II

Lector, un cigarro o un palillo para los dientes, y hablemos de historia

colonial.

El Sr. D. Melchor de Liñán y Cisneros entró en Lima, con el carácter de

arzobispo, en febrero de 1678; pero teniendo el terreno tan bien

preparado en la corte de Madrid que, cinco meses después, Carlos II,

destituyendo al conde de Castellar, nombraba a su ilustrísima virrey del

Perú; y entre otras mercedes concedióle más tarde el título de conde de

Puebla de los Valles, título que el arzobispo transfirió a uno de sus

hermanos.

Sus armas eran las de los Liñán: escudo bandado de oro y gules.

El virrey conde de Castellar entregó bien provistas las reales cajas, y

el virrey arzobispo se cuidó de no incurrir en la nota de derrochador.

Si no de riqueza, puede afirmarse que no fué de penuria la situación del

país bajo el gobierno de Liñán y Cisneros, quien, hablando de la

Hacienda, decía muy espiritualmente que era preciso guardarla de los

muchos que la guardaban y defenderla de los muchos que la defendían.

Desgraciadamente, lo soberbio de su carácter y la mezquina rivalidad que

abrigara contra su antecesor, hostilizándolo indignamente en el juicio

de residencia, amenguan ante la historia el nombre del virrey

arzobispo.

Bajo esta administración fué cuando los vecinos de Lima enviaron

barrillas de oro para el _chapín de la reina_, nombre que se daba al

obsequio que hacían los pueblos al monarca cuando éste contraía

matrimonio: era, digámoslo así, el regalo de boda que ofrecían los

vasallos.

Los brasileros se apoderaron de una parte del territorio fronterizo a

Buenos Aires, y su ilustrísima envió con presteza tropas que, bajo el

mando del maestre de campo D. José de Garro, gobernador del Río de la

Plata, los desalojaron después de reñidísima batalla. La paz de Utrecht

vino a poner término a la guerra, obteniendo Portugal ventajosas

concesiones de España.

Los filibusteros Juan Guarín (Warlen) y Bartolomé Chearps, apoyados por

los indios del Darién, entraron por el mar del Sur, hicieron en Panamá

algunas presas de importancia, como la del navío _Trinidad_, saquearon

los puertos de Barbacoas, Ilo y Coquimbo, incendiaron la Serena y el 9

de febrero de 1681 desembarcaron en Arica. Gaspar de Oviedo, alférez

real y justicia mayor de la provincia, se puso a la cabeza del pueblo y,

después de ocho horas de encarnizado combate, los piratas tuvieron que

acogerse a sus naves, dejando entre los muertos al capitán Guarín y once

prisioneros. Liñán de Cisneros equipó precipitadamente en el Callao dos

buques, los artilló con treinta piezas, y confirió su mando al general

Pantoja; y aunque es verdad que nuestra escuadrilla no dió caza a los

piratas, sus maniobras influyeron para que éstos, desmoralizados ya con

el desastre de Arica, abandonasen nuestros mares. En cuanto a los once

prisioneros, fueron ajusticiados en la plaza Mayor de Lima.

Fué esta época de grandes cuestiones religiosas. Las competencias de

frailes y jesuítas en las misiones de Mojos, Carabaya y Amazonas; un

tumultuoso capítulo de las monjas de Santa Catalina en Quito, muchas de

las cuales abandonaron la clausura, y la cuestión del obispo Mollinedo

con los canónigos del Cuzco, por puntos de disciplina, darían campo

para escribir largamente. Pero la conmoción más grave fué la de los

franciscanos de Lima que el 23 de diciembre de 1680, a las once de la

noche, pusieron fuego a la celda del comisario general de la orden fray

Marcos Terán.

Bajo el gobierno de Liñán de Cisneros, vigésimo primo virrey del Perú,

se recibieron en Lima los primeros ejemplares de la _Recopilación de

leyes de Indias_, impresión hecha en Madrid en 1680; se prohibió la

fabricación de aguardientes que no fuesen de los conchos puros del vino,

y se fundó el conventillo de Santa Rosa de Viterbo para beatas

franciscanas.

Las mejores tradiciones peruanas · 第 26 / 206 题