_Libertad de Boabdil._
Habiendo el Rey conseguido el objeto que se propuso en esta
expedicion, marchó con su ejército la vuelta de Córdoba, donde á
su llegada, trató de fijar la suerte de Boabdil con acuerdo de los
prelados y grandes del reino reunidos en consejo.
Don Alonso de Cárdenas, maestre de Santiago, habló el primero, y
oponiéndose á toda transacion ó pacto con los infieles, dijo que en
aquella guerra no se trataba solo de la subyugacion de los moros,
sino de su expulsion completa; y que por tanto no debia ponerse en
libertad á Boabdil.
El marqués de Cádiz, por el contrario; aconsejó al Rey la restitucion
inmediata del Rey cautivo á sus dominios, aunque fuese sin
condiciones. “Esta medida tan conforme á la sana política, dijo,
atizará la guerra civil de Granada, que es un fuego que abrasa las
entrañas del enemigo, y hará mas por los intereses de Castilla, que
cuantos triunfos alcanzen nuestras armas.”
Don Pedro de Mendoza, gran cardenal de España, conformándose con el
parecer del Marqués, apoyó su proposicion.
Con esta variedad de consejos, se hallaba el Rey perplejo; pero
la Reina le sacó de dudas, manifestando su opinion. Los Reyes de
Granada habian sido vasallos de los Reyes sus progenitores, por lo
que opinaba que á Boabdil se le podria conceder su libertad si se
declaraba feudatario de la corona de Castilla, añadiendo que por
este medio se lograria sacar de las prisiones de Granada muchos
cristianos que gemian en el cautiverio. Adoptó Fernando la medida que
le aconsejaba su magnánima esposa, y se notificaron á Boabdil las
condiciones. Fueron éstas otorgadas por el Rey cautivo, que se obligó
á reconocer á los Reyes de Castilla por señores, á pagar tributo,
y á dar á sus tropas paso seguro y mantenimientos en sus dominios.
Los Soberanos por su parte, le concedieron á él y á los pueblos de
su dominio una tregua por dos años, ofreciendo ademas mantenerle
sobre el trono, y ayudarle á recobrar las plazas que hubiese perdido
durante su cautiverio.
Celebrado y solemnizado este contrato en el castillo de Porcuna,
se hicieron las prevenciones necesarias para recibir al Rey chico
en Córdoba con lucimiento y distincion. Soberbios caballos,
primorosamente enjaezados, vestiduras de riquísimo paño, brocados
y sedas, y otros arreos suntuosos, le fueron suministrados, á él
y á cincuenta caballeros moros que habian venido á tratar de su
rescate, para que pudiese comparecer con la grandeza correspondiente
al Monarca de Granada, y al mas poderoso vasallo de los Reyes de
Castilla: se le entregó ademas una cantidad de dinero, para el
sostenimiento de su dignidad mientras permanecia en Córdoba, y para
los gastos de su regreso á sus dominios: finalmente, se dió órden
para que todos los títulos y caballeros de la corte saliesen á
recibirle.
Habiendo llegado el caso de parecer Boabdil en presencia de Fernando,
juzgaron algunos que viniendo á rendirle homenage como vasallo,
le debia besar la mano, por lo que aconsejaron al Rey que se la
diese para el efecto. “Diérasela por cierto, respondió Fernando, si
estuviese libre en su reino, pero no se la doy porque está preso en
el mio.”
Entró el Rey moro en Córdoba con grande acompañamiento de caballeros
de la corte, y escoltado por los cincuenta moros sus parciales: fue
recibido en palacio con mucha pompa y ceremonia, y llegando á la
presencia del Rey, inclinó la rodilla, y pidió le diese á besar la
mano, asi porque era su señor y él su subdito, como en reconocimiento
de la libertad que le habia dado. Pero Fernando no consintió esta
señal de dependencia, y le levantó del suelo. Entonces empezó un
interprete á hacer en nombre del Rey moro mil elogios de Fernando,
ponderando su magnanimidad, y dándole las mas rendidas gracias. El
Rey, no sufriendo alabanzas en su presencia, le interrumpió y dijo:
“No son menester estos cumplimientos: yo espero de su integridad, que
hará todo aquello que como buen Rey y buen hombre debe hacer.” Con
estas palabras recibió á Boabdil el chico bajo su real proteccion, y
le aseguró de su amistad.
[Ilustración]