La antigüedad del castillo era grande, pues se dice que á ra

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Cosas nuevas y viejas

MANUEL

CHAVES

HISTORIA

TRADICIÓN

DIEGO LOPEZ

1903

OBRAS DE MANUEL CHAVES

_Constancia._--Novela.--Imp. de _El Cronista_.--1891.--_El

Posibilista._--1894.--Sevilla.

_Hablar por hablar._--Colección de artículos literarios, satíricos y de

costumbres, publicados de 1890 á 1894.--_El Posibilista._--Sevilla.

_Bocetos de una época_ (1820-1840).--Carta-prólogo de don Manuel Gómez

Imaz.--Librería de Fernando Fe.--1892.--Madrid.--Imp. de Francisco Leal,

etc. Sevilla.--Un tomo en 8.º.--270 páginas.

_Pro-Patria._--Homenaje á los heroicos hijos de Sevilla don José

González Cuadrado y don Bernardo Palacios Malaver.--Primera edición:

Tipografía de Díaz y Carballo, etc., etc.--1893.--Segunda edición:

Tipografía de Leal y C.ª 1894.--Sevilla.--Folleto en 4.º.--Una lámina.

_Páginas Sevillanas._--Sucesos históricos, personajes célebres,

monumentos notables, tradiciones populares, cuentos viejos, leyendas y

curiosidades.--Con una carta-prólogo de don José Gestoso y Pérez.--Imp.

de E. Rasco, etc. 1894.--Sevilla.--Un tomo en 8.º.--352 páginas.

_Pepe-Illo._--Ensayo biográfico, histórico y bibliográfico.--Resuche,

impresor, etc., 1894.--Folleto en 8.º.--Dos láminas.

_Una carta del rey neto_ y algunas menudencias para ilustrar un capítulo

de la historia.--Imp. de Ángel Resuche, etc., etc.

1894.--Sevilla.--Folleto en 8.º.--Con un retrato y un facsímil.

_La Semana Santa y las Cofradías de Sevilla de 1820 á 1823._--Carta al

duque de T'Serclaes.--Imp. de E. Rasco. 1895.--Sevilla.--Cuaderno en

folio.

_D. Bernardo Márquez de la Vega._--Memorias de la reacción

absolutista.--Imp. de _El Porvenir_, etc., etc. 1896.--Sevilla.--Folleto

en 8.º.

_Perder el tiempo._--(Versos).-Con una carta de don Francisco Rodríguez

Marín.--Imp. de _El Porvenir_, etc 1896.--Sevilla.--Folleto en 8.º.

_Historia y bibliografía de la prensa sevillana._--Prólogo de don

Joaquín Guichot y Parody, Cronista oficial de la ciudad.--Imp. de E.

Rasco, etc. 1896.--Sevilla.--Un tomo en folio: XLII-380 páginas.

_Discurso de recepción_ leído ante la Academia Sevillana de Buenas

Letras el día 11 de Abril de 1899.--Tipografía, Monsalves 17:

1899.--Sevilla.--Folleto en 4.º.--82 páginas.

_D. Mariano José de Larra (Fígaro)._--Su tiempo, su vida y sus

obras--Estudio biográfico-crítico y bio-bibliográfico.--Imp. de _La

Andalucía_. 1898-1899.--Sevilla.--Un tomo en 4.º--244 páginas.

_Micer Francisco Imperial._--Siglo XIV.--(Apuntes

bibliográficos.)--Tipografía, Monsalves 17.--1899.--Sevilla.--Folleto en

4.º.

_La Madre y la muerte._--Poesía escrita sobre el pensamiento de un

cuento de Hans Cristián Andersen.--Tipografía de «La Industria», etc.,

1899.--Sevilla.--Folleto en 8.º.

_El humorismo en la literatura española el siglo XIX._--Trabajo premiado

en los Juegos Florales que celebró el Ateneo de Sevilla en 25 de Abril

de 1900.--Un folleto.

_Los teatros de Sevilla en la segunda época constitucional_

(1820-1823).--Imprenta de F. Marta-García.--1900.--Un folleto en

8.º.--80 páginas.

_D. Diego Ortiz de Zúñiga._--Su vida y sus obras.--(Estudio biográfico y

crítico.) Premiado en los Juegos Florales que celebró el Ateneo de

Sevilla el 4 de Mayo de 1902.--Imp. de E. Rasco,

etc.--1903.--Sevilla.--Un folleto en 4.º.--VIII-100 páginas.

_Cosas Nuevas y Viejas._--Apuntes sevillanos.--Prólogo de don José

Nogales.--Sevilla: Tipografía, Sauceda 11.--Un volumen en 4.º. francés.

[Nota del transcriptor:

En esta edición se han mantenido las convenciones ortográficas del

original, incluyendo las variadas normas de acentuación presentes en el

texto.]

COSAS NUEVAS Y VIEJAS

MANUEL CHAVES

Cosas nuevas

y viejas

(APUNTES SEVILLANOS)

PRÓLOGO DE

DON JOSÉ NOGALES

SEVILLA

Tipografía, Sauceda 11

1904

SR. D. ENRIQUE CARREÑO

Mi excelente amigo: Á su bizarría, á su generosidad, se debe que estos

_Apuntes sevillanos_ salgan á la luz pública, reunidos y puestos en

orden conveniente. ¿Cómo no he de honrarme escribiendo su nombre de Vd.

en la dedicatoria de este mi nuevo libro?

Grande, sincero y mil veces demostrado es el amor que Vd. tiene por

Sevilla, y como de cosas de esta nuestra tierra--_viejas_ unas por su

antigüedad y _nuevas_ otras, por no ser muy conocidas,--tratan las

páginas que siguen, á esto atribuyo la predilección que me manifestó por

ellas, que muy expuesto estuviera á equivocarme si á vanidad de autor

pudiera achacar otra cosa.

Siguiendo relativo orden cronológico van esos breves artículos, que en

las columnas de _El Liberal_ gozaron un día cierto favor del público:

por eso nada he querido alterar de ellos, pues ampliándolos ó dándoles

otra forma, perderían ciertamente el carácter que tuvieron al ser

trazados y que he deseado conservar.

La variedad de los asuntos que forman este libro, me hace sospechar que

ha de mover algo el interés del lector curioso, á quien, como á Vd.,

ofrezco ya un detalle de las costumbres de nuestros antepasados, ya la

biografía de un sevillano ilustre, ya la descripción de algún monumento,

ó ya, en fin, la noticia de cualquier caso interesante, habiendo tenido

buen cuidado de basar todos mis escritos sobre auténticos documentos

originales ó sobre noticias del más autorizado origen, no ocultando

nunca, para mayor crédito, su procedencia.

