[23.] Santo Tomás llama á las representaciones de la imagina

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FILOSOFÍA FUNDAMENTAL.

por

D. JAIME BALMES,

PRESBÍTERO

TOMO III.

Segunda edicion.

Barcelona:

IMPRENTA DE A. BRUSI.

Calle de las Libreterías n.º 4.

1848.

_Es propiedad del Autor._

LIBRO CUARTO.

DE LAS IDEAS.

CAPÍTULO I.

OJEADA SOBRE EL SENSUALISMO.

[1.] Acabamos de tratar de las sensaciones, y vamos á ocuparnos de las

ideas. Para hacer debidamente este tránsito, es necesario investigar

antes, si hay en nuestro espíritu algo mas que sensaciones, si todos los

fenómenos internos que experimentamos, son algo mas que sensaciones

trasformadas.

Salido el hombre de la esfera de las sensaciones, de esos fenómenos que

le ponen en relacion con el mundo exterior, se encuentra con otro órden

de fenómenos, igualmente presentes á su conciencia. No puede reflexionar

sobre las sensaciones mismas, sin tener conciencia de algo que no es

sensacion; no puede reflexionar sobre el recuerdo de las sensaciones, ó

sobre la representacion interior de ellas, sin experimentar algo

distinto de ese recuerdo y de esa representacion.

[2.] Aristóteles dijo: «nada hay en el entendimiento que antes no haya

estado en el sentido;» y las escuelas han repetido durante largos siglos

el pensamiento del filósofo: «nihil est in intellectu quod prius non

fuerit in sensu.» Así los conocimientos humanos procedian de lo exterior

á lo interior. Descartes vino á invertir este órden, pretendiendo que

debia procederse de lo interior á lo exterior; su discípulo Malebranche

hizo mas: en su concepto, le conviene al entendimiento encerrarse en lo

interior, no comunicar con lo exterior sino lo menos posible; segun él,

no hay aliento mas nocivo á la salud intelectual que el del mundo de los

sentidos; las sensaciones son un perenne manantial de error; y la

imaginacion es una hechicera tanto mas peligrosa cuanto que tiene su

habitacion á la puerta misma del entendimiento, donde le espera para

arrastrarle, con su belleza seductora y brillantes atavíos.

[3.] Locke quiso rehabilitar el principio de Aristóteles sujetándole á

la piedra de toque de la observacion: pero á mas de la sensacion admitió

la reflexion, y convino en reconocer al alma facultades innatas. Su

discípulo Condillac no se limitó á esto: segun él, todos los actos de

nuestra alma no son mas que sensaciones trasformadas; opina que, en vez

de distinguir como Locke dos orígenes de nuestras ideas, el sentido y la

reflexion, seria mas exacto no reconocer mas que uno; ya porque la

reflexion no es en su principio sino la sensacion misma, ya porque la

reflexion es mas bien el canal por donde pasan las ideas que vienen de

los sentidos, que nó el manantial de ellas. (_Estracto razonado del

Tratado de las sensaciones. Resúmen de la primera parte_).

El juicio, la reflexion, los deseos, las pasiones, no son mas en

concepto de Condillac, que la sensacion trasformada de diferentes modos.

Por esta razon, le parece inútil el suponer que el alma recibe

inmediatamente de la naturaleza todas las facultades de que está dotada.

La naturaleza nos da órganos para advertirnos, por medio del placer, lo

que debemos buscar, y por el dolor, lo que debemos huir; pero se detiene

aquí, y deja á la experiencia el cuidado de hacernos contraer hábitos, y

acabar la obra que ella ha comenzado. (_Tratado de las sensaciones.

Prefacio_).

[4.] A la vista de este sistema, en que no se otorgan al alma ni

siquiera facultades naturales, y se consideran las que posee, como un

simple efecto de las sensaciones, se nota desde luego la contradiccion

en que incurre su autor, cuando en el mismo lugar se declara

ocasionalista, pretendiendo que las impresiones de la organizacion no

son mas que la ocasion de nuestras sensaciones. ¿Puede darse facultad

natural mas inexplicable que la de ponerse en relacion con objetos que

no producen las sensaciones, y que son con respecto á ellas una mera

ocasion? Si al alma se le concede esta facultad, ¿qué inconveniente hay

en admitir las otras? ¿No es una facultad natural, y muy singular, la

de sentir por medio de causas que no pueden obrar sino ocasionalmente?

En este caso ¿no se atribuye al alma una facultad natural de producirse

ella misma las sensaciones, con ocasion de las impresiones orgánicas, ó

no se la supone en relacion inmediata con otro ser superior que se las

produzca? ¿Por qué esa actividad interna, ó esa receptividad, no puede

aplicarse á las ideas? ¿Por qué no se han de admitir en el alma otras

facultades innatas? ó mas bien ¿por qué se dice que no se las supone,

cuando se comienza por suponerlas?

Condillac, tan enemigo de hipótesis y sistemas, es eminentemente

hipotético y sistemático. Concibe el orígen y la naturaleza de las ideas

á su modo; y á este modo de concebirlas quiere que todo se adapte. Para

dar una idea de las opiniones de Condillac y combatirlas con buen

resultado, al mismo tiempo que con cumplida lealtad, examinaré

brevemente los fundamentos de la obra en que mas se complace el autor,

lisonjeándose de haber dado á su doctrina el mayor grado de claridad y

certeza: el _Tratado de las sensaciones_.

CAPÍTULO II.

LA ESTATUA DE CONDILLAC.

[5.] Supone Condillac una estatua á la cual anima sucesivamente,

concediéndole un sentido despues de otro; y comenzando por el olfato

dice: «Los conocimientos de nuestra estatua, limitada al sentido del

olfato, no pueden extenderse sino á los olores: no puede tener ideas de

extension, ni de figura, ni de nada que esté fuera de ella, ni otras

sensaciones como el color, el sonido, el sabor.» (Cap. 1). Si á la

estatua no se le concede, como la hipótesis lo exige, ninguna actividad,

ninguna facultad, excepto la de sentir el olor, es cierto que no podrá

tener ninguna otra idea, ni sensacion; y aun se puede añadir, que la

sensacion del olor no será para ella ninguna idea.

