XXII

Era la madrugada cuando las columnas de vanguardia comenzaron a salir

de Bailén. Mi regimiento debía salir de los últimos, y mientras se

pusieron en movimiento la artillería y los cuerpos de a pie, estuvimos

más de media hora formados a la salida del pueblo, a mano derecha del

camino, esperando la orden de la marcha. Íbamos a Andújar, resueltos a

tomar la ofensiva contra el ejército francés, que al mismo tiempo

debía ser atacado por Castaños, del lado de Marmolejo. ¿Y la división

de Vedel, cuyos movimientos eran la clave de aquel problema

estratégico? La división de Vedel estaba en Andújar el día 16, cuando

ocurrió la acción de Menjíbar, que antes he descrito. Al saber Dupont

la derrota de Ligier-Belair y la muerte de Gobert, dispuso que Vedel

marchase sobre Bailén, con intención de seguirle él al día siguiente.

Mientras éste iba sobre Andújar, Ligier-Belair, al vernos retirar y

pasar el río, creyó que las tropas de Reding, unidas con las de

Coupigny, intentaban extenderse cautelosamente por la orilla

izquierda, río arriba, tomando el camino de Linares a Guarromán, para

ocupar luego La Carolina y cortar el paso de la sierra. Persuadido de

esto, y sin hacer averiguaciones, emprendió la marcha hacia el Norte,

creyendo anticiparse a lo que creía un rasgo de ingenio estratégico

del general Reding. Llega Vedel a Bailén creyendo encontrarnos, y los

franceses que quedaron allí le dicen: «Quía, los _insurgentes_ han

repasado el río y van por Linares a ocupar el paso de la sierra; pero

el general Ligier-Belair, que ha comprendido el juego, ha marchado en

seguida a ocupar La Carolina, de modo que cuando lleguen los

españoles, creyendo haber hecho un movimiento de primer orden, se lo

encontrarán allí.» Vedel oye esto y dice: «Han ido a cortar el paso de

la sierra para impedirnos la retirada y matarnos aquí de hambre y sed.

Pues corramos a La Carolina. Vamos; en marcha.» Manda un emisario a

Dupont, diciéndole: «Sr. General en Jefe, los _insurgentes_ han ido a

cortar el paso de la sierra. Corro a La Carolina; venga usted tras mí,

y acabaremos con ellos.»

Esto pasaba en los días 17 y 18. En tanto, los _insurgentes_,

replegados a la orilla izquierda, como he dicho, fingíamos un

movimiento hacia Linares; pero en cuanto cerró la noche, los

_insurgentes_ caminamos a marchas forzadas hacia Bailén. Por eso en

este pueblo nos decían: «Por aquí pasó Vedel esta mañana en dirección

a La Carolina, para impedirles a ustedes que cortasen el paso de la

sierra. ¿No ibais hacia Linares?»

No; nosotros íbamos a Andújar, con objeto de atacar a Dupont. Por

causa de los torpísimos movimientos de los generales franceses, una

gran parte de la fuerza imperial corría hacia la sierra, buscando un

fantasma. Los _insurgentes_, a quien ellos suponían en marcha hacia La

Carolina, estaban en Bailén, en marcha para Andújar. He aquí la

verdadera y exacta situación de las divisiones españolas y francesas

en la noche del 18 al 19 de julio.

Íbamos a luchar con Dupont, sólo con Dupont. Pero ¿y si Vedel,

conociendo a tiempo su error, retrocedía velozmente para caer de

improviso sobre nuestra espalda durante el combate? Esta funesta

probabilidad estaba compensada con el hecho seguro de que el ejército

francés de Andújar tendría que defenderse al mismo tiempo de nosotros

y de la reserva, que le amenazaba del lado de Poniente. De todos

modos, nuestra posición era arriesgada; por lo cual, deseando Reding

cerciorarse de la verdadera distancia a que se hallaba Vedel, había

despachado camino arriba, desde Menjíbar, al teniente de ingenieros D.

José Jiménez, con encargo de averiguarlo.

Este valiente oficial, cuyo nombre no está en la Historia, se disfrazó

de arriero, y en una fatigosa jornada supo desempeñar muy bien su

comisión, volviendo por la noche a decir que Vedel había pasado ya más

allá de La Carolina.

Así andaban las cosas cuando nos preparábamos a salir de Bailén al

amanecer del 19. Pero no lo habíamos previsto todo: no habíamos

previsto que Dupont, muy receloso de aquella ilusoria ocupación de la

sierra por los insurgentes, había levantado su campo en la misma

noche, y silenciosamente, sofocando los ruidos de su tropa, abandonaba

la funesta y para ellos maldita ciudad de Andújar.

Cerca de la madrugada, nuestros jefes disponían las columnas para la

marcha. Si al comienzo de aquella misma noche, que ya se iba a

extinguir, una mirada humana hubiera podido escudriñar desde la altura

de los cielos lo que pasaba en aquella larga faja de sementeras y

olivares que se extiende a la vera de los montes, entre éstos y el

Guadalquivir, habría visto que del obscuro caserío de Andújar se

destacaba cautelosamente, escurriéndose por detrás de las casas, una

hilera de hombres y caballos; que esta hilera se iba alargando por la

carretera en interminable procesión, y serpenteaba con lento paso, sin

ruido y sin luces; habría visto cómo se iba extendiendo la negra raya,

destacándose a ratos sobre la tierra blanquecina, a ratos

confundiéndose con los obscuros olivos, sin dejar de seguir paso a

paso, como si no quisiera ser vista y anhelara apagar en el polvo el

ruido de las cureñas; habría visto que iban delante unos tres mil

hombres de infantería, después un escuadrón de caballos, después seis

cañones, después un número inmenso de carros, tantos, tantos carros,

que ocupaban dos leguas; detrás de los carros nuevos grupos de

infantería y muchos generales; después otros seis cañones, dos

regimientos de coraceros; luego cuatro cañones, y al fin otro grupo de

jefes, seguidos de quinientos hombres de a pie. Esta raya no se

detenía en parte alguna, y avanzaba despacio y con precaución,

custodiando sus dos leguas de convoy. Los hombres que la formaban,

mudos y cabizbajos, presagiando sin duda funestos acontecimientos,

dirían para sí: «Llegaremos a La Carolina, donde ya estará Vedel, y

batiendo a los _insurgentes_, nos abriremos paso por desfiladeros para

abandonar esta tierra maldita, a la cual el Emperador ha tenido la

mala ocurrencia de enviarnos... ¡Oh! ¡Cuándo os veremos, tierras de

la Turenne, del Poitou, de la Charente, de los Vosgos, del Artois, del

Limosin!...»

Bailén · 第 23 / 47 题