Retírate á tu aposento. Voy á buscar á Romeo sin pérdida de tiempo.

Está escondido en la celda de Fray Lorenzo. Esta noche vendrá á verte.

JULIETA.

Dale en nombre mio esta sortija, y dile que quiero oir su postrera

despedida.

ESCENA III.

=Celda de Fray Lorenzo.=

FRAY LORENZO y ROMEO.

FRAY LORENZO.

Ven, pobre Romeo. La desgracia se ha enamorado de tí, y el dolor se ha

desposado contigo.

ROMEO.

Decidme, padre. ¿Qué es lo que manda el Príncipe? ¿Hay alguna pena

nueva que yo no haya sentido?

FRAY LORENZO.

Te traigo la sentencia del Príncipe.

ROMEO.

¿Y cómo ha de ser si no es de muerte?

FRAY LORENZO.

No. Es algo menos dura. No es de muerte sino de destierro.

ROMEO.

¡De destierro! Clemencia, padre. Decid de muerte. El destierro me

infunde más temor que la muerte. No me hableis de destierro.

FRAY LORENZO.

Te manda salir de Verona, pero no temas: ancho es el mundo.

ROMEO.

Fuera de Verona no hay mundo, sino purgatorio, infierno y

desesperacion. Desterrarme de Verona es como desterrarme de la tierra.

Lo mismo da que digais muerte que destierro. Con una hacha de oro

cortais mi cabeza, y luego os reís del golpe mortal.

FRAY LORENZO.

¡Oh, qué negro pecado es la ingratitud! Tu crímen merecia muerte, pero

la indulgencia del Príncipe trueca la muerte en destierro, y aún no se

lo agradeces.

ROMEO.

Tal clemencia es crueldad. El cielo está aquí donde vive Julieta. Un

perro, un raton, un gato pueden vivir en este cielo y verla. Sólo

Romeo no puede. Más prez, más gloria, más felicidad tiene una mosca

ó un tábano inmundo que Romeo. Ellos pueden tocar aquella blanca y

maravillosa mano de Julieta, ó posarse en sus benditos labios, en esos

labios tan llenos de virginal modestia que juzgan pecado el tocarse. No

lo hará Romeo. Le mandan volar y tiene envidia á las moscas que vuelan.

¿Por qué decis que el destierro no es la muerte? ¿No teniais algun

veneno sutil, algun hierro aguzado que me diese la muerte más pronto

que esa vil palabra, «desterrado»? Eso es lo que en el infierno se

dicen unos á otros los condenados. ¿Y tú, sacerdote, confesor mio y mi

amigo mejor, eres el que vienes á matarme con esa palabra?

FRAY LORENZO.

Oye, jóven loco y apasionado.

ROMEO.

¿Vais á hablarme otra vez del destierro?

FRAY LORENZO.

Yo te daré tal filosofía que te sirva de escudo y vaya aliviándote.

ROMEO.

¡Destierro! ¡Filosofía! Si no basta para crear otra Julieta, para

arrancar un pueblo de su lugar, ó para hacer variar de voluntad á un

príncipe, no me sirve de nada, ni la quiero, ni os he de oir.

FRAY LORENZO.

¡Ah, hijo mio! Los locos no oyen.

ROMEO.

¿Y cómo han de oir, si los que están en su seso no tienen ojos?

FRAY LORENZO.

Te daré un buen consejo.

ROMEO.

No podeis hablar de lo que no sentís. Si fuerais jóven, y recien casado

con Julieta, y la adoraseis ciegamente como yo, y hubierais dado muerte

á Teobaldo, y os desterrasen, os arrancariais los cabellos al hablar,

y os arrastrariais por el suelo como yo, midiendo vuestra sepultura.

(_Llaman dentro._)

FRAY LORENZO.

Llaman. Levántate y ocúltate, Romeo.

ROMEO.

No me levantaré. La nube de mis suspiros me ocultará de los que vengan.

FRAY LORENZO.

¿No oyes? ¿Quién va?... Levántate, Romeo, que te van á prender... Ya

voy... Levántate. Pero, Dios mio, ¡qué terquedad, qué locura! Ya voy.

¿Quién llama? ¿Qué quiere decir esto?

AMA.

(_Dentro._) Dejadme entrar. Traigo un recado de mi ama Julieta.

FRAY LORENZO.

Bien venida seas.

