temo que en cualquier suceso
Siempre es cierto lo peor.
LEONOR.
Pues yo en mi inocencia espero
Que ha de haber suceso en que
_No siempre lo peor es cierto_. _(Vanse.)_
* * * * *
_Sala en casa de Don Juan._
ESCENA VII.
DOÑA BEATRIZ, _leyendo un papel; tras ella_, INÉS.
INÉS.
_(Ap.)_ Leyendo mi ama un papel,
Tan triste y confusa está,
Que mil deseos me da
De saber lo que hay en él.
Una vez le aja furiosa,
Y al cielo elevada mira,
Otra llora, otra suspira.
D.ª BEAT.
¿Hay suerte más rigurosa?
INÉS.
_(Ap.)_ A lêr vuelve. ¿De qué nace
Ya el agrado y ya el furor?
Sin duda que es borrador
De alguna comedia que hace.
D.ª BEAT.
Bien dicen que una cruel
Pluma áspid es de ira lleno,
De quien la tinta es veneno
En las hojas del papel.
Dígalo yo, pues á mí
Muerte su traicion me dió.
¿Quién crêrá mis penas?
INÉS.
Yo.
D.ª BEAT.
Inés, ¿tú estabas aquí?
INÉS.
A esta cuadra salí ahora,
Y viendo la confusion
Que tiene tu corazon,
Te he de suplicar, señora,
Digas qué causa te obliga
A tan grande extremo.
D.ª BEAT.
Es tal,
Que por aliviar el mal,
Es fuerza que te la diga.
Bien te acuerdas que Don Diego
Centellas me galanteó
Mucho tiempo.
INÉS.
Sí.
D.ª BEAT.
Y que yo,
Agradecida á su ruego,
A su amor y á su fineza,
Le correspondí.
INÉS.
Muy bien.
D.ª BEAT.
Bien te acordarás tambien
Que aunque es tanta su nobleza,
No se declaró jamás
Con mi hermano, hasta salir
Con un pleito que á seguir
Fué á la corte.
INÉS.
Lo demas.
D.ª BEAT.
Pues Ginés, un criado suyo
Que de mí obligado vive,
Aquesta carta me escribe,
De que claramente arguyo
Que, en Madrid enamorado,
El pleito á que fué es de amor.
La carta dirá mejor
Su traicion y mi cuidado.
_(Lee.)_ _Cumpliendo, señora, con la obligacion de lo que ofrecí,
que fué avisar de todo, hago saber á vuestra merced que en casa de
una dama de esta corte dejó por muerto á mi señor un caballero, de
una herida, de que estuvo dos dias sin sentido y preso: ya gracias
á Dios está mejor y libre, y de partida para esa ciudad, adonde..._
No leo más, porque confieso
Que me ahogan las ánsias mias.
INÉS.
¿Qué más, señora, querias
Leer, despues de leido eso?
D.ª BEAT.
¡Este es el pleito á que fué
Don Diego!
INÉS.
Era necesario;
Que siempre es pleito ordinario
De Madrid amor.
D.ª BEAT.
No sé
Con qué estilos, con qué modos
Pueda explicar mi dolor.
INÉS.
¡Quién vió partir al señor
(¡Oh fuego de Dios en todos!)
Ofreciendo maravillas!...
Que como los alfareros
De amor, no sólo pucheros
Hacen, sino cantarillas.—
Y al fin duran sus extremos
Hasta que otra cara ven.
Pero, pícaros, tambien
Nosotras lo mismo hacemos;
Y al cabo de la jornada,
Bien sabe mi santo Dios
Que estamos en paz, y no os
Quedamos á deber nada.
D.ª BEAT.
De rabiosos celos muerta
Estoy.
INÉS.
Tienes mil razones.
D.ª BEAT.
Y durarán mis pasiones
Hasta que... Pero á esa puerta,
Inés, ¿no han llamado?
INÉS.
Sí.
D.ª BEAT.
Pues llega, mira quién es.
INÉS.
_(Para sí, yéndose.)_
¡Ay de tí, pobre Ginés,
Si otro escribiera de tí
Que en Madrid descalabrado,
Mi casto honor ofendias! _(Vase.)_
D.ª BEAT.
Locas confusiones mias,
Ya que á ver habeis llegado
Efectos de una mudanza,
Haced, pues todo es del viento,
Que me lleve el pensamiento
Quien me llevó la esperanza.
Diera por ver á la dama
Que pudo empeñarle así,
El alma y la vida.
ESCENA VIII.
INÉS _con_ LEONOR, _vestida pobremente, con manto_.—DOÑA BEATRIZ.
INÉS.
Aquí
Está, entrad.
D.ª BEAT.
Inés, ¿quién llama?
LEONOR.
Quien, si merece, señora,
Besar vuestra blanca mano,
Podrá desmentir, no en vano,
Sus fortunas desde ahora,
Pues de su golfo cruel,
Puerto toma en vuestro cielo.
D.ª BEAT.
Álcese, amiga, del suelo.
LEONOR.
_(Ap.)_ ¡Qué mal me ha sonado el _él_!
D.ª BEAT.
¿Qué es lo que quiere?
LEONOR.
Este aquí
_(Dala un papel.)_
Carta de creencia es.
D.ª BEAT.