¿Qué más he de decir á Vd. en estas líneas, que ya para dedicatoria

podrán parecerle largas?.... Pongo punto y reciba una vez más la muestra

del reconocimiento y la amistad de su affmo.

[Illustration: firma, Manuel Chaves]

_Enero, 1904._

Al que leyere...

Este es un libro que yo vi nacer: mejor dicho, que contribuí un poco á

que naciera. Por esto me juzgo ligado á él con ciertos vínculos

espirituales que me redimen de aquella virginidad de prólogos en que

hasta ahora he vivido. Ni los hice para los libros ajenos, ni los pedí

para los míos.

Y es que, para los ajenos, creí siempre que me faltaba autoridad; y para

los míos, que me faltaba aquella cualidad excelente que tendrían que

poner de manifiesto por anticipado juício de la obra.

Con el presente libro todo aquel propósito casi huraño ha venido á

tierra, y ya he dicho la razón. Ahora, lo que quiero decir al público es

cómo debemos alegrarnos de que lo efímero y volandero se haya fijado en

moldes estables y, como ahora se dice, definitivos.

He aquí cómo nació este libro: en Enero de 1901 comenzó la publicación

de _El Liberal_ en Sevilla, de que fuí Director durante algunos meses,

con verdadero regocijo de mi alma. Esta satisfacción tenía dos motivos

de índole sentimental: que era _El Liberal_ y se publicaba en Sevilla.

Al empezar, dije á Manuel Chaves:--¿Por qué no haces una sección tuya,

en que nos traigas algo de lo mucho que sabes y conoces, acomodándolo al

paladar del público numeroso y al molde especial del público moderno?

Estas invitaciones al trabajo no se le dirijen en balde á Manuel Chaves,

uno de los espíritus trabajadores é inquietos que afirman, frente á la

_Andalucía legendaria y pasiva_, la _Andalucía productora é

inteligente_.

Desde el segundo ó el tercer número de _El Liberal_ apareció la sección

titulada «_Cosas nuevas y viejas_». Lo que comenzó en Enero acabó en

Diciembre. Un año, día por día, servimos á los lectores la paciente

labor de Chaves, que era, burla burlando, un pedazo de historia,

fragmentaria, anecdótica, concentrada, en que había de todo: desde lo

trágico á lo exquisito; desde lo terrible á lo picaresco.

Y esto--hay que decirlo lealmente--aun sin tener en cuenta otras

valiosas condiciones de la producción, revela una profunda cultura y un

magno esfuerzo, que supone por anticipado muchos años de trabajo

perseverante y abrumador, no recompensado sino por la estimación del

público.

Acaso porque todos, confesándolo ó no, apreciamos en mucho aquellas

cualidades en que no abundamos, yo admiro la obra paciente é

inteligentísima de los eruditos, de los bibliógrafos, de los

escudriñadores de las fuentes vivas en nuestra literatura, en nuestra

ciencia y en nuestra historia. Y esta obra de perseverancia y sabiduría

se realiza con admirable solidaridad. Como en los esfuerzos científicos,

estos empeños literarios se enlazan, se completan, se ordenan á través

de los años y de los siglos.

Sevilla fué siempre, y lo es ahora, un admirable taller para esta

persistente labor de sabiduría. Yo tengo ganas de decir al «gran

público», á ese público que está formado por cientos de miles de

lectores diarios, quiénes son y qué representan en la moderna cultura

española esos eruditos andaluces cuyos nombres llegaron á él á través de

las Academias, de las Corporaciones oficiales, de las referencias

volanderas de los periódicos en notas fugaces é inexpresivas.

El círculo de lectores se va ensanchando: este es un excelente síntoma;

la Prensa, _machete en mano_, abre sendas claras y ventiladas en el

bosque enmarañado de nuestra ignorancia secular. Ella abre el camino; el

_convoy_ viene detrás. Es un error el de los que creen que la Prensa

absorbe por completo y para siempre la parte de inteligencia activa con

detrimento del más hondo y apacible saber. La Prensa abre camino, hace

lectores....

Uno de nuestros propósitos era ese: utilizar la Prensa como vehículo y

cargar en ella la cantidad de _cosas viejas_ que admitiese: así se irían

repartiendo. Para esto--exigencias inevitables del público--había que

escoger lo raro, lo ameno, lo interesante: aún no está el _niño grande_

para ingerir muchas y serias dosis de paciente estudio.

Y Manuel Chaves cumplió su encargo tan liberalmente, que con aquella

serie de _Cosas_ ha podido componer el presente volumen, ya _pasado en

autoridad de cosa juzgada_, y lo que es más, aplaudida.

Seguramente ha de haber alguna flor fresca en el ramillete, pues Chaves

tenía materia sobrada á mano, y no es hombre que se la reserve, al

contrario de otros eruditos, que todo lo que pueden lo reservan como si

ganara réditos. Y ¡cuántas otras cosas sabrosísimas, de gran interés

literario é histórico, habrá tenido que reservar y dejar en el fondo de

los cajones, por esta ridícula meticulosidad que ahora nos ha entrado,

por esta pudibundez externa que destierra todos los desenfados del

ingenio antiguo, aunque permite toda licencia al ingenio contemporáneo!

No podemos reproducir los felicísimos y audaces rasgos de nuestra

literatura picaresca, moralmente inofensiva, porque el donaire es

ingenuo, natural y bien encaminado, mientras corren, exquisitamente

encuadernadas, todas las alambicadas porquerías de la literatura

francesa,--que no tienen acceso en otras naciones--y esto me hace pensar

en el antiguo problema de si la moralidad será cuestión de climas... y

de lenguajes.

Me place lo exquisito de esa literatura, aunque se acomoda mi ánimo

mejor á los sabrosos desenfados de la nuestra.

Y es que adoro nuestras formas castizas, nuestro «modo de hacer», el

resplandor de nuestro ingenio solariego, la gracia ingenua, socarrona y

admirable de nuestros grandes escritores. Y es más: pienso en que los

señores franceses venían en los siglos XVI y XVII á buscar comedias, á

buscar Autos, á buscar novelas, á empaparse en nuestro ambiente, para

_fusilar_ nuestra producción, hacerse el paladar y revendernos la

«lengua de _Molière_» en nuestra propia salsa...

Era una especie de combinación como la que ahora hacen con nuestros

vinos. Allá van nuestros mostos blancos, fuertes, _sensuales_,

apetecibles. Los _tiñen de negro_ con singular maestría, los perfuman,

los aderezan, los disponen con sugestivo _bouquet_, y nos los revenden

con fe de bautismo de Burdeos ó de Borgoña... Total, seis botellas que

vienen, representan el valor de una _pipa_ que va. Ni más ni menos. Son

gastos de nacionalización que nos cargan en cuenta.