(_Entra el Ama._)

AMA.

Decidme, santo fraile. ¿Dónde está el esposo y señor de mi señora?

[Ilustración]

FRAY LORENZO.

Mírale ahí tendido en el suelo y apacentándose de sus lágrimas.

AMA.

Lo mismo está mi señora: enteramente igual.

FRAY LORENZO.

¡Funesto amor! ¡Suerte cruel!

AMA.

Lo mismo que él: llorar y gemir. Levantad, levantad del suelo: tened

firmeza varonil. Por amor de ella, por amor de Julieta. Levantaos, y no

lanceis tan desesperados ayes.

ROMEO.

Ama.

AMA.

Señor, la muerte lo acaba todo.

ROMEO.

Decias no sé qué de Julieta. ¿Qué es de ella? ¿No llama asesino á mí

que manché con sangre la infancia de nuestra ventura? ¿Dónde está? ¿Qué

dice?

AMA.

Nada, señor. Llorar y más llorar. Unas veces se recuesta en el lecho,

otras se levanta, grita: «Teobaldo», «Romeo», y vuelve á acostarse.

ROMEO.

Como si ese nombre fuera bala de arcabuz que la matase, como lo fué la

infame mano de Romeo que mató á su pariente. Decidme, padre, ¿en qué

parte de mi cuerpo está mi nombre? Decídmelo, porque quiero saquear su

odiosa morada. (_Saca el puñal._)

FRAY LORENZO.

Detén esa diestra homicida. ¿Eres hombre? Tu exterior dice que sí,

pero tu llanto es de mujer, y tus acciones de bestia falta de libre

albedrío. Horror me causas. Juro por mi santo hábito que yo te habia

creido de voluntad más firme. ¡Matarte despues de haber matado á

Teobaldo! Y matar ademas á la dama que sólo vive por tí. Dime, ¿por

qué maldices de tu linaje, y del cielo y de la tierra? Todo lo vas á

perder en un momento, y á deshonrar tu nombre y tu familia, y tu amor

y tu juicio. Tienes un gran tesoro, tesoro de avaro, y no lo empleas

en realzar tu persona, tu amor y tu ingenio. Ese tu noble apetito es

figura de cera, falta de aliento viril. Tu amor es perjurio y juramento

vacío, y profanacion de lo que juraste, y tu entendimiento, que tanto

realce daba á tu amor y á tu fortuna, es el que ciega y descamina á

tus demas potencias, como soldado que se inflama con la misma pólvora

que tiene, y perece víctima de su propia defensa. ¡Alienta, Romeo!

Acuérdate que vive Julieta, por quien hace un momento hubieras dado

la vida. Este es un consuelo. Teobaldo te buscaba para matarte, y le

mataste tú. Hé aquí otro consuelo. La ley te condenaba á muerte, y la

sentencia se conmutó en destierro. Otro consuelo más. Caen sobre tí

las bendiciones del cielo, y tú, como mujer liviana, recibes de mal

rostro á la dicha que llama á tus puertas. Nunca favorece Dios á los

ingratos. Véte á ver á tu esposa: sube por la escala, como lo dejamos

convenido. Consuélala, y huye de su lado antes que amanezca. Irás á

Mántua, y allí permanecerás, hasta que se pueda divulgar tu casamiento,

hechas las paces entre vuestras familias y aplacada la indignacion del

Príncipe. Entonces volverás, mil veces más alegre que triste te vas

ahora. Véte, nodriza. Mil recuerdos á tu ama. Haz que todos se recojan

presto, lo cual será fácil por el disgusto de hoy. Dila que allá va

Romeo.

AMA.

Toda la noche me estaria oyéndoos. ¡Qué gran cosa es el saber! Voy á

animar á mi ama con vuestra venida.

ROMEO.

Sí: dile que se prepare á reñirme.

AMA.

Toma este anillo que ella me dió, y véte, que ya cierra la noche.

(_Vase._)

ROMEO.

Ya renacen mis esperanzas.

FRAY LORENZO.

Adios. No olvides lo que te he dicho. Sal antes que amanezca, y si

sales despues, véte disfrazado; y á Mántua. Tendrás con frecuencia

noticias mias, y sabrás todo lo que pueda interesarte. Adios. Dame la

mano. Buenas noches.

ESCENA IV.

=Sala en casa de Capuleto.=

CAPULETO, su MUJER y PÁRIS.

