(_4 leguas._) Con estos preparativos, el 2 de Junio salió la marcha de
los Corrales, como á las 12 del dia, y tomando su giro por las márgenes
del Rio del Valle, (asì llamado porque riega y fertiliza con sus
cristales el famoso valle en que esté colocado el Real Presidio)
caminando á la parte del N, vino á acamparse nuestro tren en el paraje
_de las Sepulturas_, distante cuatro leguas del tren pasado. En cuanto
al orígen de este rio, y los demas que bañan esta dilatada provincia del
Gran Chaco, se dirá lo conveniente en la descripcion geográfica con que
se ha de cerrar este diario.
Y aunque caminó el tren, como se ha dicho, quedó S. S. en el Real
Presidio, asaltado de un cólico accidental, hasta mejorarse. Lo que dió
mérito á mandar que caminase todo el carruage y los animales sin pèrdida
de tiempo, pero con lentitud hasta las resultas, yendo todo á cargo del
Proveedor D. Diego Angel de Leiva, del Ayudante Sardina y del Guarda
Mayor de almacenes, á quien el Auditor, por mandato de S. S., impartió
órden de que con pausa siguiesen sus jornadas hasta el Rio del Dorado, y
que allí se acampasen, por la comodidad de los pastos y agua, hasta
segunda órden: dando órden al Proveedor de que subministrase á toda la
gente diariamente carne, y semanal racion de bizcocho, yerba y tabaco.
(_2 leguas._) El 3, como á las 11 del dia, caminó la marcha siguiendo
las vegas y márgenes del Rio del Valle por el rumbo del N, y vino á
parar en la _Cruz del Chañar_, que dista dos leguas _de las Sepulturas_:
escapándose de este real por la noche dos presidarios, que buscados con
toda diligencia, no se pudieron encontrar.
(_1½ leguas._) El 4, como á las 11 del dia, caminó la marcha,
siguiendo las vegas y márgenes del Rio del Valle por el rumbo del N, y
vino á parar en un paraje nominado la _Cabeza del Toro_, que dista como
legua y media del pasado, sin que se pudiera avanzar mas camino, por lo
penoso y guadaloso de este plano.
(_2 leguas._) El 5, saliendo como à las 9 del dia, por el mismo rumbo y
vegas, vino à parar á la ramadita, llamada del _Sr. Matorras_, porque en
ella se acampó el finado Sr. Gobernador en el año de 1774, dando
principio à esta reduccional expedicion; acompañado del actual nuestro
Comandante General, que en calidad de tal le acompañó: y dista este dos
leguas del pasado tren.
(_2 leguas._) El 6, saliendo la marcha de este real, como à la 1 de la
tarde, vino á parar en el _Pozo Verde_, distante dos leguas del pasado
tren. Este pozo dicen se ceba de los derrames del Rio del Valle, y que
por todo el año mantiene agua, aun en las mayores secas. Su situacion es
dentro de un bosque, á un lado del camino, á la parte del S. Hasta aquì
ha seguido la marcha el camino antiguo, parando en este tren dos dias,
por dar tiempo à un desmonte que de órden de S. S. está allanando el
Ayudante Sardinas con los partidarios, presidarios, peones é indios
voluntarios, para abrir nuevo carril, por estar informado S. S. ser este
mejor y mas recto que el antiguo.
(_2 leguas._) El 9, saliendo del Pozo Verde, tomó la marcha el rumbo al
naciente, y traspasó un gran bosque desmontado, pasando tambien el Rio
del Valle, que ya habia quedado à mano derecha, y un copioso madrejon,
que pudieron pasarle solo por un puente que se formó. Y habiendo
caminado como dos leguas, volviò á inclinarse este carril hàcia el N,
cuya direccion siguió la marcha, y vino à parar en un lugar llamado _San
Antonio_, distante tres leguas y media del Pozo Verde: y aquí parò tres
dias, dando treguas al desmonte que se estaba haciendo mas adelante.
(_4 leguas._) El 10 saliò de este tren la marcha, y siguiendo el rumbo
al N por la comodidad del agua, se acercó à las vegas del Dorado, y se
acampò en frente de _San Simon_, distante cuatro leguas del pasado tren,
donde parò hasta el dia 14, esperando òrdenes de S. S.
El 11, convalecido nuestro General de su dolencia, habia salido del Real
Presidio como à las 9 del dia, en compañìa de su Auditor, su Secretario,
del Mayor General de órdenes que llegò el dia 10, del Inspector y del
mèdico, y vinieron à dormir en la Ramadita, distante doce leguas del
Presidio.