Y, ahora que recuerdo: Manuel Chaves también ha pasado la frontera y nos

lo han devuelto, con un acento de lo más tirano. En los periódicos

taurinos del Mediodía, de la Provenza, figura _Chavés_ como una

autoridad _in ré_ taurina, por aquellos folletos sobre _Pepe Illó_... y

demás documentos _del ramo_, que ha sacado á luz. Es delicioso.

Lo que quise decir--y no es poco--es que Chaves es un escritor que pasó

la frontera, precisamente por lo castizo, por lo apegado á nuestro

riñón, por lo que tiene de _españolizado_, por sus _cosas viejas_, que

son nuestras cosas.

Y si esto se estima en el extranjero, ¿cómo no lo habíamos de estimar en

nuestra casa!

Sí se estima. Lo sé. He podido apreciarlo precisamente en estas _Cosas

viejas_, en cuyo nacimiento me llamo un poco á la parte. Cartas sobre

las tales _Cosas_, recordatorios, adiciones, rectificaciones, oposición,

aprobación, me daban á entender que interesaban.

Si interesaron entonces, ¿cómo no ahora? Ahora y siempre.

Son _Cosas_ incitantes, regocijadas ó trágicas, pero andaluzas. Juntas,

no tienen más fin que el de presentar un _estado de alma_; separadas, no

tienen más objeto que regocijar al lector ó hacerle sentir la _angustia

de lo histórico_....

Por uno y otro propósito, mi parabién á Manuel Chaves; mi aplauso al

conjunto de eruditos sevillanos, de grandes artistas, de pacientes

trabajadores en el orden intelectual, que han formado una de las bases

de nuestra cultura moderna.

De Sevilla hay que hablar mucho. Pero mucho. Dios dirá.

JOSÉ NOGALES.

[Illustration]

LOS ANTIGUOS RELOJES

Tradición es, y aun lo afirman algunos historiadores autorizados, tales

como Méndez Silva y Mariana, que el primer reloj de torre que se conoció

en España lo tuvo Sevilla y que éste se instaló en 1400.

Aquel año vino á esta ciudad el rey don Enrique III, que parece

presenció la ceremonia de colocar en la Giralda el reloj, dándose al

acto toda la importancia que merecía, como así lo señalan las crónicas.

Construyó la campana del reloj, por encargo del arzobispo don Gonzalo de

Mena, un maestro llamado Alfon Domínguez, del cual existen diversas

memorias, constando también que el reloj y la campana quedaron

instalados en los comienzos del mes de Julio del citado año de 1400.

Un historiador moderno, al tratar este asunto, escribe: «Que aunque se

dice de Valencia que por acuerdo del Consejo general en 16 de Julio de

1378 se encargó un reloj de torre á cierto mecánico extranjero de paso

por la ciudad, sólo consta que en 1403 y en 12 de Febrero resolvió aquel

municipio labrar una campana, y que batiesen las horas dos servidores

asalariados á este propósito.»

Podrán estas noticias ser puestas en duda, pero respecto á que muy á los

comienzos del siglo XV existía en Sevilla un reloj de torre, hay un dato

indudable en las palabras del médico Juan de Aviñón, que en su libro

_Sevillana Medicina_, hacia 1418, dice: «Y como quiera que agora seria

grave de comer á estas horas ciertas, de aqui adelante nonserá grave por

cuanto nuestro señor el arzobispo de Sevilla, que mantenga Dios _mandó

facer un relox que ha de tañer veinticuatro badajadas_.»

Después del reloj de la Catedral, es el más antiguo de los públicos de

Sevilla, el reloj de la torre de San Marcos, que data de 1553, y sobre

el cual existe esta noticia en un acuerdo de las actas capitulares, en

el cabildo de 22 de Agosto de 1585, donde se nombró á Francisco Ximénez

de Bustillos, mayordomo, para que hiciese aderezar los relojes de San

Marcos y San Lorenzo, «concertándole en el oficial que lo hubiese de

hacer, por lo menos que pudiese, informándose, además, de persona hábil

que se encargara de su reparo y aderezo, dando de ello cuenta á la

ciudad para que se le nombrase y señalase salario.»

La campana del reloj de San Marcos tiene grabada una inscripción latina

que traducida al castellano, dice:

«_Nada hay más veloz que el tiempo y para que no se malgaste, señala o

insigne Sevilla, á tus moradores las horas.--El Senado y el pueblo de

Sevilla, cuidó de construir este reloj con sus caudales, para el bien

público, el año de Cristo Salvador de 1553._»

Antes de esta fecha, en 1576, era relojero de San Marcos y San Lorenzo

el maestro Diego Flamenco, quien percibió por el cargo de _concertar los

relojes_ 18.000 maravedís anuales, y en 1589 pruébase que el Cabildo

tenía algo abandonado atender á cargo tan importante, por el siguiente

documento inédito:

«Juan Salado y Matías del Monte, relojeros; decimos que por mandato de

vuestra señoria tenemos encargo de concertar los relojes desta ciudad

como maestros en dicho arte los cuales habemos concertado, y gastado

nuestro dinero en aderezarlos. Y porque cada dia se ofrecen cosas que

aderezar en ellos en que es necesario gastar dinero. Y pedimos y

suplicamos a vuestra señoria atento lo susodicho nos mande librar... a

cuenta de nuestro salario porque cualquier otro maestro que los

aderezase se le había de pagar lo que gastara en ello, por estar muchas

piezas quebradas las cuales se han de nuevo y nosotros no pedimos se nos

mande librar sino por cuenta de nuestro salario y por ello... _Matias

del Monte_--_Juan Salado_».--(Escribanía de Cabildo, siglo XVI).

La campana lleva además grabadas las armas de la ciudad y bajo ellas se

hace constar que aquel es escudo hispalense.

En 1776 se quitó la primitiva máquina de San Marcos, estrenándose el

nuevo reloj en 13 de Junio del citado año, habiendo sido construído en

Londres por Tomás Hatton, según se lee grabado en la esfera interior,

que es de metal, encontrándose además en dicha esfera el nombre de

Eugenio Escamilla, que fué nombrado relojero del Ayuntamiento de Sevilla

en 25 de Febrero de 1789.

El reloj de la torre de San Lorenzo fué también colocado á fines del

siglo XVI y el que actualmente existe se puso en 1853 siendo construído

por José Manuel Zugasti en Bilbao, que hizo además el de la torre de la

plaza del Altozano.

