D. Cristóbal de Agüero logró trasladarse a España, burlando la
persecución del virrey marqués de Mondéjar. Solicitó una audiencia de
Carlos V, lo hizo juez de su causa, y mereció, no sólo el perdón del
soberano, sino el título de capitán en un regimiento que se organizaba
para Méjico.
El licenciado murió un mes después, más que por consecuencia de las
heridas, de miedo al ridículo de oirse llamar el _Desorejado_.