¿Cúyo es?
LEONOR.
De Violante.
D.ª BEAT.
_(Ap. á ella.)_ Inés,
¡Qué buena cara!
INÉS.
Así, así.
LEONOR.
_(Ap.)_ Fortuna, ¿á qué más extremo
Puedes haberme traido?
Y áun lo que lloro no ha sido
Tanto como lo que temo.
D.ª BEAT.
Violante me escribe aquí,
Sabiendo que una criada
Que he tenido, está casada,
Que en su lugar...
LEONOR.
_(Ap.)_ ¡Ay de mí!
D.ª BEAT.
La reciba, porque tiene
Bastante satisfaccion
Que su virtud y opinion
A mi servicio conviene.
Muy agradecida quedo
A la intercesion...
LEONOR.
Los piés
Me da otra vez.
D.ª BEAT.
¿De dónde es?
LEONOR.
Soy de tierra de Toledo.
D.ª BEAT.
Pues ¿á qué á Valencia vino?
LEONOR.
Con una dama, señora,
De la vireina, que ahora
Ha muerto; y así, previno
Mi suerte buscar á quien
Servir pueda en la ciudad.
D.ª BEAT.
Su buena gracia, en verdad,
Y su persona tambien
Me agradan. ¿De qué servia?
LEONOR.
De doncella de labor.
INÉS.
_(Ap.)_ Eso sí, que fuera error
Esotra doncellería.
LEONOR.
Yo la tocaba, y no dudo
Que daros gusto sabré
En esta parte, porqué
Abril inventar no pudo
Flor que yo de tal manera
No imite, que ese cabello
Competir hermoso y bello
Le haré con la primavera.
Enaguas, valonas, tocas,
No habrán menester salir
De casa para lucir;
Pues, como yo, sabrán pocas
Aderezallas ni hacellas
Del uso que más se tray.
No hay labor blanca, no hay
Puntas sutiles y bellas,
Que no haga con perfeccion
Tanta, que dirás, no en vano,
Que allí no anduvo la mano,
Sino la imaginacion.
Bordo razonablemente
Broca, cañamazo y gasa.
D.ª BEAT.
Lo que há menester mi casa
Me ha venido cabalmente;
Y así, puede desde luego
Quedarse en casa, que aunqué
Dueño mio y della fué
Mi hermano, á dudar no llego
Que siendo esto gusto mio,
Él no lo embarazará.
LEONOR.
Que no se disgustará,
Señora, en quien es confío;
Que hacer á un triste feliz,
Es de nobles como él.
D.ª BEAT.
¿Cómo se llama?
LEONOR.
Isabel.
D.ª BEAT.
Quítese el manto.
ESCENA IX.
DON JUAN.—LEONOR, DOÑA BEATRIZ, INÉS.
D. JUAN.
Beatriz...
D.ª BEAT.
Hermano Don Juan...
D. JUAN.
¿Qué hacias?
D.ª BEAT.
Una fineza por tí
Haciendo estoy.
D. JUAN.
¿Cómo así?
D.ª BEAT.
Porque sabiendo que habias
De agradecer, como amante,
Dar gusto á tu dama bella,
Recibí aquesa doncella,
Por ser cosa de Violante.
D. JUAN.
La buena cortesanía
Y la malicia agradezco.—
Y así, esta casa os ofrezco, _(A Leonor.)_
Por vos y quien os envía;
Porque si para los dos
Tal encomienda traeis,
Vos á Beatriz servireis,
Pero yo os serviré á vos.
LEONOR.
Guárdeos el cielo, señor,
Por la merced que me haceis:
En mí una esclava tendreis.
D. JUAN.
_(Ap. á ella.)_ ¿Qué te parece, Leonor,
De la casa y Beatriz bella?
LEONOR.
Que solamente con esto
Que hoy la he debido, se ha puesto
En paz conmigo mi estrella.
D. JUAN.
Beatriz, hablarte quisiera
En una cosa que hoy
Por mí has de hacer.
D.ª BEAT.
Tuya soy.
Idos las dos allá fuera.
_(Hablan en secreto los dos hermanos.)_
INÉS.
_(Retirándose con Leonor.)_
Usted, señora Isabel,
Me conozca por criada,
Por amiga y camarada;
Que uno y otro seré fiel,
Como su mucho valor
Solamente haga una cosa.
LEONOR.
¿Qué es?
INÉS.
No serme escrupulosa
En un tantico de amor.
LEONOR.
Esa caduca costumbre
Ya espiró: y si verdad digo,
Tambien traigo yo conmigo
Mi poca de pesadumbre.
INÉS.
Como eso tu voz me diga,
Desde aquí de mejor gana
Seré amiga más que hermana.
LEONOR.
Y yo hermana más que amiga.
(_Ap._ ¡Que hable yo así! ¡Cielos! ¿quién
Aquesto crêrá de mí?) _(Vanse las dos.)_
ESCENA X.
DON JUAN, DOÑA BEATRIZ.
D.ª BEAT.
¡Cárlos en Valencia!
D. JUAN.
Sí;
Mas publicarlo no es bien,
Porque de secreto pasa
A Nápoles, y esto ha sido
Causa de que no ha venido
A servirse desta casa.