De allì salieron el 12 bien temprano, y vinieron á alcanzar el tren,
acampado en el lugar referido, sin que hasta aquí haya llegado el Sr.
Arcediano, que suponemos le hayan atajado las crecientes de los rios,
porque hasta hoy ni noticias hay de S. S., sin embargo de habérsele
dirigido cartas del Real Presidio.
Acordò S. S. con el R. P. Lapa, que el año de 1774 se hallaron en el
mismo sitio acampados, dia del glorioso San Antonio de Padua, por lo que
mandó S. S. que en honor de este ilustre taumaturgo se celebrase el
santo sacrificio de la misa, y que à este real acompañamiento se
titulase _el Tren de San Antonio_. Hízose así, y en él paramos todo el
dia 13, por objetarse una montaña que era preciso allanar para seguir el
carril nuevo. Este dia nuestro General, asociado de toda la oficialidad,
paseó aquellas amenas campiñas y màrgenes del Dorado, haciendo ver á
todos lo cómodo y aparente del lugar para mudar allí el Real Presidio de
San Fernando. Reconocimos todos lo idoneo de aquel plano, por los
pastos, por el agua, por la leña y maderas; finalmente, por ser precisa
puerta y transito de todas las naciones, que no pueden traficar por otra
parte: porque al naciente lo embaraza una dilatada travesia, y por el
poniente la eminente Sierra del Alumbre (alias _Santa Bárbara_),
avanzàndose sobre 20 leguas de terreno à favor de la provincia. Todo
pareció consentaneo; y asì acordes todos aprobaron por justo y útil el
pensamiento, presenciando tambien esta diligencia el R. P. Misionero.
(_6 leguas._) El 14 salimos de este tren, y traspasando un bosque
desmontado, de mas de dos leguas, vinimos por el rumbo del N à
acamparnos en distancia de 6 leguas á las márgenes del Dorado, en una
còmoda y deleitosa isleta, que tiene un famoso potrerillo para la
seguridad de las bestias sin el subsidio de ronda: y como aquí nos
asaltase una deshecha tormenta de viento y agua, que principiando con la
noche terminò con la luz del dia siguiente, le titulamos el _Tren de la
lluvia_, donde paramos dos dias, asì por la general inundacion de los
campos que causó pesados lodazales, como por ofrecerse delante nuevo
desmonte.
Con este motivo acordó nuestro General sería conveniente, que el
R. P. Misionero fuese instruyendo los párvulos de la nacion Mataguaya en
algunos ritos de nuestra Santa Fé: y ejecutàndolo con gusto dicho P.,
insinuò á los ladinos que al toque de la campanilla ocurriesen los
pequeños, y los adultos que gustasen instruirse: y con efecto principió
el R. P. el dia 15 esta espiritual tarea, enseñándoles á persignarse y
repetir _Ave María purísima &c..... Viva Jesus.... muera el pecado_: lo
que repetian con gusto y claridad, aunque con alguna torpeza: no siendo
menor la complacencia de dicho P., de nuestro General y de toda la
marcha, al ver exaltado el santo nombre de Dios en estos remotos
laberintos, como feliz exordio de la conversion de estos gentiles, por
quienes incesantemente pide nuestra piadosa Madre la Iglesia.
El 16 continuó el P. Misionero su doctrina, enseñándoles el _Padre
Nuestro_ y el _Ave María_; y este dia se publicaron á usanza militar,
los tìtulos de los oficiales de plana mayor y menor, dándose posesion
del empleo à cada titulado, mandando S. S. que el Auditor llevase la
formacion de este diario.
(_2½ leguas._) El 17, como á las 12 del dia, salió nuestra marcha de
este tren, y traspasando con gran trabajo un grande monte pantanoso, con
las cargas, mensages y ganado vacuno, sin que pudieran traspasarle los
carros hasta el dia siguiente à boca de noche, se perdieron 25 vacas en
la estrechura, de las que solamente se pudieron hallar tres, y vinimos à
parar en un descampado distante, dos leguas y media del pasado tren.
El 18 se paró todo el dia, esperando las carretas, y de este tren se
principiaron á poner centinelas, pasar el santo, é impartir órdenes para
la distribucion de cuantos oficios y ministerios, en que se habian de
egercitar todos y cada uno: encargàndoles S. S. el desempeño de sus
destinos y el cuidado y vigilancia en las rondas y custodia de ganados y
mensages, continuando el P. su enseñanza.
