Montalbán en su _Para todos_; de Valladolid, según D. Nicolás Antonio),
_Las doncellas de Madrid_, se ha perdido, según todas las apariencias.
Consérvanse de él, sin embargo, la comedia religiosa que lleva el título
de _Las cinco blancas de Juan de Espera en Dios_, _Los competidores y
amigos_, y otras.
De los muchos dramas que escribieron[16] Pedro García Carrero, médico de
Cámara de Felipe III, y Marcedo Díaz de Calle Cerrada (autor del poema
_Endymion y Luna_: Madrid, 1624), sólo se conservan los títulos; no así
de las de Juan Delgado[17], amigo de Lope y de Montalbán, algunas de las
cuales han llegado hasta nosotros, como, por ejemplo, la comedia de
espectáculo _El prodigio de Polonia_.
Jerónimo de la Fuente, médico, de quien existen muchas obras de
medicina, se consagró también, al mismo tiempo que cumplía sus deberes
profesionales, á cultivar con celo la poesía[18]. Insértanse comedias
suyas en las grandes colecciones dramáticas españolas, como sucede, por
ejemplo, con la titulada _Engañar con la verdad_, que se halla en el
tercer volumen de _Las comedias nuevas escogidas_: Madrid, 1653.
Montalbán, en su catálogo de escritores naturales de Madrid, celebra
como poeta dramático á Diego de Moxica y á Andrés Tamayo. Pertenecen al
último las piezas tituladas _A buen hambre no hay mal pan_ y _Así me lo
quiero_.
Fernando de Ludeña, capitán de infantería y caballero de la orden de
Santiago (muerto en 1641), es alabado como autor de muchas comedias y
autos, así como Gregorio López de Madera, nombre que aparece con
frecuencia en los escritos de Lope, famoso como abogado, poeta y pintor,
y caballero también del hábito de Santiago[19].
Los que mencionamos ahora, se encuentran todos en la misma relación de
valor y mérito con el arte dramático.
Diego de Vera Ordóñez y Villaquirán, capitán de infantería y alguacil
mayor de la Inquisición de Cataluña, fué nombrado caballero de la orden
de Calatrava en el año de 1653, y es el mismo D. Diego de Vera citado
por Agustín de Rojas.
Antonio de Herrera y Saavedra, muerto en 1639.
Jacinto de Herrera y Sotomayor. Este poeta dramático estuvo al servicio
del cardenal Don Fernando de Austria, y vivió en Bruselas en el año de
1640.
Felipe Bernardo del Castillo, muerto en 1632, famoso por sus autos.
Juan de la Porta Cortés, presbítero y notario apostólico.
Juan Antonio de la Peña[20].
Vicente Esquerdo, de Valencia, nacido en 1600, muerto en 1630, escribió
las comedias _Marte y Venus en París_ (representada en el año de 1619),
_La ilustre fregona_ (de la novela de Cervantes) y _La niña de
amor_[21].
Jerónimo de Salas Barbadillo, nacido en 1580, muerto en 1630, autor de
muchas obras en prosa y verso, y entre ellas de comedias como la
titulada _El gallardo Escarramán_.
Alonso del Castillo Solórzano, escritor muy fecundo, que en el reinado
de Felipe III, y en los primeros años de Felipe IV, vivió al servicio
del marqués de los Vélez, virrey de Valencia, escribió, además de muchas
novelas, algunas comedias, y entre ellas _La victoria de Norlingen_.
Entre los poetas dramáticos españoles, merece también mencion especial
el célebre conde de Lemos, virrey de Nápoles. Sábese que compuso una
comedia titulada _La casa confusa_, que se representó en el palacio del
duque de Lerma, con asistencia de Felipe III.
La afición de escribir para el teatro fué tan general, que algunos
autores que habían mostrado su talento en otros géneros literarios,
quisieron ensayarse también en el de la poesía dramática. Así, por
ejemplo, el conocido Don Francisco de Quevedo y Villegas, juntamente con
D. Antonio de Mendoza (poeta que floreció en el reinado de Felipe IV),
compuso una comedia, que se representó en una fiesta en el palacio del
conde de Olivares. Desgraciadamente, según todas las probabilidades,
esta comedia, titulada _Quien más miente medra más_, se ha perdido para
nosotros, aunque se conserven en la colección de las obras de Quevedo
una serie de entremeses suyos muy entretenidos.
D. Luis de Góngora, muchas veces mencionado antes, aunque sin vocación
especial para el drama, quiso también probar sus fuerzas en este
terreno, arrastrado por las corrientes de la moda; pero sus tentativas
tuvieron mal éxito, y no llevando su nombre las dos comedias tituladas
_Las firmezas de Isabela_ y _El doctor Carlino_, hay motivos para dudar
que hayan sido escritas por tan ingenioso poeta.