Mas vendrá al anochecer
A verte; y lo que quisiera
Que por mí tu amor hiciera,
Es prevenir y tener
Algun regalo que hacelle.
D.ª BEAT.
Digo que yo trastearé
Mis escritorios: veré
Qué hay en ellos que ofrecelle;
Que aunque estoy desalhajada
Para casos semejantes,
Habrá bolsas, lienzos, guantes,
Y de la ropa excusada
Que hay por estrenar, verás
Un azafate, que creo
Que le acredite el deseo.
D. JUAN.
Notable gusto me das.
D.ª BEAT.
Esto y la cena, de mí
Fía.
D. JUAN.
Pues yo vuelvo luégo.
Adios.
D.ª BEAT.
_(Ap.)_ ¡Oh, traidor Don Diego,
Quién se vengara de tí! _(Vase.)_
D. JUAN.
A Cárlos quiero avisar
El efecto que ha tenido
El papel; y aunque haya sido
Su mayor cuidado estar,
Lo que há que está, tan secreto
Que ninguno pudo velle,
Esta noche he de traelle
Conmigo á casa, en efeto. _(Vase.)_
* * * * *
_Calle._
ESCENA XI.
DON DIEGO Y GINÉS, _de camino_.
D. DIEG.
Gran gusto es volver un hombre
A ver la patria, Ginés.
GINÉS.
Y más, cuando ha estado tan
A pique de no volver.
D. DIEG.
Convaleciente me ví
Y libre apénas (porqué
Contra mí no hubo querella),
Cuando al instante traté
De ausentarme de Madrid,
Por el recelo de que
Los parientes de Leonor
Muerte á su salvo me den.
GINÉS.
Si esto de morir es burla
Pesada para una vez,
¿Qué será para dos veces?
Tú hiciste, señor, muy bien.
D. DIEG.
¿No es Don Juan aquel que sale
De su casa?
GINÉS.
Sí.
D. DIEG.
Ginés,
Todo parece que hoy
Me va sucediendo bien.
GINÉS.
Pues ¿qué maula te has hallado?
D. DIEG.
¿Es poca dicha saber
Que estando ahora Don Juan
Fuera de casa, podré
Ver á Beatriz?
GINÉS.
¿De Beatriz
Te acuerdas?
D. DIEG.
¿Cuándo olvidé
Yo su gran belleza?
GINÉS.
Cuando
Por otra que yo me sé,
Te dieron en la cabeza,
O de tajo ú de reves,
Un tanto con que por cuánto
No vuelves acá otra vez.
D. DIEG.
Eso de servir un hombre
En ausencia otra mujer,
Es licencia concedida
Al amante mas fïel.
GINÉS.
Lo mismo hacen ellas.
D. DIEG.
Llega,
Y pregunta por Inés,
Y díla que estoy aquí,
Y advierte una cosa.
GINÉS.
¿Qué?
D. DIEG.
Que del pasado suceso
A nadie noticia des,
Y más en cas de Beatriz.
GINÉS.
¿Eso habia yo de hacer?
Crê que hoy no sabrá de mí
Más de lo que supo ayer,
Que no la ví de mis ojos.
D. DIEG.
Llega pues, llama. _(Vanse.)_
* * * * *
_Sala en casa de Don Juan._
ESCENA XII.
INÉS, _y luego_ GINÉS Y DON DIEGO.
_(Llaman dentro.)_
INÉS.
_(Dentro.)_ ¿Quién es?
GINÉS.
_(Dentro.)_ Señora Inés, un criado
De toda vuesa merced,
Que tan amante y rendido
Se viene, como se fué. _(Salen Inés y Ginés.)_
INÉS.
¡Ginés mio! ¿no me das
Un abrazo?
GINÉS.
Y dos y tres,
Que no soy yo miserable.
INÉS.
¿Cómo has venido?
GINÉS.
Despues
Lo sabrás muy por extenso;
Que no hay tiempo ahora, porque
Mi señor te quiere hablar.
INÉS.
¿Luego ha venido tambien? _(Sale Don Diego.)_
D. DIEG.
Sí, Inés, y con mil deseos
De verte á tí, y de saber
Cómo está Beatriz.
INÉS.
Pues buena
La hallarás, sabiendo...
ESCENA XIII.
DOÑA BEATRIZ.—DICHOS.
D.ª BEAT.
Inés,
¿Quién llamaba, que con tanta
Conversacion estás?
D. DIEGO.
Quien
Peregrino y derrotado
De la tormenta cruel
De una ausencia, quien, rendido
El zozobrado bajel
De amor á uno y otro embate,
Sufrió uno y otro vaiven,
Hasta que tranquilo el mar
Con el bello rosicler
De los amigos celajes,
Toma puerto á vuestros piés,
Adonde consagra humilde
La tabla que tumba fué
En el templo de su amor,
Al ídolo de su fe.
D.ª BEAT.
(_Ap._ ¡Que mientan así los hombres!
Mas disimular es bien.)
Aunque más, señor Don Diego...
Pero luego os lo diré.—
Inés, mira que no salga
A aquesta cuadra Isabel;
Que no es bien que el primer dia
Mis penas sepa.
INÉS.
Haces bien.
Ginés, despues nos veremos.
GINÉS.