«Si le presentamos una rosa, continúa Condillac, será para nosotros una

estatua que siente una rosa; mas para sí misma, solo será el mismo olor

de la rosa. Será pues olor de rosa, de clavel, de jazmin, de violeta,

segun los objetos que obrarán sobre su órgano; en una palabra; los

olores con respecto á ella, no son mas que sus modificaciones propias ó

maneras de ser, y no podria creerse otra cosa, siendo estas las únicas

sensaciones de que es susceptible.»

[6.] Si bien se observa, ya en los primeros pasos, se hace dar á la

estatua un gran salto. A vueltas de la aparente simplicidad del fenómeno

sensible, se introduce ya uno de los actos que suponen el entendimiento

muy desarrollado: la reflexion. Ya la estatua se cree algo, se cree

olor; ya se le atribuye pues la conciencia del _yo_, comparativamente á

la impresion que recibe; ya se le hace emitir una especie de juicio, en

que afirma la identidad del _yo_ con la sensacion. Esto es imposible, si

no hay mas que la sensacion enteramente sola. Entonces no hay ni puede

haber nada mas que aquella impresion puramente pasiva. Es un fenómeno

aislado, sobre el cual no hay reflexion de ninguna clase; la estatua no

tiene otra conciencia de sí misma que esta sensacion; pero esta

conciencia no es digna de tal nombre en el órden reflexivo. La hipótesis

de Condillac, aplicada en todo rigor, no ofrece mas que un fenómeno que

no puede conducir á nada; desde el momento en que sale de la sensacion

para desenvolverla, admite en el espíritu una actividad distinta y muy

diferente de la sensacion, y arruina todo su sistema.

La estatua limitada á la sensacion del olor, no se creerá olor; esta

creencia es un juicio, supone comparacion, y nada de esto se halla en el

fenómeno sensible, considerado en toda su pureza, como lo exige la

hipótesis de Condillac. Este filósofo comienza sus investigaciones

analíticas, introduciendo condiciones, que él mismo supone eliminadas:

quiere explicarlo todo, con la sensacion sola; y desde sus primeros

pasos, combina esta sensacion con operaciones de un órden diferente.

[7.] La capacidad de sentir aplicada á la impresion recibida, la llama

Condillac atencion. Si no hay mas que una sensacion, no habrá mas que

una atencion; pero si las sensaciones se suceden con variedad dejando

rastro en la memoria de la estatua, cuando se presente una nueva

sensacion, la atencion se dividirá entre la actual y la pasada. La

atencion dirigida simultáneamente á dos sensaciones, es la comparacion.

Con la comparacion se percibirán las semejanzas ó diferencias; esta

percepcion es el juicio. Todo esto se hace con sensaciones solas; luego

la atencion, la memoria, la comparacion, el juicio, no son mas que la

sensacion trasformada. En apariencia nada mas sencillo, mas claro, mas

verdadero; en realidad nada mas confuso, mas falso.

[8.] Por el pronto, la definicion de la atencion es inexacta. La

capacidad de sentir, por el mero hecho de estar en ejercicio, se halla

aplicada á la impresion: no se siente, cuando la facultad sensitiva no

está en ejercicio; y no está en ejercicio, si no está aplicada á la

impresion. En este concepto, la atencion no seria mas que el acto de

sentir: toda sensacion seria atencion; y toda atencion sensacion: nadie

ha dado jamás á estas palabras semejante significado.

[9.] La atencion es la aplicacion del ánimo á alguna cosa: y esta

aplicacion supone el ejercicio de una actividad, concentrada sobre un

objeto. Cuando el espíritu se halla enteramente pasivo, no atiende,

hablando con propiedad; y respecto de las sensaciones, hay atencion,

cuando por un acto reflejo conocemos que sentimos. Si no hay este

conocimiento, no hay verdadera atencion, y sí únicamente sensacion mas ó

menos viva, segun el grado con que está afectada nuestra sensibilidad.

Si á las sensaciones muy vivas, se las quiere llamar atencion, el uso de

la palabra será impropio; cabalmente, los que sienten con mas viveza,

suelen distinguirse por su falta de atencion. La sensacion es la

afeccion de una facultad pasiva; la atencion es el ejercicio de una

actividad; y así es que los brutos no participan de ella, sino en cuanto

encierran un principio de actividad para dirigir á un objeto determinado

sus facultades sensitivas.

[10.] La percepcion de la diferencia de los olores de rosa y de clavel,

¿es una sensacion? Si se me dice que nó, infiero que el juicio no es la

sensacion trasformada; pues no es ni siquiera sensacion; si lo es,

entonces observo que si es la del clavel, ó la de la rosa, se sigue que

con una sola de estas sensaciones, tendré la percepcion comparativa, lo

que es absurdo. Si se me dice que es las dos juntas, contesto que esto,

ó no significa nada para la cuestion, ó expresa un absurdo. Porque, si

al decir que es las dos sensaciones juntas, se quiere dar á entender lo

que significan las palabras en su rigor, tendremos una sensacion que

será al mismo tiempo la de clavel y la de rosa, permaneciendo aquella

distinta de esta, por exigirlo así la comparacion. Pero si se quiere dar

á entender que las dos sensaciones existen juntas, nada adelantamos,

pues esto lo dábamos ya por supuesto; y la dificultad estaba en explicar

cómo la coexistencia producia la comparacion y el juicio, ó sea la

percepcion de la diferencia.

La sensacion de clavel no es mas que sensacion de clavel, y la de rosa,

de rosa. Desde el momento que se las compara, y se supone en el espíritu

un acto por el cual percibe la diferencia, se le atribuye algo mas que

la pura sensacion, se le añade una facultad distinta de la de sentir,

esto es, la de comparar las sensaciones y apreciar sus semejanzas y

diferencias.

[11.] Esa comparacion, esa fuerza intelectual que lleva los dos extremos

á un terreno comun, sin confundirlos; que ve el punto en que se tocan, y

el en que se separan, que falla por decirlo así entre ellos, es distinto

de la sensacion; es efecto de una actividad de otro órden: su desarrollo

dependerá de las sensaciones como de una condicion _sine qua non_, como

de causas excitantes; pero nada tiene que ver con las sensaciones

mismas, es esencialmente distinta de ellas, no puede confundirse con

ellas, sin destruir la idea de la comparacion, sin hacerla imposible.