De otros antiguos relojes de Sevilla he de recordar también el de la

Audiencia, el del Oratorio de San Felipe Neri, el del convento de los

Remedios, el de los Jerónimos, que ya no existen, el de La Cartuja y el

de San Agustín, que se estrenó en 27 de Junio de 1749.

CÓMO LAS GASTABA UN REY

En el viaje que en 1455 hizo á Sevilla Enrique IV, _El Impotente_,

acompañábale con su corte--dicen los autores--un número considerable de

moros principales y ricos, los cuales gozaban de gran favor con el

veleidoso monarca.

Mandóse alojar á aquéllos en las casas de nobles y de acaudalados

sevillanos, tocando á D. Diego Sánchez de Orihuela, hospedar uno llamado

Monjarras, que era hombre joven, apuesto y de violento carácter, y el

cual hubo de enamorarse de una hija soltera que D. Diego tenía.

Esta parece que correspondió al fin á los deseos del hijo del Profeta:

pero el bueno de Monjarras, no contento con ello, la robó de la paterna

casa y la sacó de Sevilla casi por la fuerza, y sin pararse en

melindres, como persona apasionada y de alientos que era.

Y sucedió luego que, cuando Sánchez de Orihuela y su esposa acudieron al

Alcázar á pedir justicia al rey, éste los recibió con enojo y tuvo la

frescura de decirles que, en vez de venir á quejarse, debieran haber

guardado más á la hija: contestación villana que causó la indignación de

cuantos la oyeron.

Mandó luego D. Enrique que nunca más volviera á su presencia la afligida

madre, y divulgadas las noticias de estos actos por la ciudad, el pueblo

se irritó muchísimo y comenzóse á reunir gente delante del Alcázar en

actitud nada pacífica; mas esto, lejos de variar la opinión del rey, le

llevó hasta querer salir á desafiar al pueblo, cosa de que le hizo

desistir el prudente consejo del conde de Benavente.

El resultado de todo fué que Monjarras quedó sin ningún castigo, pues

ninguna diligencia se hizo contra él; que los padres quedaron sin

recibir satisfacción á su deshonor, y que el monarca procedió en aquella

ocasión de la más indigna manera: lo cual no era extraño, tratándose,

como se trataba, de un rey cuya figura es de las más antipáticas en la

historia.

LOS PRIMEROS INQUISIDORES Y SUS HAZAÑAS

Al año de 1480 se remonta la fundación en Sevilla del tribunal de la

Inquisición, año en que el Papa dió, á instancia de los Reyes Católicos,

la bula autorizando aquel establecimiento, y en 27 de Diciembre mandó

Fernando V á las autoridades de nuestra ciudad, que protegiesen á los

señores del Santo Oficio, que se disponían á pasar á ésta para purgar de

herejía á cuantos cogiesen por delante.

Y en efecto, á los pocos días llegaron á Sevilla los primeros

inquisidores, que fueron el provincial fray Miguel, el vicario fray

Juan, del orden de Santo Domingo, y el doctor Medina, clérigo de San

Pedro, los cuales eran tres mozos como escogidos de intento para la

misión que se proponían llevar á cabo.

Tan listos anduvieron éstos en sus diligencias, que el 2 de Enero de

1481 se dieron ya las primeras providencias emanadas de la Inquisición,

y las cuales eran nada menos que mandar prender á los cristianos nuevos,

amenazando también á los títulos de Castilla con la privación de ellos

si no acataban al Santo Oficio.

Por entonces era asistente de Sevilla D. Diego de Merlo, y como este

buen señor era fervoroso devoto de las órdenes religiosas, se dispuso

con todo el peso de su autoridad, á proteger á los inquisidores,

tomándoles en mayor afecto y prestándose á ayudarlos cuanto pudiese en

sus diligencias.

Así lo consigna un testigo contemporáneo tan autorizado como el

bachiller Andrés Bernáldez, cura de Los Palacios, el cual escribe á este

propósito en su _Crónica de los Reyes Católicos_:

«En muy pocos días, por diversos modos y maneras, supieron (los

inquisidores) toda la verdad de la herática pravedad malvada, é

comenzaron de prender hombres é mujeres de los más culpados é

metiéronlos en San Pablo: é prendieron luego algunos de los más honrados

é de los más ricos, _Veinticuatros y Jurados, bachilleres é letrados_, é

hombres de mucho favor: á éstos prendía el Asistente, é des que esto

vieron huyeron de Sevilla muchos hombres é mujeres: y viendo que era

menester, demandaron los inquisidores el Castillo de Triana, donde se

pasaron presos, é allí ficieron su audiencia, é tenían su Fiscal, é

Alguacil é Escribano, é cuanto era necesario, é hacía proceso, según la

culpa de cada uno, é llamaban Letrados de la ciudad seglares, é á el

Provisor, al ver de los procesos é ordenar de las sentencias, porque

viesen cómo se hacía la justicia é no otra cosa: é _comenzaron de

sentenciar para quemar en fuego_, é sacaron á quemar _la primera vez_ á

Tablada seis hombres é mujeres que quemaron: é predicó Fray Alonso de

San Pablo, celoso de la fe de Jesucristo, el que más procuró en Sevilla

esta Inquisición: é él no vido más de esta quema, que luego dende á

pocos días murió de pestilencia, que entonces en la ciudad comenzaba de

andar.»

El primer auto de fe, de condenados á las llamas, se celebró, pues, en

Sevilla el 6 de Enero de 1481 y el segundo el 26 de Marzo, en que

perecieron en la hoguera diez y siete reos, yendo tan en aumento el celo

de los inquisidores, que durante siete años fueron quemadas más de

seiscientas personas y penitenciadas unas cinco mil.

El ya citado Bernáldez apunta en su crónica algunos de los nombres de

las personas más señaladas que aquí fueron las primeras víctimas de la

inquisición, citando entre otras al rabí Diego Susón, padre de la

célebre y hermosa judía conocida por la _Susona_, y á los acaudalados

hebreos Manuel Sauli y Bartolomé Torralva, al alcalde de la justicia

Juan Fernández Albolasia, al doctor Savariego, fraile de la Trinidad, y

á otros muchos, apuntando también «que quemaron infinidad de huesos de

los corrales de San Agustin é San Bernardo, de los confesos que allí

había enterrados sobre sí, al uso judaico.»

El edificio que hoy ocupa la plaza de abastos de Triana, está destinada

á este uso desde 1825, y hasta 1785 ocupó aquel lugar el sombrío

castillo de San Jorge, donde estableció el tribunal la Inquisición.