Como nos veamos despues,
Yo haré verdad el refran
De «Un poco te quiero, Inés.» _(Vase Inés.)_
ESCENA XIV.
DOÑA BEATRIZ, DON DIEGO, GINÉS.
D.ª BEAT.
Aunque más, señor Don Diego,
Vuelvo á decir otra vez,
(Ap. ¡Qué mal se encubre el dolor!)
Encarezcais ni pinteis
De la ausencia las tormentas,
Significar no podreis
Las que he padecido yo
Siempre amante y siempre fiel.
D. DIEG.
_(Ap. á Ginés.)_ Albricias, que nada sabe.
GINÉS.
¿Cómo lo habia de saber?
D.ª BEAT.
¿Cómo en la corte os ha ido?
D. DIEG.
Como ausente de vos, pues
No hay gusto en ausencia amando,
Sino es uno.
D.ª BEAT.
¿Cuál?
D. DIEG.
Volver
A vista de lo que se ama.
D.ª BEAT.
(_Ap._ ¡Que falso conmigo esté!
Un áspid tengo en el pecho,
Y en la garganta un cordel.)
¿En qué estado el pleito queda?
D. DIEG.
Como estaba le dejé,
Porque mi poca salud
Me trae á convalecer.
D.ª BEAT.
¿De qué achaque?
D. DIEG.
De no veros.
D.ª BEAT.
Pues ¿no hay en Madrid que ver?
¿No son bizarras sus damas?
D. DIEG.
Como á ninguna miré,
No puedo dar voto en ellas.
D.ª BEAT.
¿Ninguna?
D. DIEG.
Dí tú, Ginés,
La fineza que en mí viste.
GINÉS.
Tanta fineza ví en él,
Que le ví muerto de amor.
D.ª BEAT.
Sí, mas no dices de quién.
D. DIEG.
¿Quién fuera que tú no fueras?
D.ª BEAT.
¿Luego vos no sois aquel
Que trocando en criminal
El civil pleito á que fué,
A sala de competencia
Le llevasteis, donde al ver
En estrado, no en estrados,
Vuestra causa una mujer,
En vista os condenó á muerte,
De que ministro cruel
Fué cierto competidor?
GINÉS.
_(Ap.)_ ¿Cómo lo habia de saber?
¡Hémosla hecho buena!
D. DIEG.
_(Ap.)_ Muerto
Estoy.
GINÉS.
¿Qué miras? Aun bien
Que yo no he hablado palabra.
D. DIEG.
_(Ap. á Ginés.)_
¿Qué es esto que escucho?
GINÉS.
Es
Tu suceso de pe á pa,
Sin quitar y sin poner.
D.ª BEAT.
Todo se sabe, Don Diego,
Y pues las razones veis
Que tengo para ofenderme
De un traidor, aleve, infiel,
Falso, engañoso, inconstante,
Atrevido y descortés,
Que me pasa por finezas
Los agravios, no me hableis
Otra vez en vuestra vida,
Si no intentais que otra vez
Os dé á entender mi valor
Que hay en Valencia tambien
Dama por quien pueda darse
La muerte á un hombre sin fe.
D. DIEG.
Mirad...
D.ª BEAT.
Mirad vos, Don Diego,
Que es tarde, y no será bien
Que me cueste hoy el pesar
Más que me costó el placer.
Idos, pues.
D. DIEG.
Hasta dejaros
Desengañada de que...
ESCENA XV.
DON JUAN; _luego_ INÉS.—DICHOS.
D. JUAN.
_(Dentro.)_ ¿Cómo no hay aquí una luz?
D.ª BEAT.
¡Ay infeliz! este es
Mi hermano.
GINÉS.
Pues el hermano
¿Cómo lo habia de saber? _(Sale Inés.)_
INÉS.
Señora, mi señor sube.
D. DIEG.
¿Qué quieres que haga?
D.ª BEAT.
No sé.
INÉS.
Yo sí: entrad en esta cuadra,
Donde escondidos esteis,
Hasta que podais salir.
D.ª BEAT.
¡Qué infeliz soy!
INÉS.
Entrad, pues.
GINÉS.
Yo tomo de buen partido
Que dos mil palos me den.
_(Escóndense los dos.)_
D.ª BEAT.
Cierra la puerta hácia acá,
Porque no los puedan ver.
INÉS.
Ya está la puerta cerrada.
D. JUAN.
_(Dentro.)_ Siendo ya al anochecer,
¿No hay luces en casa?
ESCENA XVI.
_Salen_ DON JUAN Y DON CÁRLOS _por una puerta, y_ LEONOR, _con luces,
por otra_.—DOÑA BEATRIZ, INÉS.
LEONOR.
Aquí
Las luces están.
D. CÁRL.
(_Ap._ Al ver
Que es quien trae la luz Leonor,
Ciego con la luz quedé.)
Dadme, señora, á besar
La mano, si merecer
(_Ap._ ¡Ay, Leonor! ¿tú en este estado?)
Puedo tanta dicha.
D.ª BEAT.
Aunque
Con rendimientos, Don Cárlos,
Desenojarme intenteis
Del agravio que á esta casa
Habeis hecho, no podreis.
D. CÁRL.
Ya dese agravio, señora,
Con Don Juan me disculpé:
Él me disculpe con vos,
Pues ya lo estoy yo con él.