CAPULETO.

La reciente desgracia me ha impedido hablar con mi hija. Tanto ella

como yo queríamos mucho á Teobaldo. Pero la muerte es forzosa. Ya es

tarde para que esta noche nos veamos, y á fe mia os juro que si no

fuera por vos, ya hace una hora que me habria acostado.

PÁRIS.

Ni es ésta ocasion de galanterías sino de duelo. Dad mis recuerdos á

vuestra hija.

CAPULETO.

Páris, os prometo solemnemente la mano de mi hija. Creo que ella me

obedecerá. Puedo asegurároslo. Esposa mia, antes de acostarte, vé á

contarla el amor de Páris, y dila que el miércoles próximo... Pero ¿qué

dia es hoy?

PÁRIS.

Lúnes.

CAPULETO.

¡Lúnes! Pues no puede ser el miércoles. Que sea el juéves. Dile que el

juéves se casará con el conde. ¿Estais contento? No tendremos fiesta.

Sólo convidaré á los amigos íntimos, porque estando tan fresca la

muerte de Teobaldo, el convidar á muchos pareceria indicio de poco

sentimiento. ¿Os parece bien el juéves?

PÁRIS.

¡Ojalá fuese mañana!

CAPULETO.

Adelante, pues: que sea el juéves. Avisa á Julieta, antes de acostarte.

Adios, amigo. Alumbradme. Voy á mi alcoba. Es tan tarde, que pronto

amanecerá. Buenas noches.

ESCENA V.

=Galería cerca del cuarto de Julieta, con una ventana que da al jardin.=

ROMEO y JULIETA.

JULIETA.

¿Tan pronto te vas? Aún tarda el dia. Es el canto del ruiseñor, no el

de la alondra el que resuena. Todas las noches se posa á cantar en

aquel granado. Es el ruiseñor, amado mio.

ROMEO.

Es la alondra que anuncia el alba; no es el ruiseñor. Mira, amada mia,

cómo se van tiñendo las nubes del oriente con los colores de la aurora.

Ya se apagan las antorchas de la noche. Ya se adelanta el dia con

rápido paso sobre las húmedas cimas de los montes. Tengo que partir, ó

si no, aquí me espera la muerte.

JULIETA.

No es esa luz la de la aurora. Te lo aseguro. Es un meteoro que

desprende de su lumbre el sol para guiarte en el camino de Mántua.

Quédate. ¿Por qué te vas tan luego?

[Ilustración: _Despedida de Romeo y Julieta._]

ROMEO.

¡Que me prendan, que me maten! Mandándolo tú, poco importa. Diré que

aquella luz gris que allí veo no es la de la mañana sino el pálido

reflejo de la luna. Diré que no es el canto de la alondra el que

resuena. Más quiero quedarme que partir. Ven, muerte, pues Julieta lo

quiere. Amor mio, hablemos, que aún no amanece.

JULIETA.

Sí, véte, que es la alondra la que canta con voz áspera y destemplada.

¡Y dicen que son armoniosos sus sones, cuando á nosotros viene á

separarnos! Dicen que cambia de ojos como el sapo. ¡Ojalá cambiara de

voz! Maldita ella que me aparta de tus atractivos. Véte, que cada vez

se clarea más la luz.

ROMEO.

¿Has dicho la luz? No, sino las tinieblas de nuestro destino.

(_Entra el Ama._)

AMA.

¡Julieta!

JULIETA.

¡Ama!

AMA.

Tu madre viene. Ya amanece. Prepárate y no te descuides.

ROMEO.

¡Un beso! ¡Adios, y me voy!

(_Vase por la escala._)

JULIETA.

¿Te vas? Mi señor, mi dulce dueño, dame nuevas de tí todos los dias,

á cada instante. Tan pesados corren los dias infelices, que temo

envejecer antes de tornar á ver á mi Romeo.

ROMEO.

Adios. Te mandaré noticias mias y mi bendicion por todos los medios que

yo alcance.

JULIETA.

¿Crees que volveremos á vernos?

ROMEO.

Sí, y que en dulces coloquios de amor recordaremos nuestras angustias

de ahora.

JULIETA.

¡Válgame Dios! ¡Qué présaga tristeza la mia! Parece que te veo difunto

sobre un catafalco. Aquel es tu cuerpo, ó me engañan los ojos.