La antigüedad del castillo era grande, pues se dice que á raíz de la

reconquista lo entregó Fernando III á los Caballeros de la Orden de San

Jorge, que allí tuvieron largo tiempo su alcaide, que tenía á su cargo

la inspección del edificio.

Establecido en él el tribunal odioso, fué teatro de las más espantosas

escenas, y hasta poco antes de su derribo, existían en los muros tres

lápidas con inscripciones latinas, las cuales recordaban los horrores

del tribunal.

Decía así en la primera:

«_Este santo tribunal de la Inquisición contra la perversidad de los

herejes en los reinos de España tuvo principio en Sevilla en 1481,

ocupando la silla apostólica Sixto IV, quien la concedió á instancia de

Fernando V é Isabel, que reinaban en dichos reinos. Fué el primer

inquisidor general Fr. Tomás de Torquemada, Prior del convento de Santa

Cruz de Segovia, de la orden de predicadores. ¡Quiera Dios que

permanezca hasta fin del mundo, para amparo y aumento de la fe!

Levántate, Señor, y juzga tu causa. Cógenos las zorras engañosas._»

La segunda estaba concebida en estos términos:

«_Año del Señor de 1481, siendo Pontífice Sixto IV y reyes de las

Españas y de las Sicilias los católicos D. Fernando y D.ª Isabel, tuvo

principio aquí el sagrado tribunal de la inquisición contra los herejes

judaizantes, donde después de la expulsión de los judíos y moros hasta

el año de 1524, en que reina el divo emperador de romanos, sucesor de

los mismos reinos por derecho materno, y siendo inquisidor general el

reverendísimo D. Alonso Manrique, arzobispo de Sevilla, VEINTE MIL

HEREJES y más abjuraron el nefando crimen de la herejía, y de todos más

de MIL obstinados en sus herejías por derecho fueron ENTREGADOS AL FUEGO

Y QUEMADOS._»

Por último, en la tercera se leían estas palabras:

«_Ayudando y favoreciendo los pontífices Inocencio VIII, Alejandro VI,

Pio III, Julio II, León X, Adriano VI, que, siendo cardenal de las

Españas é inquisidor general, fué ensalzado á Sumo Pontificado, y

Clemente VII, por mandado y á expensas del emperador nuestro señor, hizo

poner estos letreros el Lic. de la Cueva, dictándoles D. Diego de

Cortegana, arcediano de Sevilla. Año del Señor 1524_.»

Estas eran las inscripciones edificantes que existían en los muros de la

Inquisición sevillana, que conviene ser recordadas como muestras de los

buenos tiempos.

TRADICIÓN...

La tradición toledana del Cristo de la Vega, que dió origen á la

conocida leyenda de Zorrilla, _A buen juez mejor testigo_, existe

también en Sevilla con alguna variante; así lo prueban Fray Juan de

Zalamanco en su _Merced de María Coronado_, Pedro de San Cecilio, en sus

_Anales de la Orden de los mercenarios_, Fray Juan de Mesa, Muñana y

Alonso Sánchez Gordillo.

Más probable es que el autor de _Don Juan Tenorio_ se inspirase para su

hermosa leyenda, en este caso, que en los sucesos narrados en la

_Cántiga LXI_ de D. Alfonso y los _Castigos y documentos_ del rey D.

Sancho que cita el Sr. Picón como orígenes de _A buen juez, mejor

testigo_.

En el archivo municipal de Sevilla existe una relación del suceso que no

deja de ser curiosa.

Cuéntase allí, que un caballero dió palabra de casamiento á cierta dama

sevillana y noble, poniendo por testigo á la Virgen de la Merced, cuya

escultura existía en la iglesia del convento del mismo nombre. Alcanzó

por tal medio el galán los favores de la bella, pero harto quizás luego

de sus caricias, negóse á cumplir la empeñada palabra, con lo cual la

dama, que no tenía testigos del juramento dado, se le ocurrió la

original idea de poner por testigo á la imagen.

La señora y el caballero, acompañados de un escribano y de numeroso

público, acudieron al templo donde había de verificarse el extraño

juício, consintiendo en aquella prueba el seductor, pues, como dice

Sánchez Gordillo: «Al caballero le pareció que así no le había de

convencer, porque la imagen no había de contestar por milagro.»

Y el mismo autor añade «que llegando á la presencia de la Virgen, y

puestos los ojos en ella, le dijo la mujer:--Señora mía: Vos sois

testigo de que este hombre, invocando á vos, me dió palabra de ser mi

marido, y mediante ello me obligó.--Dicho esto, la imagen bajó la cabeza

como afirmando la verdad de lo que la mujer decia, y el caballero quedó

convencido.»

El estupendo suceso ocurrió, por lo que afirman muy seriamente los

escritores, en 1400. La escultura se conserva hoy en el convento del

Socorro con la cabeza inclinada, según dicen, sin que se sepa que haya

vuelto á mezclarse en que los galanes cumplan su palabra ó la dejen de

cumplir.... Verdad es que milagros de este calibre no son para todos los

días.

EL CARTUJANO

Así es conocido, más que por su verdadero nombre de Juan de Padilla, el

poeta sevillano, autor de _El Retablo de Cristo_ y _Los doce triunfos de

los doce apóstoles_, los dos poemas alegóricos más importantes que

produjo la lengua castellana en los fines del siglo XV y principios del

XVI.

Según las más recibidas noticias, nació Padilla en nuestra ciudad en

1468, perteneciendo su linaje á gente bien acomodada y que de antiguo

tenían su asiento y residencia en la población, debiendo desde su

primera juventud consagrarse al estudio y cultivo de las musas, pues á

la edad de veinticinco años, cantó en un poema las hazañas del famoso

don Rodrigo Ponce de León, poema titulado _Laberinto del marqués de

Cádiz_, que fué impreso en Sevilla por Ungut y Polono en 1493.

Esta obra estaba dedicada á la duquesa de Arcos; se componía de unas

cien coplas, y según hace constar en su _Tipografía Hispalense_ don

Francisco Escudero, no existe hoy de ella ejemplar alguno.

El _Laberinto_ es la única producción que de Juan de Padilla se conoce,

escrita siendo seglar, pues las otras salieron de su pluma cuando ya era

monje en el monasterio de la Cartuja, donde, según expresión de

Fernández Espino, «pasó su vida en el solitario claustro... consagrado

al estudio, á la contemplación del Altísimo y á ensalzar sus

maravillas.»

De esta sosegada y pacífica existencia resulta, que la vida de nuestro

poeta tiene en verdad pocos incidentes variados y no ofrece más interés

que los de cualquier vulgar y oscuro fraile de aquellos que retirados en

sus conventos veían deslizar los años iguales y monótonos.