Y aunque á vuestra casa hoy
No vengo á honrarme, creed
Que en ella, para serviros,
Mi alma y vida tendreis.
D. JUAN.
Ya tengo dicho á mi hermana
Las razones que teneis
Para no honrarnos despacio.
D.ª BEAT.
Pues ya que de paso es
La dicha, dadme licencia
A que de paso tambien
Os sirva como pudiere,
Mal prevenida mi fe.
Aquí no estais bien: entrad
En mi cuarto.—¡Hola, Isabel!
Alumbra á mi primo. (_Ap._ ¡Cielos!
Lástima de mí tened.) _(Vase.)_
ESCENA XVII.
LEONOR, DON CÁRLOS, DON JUAN; INÉS, _retirada_.
_(Hablan los tres recatándose de la criada.)_
LEONOR.
Supuesto, señor Don Cárlos,
Que he llegado á merecer
Serviros hoy, ¿qué mayor
Dicha, qué mayor placer?
D. CÁRL.
¡Ay, Leonor! si yo pudiera
Dejarte servida, crê
Que no quedaras sirviendo.
LEONOR.
Yo quedo, Cárlos, más bien
Que merezco, pues que soy
Tan desdichada mujer,
Que no merezco de tí
Que algun crédito me des.
D. CÁRL.
¿Creyó alguno lo que oye
Primero que lo que ve?
LEONOR.
Sí.
D. CÁRL.
Pues hizo mal.
D. JUAN.
Mirad
Que con extremos no deis
Alguna sospecha en casa.
D. CÁRL.
¿Quién puede dejar de hacer
Extremos viendo á Leonor
En el traje de Isabel?
_(Vanse los tres.)_
ESCENA XVIII.
GINÉS Y DON DIEGO, _al paño_.—INÉS.
GINÉS.
Inés, ¿podremos salir?
INÉS.
No, que están al paso.
GINÉS.
Pues
¿Qué hemos de hacer?
INÉS.
Esperar
Que el huésped se vaya.
GINÉS.
¿Quién
Es este huésped?
INÉS.
Un primo
De casa. Yo volveré
A sacaros; y si cierra
Mi amo la puerta, saldreis
Cuando ya esté recogido,
Por ese balcon.
GINÉS.
¿Bal... qué?
INÉS.
Balcon.
GINÉS.
Por no saltar yo,
Aun no danzo al saltaren.
Inés, dispónlo de suerte,
Que yo salga por mi pié,
Si es posible.
D. DIEG.
De cualquiera
Suerte lo dispon, Inés.
GINÉS.
Como tú ya estás, señor,
Enseñado á que te den,
Piensas que el salir no es nada.
INÉS.
Cerrad la puerta, y no hableis.
D. DIEG.
¿Quién se vió en igual aprieto?
GINÉS.
Yo, sin qué, ni para qué.
INÉS.
Gran cochiboda hay en casa.
Quiera Dios que pare en bien.
JORNADA SEGUNDA.
_Sala de la posada._
ESCENA PRIMERA.
DON CÁRLOS, FABIO.
D. CÁRL.
¿Está todo prevenido?
FABIO.
Ya la ropa y las maletas
Tengo aparejadas; solo
Falta que las postas vengan.
D. CÁRL.
Más falta.
FABIO.
¿Qué es?
D. CÁRL.
Que Don Juan,
Que hoy he de partirme sepa,
Para que dél me despida.
FABIO.
Pues ¿no sabe que hoy te ausentas?
D. CÁRL.
No: ni él ni Leonor lo saben;
Que anoche áun no tenía esta
Resolucion.
FABIO.
Pues yo iré
A avisarle.
D. CÁRL.
Aguarda, espera;
Que él parece que ha tenido
De mi pensamiento nueva,
Pues á la posada viene
Antes casi que amanezca.
ESCENA II.
DON JUAN.—DON CÁRLOS, FABIO.
D. CÁRL.
¡Tan de mañana, Don Juan!
Pues ¿qué madrugada es esta?
D. JUAN.
Lo mismo puedo deciros.
¿Dónde vais con tanta priesa?
D. CÁRL.
Anoche cuando volví
De vuestra casa, en aquesta
Posada supe que hay
En Vinaroz dos galeras
De Italia, y perder no quiero
La ocasion de irme con ellas,
Porque no veo la hora
De hacer de Leonor ausencia;
Que aunque yo por verla muero,
Muero tambien por no verla.
Y ya que queda segura,
Tengo por la accion más cuerda
Volver á todo la espalda;
Y así, con vuestra licencia,
Don Juan, pienso partir hoy.
D. JUAN.
Si yo, Don Cárlos, pudiera,
O concederla ó negarla,
Fuera muy gran conveniencia
De mi dolor, poder ántes
Negarla que concederla.
D. CÁRL.
¿Cómo?
D. JUAN.
Como me importara
Deteneros en Valencia
Unos dias, alma y vida.
D. CÁRL.
Fabio...
FABIO.
Señor.
D. CÁRL.
Cuando vengan
Las postas, despediráslas.—
Ved, Don Juan, con cuánta priesa
Son vuestros preceptos, ántes
Que preceptos, obediencias. _(Vase Fabio.)_
ESCENA III.