ROMEO.

Pues tambien á tí te ven los mios pálida y ensangrentada. ¡Adios,

adios!

(_Vase._)

JULIETA.

¡Oh, fortuna! te llaman mudable: á mi amante fiel poco le importan

tus mudanzas. Sé mudable en buen hora, y así no le detendrás y me le

restituirás luego.

SEÑORA DE CAPULETO.

(_Dentro._) Hija, ¿estás despierta?

JULIETA.

¿Quién me llama? Madre, ¿estás despierta todavía ó te levantas ahora?

¿Qué novedad te trae á mí?

(_Entra la señora de Capuleto._)

SEÑORA DE CAPULETO.

¿Qué es esto, Julieta?

JULIETA.

Estoy mala.

SEÑORA DE CAPULETO.

¿Todavía lloras la muerte de tu primo? ¿Crees que tus lágrimas pueden

devolverle la vida? Vana esperanza. Cesa en tu llanto, que aunque es

signo de amor, parece locura.

JULIETA.

Dejadme llorar tan dura suerte.

SEÑORA DE CAPULETO.

Eso es llorar la pérdida, y no al amigo.

JULIETA.

Llorando la pérdida, lloro tambien al amigo.

SEÑORA DE CAPULETO.

Más que por el muerto ¿lloras por ese infame que le ha matado?

JULIETA.

¿Qué infame, madre?

SEÑORA DE CAPULETO.

Romeo.

JULIETA.

(_Aparte._) ¡Cuánta distancia hay entre él y un infame! (_Alto._) Dios

le perdone como le perdono yo, aunque nadie me ha angustiado tanto como

él.

SEÑORA DE CAPULETO.

Eso será porque todavía vive el asesino.

JULIETA.

Sí, y donde mi venganza no puede alcanzarle. Yo quisiera vengar á mi

primo.

SEÑORA DE CAPULETO.

Ya nos vengaremos. No llores. Yo encargué á uno de Mántua, donde ese

vil ha sido desterrado, que le envenenen con alguna mortífera droga.

Entonces irá á hacer compañía á Teobaldo, y tú quedarás contenta y

vengada.

JULIETA.

Satisfecha no estaré, mientras no vea á Romeo... muerto... Señora,

si hallas alguno que se comprometa á darle el tósigo, yo misma le

prepararé, y así que lo reciba Romeo, podrá dormir tranquilo. Hasta

su nombre me es odioso cuando no le tengo cerca, para vengar en él la

sangre de mi primo.

SEÑORA DE CAPULETO.

Busca tú el modo de preparar el tósigo, mientras yo busco á quien ha de

administrárselo. Ahora oye tú una noticia agradable.

JULIETA.

¡Buena ocasion para gratas nuevas! ¿Y cuál es, señora?

SEÑORA DE CAPULETO.

Hija, tu padre es tan bueno que deseando consolarte, te prepara un dia

de felicidad que ni tú ni yo esperábamos.

JULIETA.

¿Y que dia es ese?

SEÑORA DE CAPULETO.

Pues es que el juéves, por la mañana temprano, el conde Páris, ese

gallardo y discreto caballero, se desposará contigo en la iglesia de

San Pedro.

JULIETA.

Pues te juro, por la iglesia de San Pedro, y por san Pedro purísimo,

que no se desposará. ¿A qué es tanta prisa? ¿Casarme con él cuando

todavía no me ha hablado de amor? Decid á mi padre, señora, que todavía

no quiero casarme. Cuando lo haga, con juramento os digo que antes será

mi esposo Romeo, á quien aborrezco, que Páris. ¡Vaya una noticia que me

traeis!

SEÑORA DE CAPULETO.

Aquí viene tu padre. Díselo tú, y verás cómo no le agrada.

(_Entran Capuleto y el Ama._)

CAPULETO.

A la puesta del sol cae el rocío, pero cuando muere el hijo de mi

hermano, cae la lluvia á torrentes. ¿Aún no ha acabado el aguacero,

niña? Tú débil cuerpo es nave y mar y viento. En tus ojos hay marea de

lágrimas, y en ese mar navega la barca de tus ánsias, y tus suspiros

son el viento que la impele. Dime, esposa, ¿has cumplido ya mis órdenes?

SEÑORA DE CAPULETO.

Sí, pero no lo agradece. ¡Insensata! Con su sepulcro debia casarse.