Al cartujano Juan de Padilla se debe el poema _Retablo de la vida de

Cristo_, que terminó en Diciembre del año 1500, cuya lectura no resiste

hoy el más cachazudo lector y que fué obra impresa en Sevilla entrado ya

el siglo XVI.

Diez y ocho años más tarde, y cuando fray Juan de Padilla contaba 50 de

edad, ponía término á otro poema titulado _Los doce triunfos de los doce

apóstoles_, que es la principal de sus producciones, y acerca de la cual

ha escrito el autor del _Curso histórico-crítico de la literatura

española_:

«Donde halló Padilla libre campo á sus estudios literarios y para gloria

de Jesús mismo y de sus discípulos fué en _Los doce triunfos_. La

intención de seguir las huellas de Dante vese tan marcada en este poema,

aun más que en el _Laberinto_ de Juan de Mena. Pero el asunto del vate

cartujano dábale material más apropósito para seguir la imitación de la

_Divina Comedia_. Aunque llena también su mente de las bellezas

virgilianas, más ascético que Dante, si lo imita con frecuencia, no

escogió un gentil como éste para guía, sino á san Pablo, quien le dirige

y acompaña por los lugares en que los apóstoles ilustraron su vida con

su elocuente palabra, con sus virtudes y aun con el martirio. Conducido

siempre por san Pablo, entra en las regiones donde sufren tormento los

idólatras, los nigromantes, los hechiceros y otra multitud de réprobos,

partiendo de allí á la santa Jerusalén, mansión de los bienaventurados.»

Como muestra del estilo del poema, copio estas estrofas sacadas al azar

del _Triunfo noveno_, no desemejante á todos las demás:

«Yo que lo alto del cielo miraba

bien, como hace el astrónomo sabio,

cuando resguarda por el astrolabio

lo que del polo saber deseaba,

vi que de parte del _Euro_ botava

el gran _Sagitario_, con arco tirando

saeta de fuego, que pasa vibrando

los aires, y nuve que dura hallaba,

siendo la causa que crepa tronando.

Y vi que tenía de dentro patente,

el grado primero d'aqueste centauro,

al Fi de _Latona_ con rostro de auro,

según se nos muestra contino nitente.

El gran _Ofiulco_, con él de presente,

con la _Serpiente_ yo vi que salía;

y, por el contrario, cansado caía

el can á la parte de nuestro occidente,

ya que la _Liebre_ se nos escondía.

Aqui tiene casa por la delantera

_Júpiter_ alto por cosa preciosa;

en esta se goza y en otra reposa

poco, teniéndolo por lo trasera.

Contempla, contempla la causa primera,

me dijo mi Guía muy súbitamente;

esto perquiere la estólida gente

dando cien vueltas al polo y esfera,

que fueron criados del Omnipotente.

Miran á veces las Exaltaciones

los Trinos y Cuartos, y más los Sextiles,

y las Conjunciones con buenos oviles,

malas hallando las oposiciones,

asi que mirando las constelaciones,

y augurantes á do no conviene;

por el contrario, su punto les viene

de lo que piensan en sus corazones,

de bien ó de mal que'lefecto contiene.

Asi que, tú mira por lo que subsiste,

y deja la casa del sexto planeta;

verás otra muy más que perfeta

de uno que gloria muy grande se viste.

Basta que digas de como ya viste

subir por lo bajo de vuestro orizon,

este que dicen el sabio _Chiron_,

maestro _d'Archiles_, según más oiste

d'aquellos que fingen medio sermón.» etc.

Fray Juan de Padilla falleció antes de mediar el siglo XVI; su nombre

figura con elogio en las páginas de la historia crítica de nuestra

literatura, y Sevilla, que lo tuvo por hijo, deberá siempre

consideración y respeto al nombre de este poeta, de quien sólo he

intentado trazar un ligero apunte.

ANTIGUAS FIESTAS DE TOROS

De las más antiguas fiestas de toros de que en Sevilla hay documentadas

noticias, son las verificadas en el año 1405 para celebrar el natalicio

del infante don Juan, hijo de don Enrique III _el Doliente_, infante que

nació en Toro en 6 de Marzo del citado año.

Según asiento de los libros de Mayordomazgo del Archivo municipal, fecha

de 20 de Mayo de 1405, se mandó al Mayordomo Juan Martín «que comprase

ciertos toros para lidiar,» y el 10 de Noviembre se pagaron «á Miguel

André, vecino de las Cabezas de San Juan, cuatrocientos é cinquenta

maravedis que ha de aver por apreciacion que fué fecho por juramento que

tomaron por un toro que traxeron aquí á Sevilla _para lidiar por las

alegrías que Sevilla mandó fazer_ por el nacimiento de nuestro señor el

infante don Juan, fijo del Rey don Enrique, nuestro señor, que Dios

mantenga.»

En el mismo año consta también que se abonaron el importe de otros dos

toros á Antón Martín, y el de otros á Salvador Díaz, á Lope Ruiz Galego,

de Alcalá, y á Juan Fernández, jurado, de la collación de San Juan.

Estas reses es probable que se lidiaran en diversos días de los festejos

organizados por el natalicio del hijo del monarca castellano; y aunque

son oscuras y escasísimas las noticias que de aquellas lidias existen

para poderlas detallar en estos apuntes, he de consignar, sin embargo,

que para las tales corridas la ciudad construyó plazas y tablados frente

la Catedral y el Alcázar.

Las fiestas de toros celebradas en la capital de Andalucía fueron muchas

durante la mayor parte del siglo XV, siendo de las más famosas las que

en 1477 y 1478 se verificaron.

En el año primeramente citado visitaron á Sevilla los Reyes Católicos

don Fernando y doña Isabel, permaneciendo en esta ciudad hasta después

de mediar el de 1478, y en 1.º de Julio de este último, dió á luz la

reina un hijo varón (el príncipe don Juan), cuyo nacimiento se celebró

en la ciudad con públicos festejos, entre los cuales hubo fiestas de

toros, acordando la ciudad lidiar veinte, según consta en los cuadernos

sueltos de actas capitulares del Archivo municipal.

Ya anteriormente habíanse celebrado en aquel año otras corridas de

toros, como sucedió el 23 de Abril, cumpleaños de la reina, corriéndose

ocho cornúpetos en el Alcázar, y con la asistencia de la soberana,

aunque es sabido cuánta repugnancia demostró por la lidia de reses

bravas.