No hay juicio posible, sin las ideas de identidad ó semejanza; y estas

ideas no son sensaciones. Las sensaciones son hechos particulares que no

salen de su esfera, que no se aplican de un caso á otro; las ideas de

identidad y semejanza envuelven algo de comun, que se aplica á muchos.

[12.] ¿Qué le sucederá pues á un ser limitado á la facultad de

experimentar varias sensaciones? Las tendrá sin compararlas. Cuando

sentirá de un modo, no sentirá de otro, la una sensacion no será la

otra, es cierto; pero el ser sensible no se dará cuenta de la variedad.

Las unas sensaciones vendrán en pos de las otras, sin ser comparadas

entre sí. Aun suponiendo la memoria de ellas, esa memoria no será mas

que una repeticion de las mismas, con menos intensidad. Si se admite que

el ser sensible las compara, y que percibe sus relaciones de identidad ó

distincion, de semejanza ó diferencia; se admiten ya una serie de actos

reflejos, que no son sensaciones.

[13.] Ni la memoria de las sensaciones propiamente dicha, puede

explicarse por ellas solas; y en esto se equivoca tambien Condillac. La

sensacion de olor de rosa que la estatua recibió ayer, puede recordarla

hoy; pero este recuerdo puede ser de dos maneras: 1.º reproduciéndose

interiormente la sensacion sin ninguna causa externa, y sin ninguna

relacion á tiempo pasado, ni por consiguiente á la existencia anterior

de una sensacion semejante; entonces el recuerdo no es para la estatua

un recuerdo propiamente dicho, solo es una sensacion mas ó menos viva;

2.º reproduciéndose con relacion á una existencia de la misma, ú otra

semejante en un tiempo anterior, en lo que consiste esencialmente el

recuerdo; y entonces ya hay algo mas que sensacion: hay las ideas de

sucesion, de tiempo, de anterioridad, de identidad ó semejanza, todas

muy distintas de la sensacion, y no solo distintas sino separables.

Dos sensaciones enteramente distintas pueden referirse á un mismo tiempo

en la memoria; el tiempo pues será idéntico y las sensaciones distintas.

La sensacion puede existir sin recuerdo del tiempo en que antes existia,

y hasta sin ningun recuerdo de que haya existido; luego la sensacion no

envuelve la relacion del tiempo; luego estas son cosas distintas, muy

diferentes; luego se engaña Condillac, cuando quiere explicar la memoria

de las sensaciones por sensaciones puras.

[14.] Las reflexiones anteriores arruinan enteramente el sistema de

Condillac. O admite algo mas que sensaciones ó nó; si lo primero, peca

contra su supuesto principal; si lo segundo, no le es posible explicar

ninguna idea abstracta, ni aun la memoria sensitiva; se verá pues

reducido á admitir con Locke la reflexion sobre las sensaciones, y por

la misma razon, otras facultades del alma.

[15.] Compréndese fácilmente lo que han sostenido algunos filósofos de

que todas nuestras ideas vienen de los sentidos, entendiéndose que las

sensaciones despiertan nuestra actividad interior, y ofrecen por

decirlo así, los materiales á la inteligencia; pero no se comprende cómo

se ha podido dar por cosa cierta, clara, sumamente sencilla, que en

nuestro espíritu no hay mas que esos materiales, las sensaciones. Basta

fijar un momento la atencion sobre nuestro interior para descubrir

muchos fenómenos distintos de la sensacion, y varias facultades que nada

tienen que ver con la sensitiva. Si Condillac se hubiese limitado á

sostener que esas facultades para desenvolverse, han menester el sentir

como una especie de excitacion, nada hubiera dicho que no fuera muy

conforme á la sana filosofía; pero pretender que todo lo excitado, que

todo lo desenvuelto, no es mas que el mismo principio excitante, y esto

empeñarse en confirmarlo con la observacion, es contrariar abiertamente

la observacion misma, es condenarse á no poder dar un paso en la

explicacion de la actividad intelectual, so pena de apartarse del

supuesto en que se estriba. Sin embargo, el autor del _Tratado de las

sensaciones_ parece estar muy satisfecho de su sistema: impresion

actual, hé aquí la sensacion; recuerdo de la sensacion, hé aquí la idea

intelectual: esto si no es sólido es alucinador; con la apariencia de

una observacion delicada, se detiene en la superficie de las cosas, y no

fatiga al discípulo. Todo sale de la sensacion: pero es porque Condillac

hace hablar á la estatua, del modo que á él le parece bien, sin atenerse

á la hipótesis de la sensacion sola.

[16.] Este sistema, á mas de su flaqueza filosófica, es funesto á las

ideas morales. ¿Qué es la moral, si no hay mas ideas que las

sensaciones? ¿Qué son los deberes, si todo se reduce á necesidades

sensibles, á placer ó dolor? ¿Qué es de Dios, qué es de todas las

relaciones del hombre para con Dios?

CAPÍTULO III.

DIFERENCIA ENTRE LAS IDEAS GEOMÉTRICAS Y LAS REPRESENTACIONES SENSIBLES

QUE LAS ACOMPAÑAN.

[17.] Nuestras ideas intelectuales andan siempre acompañadas de

representaciones sensibles. Esto hace que al reflexionar sobre aquellas,

las confundimos con estas. Digo al reflexionar sobre ellas, mas nó al

servirnos de ellas. Todos nos servimos muy bien de cada idea segun las

circunstancias: el error está en el acto reflejo, nó en el directo.

Conviene no perder de vista esta última observacion.