CAPULETO.

¿Eh? ¿Qué es eso? Esposa mia. ¿Qué es eso de no querer y no agradecer?

¿Pues no la enorgullece el que la hayamos encontrado para esposo un tan

noble caballero?

JULIETA.

¿Enorgullecerme? No, agradecer sí. ¿Quién ha de estar orgullosa de lo

que aborrece? Pero siempre se agradece la buena voluntad, hasta cuando

nos ofrece lo que odiamos.

[Ilustración]

CAPULETO.

¡Qué retóricas son esas! «¡Enorgullecerse!» «Sí y no.» «¡Agradecer y no

agradecer!» Nada de agradecimientos ni de orgullo, señorita. Prepárate

á ir por tus piés el juéves próximo á la iglesia de San Pedro á casarte

con Páris, ó si no, te llevo arrastrando en un seron, ¡histérica,

nerviosa, pálida, necia!

SEÑORA DE CAPULETO.

¿Estás en tí? Cállate.

JULIETA.

Padre mio, de rodillas os pido que me escucheis una palabra sola.

CAPULETO.

¡Escucharte! ¡Necia, malvada! Oye, el juéves irás á San Pedro, ó no me

volverás á mirar la cara. No me supliques ni me digas una palabra más.

El pulso me tiembla. Esposa mia, yo siempre creí que era poca bendicion

de Dios el tener una hija sola, pero ahora veo que es una maldicion, y

que áun ésta sobra.

AMA.

¡Dios sea con ella! No la maltrateis, señor.

CAPULETO.

¿Y por qué no, entremetida vieja? Cállate, y habla con tus iguales.

AMA.

A nadie ofendo... No puede una hablar.

CAPULETO.

Calla, cigarron, y véte á hablar con tus comadres, que aquí no metes

baza.

SEÑORA DE CAPULETO.

Loco estás.

CAPULETO.

Loco sí. De noche, de dia, de mañana, de tarde, durmiendo, velando,

solo y acompañado, en casa y en la calle, siempre fué mi empeño el

casarla, y ahora que la encuentro un jóven de gran familia, rico,

gallardo, discreto, lleno de perfecciones, segun dicen, contesta esta

mocosa que no quiere casarse, que no puede amar, que es muy jóven. Pues

bien, te perdonaré, si no te casas, pero no vivirás un momento aquí.

Poco falta para el juéves. Piénsalo bien. Si consientes, te casarás con

mi amigo. Si no, te ahorcarás, ó irás pidiendo limosna, y te morirás

de hambre por esas calles, sin que ninguno de los mios te socorra.

Piénsalo bien, que yo cumplo siempre mis juramentos.

(_Vase._)

JULIETA.

¿Y no hay justicia en el cielo que conozca todo el abismo de mis males?

No me dejes, madre. Dilatad un mes, una semana el casamiento, ó si no,

mi lecho nupcial será el sepulcro de Teobaldo.

SEÑORA DE CAPULETO.

Nada me digas, porque no he de responderte. Decídete como quieras.

(_Se va._)

JULIETA.

¡Válgame Dios! Ama mia, ¿qué haré? Mi esposo está en la tierra, mi fe

en el cielo. ¿Y cómo ha de volver á la tierra mi fe, si mi esposo no la

envia desde el cielo? Aconséjame, consuélame. ¡Infeliz de mí! ¿Por qué

el cielo ha de emplear todos sus recursos contra un sér tan débil como

yo? ¿Qué me dices? ¿Ni una palabra que me consuele?

AMA.

Sólo te diré una cosa. Romeo está desterrado, y puede apostarse doble

contra sencillo á que no vuelve á verte, ó vuelve ocultamente, en caso

de volver. Lo mejor seria, pues, á mi juicio, que te casaras con el

Conde, que es mucho más gentil y discreto caballero que Romeo. Ni un

águila tiene tan verdes y vivaces ojos como Páris. Este segundo esposo

te conviene más que el primero. Y ademas, al primero puedes darle por

muerto. Para tí como si lo estuviera.

JULIETA.

¿Hablas con el alma?

AMA.

Con el alma, ó maldita sea yo.

JULIETA.

Así sea.

AMA.

¿Por qué?

JULIETA.

Por nada. Buen consuelo me has dado. Véte, dí á mi madre que he salido.