DON CÁRLOS, DON JUAN.
D. CÁRL.
¿Qué hay de nuevo?
D. JUAN.
¿Estamos solos?
D. CÁRL.
Sí.
D. JUAN.
Pues cerrad esa puerta.
_(Cierra la puerta Don Cárlos.)_
D. CÁRL.
Ya lo está.—¿Qué es esto?
D. JUAN.
Es
Una desdicha, una pena
Tan grande, Cárlos, que sólo
Vos podeis de mí saberla,
Como mi amigo, porque
Soy mitad del alma vuestra,
Y como mi sangre, Cárlos,
Por ser en los dos la mesma.
Mirad cuánto de un dia á otro
Muda la inconstante rueda
De la fortuna las cosas.
Ayer en vuestras tragedias
Vinisteis de mí á valeros;
Y hoy en las mias es fuerza
Que yo me valga de vos.
¡Oh cuán villana, cuán necia
Es mi desdicha, pues cobra
Con tanta prisa la deuda!
D. CÁRL.
¿Desde anoche acá hubo causa
Que á tan grande extremo os mueva?
D. JUAN.
Despues que anoche salisteis
De mi casa, porque en ella,
Ni vos quisisteis quedaros,
Ni yo quise haceros fuerza;
Y despues que con instancias
No dejasteis que viniera
Con vos, traté recogerme;
Y recorriendo las puertas
De mi casa (que es en mí
Costumbre, y no diligencia)
En mi cuarto me entré, donde
Mil ilusiones diversas
Me desvelaron de suerte,
Que entre confusas ideas,
Apénas dormir queria,
Cuando dispertaba á penas;
Cuando oigo (¡tiemblo al decirlo!)
Que en una cuadra de afuera
Una ventana se abria.
Presumiendo que por ella
Alguna criada hablaba,
Quise averiguar quién era,
Abriendo sin hacer ruido
De mi ventana la media;
Pues oyendo una razon
O tomando alguna seña,
Sin escándalo podia
Poner en el daño enmienda.
A nadie en la calle ví:
Con que casi satisfechas
Mis dudas, se persuadieron
A que el viento hacer pudiera
El ruido; pero ¡qué poco
Dura el bien que un triste piensa!
Pues por el balcon á este
Tiempo ví que se descuelga
Un hombre. Acudí volando
A tomar una escopeta,
Y por prisa que me di,
Ya otro y él dan la vuelta
A la calle: á cuyo tiempo
Cerraron, porque áun aquella,
O tibia ó fácil ó vana
Imaginacion siquiera
De que eran ladrones, no
Me quedase, viendo que eran
Cómplices del hurto iguales
Los que huyen y el que cierra.
Quise arrojarme tras ellos;
Mas viendo con cuánta priesa
Y ventaja iban, hallé
Que era inútil diligencia.
Conocer quién era quise
La que vestida y despierta
A aquellas horas estaba;
Y abriendo (¡ay de mí!) la puerta
De mi cuarto, el de mi hermana
Cerrado hallé: de manera
Que llamar á él no era más
(Pues todas en mi presencia
Habian de alborotarse)
Que equivocando las señas,
El semblante de la culpa
Ponérsele á la inocencia,
Y advertir para adelante,
Siendo la accion ménos cuerda
Que hace un ofendido, cuando
No está en términos la ofensa,
Darla á entender con decirla,
Para no satisfacerla.
Yo no he de hacer en mi casa
Novedad: de la manera
Que hasta aquí me vieron todos,
Me han de ver, tan sin sospecha,
Que hasta mi mismo semblante
Sabré hacer que el color mienta;
Pero para este recato
Tener un amigo es fuerza
Afuera, si estoy en casa,
O en casa si estoy afuera.
Pues si he de fiarme de otro,
¿De quién con mayor certeza
Que de vos, que como dije,
Sois mitad del alma mesma,
Y como deudo y amigo
Os toca tanto mi afrenta?
Y así, para averiguarlo,
Oid lo que mi pecho intenta.
Dentro de mi cuarto yo
Tengo una cuadra pequeña
Con libros y con papeles,
Donde jamás sale ó entra
Criado alguno. Aquí escondido,
_(Llaman dentro.)_
Don Cárlos... Pero á la puerta
Llaman.
ESCENA IV.
FABIO.—DON CÁRLOS, DON JUAN.
D. CÁRL.
Esperad. ¿Quién es?
FABIO.
_(Dentro.)_ Yo soy, señor: abre apriesa.
D. CÁRL.
Si ves que tengo cerrado,
¿Por qué llamas? _(Abre, y sale Fabio.)_
FABIO.
Porque sepas
Una grande novedad,
De que importa darte cuenta.
D. CÁRL.
¿Qué es?
FABIO.
Estando desta casa
Esperándote á la puerta,
Llegó de camino el padre
De Leonor, á ver si en ella
Posada habia.
D. CÁRL.
¿Qué dices?
FABIO.
Lo que he visto. Considera
Si es cosa para que oculta
Un instante te la tenga;
Y más habiéndole dicho
Que sí, y apeádose ahí fuera,
Donde te ha de ver, si sales.
D. CÁRL.
¿Hay desdicha como esta?