Los imitadores de Góngora no quisieron ser menos que su maestro. Así, el
culterano Félix de Arteaga compuso una comedia, _Gridonia_, que revela
ya en su calificativo (_invención real_) el estilo culto. Hállase
inserta en las _Obras póstumas divinas y humanas_, de D. Félix de
Arteaga: Madrid, 1641.
También las mujeres pagaron su tributo á la predilección con que se
cultivaba la poesía dramática, contándose entre ellas á Doña Bernarda
Ferreira de la Cerda, portuguesa instruída, llamada á Madrid por Felipe
III para enseñar latín á las Infantas. Hay un tomo de comedias
españolas[22] de esta señora, y la tragicomedia _Los jardines y campos
Sabeos_, Lisboa, 1627, de Doña Feliciana Enríquez de Guzmán.
Ya en tiempo de Lope de Vega no era raro que se reuniesen varios poetas
para componer una comedia; sin embargo, la mayor extensión de esta
costumbre cae juntamente en la época, á que consagramos el tomo
siguiente de esta historia del teatro español, por cuyo motivo
reservamos para ese lugar el examen de la significación de las palabras
impresas en algunas comedias, expresando que han sido escritas _por
uno_, _por dos_ ó _por tres ingenios de esta corte_. También trataremos
entonces, por creerlo así más oportuno, de las grandes colecciones de
las obras dramáticas españolas, cuya mayor parte fué dada á luz á
_mediados del siglo XVII_.
[Illustration]
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CAPÍTULO XXX.
El italiano Fabio Franchi acerca del arte dramático en España.
Como en este libro no solamente nos ocupamos en la exposición y crítica
de la poesía dramática de los españoles, sino que nos importa también
conocer los juicios coetáneos emitidos acerca de esta misma poesía,
insertamos con este objeto un extracto del pequeño escrito titulado
_Ragguaglio al Parnasso_, impreso por el italiano Fabio Franchi en el
año de 1636, en las _Essequie poetiche alla morte di Lope de Vega_. Este
Franchi había vivido muchos años en España, y al parecer mostró mucho
interés y mucha atención al drama español, y conviene sin duda alguna
conocer cuál es su opinión acerca del mismo.
«El día siguiente á la celebración de las exequias del incomparable Lope
de Vega en el templo de Delfos (dice este autor italiano), cierto
número de poetas españoles pidió una audiencia á Apolo. Antes de
concedérsela fueron llamados Homero, Séneca, el Tasso, Sannázaro y
Anníbal Caro, para asistir á ella. Después entraron los poetas, unos
vestidos á la usanza de su tiempo, con la capilla hasta las rodillas, el
cabello largo hasta los hombros, y los cuellos de la camisa á la manera
del Dante; los otros que llegaron á ver algunos rayos de la luz de
nuestro siglo, con la capa corta y la gorra de paño, chaleco con mangas
estrechas y su gorguera. Los recién llegados se acercaron al trono, y
todos hicieron su cortesía, y después uno de ellos, de cara redonda y de
nariz de sabueso, habló en nombre de sus compañeros de esta manera:
«Príncipe Sol, así os nombramos en España: yo soy Lope de Rueda, y mis
compañeros Torres Naharro, Castillejo, Montemayor, Silvestre,
Garci-Sánchez, Miguel de Placencia, Rodrigo Cota, Miguel Sánchez,
Tárrega, Aguilar, Poyo, Ochoa, Velarde, Grajales y Claramonte[23]. Ves
en nosotros una cohorte de poetas dramáticos que representan al siglo de
oro, y llegan hasta éste, que comienza á ser de hierro. Somos los
autores más antiguos españoles de comedias, autos, pastorales,
coloquios, églogas, diálogos y entremeses; pero si bien cada uno de
nosotros se vanagloría de haber sido en su tiempo el único y famoso,
venimos aquí, ahora, después de haber oído ayer la oración fúnebre de
Marín sobre la muerte del fénix Lope de Vega, como almas pecadoras, y
nos postramos arrepentidos á tus pies para pedirte dos cosas: la
primera, que mandes quemar todas nuestras obras, escritas hace cuarenta
años; y la segunda, que des orden de purgar con ruibarbo á las
compuestas desde entonces hasta el día, para que se purifiquen en lo
posible de la grosería y rusticidad de sus pasajes serios, y de la
frialdad y escasa animación de los burlescos. Velarde, que es ese hombre