Voy á confesarme con Fray Lorenzo, por el enojo que he dado á mi padre.

AMA.

Obras con buen seso.

(_Vase._)

JULIETA.

¡Infame vieja! ¡Aborto de los infiernos! ¿Cuál es mayor pecado en

tí: querer hacerme perjura, ó mancillar con tu lengua al mismo á

quien tantas veces pusiste por las nubes? Maldita sea yo si vuelvo á

aconsejarme de tí. Sólo mi confesor me dará amparo y consuelo, ó á lo

menos fuerzas para morir.

[Ilustración]

[Ilustración]

ACTO IV.

ESCENA PRIMERA.

=Celda de Fray Lorenzo.=

FRAY LORENZO y PÁRIS.

FRAY LORENZO.

¿El juéves dices? Pronto es.

PÁRIS.

Así lo quiere Capuleto, y yo lo deseo tambien.

FRAY LORENZO.

¿Y todavía no sabeis si la novia os quiere? Mala manera es esa de hacer

las cosas, á mi juicio.

PÁRIS.

Ella no hace más que llorar por Teobaldo y no tiene tiempo para pensar

en amores, porque el amor huye de los duelos. A su padre le acongoja

el que ella se angustie tanto, y por eso quiere hacer la boda cuanto

antes, para atajar ese diluvio de lágrimas, que pudiera parecer mal á

las gentes. Esa es la razon de que nos apresuremos.

FRAY LORENZO.

(_Aparte._) ¡Ojalá no supiera yo las verdaderas causas de la tardanza!

Conde Páris, hé aquí la dama que viene á mi celda.

PÁRIS.

Bien hallada, señora y esposa mia.

JULIETA.

Lo seré cuando me case.

PÁRIS.

Eso será muy pronto: el juéves.

JULIETA.

Será lo que sea.

PÁRIS.

Claro es. ¿Venis á confesaros con el padre?

JULIETA.

Con vos me confesaria, si os respondiera.

PÁRIS.

No me negueis que me amais.

JULIETA.

No os negaré que quiero al padre.

PÁRIS.

Y le confesareis que me teneis cariño.

JULIETA.

Más valdria tal confesion á espaldas vuestras, que cara á cara.

PÁRIS.

Las lágrimas marchitan vuestro rostro.

JULIETA.

Poco hacen mis lágrimas: no valía mucho mi rostro, antes que ellas le

ajasen.

PÁRIS.

Más la ofenden esas palabras que vuestro llanto.

JULIETA.

Señor, en la verdad no hay injuria, y más si se dice frente á frente.

PÁRIS.

Mio es ese rostro del cual decis mal.

JULIETA.

Vuestro será quizá, puesto que ya no es mio. Padre, ¿podeis oirme en

confesion, ó volveré al Ave-María?

FRAY LORENZO.

Pobre niña, dispuesto estoy á oirte ahora. Dejadnos solos, Conde.

PÁRIS.

No seré yo quien ponga obstáculos á tal devocion. Julieta, adios. El

juéves muy temprano te despertaré.

(_Vase._)

JULIETA.

Cerrad la puerta, padre, y venid á llorar conmigo: ya no hay esperanza

ni remedio.

FRAY LORENZO.

Julieta, ya sé cuál es tu angustia, y tambien ella me tiene sin alma.

Sé que el juéves quieren casarte con el Conde.

JULIETA.

Padre, no me digais que dicen tal cosa, si al mismo tiempo no

discurris, en vuestra sabiduría y prudencia, algun modo de evitarlo.

Y si vos no me consolais, yo con un puñal sabré remediarme. Vos, en

nombre del Señor, juntasteis mi mano con la de Romeo, y antes que esta

mano, donde fué por vos estampado su sello, consienta en otra union,

ó yo amancille su fe, matarános este hierro. Aconsejadme bien, ó el

hierro sentenciará el pleito que ni vuestras canas ni vuestra ciencia

saben resolver. No os detengais: respondedme ó muero.

FRAY LORENZO.

Hija mia, detente. Aún veo una esperanza, pero tan remota y tan

violenta, como es violenta tu situacion actual. Pero ya que prefieres

la muerte á la boda con Páris, pasarás por algo que se parezca á la

muerte. Si te atreves á hacerlo, yo te daré el remedio.

JULIETA.