Sin duda en mi seguimiento
Y de Leonor, á Valencia
Viene.
D. JUAN.
¿Conóceos él?
D. CÁRL.
Sí.
D. JUAN.
Pues mira tú cuando pueda
Salir de aqueste aposento
Don Cárlos, sin que le vea,
Y avisa.
FABIO.
Ahora podrá,
Que él en el cuarto se entra
Que le han dado.
D. JUAN.
Pues salgamos
De aquí una vez; que allá fuera
Veremos qué hemos de hacer.
D. CÁRL.
Salgamos, Don Juan, apriesa.
D. JUAN.
Vamos á mi casa, adonde
Ya es de los dos conveniencia
Estar en ella escondido.
D. CÁRL.
¡Qué de temores me cercan!
D. JUAN.
¡Qué de cuidados me afligen!
D. CÁRL.
¡Ay, Leonor, lo que me cuestas! _(Vanse.)_
* * * * *
_Sala en casa de Don Juan._
ESCENA V.
DOÑA BEATRIZ, INÉS.
D.ª BEAT.
Inés, nada me digas;
Que á más dolor mi sentimiento obligas.
INÉS.
Pues habiendo salido
Del empeño de anoche tan sin ruido,
Que sin que en casa nadie lo sintiera,
A Don Diego y Ginés echamos fuera,
¿Qué es lo que ahora te aflige?
D.ª BEAT.
Tú de mi llanto mi pasion colige.
¿Qué importa que saliesen
Sin que mi hermano ni Isabel los viesen,
Si despues mis desvelos
Quedaron sin temor, mas no sin celos?
¿Viste, Inés, en tu vida
Desvergüenza mayor que la fingida
Confianza y tristeza,
Con que á significarme la fineza
Que ausente habia tenido
Llegó Don Diego, habiendo yo sabido
Cuanto le habia pasado
En Madrid, de otra dama enamorado?
INÉS.
Él no nos oye ahora,
Y así por él he de volver, señora.
¿Qué querias que hiciera
En Madrid (que es el centro y es la esfera
De toda la lindura,
El aseo, la gala y la hermosura)
Un caballero mozo,
Que le apunta el dinero con el bozo,
Y está, cuando más ama,
Cincuenta y tantas leguas de su dama?
Ya pagó su pecado
Bastantemente en cas de aquella moza,
Puesto que sin venir de Zaragoza,
Vino descalabrado;
Y así, aunque amor en tu opinion le culpa,
En la mia la ausencia le disculpa.
D.ª BEAT.
No son mis celos, no, tan poco sabios,
Que no sepan, Inés, que los agravios
Que tocan en el gusto y no en la fama,
Tienen perdon en quien de véras ama.
Y si verdad te digo,
Diera por verle disculpar conmigo...
No sé lo que me diera,
Loca estoy, muerta estoy.
INÉS.
Aguarda, espera;
Que si ese es tu deseo,
Yo te le cumpliré, pues nada creo
Que embarazarnos puede;
Que cuando te éntre á ver, y aquí se quede,
No hay ya que hacer extremos,
Pues que la escapatoria nos sabemos.
D.ª BEAT.
Sí, pero no quisiera
Que mi amor tan rendido conociera,
Inés, que imaginase
Que yo, sobre mis quejas, procurase
A sus disculpas la ocasion.
INÉS.
A todo
Remedio hay.
D.ª BEAT.
¿De qué modo?
INÉS.
Deste modo:
Yo le diré que estás tan enojada,
Tan ofendida y tan desesperada,
Que una y doscientas veces me has mandado
No admitir papel suyo ni recado;
Mas que no obstante, sólo por hacelle
Gusto, me he de atrever...
D.ª BEAT.
¿A qué?
INÉS.
A ponelle
Donde te pueda hablar; con que consigo
Tres cosas: la una, que él se vea contigo,
La otra, que tú rogarle no parezca,
Y la otra, que él á mí me lo agradezca.
D.ª BEAT.
Inés, yo estoy celosa, cuerda eres:
Harto he dicho, haz tú allá lo que quisieres,
Y en esta parte más no discurramos,
Porque Isabel no entienda lo que hablamos.
ESCENA VI.
LEONOR, _con unos lazos en una bandeja_.—DOÑA BEATRIZ, INÉS.
LEONOR.
Aquestas son, señora,
Las flores que mandaste hacer.
D.ª BEAT.
Ahora
Gusto, Isabel, no tengo para nada;
Yo las veré despues.
LEONOR.
¡Qué poco agrada
Quien sirve sin estrella!
D.ª BEAT.
_(Ap.)_ Ménos agrada quien amó sin ella.
_(Vase.)_
LEONOR.
¿Qué es esto, Inés? ¿Qué tiene nuestra ama?
INÉS.
Esto es, amiga, reventar de dama.
Tiene una hipocondría,
Con que, de una hora á otra, cada dia
Muda mil pareceres.
Oye, ve y calla, si agradarla quieres. _(Vase.)_
ESCENA VII.
LEONOR.
LEONOR.