grueso, pretende que se olvide hasta el título de sus comedias _El Cid,
Doña Sol y Doña Elvira_, y la de _El conde de las manos blancas_. Miguel
Sánchez desea que se introduzca en sus comedias algún personaje, que
pronuncie siquiera veinte versos seguidos, porque los de sus obras
dramáticas preguntan y responden con tanta prisa, que hacen pensar si el
poeta no habrá sabido escribir más largos discursos, con sus
pensamientos y máximas correspondientes. Tárrega y Aguilar, ambos
naturales del reino de Valencia, en donde tú, oh gran Apolo, príncipe
de las Musas y de los versos, cuentas tantos vasallos, te suplican que
concedas á sus comedias argumentos mejor desarrollados, y á sus
quintillas más profundidad en sus tres primeros versos, no se crea que
son sólo aquéllos una especie de lecho, destinado al descanso de los
últimos versos. Poyo, aquel sacerdote de baja estatura que ves allí, te
ruega que entregues sus comedias á un poeta coetáneo, para que las
limpie de frases anticuadas y de sentencias matusalénicas, y las exorne
con algunas perífrasis y modismos modernos; pero te suplica, ante todo,
que no consientas en ninguna de sus comedias más de dos apariciones en
las nubes, más de dos príncipes que salten en los aires, ni más de dos ó
tres princesas que se precipiten desde los peñascos. Son grandes los
remordimientos de su conciencia por haber sido causa, con sus
invenciones, de que se mutilen y estropeen tantos pobres actores. Ochoa
pide, por amor de Dios, que infundas algún ingenio á los criados de sus
comedias; y Grajales, humildemente, que borres las imperfecciones de las
suyas, ó, lo que es lo mismo, que no dejes ninguno de sus versos
intactos. Ramón demanda que sus versos sean bañados en néctar, y
Claramonte, que, á la verdad, se ha servido con celo de sus rasgos
ingeniosos, desea que se borren de sus comedias los numerosos desafíos
sobre caballos verdaderos, que tanto abundan en ellas. Tal es, ¡oh
Príncipe! nuestra primera súplica, y no tanto para que desaparezcan los
defectos indicados, sino para que sea más bella y perfecta tu Biblioteca
dramática. Ya que te has dignado iluminar con tus rayos á la noble
España, y hacerla tan famosa en las letras como en las armas,
concediéndole al gran Lope como modelo é ilustre guía, es nuestra
segunda demanda que ordenes á los poetas dramáticos no separarse del
estilo y de las reglas trazadas á la comedia por aquel hombre eminente,
y que lo imiten en su ternura y afectos y en sus gracias originales, y
que, además, preceptúes á los que se dan aire de inteligentes en este
arte, invocando siempre las reglas, viviendo en la molesta compañía de
las obras antiguas del tiempo de Noé, que consideren á la que se titula
_La noche toledana_, como ejemplar y tipo dramático más verdadero y
perfecto, ya que en esta pieza se ostentan, en indisoluble consorcio, el
arte y la libertad, y la habilidad con la licencia. Ordena, además, ¡oh
deidad poderosa! á todos los poetas españoles, que han dividido entre
sí, como piadoso legado, la capa y el espíritu de su maestro Lope, que
prosigan escribiendo comedias; y que Montalbán, tan aplaudido hasta
ahora, no se deje arrastrar de la censura de cierto crítico, por haber
sido demasiado complaciente con el público en su comedia _La vizcaína_,
haciendo aparecer un mismo personaje bajo tres disfraces distintos;
antes bien, que continúe escribiendo siempre, que siempre acertará como
debe esperarse de tan inspirado poeta, y que sus obras alcanzarán la
aprobación general, mientras imite á Lope su gran maestro. Y que D.
Pedro Calderón siga escribiendo muchas otras comedias semejantes á la
titulada _Peor está que estaba_, á _Casa con dos puertas_ ó á cualquiera
otra de las suyas, y que se le recomiende, en particular, que concentre
ó condense más el argumento de sus piezas. Dígase á Mendoza que ningún
inteligente calificará las suyas de pesadas, si desenvuelve algo más la
fábula, porque su estilo, sin ser, á la verdad, el de la comedia
antigua, es un estilo verdaderamente cortesano, y sería de deplorar que
lo alterase, puesto que hoy en España no hay ya populacho.