(_1 legua._) El 19, como á las 3 de la tarde, salimos de este escampado,
y siguiendo al N las màrgenes del Dorado, llegamos en distancia de una
legua á un vistoso campo de palmares, donde se nos acopiò tanta multitud
de Mataguayos, que en número serian como 500, y todos pidiendo
reduccion, y ofreciéndose à guiar la marcha y ayudar en los desmontes:
por lo que mandó S. S. que diariamente se les repartiese carne.
Dió mérito à esta prudente disposicion; lo primero, venir estos
infelices acompañando la marcha, y ayudando en las fatigas; lo segundo,
presentarse en calidad de amigos, y pidiendo reduccion; lo tercero,
vernos precisados à transitar por su territorio, y necesitar su
consenso; lo cuarto, asegurar el todo sacrificando la parte, y
finalmente no pedir estos desdichados otro premio por su personal
trabajo, que la carne que en su idioma llaman _guaséta_, que aprecian en
mas que el oro y la plata, por la miseria y hambre con que siempre
viven.
(_4 leguas._) El 20, como à las 11 del dia, salimos de este lugar, y en
distancia de cuatro leguas al rumbo del N, vinimos á parar sobre el
Dorado, en una amenísima ensenada, y valle de palmares eminentes, que
medidos tenian veinte varas de altura: y aquí, recogido el Dorado en un
estrecho canal, corre por algun trecho, y en caso preciso seria fácil
transitarle por puente que se formàra à poco costo.
Aquí parò la marcha hasta el 22, esperando el aviso del Ayudante
Sardinas, que nos lleva cuatro dias de delantera, explorando camino, y
el P. continuò su espiritual tarea.
(_3½ leguas._) El 23, como á las 10 del dia, caminamos, siguiendo el
rumbo al N, las vegas de un dilatado y pantanoso _saladillo_ que forman
los derrames del Dorado, y por ser abundante de patos, habiendo parado
en un extremo de dicho saladillo, le titulamos _el Tren de los
patillos_, que dista como tres leguas y media del real pasado.
El 24, dia de San Juan Bautista, parò la marcha todo el dia, y se
celebró el santo sacrificio de la misa.
(_2 leguas._) El 25 traspasamos con gran molestia las cargas, trastes y
ganado, por un gran monte desmontado y pantanoso, por la lluvia que cayó
la noche antecedente, y los carros no pudieron dar un paso y se quedaron
allí: la marcha se acampò en un estrecho escampado, distante dos leguas
del anterior.
El 26 paramos aquì, y mandò S. S. se llevaran treinta mulas aparejadas
para aliviar el peso de los carros y facilitar su caminata: las mulas
volvieron por la tarde cargadas, pero ni por esto pudieron pasar las
carretas, por ser inusitado el camino y haber ocurrido la lluvia casual.
El 27 con gran trabajo salieron à boca de noche.
El 28 paramos todavia, dando treguas á un desmonte y puente que se
estaba fabricando, como tambien por esperar al Sr. Canònigo que aun no
ha llegado. Y en esta sazon llegó el dia de hoy el indio Josengo con
carta de S. S., en respuesta de otra que le dirigiò nuestro General del
camino; y en ella avisa estar cerca, y la causa de su demora.
El 30 paramos esperando al Sr. Arcediano, que llegó como à las 11 del
dia, y por no haber llegado su carruage, paramos aquí hasta el dia
siguiente. Trajo S. S. consigo 2 carros, 13 mulas, 32 vacas, 27
caballos, 2 soldados partidarios y 6 del regimiento de nuestro General,
3 negros y 2 negras, esclavos suyos, y 2 indios Tobas, el uno de la
reduccion de Ledesma con un mulato mas esclavo.
Estos suplicaron à nuestro General, recabase de los Mataguayos la
libertad de algunos indios cautivos de su nacion, que en las pasadas
hostilidades les habian quitado. Hizo este oficio S. S. con buen fruto,
porque los Mataguayos, defiriendo al punto, entregaron cuatro cautivos,
de que S. S. les mostró grande agrado, y los Tobas no menor al sugeto
interpuesto.
El mismo dia practicaron los indígenas otra accion no menos generosa que
la pasada, y fuè dar á nuestro General cuatro hijos suyos, para que
S. S. los hiciese catequizar, trayéndolos consigo: para que, ladinos è
impuestos en el rezo y demas necesario para cristianarse, pudiesen estos
enseñar á los suyos con el mismo objeto à que con anhelo aspiran:
pasando de punto en su resolucion convenirse dos gandules,
espontaneamente resueltos à servir en cuanto se les mande, y acompañar
la marcha hasta su regreso, con tal de que se les rudimente y catequice.