_En el Album de la Señora Laura de Santa Cruz_
Ha querido usted, señora mía, un autógrafo de este viejo emborronador de
papel, y mal puede negarse a complacerla quien, como yo, blasona de
cortés, amén de confesarse honrado con la amable petición. Pide usted,
con la cultura de forma que a cumplida dama cabe, y ya estoy hecho un
azucarillo por rendir homenaje a su deseo.
Pero ¿ha de ser precisamente, una tradición lo que usted exige que
escriba en las páginas, de su aristocrático álbum? Eso ya tiene bemoles,
y aunque estoy decidido a obedecerla no lo haré sin referirla antes un
chascarrillo de mis mocedades.
Dios me hizo feo (y no lo digo por alabarme), y fué el caso que zumbando
yo más que un tábano al oído de una joven, a la que cantaba el credo
cimarrón que cantan los enamorados, encontró la mamá, que nunca me tuvo
por angel de su coro, la manera de ahuyentarme, y fué ella pedirme que
le obsequiase mi tarjeta fotográfica.--¡Oh! señora, la dije, ¿para qué
quiere usted el retrato de un mozo feo y desgarbado como yo?--Por eso
mismo, por lo feo, me contestó. Me hace falta para asustar a mis
nietecitos que son unos diablos de traviesos.--Ya adivinará usted que me
entraron súbitos escalofríos, al considerar que esa señora no era
todavía para mí más que proyecto de suegra ¡y ya _suegreaba_! ¡Qué
porvenir tan rico y delicioso me sonreía si, por malos de mis pecados,
que son pocos pero gordos, el proyecto hubiera pasado a la categoría de
ley!
Como no la creo a usted capaz de abrigar burlesco propósito con su
exigencia, y como dicen que la gracia del barbero está en sacar patilla
de donde no hay pelo, vamos a ver si consigo dar saborcito tradicional y
que al paladar de usted sea gustoso, a un cuento que oí contar a mi
abuela que esté en gloria, que sí estará, porque fué más buena que el
pan cuando es de buen trigo y buena masa.
* * * * *
José Maní era un indio de Huacho, propietario, en la jurisdicción de
Lauriama, de tres hectáreas de terreno conocidas con el nombre de Huerto
de José Maní.
Al dicho propietario le estorbaba lo negro de la tinta, es decir que, en
materia de saber leer, no conocía ni la O por redonda ni la I por larga;
pero ello no obstó para que, vendiendo naranjas, chirimoyas y aguacates,
adquiriese un decente caudalito y, con él, prestigio bastante para
elevarse a la altura de regidor en el Cabildo de su pueblo.
En la cuaresma de 1795, los vecinos contrataron a un dominico del
convento de Lima para que se encargase de predicar en Huacho el sermón
de las _Tres horas_, al que dió origen en Lima el jesuíta limeño Alonso
Mesía y que, poco a poco, y por mandato pontificio, se ha generalizado,
en el orbe católico.
El Viernes Santo no cabía ya ni un alfiler de punta en la iglesia
parroquial, tanto era el concurso, no solo de los fieles residentes en
el pueblo sino de los venidos de cinco leguas a la redonda. Por supuesto
que José Maní, en traje de gala, esto es, con capa española que le hacía
sudar a chorros por lo recio de la estación veraniega, se repantigaba en
uno de los cómodos sillones destinados a los cabildantes.
El predicador, que era un pozo de sabiduría, después de un exordio en
que afirmó, bajo la honrada palabra de fe de no recuerdo qué autores,
que las suras del Korán son seis mil seiscientas sesenta y seis, y que
las palabras de Cristo _Eli, Eli, lamma sabachtani_ pertenecen a la
lengua maya, y no al idioma hebreo, ni al asirio, ni al sánscrito, ni al
caldeo, entró de lleno en el tuétano de la Pasión.
Cada vez que el orador hablaba del huerto de Gethsemaní, las miradas del
concurso se volvían hacia el cabildante José Maní, que se ponía muy
orondo al informarse del importante papel que su huerto desempeñaba en
la vida de Cristo. ¡Qué honra para Huacho y para los huachanos!
Eso de que el predicador llamase al huerto Gethsemaní y no Josemaní, lo
atribuyeron los huachanos a _lapsus linguæ_ muy disculpable en un fraile
forastero. En toda pila falta alguna vez el agua, y hasta los académicos
somos propensos a pronunciar disparatadamente, no diré si por
distracción o por ignorancia. Siquiera cuando, en letra de molde,
aparece _hilación_ (con h) en vez de _ilación_, o _balija_ del correo,
en lugar de _valija_, tenemos el socorrido recurso de echarle la culpa
al cajista, especie de cordero pascual que carga con muchos pecados de
los literatos.
Pero cuando el dominico dijo que fué en el huerto de Gethsemaní donde
los sayones judíos se apoderaron de la persona del Maestro, los ojos
todos se volvieron a mirar al ensimismado huachano, como reconviniéndolo
por su cobardía y vileza en haber consentido que, en su casa, en terreno
de su propiedad, se cometiese tamaña felonía con un huésped. ¡Y qué
huésped, Dios de Israel!
Hasta el alcalde del Cabildo no pudo dominar su indignación, y
volviéndose hacia José Maní le dijo en voz baja:
--Defiéndase, compañero, si no quiere que, cuando salgamos, lo mate el
pueblo a pedradas.
Entonces José Maní, poniéndose en pie, interrumpió al predicador,
diciendo:
--Oiga usted, padre. No me meta a mí en esa danza, que yo no he conocido
a Jesucristo ni nunca le vendí fruta; y pido que haga usted constar que,
si se metió en mi huerto, lo hizo porque le dió la gana y sin licencia
mía, y que yo no tuve arte ni parte en que lo llevaran a la cárcel, y
¡Aleluya! ¡Aleluya!
Cada cual está a la suya.