[18.] Es poco menos que imposible que el geómetra piense en el

triángulo, sin que divague por su imaginacion la semejanza del

triángulo, tal como le ha visto mil veces en las láminas: y por este

motivo, estará el geómetra inclinado á creer que la idea del triángulo

no es mas que aquella representacion sensible. Si así fuese, se

verificaria en la idea del triángulo lo que afirma Condillac, de que la

idea no es mas que el recuerdo de la sensacion. En efecto, aquella

representacion es la sensacion repetida; no hay entre las dos afecciones

del alma mas diferencia, sino que la sensacion actual es causada por la

presencia actual del objeto, y por tanto es mas fija y mas viva. En

prueba de que la diferencia no es esencial, sino que solo está en el mas

ó en el menos, se puede notar, que si la representacion imaginaria llega

á un grado muy alto de viveza, no la distinguimos de la sensacion, como

les sucede á los visionarios, y como todos lo experimentamos durante el

sueño.

[19.] No será difícil demostrar cuán diferentes son la idea del

triángulo y su representacion imaginaria, si se atiende á los hechos

siguientes.

1.º La idea del triángulo es una: conviene á todos los triángulos de

todos tamaños, y de todas especies. La representacion es múltipla, y

varía en tamaño y en forma.

2.º Mientras raciocinamos sobre las propiedades del triángulo,

estribamos sobre una idea fija, necesaria; la representacion cambia

incesantemente, sin alterarse la unidad de la idea.

3.º La idea del triángulo de cada especie en particular, es clara,

evidente, en ella vemos del modo mas luminoso sus propiedades; por el

contrario la representacion sensible, es vaga, confusa; así apenas

distinguimos el triángulo rectángulo del acutángulo ú obtusángulo de

poca inclinacion. La idea corrige estos errores, ó mas bien prescinde de

ellos; si se sirve de la figura imaginaria es como de un auxiliar: del

mismo modo que al trazar las figuras en el papel, damos la demostracion,

prescindiendo de que sean ó nó bien exactas, y hasta sabiendo que no lo

son, y que es imposible que lo sean del todo.

4.º La idea del triángulo es la misma para el ciego de nacimiento que

para el hombre con vista: como lo prueba el que los dos la desenvuelven

del mismo modo, en sus raciocinios y usos geométricos. La representacion

es diferente; pues para nosotros, es una imágen de lo visto, lo que es

imposible en el ciego. Este, al pensar en el triángulo, no tiene en su

imaginacion la misma representacion sensible que nosotros, ni la puede

tener; pues carece de todo lo que se refiere á la sensacion de la vista.

Si el ciego tiene alguna representacion concomitante de la idea, ha de

venirle del solo tacto; y para los triángulos de alguna extension cuyas

tres líneas no pueden ser tocadas juntas, la representacion ha de ser

una serie sucesiva de sensaciones del tacto, como el recuerdo de un

pasaje de música es esencialmente una representacion sucesiva. En

nosotros la representacion del triángulo es casi siempre simultánea;

excepto el caso de triángulos muy grandes, mucho mayores que los que

acostumbramos á ver; pues en este caso, particularmente cuando no hay

costumbre de considerarlos, parece que necesitamos ir extendiendo

sucesivamente las líneas.

[20.] Lo que se ha dicho del triángulo, la mas sencilla de las figuras,

puede aplicarse con mayor razon á todas las demás. Muchas de ellas no

pueden ser representadas distintamente en la imaginacion, como se ve en

las que constan de muchos lados; y aun el círculo, que en la facilidad

de ser representado se acerca al triángulo, no podemos imaginarlo con

tal perfeccion que le distingamos de una elipse cuyos dos ejes se

diferencien poco entre sí.

CAPÍTULO IV.

LA IDEA Y EL ACTO INTELECTUAL.

[21.] Demostrado que las ideas geométricas no son las representaciones

sensibles, resulta tambien demostrado de toda clase de ideas. Si en

algunas podia haber dificultad, era sin duda en las relativas á la

geometría, pues estas tienen objetos que se prestan á ser representados

sensiblemente; cuando los objetos no son figurados, no pueden ser

percibidos por ningun sentido; hablar entonces de representacion

sensible, es incurrir en una contradiccion.

[22.] Estas consideraciones tiran una línea divisoria entre el entender

y el imaginar; línea que tiraron todos los escolásticos, línea que

conservaron, y por decirlo así, marcaron mas Descartes y Malebranche,

línea que comenzó á borrar Locke, y que hizo desaparecer Condillac.

Todos los escolásticos reconocieron esta línea; pero así ellos como

muchos otros emplearon un lenguaje que mal entendido, era muy á

propósito para contribuir á borrarla. A toda idea la llamaron imágen del

objeto; explicaron el acto de entender, cual si en el entendimiento

hubiese una especie de forma que expresase el objeto, como el retrato

delante de los ojos ofrece á estos la imágen de la cosa retratada. Este

lenguaje dimana de la continua comparacion que naturalmente se hace

entre el entender y el ver. Cuando los objetos no están presentes, nos

valemos de retratos; y como los objetos en sí mismos no pueden estar

presentes á nuestro entendimiento, se concibió una forma interior que

hiciese las veces de un retrato. Por otra parte, las únicas cosas que se

prestan á representacion propiamente dicha, son las sensibles; el único

caso en que hallamos dentro de nosotros esa forma en que se retratan los

objetos es el de la representacion imaginaria; y así era peligroso que á

esta se le llamase idea, y á toda idea representacion imaginaria, en lo

que consiste el sistema de Condillac.

[23.] Santo Tomás llama á las representaciones de la imaginacion,

_phantasmata_, y dice que mientras el alma está unida al cuerpo no

puede entender sino _per conversionem ad phantasmata_, esto es, sin que

preceda y acompañe al acto intelectual la representacion de la fantasía,

que sirve como de material para la formacion de la idea, y de auxiliar

para aclararla y avivarla. La experiencia nos enseña de continuo que

siempre que entendemos, se agitan en nuestra imaginacion formas

sensibles relativas al objeto que nos ocupa. Ya son las imágenes de la

figura y color del objeto, si este los tiene; ya son las imágenes de

aquellos con que se le puede comparar; ya son las palabras con que se

expresa en la lengua que habitualmente hablamos. Así, hasta pensando en

Dios, en el acto mismo en que afirmamos que es espíritu purísimo, se nos

ofrece en la imaginacion bajo una forma sensible. Si hablamos de la

eternidad, vemos al _anciano de días_, tal como lo hemos visto

representado en los templos; si de la inteligencia infinita, nos

imaginamos quizás un piélago de luz: si de la infinita misericordia, nos

retratamos un semblante compasivo; si de la justicia, un rostro airado.