También el 24 de Junio del citado año de 1477, hubo corrida en la plaza

de San Francisco, repitiéndose otra el día de Santiago, y costando las

reses quince mil maravedís, según las cuentas que aún se conservan.

En un folleto publicado por D. José Gestoso, con el título de _Los Reyes

Católicos en Sevilla_, en el que se insertan interesantes documentos

sobre la permanencia de los monarcas castellanos en nuestra población,

se leen los siguientes acuerdos, relativos á fiestas de toros del año

1478 con motivo del bautizo del Príncipe don Juan.

_Mandamiento de la Ciudad á su mayordomo 23 de Diciembre de 1878_: «Et

otrosy vos mandamos que dedes e paquedes al dho. pedro diaz o al que por

el los oviere de aver 2.520 mrs. que nos acordamos e ordenamos en el

nuestro cabildo debe mandar dar de cierto gasto que por nro. mandado

fiso en facer las talanqueras é barreras para los _toros que se

corrieron por el parto de la Reyna_ nra. sra. por el batiço del señor

principe.» (Lib. Mayordomazgo.)

--«Libramiento de 200000 mrs. por ocho toros que se tomaron _para lidiar

en el Alcazar_ Real el dia que se batiço el muy ilustre señor principe

de Castilla y dadle mas otros 596 mrs. que monto la costa que fiso facer

en las barreras e talanqueras que se ficieron para lidiar los dhos

toros» (1.º de Julio de 1478.)

Como la índole de estos apuntes permiten entrar en largos detalles omito

el hacer mención de otros festejos á que dieron motivo la permanencia de

los Reyes Católicos en Sevilla, á más de las corridas de toros, y de

éstas baste con las noticias que dejo apuntadas, que ya más adelante

tendré ocasión de tantas otras lidias de reses no menos famosas.

LAS VÍCTIMAS DE LA COMUNIDAD EN SEVILLA

Historia particular y detallada tiene en los anales de Sevilla el

alzamiento de las _comunidades_ en tiempo del Emperador, alzamiento que

no dejó de tener importancia en la provincia y que en la ciudad dió

origen á sucesos como los desarrollados en Septiembre de 1520.

En el día 17 de aquel mes fué cuando D. Juan de Figueroa, cabeza de la

sublevación con quien se entendieron los conspiradores, salió de la casa

del Duque de Arcos, y con gente armada tomó el Alcázar, rindiendo al

alcaide, que lo era don Jorge de Portugal.

Dos días después los partidarios de la poderosa casa ducal de Medina

Sidonia, se alzaban contra los _comuneros_ triunfantes, y el capitán

Valencia de Benavides asaltaba el Alcázar, derrotaba á las fuerzas de

Figueroa y hacía á éste prisionero después de reñido combate, donde hubo

más de siete muertos y cuarenta heridos de gravedad.

Los duques de Medina, que tan abiertos partidarios del Emperador se

mostraban, más bien por enemigos de la casa de Arcos, su rival, que por

adictos á los flamencos, saborearon su triunfo y exigieron á las

autoridades ejemplar castigo de los _comuneros_.

Mas como la justicia andaba entonces tan menguada, no se crea que el

caballero Figueroa, brazo del alzamiento, ni los caballeros

conspiradores fueron condenados, sino que vino á descargarse el peso de

la ley sobre los que menos habían contribuido al acto, por ser débiles y

no poderosos señores.

Así ocurrió que la justicia echó mano á un pobre hombre llamado

Francisco López Quesero, hijo del pueblo, el cual había acompañado á las

fuerzas de Figueroa que tomaron el Alcázar y estaba preso en la Cárcel

Real, sin que por su modesta posición hubiera nadie que de él se

interesara.

A López Quesero se le dió muerte en la plaza de San Francisco el 23 de

Octubre de 1520, y fué su ejecución cruel y bárbara, pues murió ahogado

á la vista de todo el pueblo de Sevilla, como consta en la _Historia de

las Comunidades_.

«Lleváronlo (al reo) por las calles acostumbradas, guardado por gente de

á pie y á caballo del duque de Medina Sidonia, hasta la plaza de San

Francisco. Allí lo tuvieron encima del almacén del agua, á do desque

hubo confesado le _ahogó un hombre_ que alquiló el verdugo, y desnudólo

é _hízolo cuartos_ que quedaron allí hasta la mañana siguiente. E luego

por la mañana pusieron la cabeza en la picota, un cuarto en la puerta

del Arenal, otro en la de Minjoar y el otro en la de la Carne.»

Así pagó el infeliz López Quesero con tan cruento suplicio, mientras los

caballeros quedaron salvos, siendo también poco después que él

ejecutados otros cuantos obscuros hombres del pueblo, como partidarios

de la _comunidad_ en Sevilla, y que sólo habían sido en el alzamiento

partes muy insignificantes.

EL PENDÓN VERDE

Con el nombre de motín del _Pendón Verde_ relatan los historiadores de

Sevilla el que estalló en el barrio de la Feria el año 1521, y el cual

tomó grandes proporciones y llegó á amenazar seriamente á la población,

ofreciendo con él no poca semejanza, el que en el mismo barrio se

promovió en 1652.

Largo espacio ocuparía relatando con todos los pormenores que se

conservan aquel alzamiento popular, que tuvo por origen la gran carestía

de víveres que se dejó sentir en las clases pobres, encareciéndose tanto

el pan, que el hambre imperó con todos sus horrores en los barrios bajos

de la ciudad y la situación de multitud de familias llegó á ser

verdaderamente desesperada.

Porque hay que hacer constar que, aunque la riqueza y la opulencia de

Sevilla en los siglos XVI á XVII era grande, ésta ha sido con exceso

ponderada por los adoradores del pasado; que los documentos y las

memorias coetáneas de aquellos tiempos prueban de manera bien clara que

la abundancia, el lujo y las sobras eran sólo para el clero y para los

nobles, mientras cientos y cientos de seres vivían en la mayor miseria y

sufriendo todo género de privaciones, sin que sus lamentos fueran oídos,

ni por nadie de los que podían, se atendiese á remediar tamaños males.

Aquel pueblo hambriento, que veía tan cerca á los poderosos arrastrando

doradas carrozas, cubiertos de joyas, luciendo ricas telas y holgando

siempre, mientras él gemía, alzóse formidable, con rugido de fiera, el

mes de Marzo de 1521, y el día 8 se rompieron ya los diques del

sufrimiento y se dispuso á ejecutar, sin que nada lo contuviese.