»Estimúlese á Pellicer y á Godínez, que, sin renunciar á Escalígero y á
Enrique Estéfano, se den trazas de conciliarlos con la dulzura y gracia
del laureado Lope, que, en este caso, los escritos de su pluma agradarán
á cuantos los leyeren. Adviértase á D. Juan de Jáuregui, que _El
Turismundo_, del Tasso, y _El Pastor Fido_, de Guarino, desean un traje
español semejante al de Aminta. Solicitamos también de V. M. que
despache media docena de vuestros satélites, para que busquen á D. Juan
de Alarcón y le recomienden que no olvide el Parnaso por América, sino
que escriba muchas comedias iguales á _La verdad sospechosa_ y al
_Examen de maridos_, obras ambas de un consumado maestro. Nadie honrará
más al teatro que él, si se precave de poner término á la acción en el
acto segundo, como á veces le sucede. A Don Antonio de Coello debe decir
V. M. que excitará la emulación de todos los demás poetas siempre que
escriba comedias semejantes á la de _El celoso extremeño_. Ha de
recomendarse á D. Antonio de Solís y á D. Francisco de Rojas que
escriban cada año doce comedias, por lo menos, porque las compuestas por
ellos hasta ahora, no tienen otra falta que la de ser pocas. Han de
darse las gracias á Guillén de Castro por sus muchas y bellas obras
dramáticas, é inculcarle, al mismo tiempo, que destierre de ellas los
desafíos, y no trate del honor como de un asunto _stricti juris_, ni que
cuando sus damas caen é intentan apoyarse en los que se hallan cerca, no
sean motivo constante de duelos. A Vélez (de Guevara), ha de aconsejarse
que, un mes antes de representarse alguna pieza suya, ponga un cabezón,
como el de Lope, á sus fanfarronadas; porque un poeta que ha escrito la
comedia _Errar por amor, fortuna_, peca doblemente cuando comete faltas
de esta especie. Sería de desear que todas las comedias de Avila agraden
tanto como la otra suya, titulada _Familiar sin demonio_: sólo así
podrán figurar dignamente al lado de ésta, y acertará si antes de
comenzar á escribir coge en sus manos un tomo de las de Lope y le dice:
¡Ayúdame, Lope! Ha de exhortarse á Tirso seriamente que continúe siempre
escribiendo, y convencerlo de que, si bien un libelo ó pasquín puede
adornar una esquina, no aumenta la merecida fama de un hombre tan
ilustrado, tan ingenioso y de tanto talento. Hágase entender á Amescua
que el coro de los canónigos puede conciliarse bien con el de las Musas,
haciéndose lo mismo con Valdivielso, así como también que de aquellas
hijas de Mnemosine nunca envejecen; y si hubiese yo ahora de calificar
con epítetos particulares y las merecidas alabanzas á los que no he
mencionado todavía, veríame en grandes apuros para contentarlos. Por
tanto, nombraré sin aditamento alguno á Bocángel, Herrera,
Vatres-Huertas, Moxica, Laporta, Tapia, Tovar, Alfaro, Medrano, Díaz,
López, Delgado, Belmonte, Vivanco y Prado, rogándote que les comuniques
tu inspiración y que emplees tu poder persuasivo en convencerlos; que
añadan nuevas comedias á las que ya se han representado de ellos, y que,
despojándose de la falsa modestia que los distingue, las presenten al
publico sin miedo. Y como, según parece, hay personajes elevados que se
apropian las obras dramáticas de otros autores, solicitamos de ti, ¡oh
rey de las bellas artes! que no lo consientas, porque los poetas que les
venden sus obras, remedian sus apuros de esta manera y proporcionan á
los compradores gloria injusta y prestada. Pero lo que no has de tolerar
de ninguna manera, que algunos otros, también de esa misma alta esfera,
menosprecien ser tenidos por poetas, cuando este talento es y será
siempre su mejor prenda. Y al hablarte ahora en estos términos de los
poetas dramáticos existentes, y exhortarlos de todas veras á imitar á
Lope de Vega, creemos hacer un servicio importante á nuestra patria
(España), borrando la barbarie que en ella reinaba antes de aparecer el
gran Lope, el cual ha enriquecido al mundo con su sabiduría, con sus
pensamientos ingeniosos, así serios como burlescos, y con la harmonía
inimitable de su lenguaje, de tal suerte, que ningún otro podrá
igualarlo, á no ser que por mandato tuyo sea iluminado sobrenaturalmente
con los destellos de tu luz poderosa.»