Al esforzarnos por concebir algo de la creacion, se nos representa un

manantial de donde brotan la luz y la vida, así como la inmensidad, la

sensibilizamos tambien en una extension sin límites.

La imaginacion acompaña siempre á la idea, mas no es la idea; y la

prueba evidente é irrefragable de la distincion y diferencia de estas

cosas, se halla en que si en el acto mismo de tener la imaginacion de

un piélago de luz, de un anciano, de un rostro airado ó compasivo, de

manantial, de extension etc. etc., se nos pregunta si Dios es algo de

aquello, si tiene algo de parecido á nada de aquello, responderemos al

instante que nó, que esto es imposible; lo que demuestra la existencia

de una idea que nada tiene que ver con aquellas representaciones, y que

esencialmente excluye lo que ellas incluyen.

[24.] Lo dicho de la idea de Dios es aplicable á muchas otras. Apenas

entendemos nada, sin que entre como un elemento indispensable la idea de

relacion; ¿y cómo se representa la relacion? En la imaginacion de mil

maneras, como punto de contacto de dos objetos, como hilos que los unen;

pero ¿la relacion es algo de esto? nó. Al preguntársenos en qué

consiste, ¿tenemos ni el menor asomo de duda de que pueda ser algo de

esto? nó.

[25.] El llamar á toda idea imágen, es un error, si se quiere concebir

la idea como algo distinto del acto intelectual, y que se ponga delante

del entendimiento, cuando este ha de ejercer sus funciones. Imágen es lo

que representa, _como semejanza_; y yo pregunto, ¿cómo se sabe que

exista esta representacion ó semejanza? ¿cómo se sabe que para entender,

necesitamos una forma interior, que sea como un retrato del objeto? ¿Qué

es retrato, cuando se sale del órden sensible? En el órden intelectual,

hay semejanzas, pero nó en el sentido en que las tomamos en el órden

material. Yo entiendo, otro hombre entiende tambien; en esto tenemos una

semejanza, pues que se halla en el uno lo mismo que en el otro, nó

idéntico en número, sino en especie. Pero esta semejanza es de un órden

muy diferente de las sensibles.

[26.] Al entender, conocemos lo que hay en el objeto entendido; pero no

sabemos si esto se hace por el simple acto del entendimiento, sin

necesidad de un medio representativo por la semejanza. Entendemos la

cosa, nó la idea, y tanta dificultad encuentro en que el entendimiento

perciba sin la idea, como en que la supuesta representacion se refiera

al objeto. ¿Cómo es que mi idea se refiere á un objeto? si por sí misma,

luego ella por sí sola, siendo puramente interior, se refiere á lo

exterior, me pone en relacion con lo exterior sin necesidad de ningun

intermedio. Lo que hace ella, tambien lo podrá hacer el acto intelectual

por sí solo. Si la relacion de la idea con el objeto, me viene por otra

idea, tengo sobre la intermedia la misma dificultad que sobre la

primera. De todos modos siempre llegamos á un caso en que se hace la

transicion del entendimiento al objeto sin intermedio.

Si tengo á la vista un objeto imágen de otro desconocido, veré el objeto

en sí mismo, pero sin conocer que tiene relacion de imágen, hasta que me

lo digan; conoceré su realidad, mas nó su representacion. Lo propio

sucederá en las ideas-imágenes: luego nada explican para hacer el

tránsito del acto interior al objeto, pues no encontramos que ellos

puedan hacer para sí, lo que se quiere que hagan para el entendimiento.

[27.] En el acto intelectual hay algo misterioso que el hombre procura

explicar de mil modos, sensibilizando lo que experimenta allá en su

interior. De aquí tantas locuciones metafóricas; útiles, si solo se

emplean para llamar y fijar la atencion, y darse á sí propio cuenta del

fenómeno; nocivas á la ciencia, si sacándolas de estos límites, se

olvida que son metáforas, y que jamás pueden confundirse con la

realidad.

Por la inteligencia vemos lo que hay en las cosas; experimentamos el

acto perceptivo, pero al reflexionar sobre él andamos á tientas, como si

en el manantial mismo de la luz hubiese una densa nube que nos impidiese

verle con claridad. Así el firmamento está á veces inundado con la luz

del sol, mientras el astro cercado de nubes se oculta á nuestros ojos,

sin que podamos ni aun determinar su posicion en el horizonte.

[28.] Una de las causas de la oscuridad en esta materia es el mismo

esfuerzo que se hace por aclararla. El acto de entender es sumamente

luminoso en su parte objetiva, pues por él vemos lo que hay en los

objetos; pero en su naturaleza subjetiva, ó en sí mismo, es un hecho

interno simple, que no puede explicarse con palabras. Esto no es una

particularidad del acto intelectivo, conviene á todos los fenómenos

internos. ¿Qué es ver, gustar, oir; qué es una sensacion, un

sentimiento cualquiera? Es un fenómeno interno, del cual tenemos

conciencia, que no podemos descomponer en partes explicando la

combinacion de estas por medio de un discurso. Indicamos el fenómeno con

una palabra, pero esta palabra nada significa para quien no le

experimenta tambien, ó no le ha experimentado alguna vez. Todas las

explicaciones del mundo no harian entender al ciego de nacimiento lo que

es un color, ni al sordo lo que es un sonido.

El acto intelectivo pertenece á esta clase: es un hecho simple que

podemos _designar_, mas nó explicar. La explicacion supone varias

nociones cuya combinacion se expresa en el discurso; en el acto

intelectivo no las hay: cuando se ha dicho pensar ó entender, se ha

dicho todo. Esta simplicidad no se destruye por la multiplicidad

objetiva; tan simple es el acto con que se percibe un solo objeto, como

otro con que se comparan dos ó mas. Si no es posible hacerlo todo en un

acto, resultan muchos; pero al fin hay uno que se enlaza con ellos, ó

los resume, mas nó un acto compuesto.

CAPÍTULO V.

