La Real Audiencia absolvió al marqués de Santa Rosa.
Quizá la sentencia, en estricta doctrina jurídica, no sea muy ajustada.
Critíquenla en buena hora los pajarracos del foro. No fumo de ese
estanquillo ni lo apetezco.
Pero los oidores de la Real Audiencia antes que jueces eran hombres, y
al fallar absolutoriamente, prefirieron escuchar sólo la voz de su
conciencia de padres y hombres de bien, haciendo caso omiso de D.
Alfonso el Sabio y sus leyes de Partida que disponen que _ome que faga
omecillo, por ende muera_. ¡Bravo! ¡Bravo! Yo aplaudo a sus señorías los
oidores, y me parece que tienen lo bastante con mis palmadas.
En cuanto al público de escaleras abajo, que nunca supo a qué atenerse
sobre el verdadero fundamento del fallo (pues virrey, oidores y abogados
se comprometieron a guardar secreto sobre la revelación que contenía la
carta), murmuró no poco contra la injusticia de la justicia.