Así habló Lope de Rueda, cuando un poeta español de mucho mérito,
llamado Villayzán, se acercó al sacrosanto trono del Dios con algunos
escritos suyos, y le dijo así:
«¡Oh príncipe de Delos! Óyeme antes de publicar tus decretos: nada tengo
que oponer á lo expuesto por el barbudo Lope de Rueda, sino apoyar sus
demandas y añadir que, así como tú condenas los conciliábulos de
hechiceros y de otros malvados, prohibas la costumbre de juntarse tres ó
cuatro poetas para componer una comedia; si este uso se extiende y
arraiga, engendrará monstruos y no comedias, siendo imposible que logre
aplausos una obra que no haya sido pensada y escrita por un solo hombre,
y que aquéllos que se consagran á este trabajo, no merezcan apellidarse
menestrales más bien que poetas. Cualesquiera obra dramática, cuyos tres
actos tengan estilo diverso, transforman la escena en desierto líbico,
en mansión verdadera de los más deformes monstruos. A mi costa lo he
aprendido, porque después de haber escrito la comedia titulada _De un
agravio tres venganzas_, celebrada de mis contemporáneos y alabada por
el Apolo de la tierra, por el gran Felipe IV, dejéme arrastrar de las
influencias de mis competidores y asociarme con otros dos poetas para
escribir otra comedia, por la cual he perdido la fama anterior,
justamente ganada. Ruégote, pues, encarecidamente, ¡oh Monarca poderoso!
que castigues con el fuego estas odiosas asociaciones, madres de
verdaderos monstruos, y que no nombraré por no ofender á sus autores.
Hasta la que lleva el título de _Los tres blasones_, obra de tres
grandes ingenios[24], no ha de exceptuarse de mi anatema, porque es un
monstruo de belleza, como las otras lo son de
fealdad.................................»
Así habló Villayzán, retirándose entonces los poetas. Apolo preguntó á
Anníbal Caro si se le ocurría hacer alguna observación, contestando que
convendría convocar á D. Fernando de Acuña y al canónigo Pacheco, los
cuales, como poetas satíricos, decidirían, con su perspicaz ingenio, si
la cuestión propuesta era digna de ulterior consejo. El Tasso y Lucano
desvanecieron todas las dudas, decretando Apolo: «Que el dios Mercurio
se encaminase á España y tomase juramento á todos los poetas
mencionados, y á cuantos se propusieran escribir comedias, de imitar
siempre el estilo y observar las reglas del grande, ilustre é
incomparable Lope de Vega, y de censurar á todos aquéllos que, por
emplear el _estilo culto_, se aparten del modelo trazado por tan
inspirado vate; además, que se inculque á todos los fautores la
necesidad de no admitir ninguna obra dramática que no provenga de poetas
que hayan recibido su título de doctor en nombre de Lope, y que la
violación de esta orden sea castigada, la primera vez, con silbidos y
murmullos; la segunda, con manzanas, nabos y otras menudencias, y la
tercera, con piedras y mezcla.»
[Illustration]
[Illustration]
CAPÍTULO XXXI.
Actores famosos de la época de Lope de Vega.
Para terminar esta parte de nuestra obra, fáltanos sólo dar á conocer
los actores y actrices más famosos de la época de Lope de Vega, y el
influjo que ejerció el teatro español, en este mismo período, en los
demás teatros de Europa.
Se comprende, desde luego, que no es posible formar un juicio general y
fehaciente acerca del arte dramático de este tiempo, puesto que los
escritores contemporáneos no nos dicen acerca de él nada concreto y
detallado; pero hay, no obstante, sólidas razones para asegurar que ese
arte alcanzó entonces también perfección notable. Por lo general, y
atendiendo al curso natural de las cosas, cuando se presenta la poesía
dramática en un grado superior de perfección, se hallan siempre á la
misma altura los medios artísticos de representarla, concurriendo además
aquí la circunstancia de existir las declaraciones de muchos testigos de
vista, unánimes en manifestar su admiración hacia los grandes actores
españoles de la época de Lope de Vega. Entre estos testimonios, los más
interesantes, sin duda, son los de aquellos escritores, contrarios en
general al teatro de aquel período, y cuyas alabanzas desvanecen, por
tanto, toda sospecha de parcialidad y de pasión ciega[25].
Aunque á consecuencia de la falta de datos detallados del antiguo arte
escénico en España, estamos imposibilitados de dar aquí noticias
auténticas acerca de este particular, parécenos, sin embargo, que sobre
la mímica y recitación de los actores de esta época y de este pueblo,
podemos hacer algunas indicaciones importantes, que no son ya simples
hipótesis. Fúndanse, en parte, en el examen atento del método y manera
con que se representan hoy en los teatros principales de la Península
las antiguas comedias nacionales, debiendo admitirse que se perpetúa en
esta materia la tradición de épocas anteriores, y, en parte, en la
índole particular de la comedia española, y en la correlación que ha de
existir necesariamente, al representarlas, entre la composición poética
y su representación práctica.