COTEJO DE LAS IDEAS GEOMÉTRICAS CON LAS NO GEOMÉTRICAS.

[29.] La idea es cosa muy diferente de la representacion sensible, pero

tiene con ella relaciones necesarias que conviene examinar. Cuando digo

_necesarias_, hablo únicamente del modo de entender de nuestro espíritu,

y en su estado actual, prescindiendo de la inteligencia de otros

espíritus y aun de la del humano, para cuando se halle sujeto á

condiciones diferentes de las que le han sido impuestas en su presente

union con el cuerpo. Tan pronto como salimos de la esfera en que se

ejerce nuestra experiencia, es preciso que seamos sobrios en el

establecimiento de proposiciones generales, guardándonos de aplicar á

todas las inteligencias, calidades que tal vez solo convienen á la

nuestra; y que quizás respecto de ella misma se variarán del todo,

cuando pasemos á otra vida. Previas estas observaciones, muy importantes

para deslindar cosas que hay peligro de confundir, examinemos las

relaciones de nuestras ideas con las representaciones sensibles.

[30.] Fijando la consideracion sobre la diferencia de los objetos á que

se refieren nuestras ideas, ocurre desde luego una clasificacion de

estas en geométricas y no geométricas. Las primeras, abarcan todo el

mundo sensible en cuanto es percibido en la representacion del espacio;

las segundas, se extienden á toda especie de seres, prescindiendo de que

sean ó nó sensibles; aquellas suponen un elemento primitivo que es la

representacion de la extension; y en las divisiones y subdivisiones en

que se distribuyen, no ofrecen mas que la idea de la extension limitada

y combinada de diferentes maneras; estas, nada ofrecen relativo á la

representacion del espacio, y aun cuando se refieran á él, solo le

consideran en cuanto numerado, por las varias partes en que se puede

dividir. De aquí resulta una línea que en las matemáticas separa la

geometría de la aritmética universal; pues aquella tiene por base la

idea de extension, cuando esta solo considera el número, ya sea

determinadamente como en la aritmética propiamente dicha, ya

indeterminadamente, como en el álgebra.

[31.] Aquí es de notar la superioridad que las ideas no geométricas

tienen sobre las geométricas. En los dos ramos de las matemáticas,

aritmética universal y geometría, se echa de ver esta superioridad de

una manera evidente. La geometría necesita á cada paso el auxilio de la

aritmética, y esta jamás necesita el auxilio de la geometría. Se podrian

tratar todos los ramos de la aritmética y álgebra, desde sus nociones

mas elementales hasta sus complicaciones mas sublimes, sin mezclar para

nada la idea de la extension, y por consiguiente sin hacer uso de

ninguna idea geométrica. Hasta el cálculo infinitesimal, nacido en

cierto modo de consideraciones geométricas, se ha emancipado de estas, y

se ha constituido en un cuerpo de ciencia del todo independiente de la

idea de extension. Por el contrario, la geometría ha menester desde sus

primeros pasos, del auxilio de la aritmética. La comparacion de los

ángulos, punto fundamental en la ciencia geométrica, no se hace sin

medirlos; y la medida se refiere á un arco de la circunferencia dividido

en cierto número de grados que se pueden contar: hénos aquí en la idea

del número, en la operacion de contar, esto es, en el terreno de la

aritmética.

La misma prueba de superposicion, no obstante su carácter eminentemente

geométrico, necesita la numeracion, en cuanto se haga una superposicion

repetida. Si se comparan dos arcos enteramente iguales, demostrando esta

igualdad por medio de la superposicion, no necesitamos la idea del

número; pero si comparamos dos arcos desiguales con la mira de apreciar

la relacion de su cantidad y empleamos el método de superponer el menor

al mayor, repetidas veces, ya _contamos_, ya empleamos la idea de

_número_ y nos hallamos otra vez en el terreno de la aritmética. Al

comparar entre sí los radios de un círculo, sacamos su igualdad por el

método de superposicion, prescindiendo de la idea de número; pero si nos

proponemos conocer la relacion del diámetro á los radios, nos valemos

de la idea de _dos_ diciendo que el diámetro es duplo del radio, y

entramos otra vez en los dominios de la aritmética. A medida que se

adelanta en la combinacion de las ideas geométricas, se van empleando

mas y mas las aritméticas. Así en el triángulo entra por necesidad la

idea del número _tres_; y en una de sus propiedades esenciales entran la

de _suma_, la de _tres_ y la de _dos_: la _suma_ de los _tres_ ángulos

de un triángulo es igual á _dos_ rectos.

[32.] No se crea que la idea del número pueda ser reemplazada por la

intuicion sensible de la figura cuyas propiedades y relaciones se trata

de averiguar. Esta intuicion en muchos casos es imposible, como se ve

cuando se habla de figuras de muchos lados. Fácilmente nos representamos

en la imaginacion un triángulo y hasta un cuadrilátero; la

representacion se nos hace ya algo difícil al tratarse de un pentágono;

mas todavía, de un hexágono ó un heptágono; y en llegando la figura á

cierto número de lados se va escapando á la intuicion sensible, hasta

que se hace ya imposible de todo punto, apreciarla por la mera

intuicion. ¿Quién es capaz de representarse en la imaginacion un

polígono de mil lados?

[33.] Esta superioridad de las ideas no geométricas con respecto á las

geométricas, es sumamente notable, porque indica que la esfera de la

actividad intelectual se dilata á medida que se eleva sobre la intuicion

sensible. La extension, que como hemos visto ya (Lib. III.) sirve de

base no solo á la geometría sino tambien á las ciencias naturales, en

cuanto representa sensiblemente la intensidad de ciertos fenómenos, es

del todo inútil para hacernos penetrar en la íntima naturaleza de estos

y conducirnos de lo que _aparece_ á lo que _es_. Esta idea y las demás

que á ella se subordinan, es por decirlo así una idea inerte de la cual

no brota ningun principio vital que fecunde nuestro entendimiento y

mucho menos la realidad: fondo insondable en que puede ejercerse nuestra

actividad intelectual con la seguridad de no encontrar en él otra cosa

que lo que pongamos nosotros mismos; objeto muerto que se presta á todas

las combinaciones imaginables sin que por sí mismo sea capaz de producir

nada ni contener sino lo que se le ha dado. Los físicos al considerar la

inercia como propiedad de la materia, han atendido, tal vez mas de lo

que ellos se figuran, á la idea de extension que nos presenta lo inerte

por excelencia.