Harto oigo y harto veo,
Y harto callo tambien. Loco deseo,
¿Para qué neciamente
Persuadirme procuras que aquí ausente
De mi casa, mi patria y padre, puedo
Perder ya más á mi desdicha el miedo,
Si está tan cerca el daño,
Que es locura aguardar el desengaño,
Y me pone tan léjos la esperanza,
Que es locura tener la confianza
En lo instable del tiempo? Pues decia
Uno que enfermo de mi mal estaba:
«¡Ay triste del que fía
Su cura al tiempo!» Porque examinaba
Que es remedio, aunque sabio, tan incierto,
Que ya el mal le habria muerto,
Cuando á curarle el médico llegara,
Matando mil para uno que sanara.
¿Quién jamás se habrá visto
(¡Mal el dolor, mal la pasion resisto!)
En tan mísero estado,
Como yo, sin haber (¡ay de mí!) dado
Ocasion á fortuna tan tirana?
Pues nunca fué...
ESCENA VIII.
DON JUAN.—LEONOR.
D. JUAN.
Isabel, ¿qué hace mi hermana?
LEONOR.
En su cuarto, señor (¡oh pena fuerte!),
Está.
D. JUAN.
Pues hablaréte de otra suerte,
Si sola estás. ¿Qué hacías, Leonor bella?
LEONOR.
Lo que siempre, quejarme de mi estrella.
¿Has visto á Cárlos?
D. JUAN.
Sí, porque no fuera
Justo...
LEONOR.
¿Qué?
D. JUAN.
Que sin verle se partiera.
LEONOR.
¿Luego ya se ha partido?
D. JUAN.
Sí, Leonor.
LEONOR.
¡Sin haberse despedido
De mí! ¡Qué poco á sus finezas debo!
D. JUAN.
No, Leonor, con afecto ahora nuevo
Dejes tu entendimiento
Fácilmente llevar del sentimiento.
Yo estoy en guarda tuya,
Y no sin causa tu discurso arguya
Que de mí defendida,
Por tí he de aventurar honor y vida.
LEONOR.
No dudo esa fineza
De tu valor, tu sangre y tu nobleza;
Y porque sepas cuánto, Don Juan, fío
De tan hidalgo y noble ofrecimiento,
Puesto que el pecho mio
No es posible negarse al sentimiento,
Dáme, señor, licencia
Para que en tanta pena, en dolor tanto
Me retire á llorar de tu presencia;
Que no es razon que descortés mi llanto
Pierda á tus confianzas el decoro.
No llore yo, sabiendo tú que lloro. _(Vase.)_
ESCENA IX.
DON JUAN.
D. JUAN.
¡Qué cuerdamente decia
Aquel sabio, que entre el ver
Padecer y el padecer,
Ninguna distancia habia!
Díjela que se habia ido
Cárlos, que encerrado ya
Dentro de mi cuarto está,
Porque él y yo hemos querido
Que nadie sepa este grave
Empeño, porque en efeto,
Ninguno guarda un secreto
Mejor que el que no le sabe;
Fuera de que estando aquí
Hoy el padre de Leonor,
Para todos es mejor.
_(Llégase á una puerta, la abre, pasa el umbral y dice:)_
Cárlos.
ESCENA X.
DON CÁRLOS.—DON JUAN.
D. CÁRL.
_(Dentro.)_ ¿Estais solo?
D. JUAN.
Sí,
Que no entrara acompañado.
_(Vuelve Don Juan, y sale Don Cárlos.)_
D. CÁRL.
¿Habeis hablado á Leonor?
D. JUAN.
Sí, Cárlos, y de su amor
Y de su virtud me han dado
Bastante satisfaccion
Sus lágrimas. Ha sentido
Pensar que os habeis partido
Con tan discreta pasion,
Que he llegado á persuadirme,
Aunque el indicio la culpa,
Que ella está, Cárlos, sin culpa.
D. CÁRL.
Poco teneis que decirme
En eso; pero aunque yo
El desengaño deseo,
Miéntras no le toco y veo,
¿Tengo de creerle?
D. JUAN.
No.
D. CÁRL.
Luego hablar dél es error,
Supuesto que en mis recelos
Han de ir borrando los celos
Cuanto pintare el amor.
¿Dijiste que habia venido
Su padre?
D. JUAN.
No, que no fuera
Justo que más la afligiera
De lo que está.
D. CÁRL.
Bien ha sido.
¿Y qué mandasteis á Fabio?
D. JUAN.
Que en la posada esté, pues
Él conocido no es,
Para que leal y sabio
Siempre á la mira estuviese
Del padre, y que procurase
Penetrar cuanto intentase.
D. CÁRL.
Medio muy frívolo es ese;
Que claro es que él no dirá
A nadie á lo que ha venido.
D. JUAN.
Con todo eso... Mas ¿qué ruido
Es este? _(Ruido dentro.)_
_(Don Cárlos mira por la cerradura de una puerta.)_
D. CÁRL.
Ser cierto ya,
Don Juan, el lance mayor
Que sucedernos pudiera.
Quien sube por la escalera
Es el padre de Leonor.
D. JUAN.
¿Qué decís?
D. CÁRL.
Que yo por esa
Llave le ví y conocí.
D. JUAN.
¿El padre de Leonor?
D. CÁRL.
Sí.
D. JUAN.
Pues retiráos apriesa
Vos á esa escuadra; que yo
A recibirle saldré,
Y lo que intenta sabré.
D. CÁRL.