III

--¿Hay huevos?

--A la otra esquina por ellos.

(Popular.)

Pues, señores, ya que he escrito el resumen de la historia

administrativa del gobernante, no dejaré en el tintero, pues con su

excelencia se relaciona, el origen de un juego que conocen todos los

muchachos de Lima. Nada pondré de mi estuche, que hombre verídico es el

compañero de _La Broma_[A] que me hizo el relato que van ustedes a leer.

Es el caso que el Excmo. Sr. D. Teodoro de Croix tenía la costumbre de

almorzar diariamente cuatro huevos frescos, pasados por agua caliente; y

era sobre este punto tan delicado, que su mayordomo, Julián de Córdova y

Soriano, estaba encargado de escoger y comprar él mismo los huevos todas

las mañanas.

Mas si el virrey era delicado, el mayordomo llevaba la cansera y la

avaricia hasta el punto de regatear con los pulperos para economizar un

piquillo en la compra; pero al mismo tiempo que esto intentaba, había de

escoger los huevos más grandes y más pesados, para cuyo examen llevaba

un anillo y ponía además los huevos en la balanza. Si un huevo pasaba

por el anillo o pesaba un adarme menos que otro, lo dejaba.

Tanto llegó a fastidiar a los pulperos de la esquina del Arzobispo,

esquina de Palacio, esquina de las Mantas y esquina de Judíos, que

encontrándose éstos un día reunidos en cabildo para elegir balanceador,

recayó la conversación sobre el mayordomo D. Julián de Córdova y

Soriano, y los susodichos pulperos acordaron no venderle más huevos.

Al día siguiente al del acuerdo presentóse D. Julián en una de las

pulperías, y el mozo le dijo: «No hay huevos, Sr. D. Julián. Vaya su

merced a la otra esquina por ellos.»

Recibió el mayordomo igual contestación en las cuatro esquinas, y tuvo

que ir más lejos para hacer su compra. Al cabo de poco tiempo, los

pulperos de ocho manzanas a la redonda de la plaza estaban fastidiados

del cominero D. Julián, y adoptaron el mismo acuerdo de sus cuatro

camaradas.

No faltó quien contara al virrey los trotes y apuros de su mayordomo

para conseguir huevos frescos, y un día que estaba su excelencia de buen

humor le dijo:

--Julián, ¿en dónde compraste hoy los huevos?

--En la esquina de San Andrés.

--Pues mañana irás a la otra esquina por ellos.

--Segurito, señor, y ha de llegar día en que tenga que ir a buscarlos a

Jetafe.

Contado el origen del infantil juego de los _huevos_, paréceme que puedo

dejar en paz al virrey y seguir con la tradición.

Las mejores tradiciones peruanas · 第 46 / 206 题