[34.] Las ideas de número, de causa, de substancia, son fecundas en

resultados y se aplican á todos los ramos de las ciencias. Apenas se

puede hablar sin que se las exprese; diríase que son elementos

constitutivos de la inteligencia, pues que sin ellas se desvanece como

fugaz ilusion. Conducidlas por todo el ámbito que ofrece objetos á la

actividad intelectual, y á todo se extienden, á todo se aplican, para

todo son necesarias, si se quiere que la inteligencia pueda percibir y

combinar. Es indiferente que los objetos sean sensibles ó insensibles,

que se trate de nuestra inteligencia ó de otras sometidas á leyes

diferentes; donde quiera que concebimos el acto de entender, concebimos

tambien aquellas ideas primitivas como elementos indispensables para que

el acto intelectual pueda realizarse. La existencia misma, y hasta la

posibilidad del mundo sensible, son indiferentes á la existencia y

combinacion de dichos elementos: ellos existirian en un mundo de

inteligencias puras, aun cuando el universo sensible no fuera mas que

ilusion ó una absurda quimera.

Por el contrario, tomad las ideas geométricas y hacedlas salir de la

esfera sensible: todo cuanto sobre ellas fundareis serán palabras que no

significan nada. Las ideas de substancia, de causa, de relacion y otras

semejantes, no brotan de las ideas geométricas: cuando nos fijamos en

estas solas, tenemos delante un campo inmenso donde la vista se dilata

por espacios sin fin; pero donde reinan el frio y el silencio de la

muerte. Los seres, la vida, el movimiento que en este campo os

propongais introducir, es necesario traerlos de otra parte; es necesario

emplear otras ideas, combinarlas, para que de su combinacion surjan la

vida, la actividad, el movimiento, para que en las ideas geométricas se

vea algo mas que ese fondo inmóvil, inerte, vacío, cual concebimos las

regiones del espacio mas allá de los confines del mundo.

[35.] Las ideas geométricas propiamente dichas, en cuanto se distinguen

de las representaciones sensibles, no son simples, pues encierran por

necesidad las de relacion y número. No se da un paso en geometría sin

comparar; y esta comparacion se hace casi siempre interviniendo la idea

de número. De donde resulta que las ideas geométricas, en apariencia tan

diferentes de las puramente aritméticas, son idénticas con ellas, en

cuanto á su forma, ó bien en cuanto á su carácter ideal puro; y solo se

distinguen de las mismas en que se refieren á una materia determinada,

cual es la extension, tal como se ofrece en la representacion sensible.

Luego la inferioridad de las ideas geométricas que he consignado

anteriormente (31), solo se refiere á su materia, ó sea á las

representaciones sensibles, que presupone como un elemento

indispensable.

[36.] Inferiré de esta doctrina otra consecuencia notable, y es la

unidad del entendimiento puro, y su distincion de las facultades

sensitivas. En efecto: por lo mismo que aun con respecto á los objetos

sensibles, empleamos ideas que nos sirven tambien para otros no

sensibles, con solas las diferencias que consigo trae la diversidad de

la materia percibida, se deduce que mas arriba de las facultades

sensitivas hay otra superior, con una actividad propia, con elementos

distintos de las representaciones sensibles, centro donde se reunen

todas las percepciones intelectuales, y donde reside esa fuerza

intrínseca, que si bien es excitada por las impresiones sensibles, se

desenvuelve tambien por sí propia, apoderándose de aquellas impresiones

y convirtiéndolas por decirlo así en propia sustancia, por medio de una

asimilacion misteriosa.

[37.] Y aquí repetiré lo que ya hice notar en otra parte, sobre el

profundo sentido ideológico que encerraba la doctrina del _entendimiento

agente_ de los aristotélicos, que ha sido ridiculizada, por no haber

sido comprendida. Pero dejemos este punto y pasemos á analizar con mucho

detenimiento las ideas geométricas, para ver si nos será posible divisar

algun rayo de luz en esa profundidad tenebrosa que envuelve la

naturaleza y orígen de nuestras ideas.

CAPÍTULO VI.

EN QUÉ CONSISTE LA IDEA GEOMÉTRICA; Y CUÁLES SON SUS RELACIONES CON LA

INTUICION SENSIBLE.

[38.] En los capítulos anteriores he distinguido entre las ideas puras y

las representaciones sensibles; y creo haber demostrado la diferencia

que va de aquellas á estas, aun limitándonos al órden geométrico. Mas

con esto no queda explicada la idea en sí misma; se ha dicho lo que no

es, pero nó lo que es; y aunque llevo indicada la imposibilidad de

explicar las ideas simples y la necesidad de contentarnos con

designarlas, no quiero limitarme á esta observacion, en la cual mas bien

parece que la dificultad se elude que no que se suelta. Solo despues de

las debidas investigaciones con que se pueda comprender mejor lo que se

intenta _designar_, será lícito limitarnos á la designacion; porque

entonces se echará de ver que la dificultad no ha sido eludida.

Comencemos por las ideas geométricas.

[39.] ¿Es posible una idea geométrica, sin representacion sensible,

concomitante, ó precedente? Para nosotros creo que nó. ¿Qué significa la

idea de triángulo si no se refiere á líneas que forman ángulos y que

cierran un espacio? ¿Y qué significan, líneas, ángulos, espacio, en

saliendo de la intuicion sensible? Línea es una serie de puntos, pero

esta serie no representa nada determinado, susceptible de combinaciones

geométricas, si no se refiere á esa intuicion sensible en que se nos

aparece el punto como un elemento generador de cuyo movimiento resulta

esa continuidad que llamamos línea. ¿Qué serán los ángulos, sin esas

líneas representadas ó representables? ¿Qué será el área del triángulo,

si se prescinde de un espacio, de una superficie representada ó

representable? Se puede desafiar á todos los ideólogos á que dén un

sentido á las palabras empleadas en la geometría, si se prescinde

absolutamente de toda representacion sensible.