Así se leen en el _Discurso de la Comunidad de Sevilla_ (1520) estas

noticias, extractadas por don Joaquín Guichot en la siguiente forma:

«Un llamado Antón Sánchez, de oficio carpintero y vecino de la misma

Feria, se hizo cabeza de motín; y con otros sus iguales formó una Junta,

y ésta convocó, para hacer la demanda en común, á los vecinos de las

collaciones de San Gil, San Martín y otras. Nombraron una comisión de

veinte hombres para que fuesen en voz de todos, á ver al Asistente, y

otra para que se avistase con un caballero Per-Afán, que se ofreció á

conferenciar con la autoridad á fin de hallar medio de atender á la

necesidad de aquellos vecinos. Entre tanto agolpábase la gente; crecía

el bullicio, y echadas las campanas á vuelo, llenóse la plaza de la

Feria de innumerable pueblo. Alarmado el Ayuntamiento con las noticias

que le llegaban, trasladóse en cuerpo á la plaza de la Feria, donde

interrogados los cabecillas de la asonada acerca de lo que pretendían,

respondieron _¡trigo!_ á lo que contestó el Asistente, que donde lo

hubiere se lo mandaría dar. No satisfechos con esta promesa, fueron

tumultuariamente á buscarlo por toda la collación; y como lo encontrasen

en casa del jurado Alava, de su cuñado y de un _albarazado_, rompieron

las puertas y robaron todo el que hallaron.»

Después de esto, acudieron á unirse á los amotinados de la Feria gente

de otros barrios que corrieron la ciudad enarbolando un antiguo

estandarte que en tiempo de Alfonso X se había tomado á los moros en una

batalla, y que custodiábase en el templo de Omnium Sanctorum, el cual

estandarte era de tela verde, de donde vino á tomar aquella asonada el

nombre de la del _Pendón Verde_.

Tenía todavía el Ayuntamiento su morada en el edificio del Corral de los

Olmos, y allí acudió el pueblo en actitud amenazadora, arrojando

multitud de piedras y pidiendo pan con voces estentóreas.

En esto intervino en el motín el poderoso marqués de la Algaba, que

trató de pacificar los inquietos ánimos, prometiendo al pueblo que sería

atendido, con lo cual se apaciguó un poco, y cuando el Asistente envió á

la Feria tropas parecieron haberse calmado los ánimos, mas tuvo la

imprudencia de mandar prender algunos vecinos diciendo que había de

ahorcarlos, y sabido esto, el día 9 se reprodujo con caracteres más

alarmantes el alboroto, como lo relata el citado extracto del _Discurso

de la Comunidad_:

«Venida la mañana, la plebe irritada antes que intimidada, se lanzó á la

calle dando desaforados gritos de venganza, y corrió en confuso tropel

al palacio de los marqueses de la Algaba, pidiendo á estos señores el

cumplimiento de la palabra que el día antes empeñara de alcanzar el

perdón de los revoltosos. Renovósela el marqués manifestándoles que

_moriría ó les aseguraría_; para lo cual su hijo don Luís fué á

conferenciar con las autoridades. Escarmentada la plebe, no quiso fiar

de nadie, mas que de sí misma, el triunfo de lo que llamaba su razón, y

habiendo convocado el mayor número posible de gente al toque de campana,

marchó á la carrera hacia la casa de Niebla, apoderóse de ella, armóse

reciamente, sacó una bandera y piezas de artillería y fuese á dar

libertad á los presos. Tales proporciones alcanzó desde este punto el

motín, que alarmadas seriamente algunas personas de mucha significación

en la ciudad, se ofrecieron á ser medianeros entre las autoridades y la

plebe desenfrenada; extremos que no se pudieron conciliar, porque esta

última se negaba á todo lo que no fuera la inmediata libertad de los

presos, y el Asistente, enojado contra ellos, decía: _¡que por vida del

rey, que los tenía de ahorcar!_ Con esto se revolvió toda la ciudad y se

puso en punto de armas. Lo que las negociaciones no pudieron desatar,

cortaron las armas. Los plebeyos cercaron la cárcel con mucha gente

armada de espingardas, ballestas y espadas y cuatro piezas de artillería

que sacaron de la casa del duque de Medina Sidonia; rompieron puertas y

ventanas y dieron libertad á los presos.»

Lo copiado da idea harto exacta de aquellos sucesos, que tuvieron

término al tercer día ó sea el 10 de Marzo, en que se libró una

verdadera batalla en las calles, entre el pueblo hambriento y las

autoridades y los nobles, cuyos resultados fueron funestos para los

amotinados, pues la fuerza armada los venció y en la refriega perecieron

muchos infelices de los que se habían alzado pidiendo pan.

Los poderosos, no satisfechos con su triunfo, fueron, á más, crueles y

vengativos, pues mandaron ahorcar á muchos desgraciados bárbara é

inhumanamente....

¡Así eran aquellos benditos tiempos y aquellas autoridades y aquella

nobleza; mientras dominaban y oprimían con su poder, dejaban al pueblo

hambriento perecer en la miseria, y cuando éste pedía pan le ponía

cadenas y lo ahorcaba!

FRANCISCO GUERRERO

El nombre del famoso músico y compositor sevillano Francisco Guerrero,

no es de aquellos que han quedado, ciertamente, limitados á la localidad

y únicamente entre sus paisanos merece continuos elogios. Fuera de

Andalucía, fuera de España se ha hablado hace mucho tiempo de los

méritos de aquel hombre á quien se han dedicado frases tan entusiastas

como las que escribió el crítico francés Adrián de la Foge.

Guerrero nació en Sevilla en Mayo de 1527, siendo su padre Gonzalo

Sánchez Guerrero, pintor aventajado, si bien algunos biógrafos confiesan

ignorar qué profesión ejercía.

De muy niño, mostró Guerrero aptitudes para la música, recibiendo las

lecciones primeras de un su hermano Pedro, que parece era muy diestro en

el manejo de la vihuela, y más tarde, fué discípulo del maestro

Cristóbal de Morales, que de tanta fama gozó en su tiempo.

Hacia 1545 encontrábase vacante la plaza de racionero y maestro de

capilla de la Catedral de Jaén, y Guerrero, que apesar de su juventud

había ya terminado los estudios, se presentó á hacer oposiciones á aquel

cargo, que ganó muy honrosamente, pasando á la población citada, en

donde permaneció hasta el año de 1548 en que volvió á Sevilla á ver á

sus padres.

Entonces el Cabildo Catedral, que ya tenia conocimiento y estimaba los

méritos de Guerrero, aprovechando su estancia en Sevilla le propuso

darle una plaza de cantor, que aceptó, no volviendo á Jaén por continuar

en su ciudad natal.

Cosas nuevas y viejas (apuntes sevillanos) · 第 1 / 18 段