[40.] Las ideas geométricas, tales como nosotros las poseemos, tienen

una relacion necesaria á la intuicion sensible: no son esta, pero la

presuponen siempre. Para comprender mejor esta relacion propongámonos

definir el triángulo diciendo que es la figura cerrada por tres líneas

rectas. En esta definicion entran las ideas siguientes: espacio,

cerrado, tres, líneas. Las cuatro son indispensables; en quitando

cualquiera de ellas, desaparece el triángulo. Sin espacio no hay

triángulo posible, ni figura de ninguna clase. Con un espacio y tres

líneas que no cierren la figura, tampoco se forma un triángulo; luego no

se puede omitir la palabra cerrado. Si se cierra una figura con mas de

tres líneas, el resultado no es un triángulo; y si se toman menos de

tres, no se puede cerrar la figura. Luego la idea de tres, es necesaria

en la idea del triángulo. Excusado es añadir que la idea de línea es no

menos necesaria que las otras; pues que sin ella no se concibe el

triángulo.

Aquí es de notar, que se combinan varias ideas distintas, pero todas

referidas á una intuicion sensible, bien que de una manera

indeterminada. Se prescinde de que las líneas sean largas ó cortas, de

que formen ángulos mas ó menos grandes; de lo cual no se puede

prescindir en ninguna intuicion determinada: porque esta cuando existe,

tiene calidades propias; de lo contrario no seria una representacion

determinada, y por tanto no fuera sensible, como se la supone; pero,

aunque la referencia sea á una intuicion indeterminada, supone siempre

alguna, existente ó posible; pues en otro caso le faltaria al

entendimiento la materia de combinacion; y las cuatro ideas que hemos

encontrado en la del triángulo, serian formas vacías que no

significarian nada, y cuya combinacion fuera extravagante, ó mas bien

absurda.

[41.] Parece pues que la idea del triángulo no es mas que la percepcion

intelectual de la relacion que entre sí tienen las líneas, presentadas á

la intuicion sensible, pero considerada esta en toda su generalidad, sin

ninguna circunstancia determinante que la limite á casos ni especies

particulares. Con esta explicacion no se pone una cosa intermedia entre

la representacion sensible y el acto intelectual: este, ejerciendo su

actividad sobre los materiales ofrecidos por la intuicion sensible,

percibe las relaciones de los mismos; y en esta percepcion pura,

simplicísima, consiste la idea.

[42.] Se entenderá mejor lo que acabo de explicar, si en vez de tomar

por ejemplo el triángulo, consideramos una figura de muchos lados,

incapaz de ser presentada claramente á la intuicion sensible, como un

polígono de un millon de lados. La idea de esta figura es tan simple

como la del triángulo: con un acto intelectual la percibimos, y

podríamos expresarla con una sola palabra; calculamos sus propiedades,

sus relaciones, con la misma exactitud y certeza que las del triángulo,

sin embargo de que nos es absolutamente imposible representarla

distintamente en nuestra imaginacion. Reflexionando sobre lo que en este

supuesto se ofrece al acto intelectual, notamos los mismos elementos que

en la idea de triángulo, con la diferencia de que el número _tres_, se

ha convertido en un _millon_. Este número de líneas no podemos

representárnoslas sensiblemente; pero el entendimiento para percibir su

objeto, tiene bastante con la idea de línea en general, combinada con la

del número, un millon. Encontramos pues los mismos elementos que en la

idea del triángulo; pero estos elementos son los materiales sobre que se

ejerce el acto perceptivo, considerándolos en general, sin mas

determinacion que la que consigo trae el número fijo.

[43.] La idea de un polígono en general, prescindiendo del número de sus

lados, no ofrece al espíritu nada determinado en la representacion

sensible: lo único que de esta se toma, es la idea de línea recta

considerada en abstracto y la de un espacio cerrado, mirándolo todo en

su mayor generalidad. Con el acto intelectual se percibe la relacion que

entre sí tienen esos objetos de la intuicion sensible, aun en medio de

su indeterminacion. Este acto perceptivo es la idea. Todo lo demás que

se introduce es inútil; y sobre ser inútil, es afirmado sin fundamento.

[44.] Se preguntará tal vez, cómo es posible que el entendimiento

perciba lo que hay fuera de él, en cuyo caso se halla la intuicion

sensible, la cual es funcion de una facultad distinta del

entendimiento. Para desvanecer esta dificultad, prescindiré de las

cuestiones que se agitan en las escuelas sobre la distincion de las

potencias del alma; y me limitaré á observar, que ya sean estas

realmente distintas entre sí, ya no sean mas que una sola ejerciendo su

actividad sobre diferentes objetos y de diversas maneras, siempre es

necesario admitir una conciencia comun de todas las facultades. El alma

que siente, piensa, recuerda, quiere, es una misma, y tiene conciencia

de todos estos actos. Sea lo que fuere de la naturaleza de las

facultades con que los ejerce, ella es quien los ejerce, y quien sabe

que los ejerce. Hay pues en el alma una conciencia única, centro comun

donde está el sentido íntimo de toda actividad ejercida, de toda

afeccion recibida, sea cual fuere el órden á que pertenezcan. Ahora

bien: supongamos el caso menos favorable á mi teoría, cual es el que la

facultad á que corresponde la intuicion sensible, sea realmente distinta

de la facultad que ejerce el acto perceptivo de las relaciones de los

objetos ofrecidos por la intuicion sensible; ¿se seguirá de ahí, que el

entendimiento necesite algo intermedio para ejercer su actividad sobre

los objetos presentados por dicha intuicion? nó por cierto. El acto del

entendimiento puro y el de la intuicion sensible, aunque diferentes, se

encuentran en un campo comun: la conciencia: allí se ponen en contacto,

ofreciendo el uno los materiales, y ejerciendo el otro su actividad

perceptiva.

CAPÍTULO VII.

EL ENTENDIMIENTO AGENTE DE LOS ARISTOTÉLICOS.

Filosofía Fundamental, Tomo III · 第 1 / 19 段