Padre, á trueque de no casarme con Páris, mandadme que me arroje de lo

alto de una torre, que recorra un camino infestado por bandoleros, que

habite y duerma entre sierpes y osos, ó en un cementerio, entre huesos

humanos, que crujan por la noche, y amarillas calaveras, ó enterradme

con un cadáver reciente. Todo lo haré, por terrible que sea, antes que

ser infiel al juramento que hice á Romeo.

FRAY LORENZO.

Bien: véte á tu casa, fíngete alegre: dí que te casarás con Páris.

Mañana es miércoles: por la noche quédate sola, sin que te acompañe

ni siquiera tu ama, y cuando estés acostada, bebe el licor que te doy

en esta ampolleta. Un sueño frio embargará tus miembros. No pulsarás

ni alentarás, ni darás señal alguna de vida. Huirá el color de tus

rosados labios y mejillas, y le sucederá una palidez térrea. Tus

párpados se cerrarán como puertas de la muerte que excluyen la luz

del dia, y tu cuerpo quedará rígido, inmóvil, frio como el mármol de

un sepulcro. Así permanecerás 42 horas justas, y entonces despertarás

como de un apacible sueño. A la mañana anterior habrá venido el novio

á despertarte, te habrá creido muerta, y ataviándote, segun es uso,

con las mejores galas, te habrán llevado en ataud abierto al sepulcro

de los Capuletos. Durante tu sueño, yo avisaré por carta á Romeo; él

vendrá en seguida, y velaremos juntos hasta que despiertes. Esa misma

noche Romeo volverá contigo á Mántua. Es el único modo de salvarte del

peligro actual, si un vano y mujeril temor no te detiene.

[Ilustración]

JULIETA.

Dame la ampolleta, y no hablemos de temores.

FRAY LORENZO.

Tómala. Valor y fortuna. Voy á enviar á un lego con una carta á Mántua.

JULIETA.

Dios me dé valor, aunque ya le siento en mí. Adios, padre mio.

ESCENA II.

=Casa de Capuleto.=

CAPULETO, su MUJER, el AMA y CRIADOS.

CAPULETO.

(_A un criado._) Convidarás á todos los que van en esta lista. Y tú

buscarás veinte cocineros.

CRIADO 1.º

Los buscaré tales que se chupen el dedo.

CAPULETO.

¡Rara cualidad!

CRIADO 2.º

Nunca es bueno el cocinero que no sabe chuparse los dedos, ni traeré á

nadie que no sepa.

CAPULETO.

Véte, que el tiempo apremia, y nada tenemos dispuesto. ¿Fué la niña á

confesarse con Fray Lorenzo?

AMA.

Sí.

CAPULETO.

Me alegro: quizá él pueda rendir el ánimo de esa niña mal criada.

AMA.

Vedla, qué alegre viene del convento.

CAPULETO.

(_A Julieta._) ¿Dónde has estado, terca?

JULIETA.

En la confesion, donde me arrepentí de haberos desobedecido. Fray

Lorenzo me manda que os pida perdon, postrada á vuestros piés. Así lo

hago, y desde ahora prometo obedecer cuanto me mandáreis.

CAPULETO.

Id en busca de Páris, y que lo prevenga todo para la comida que ha de

celebrarse mañana.

JULIETA.

Ví á ese caballero en la celda de Fray Lorenzo, y le concedí cuanto

podia concederle mi amor, sin agravio del decoro.

CAPULETO.

¡Cuánto me alegro! Levántate: has hecho bien en todo. Quiero hablar

con el Conde. (_A un criado._) Dile que venga. ¡Cuánto bien hace este

fraile en la ciudad!

JULIETA.

Ama, ven á mi cuarto, para que dispongamos juntas las galas de

desposada.

SEÑORA DE CAPULETO.

No: eso debe hacerse el juéves: todavía hay tiempo.

CAPULETO.

No: ahora, ahora: mañana temprano á la iglesia.

(_Se van Julieta y el Ama._)

SEÑORA DE CAPULETO.

Apenas nos queda tiempo. Es de noche.

CAPULETO.

Todo se hará, esposa mia. Ayuda á Julieta á vestirse. Yo no me

acostaré, y por esta vez seré guardian de la casa. ¿Qué es eso? ¿Todos

los criados han salido? Voy yo mismo en busca de Páris, para avisarle

que mañana es la boda. Este cambio de voluntad me da fuerzas y mocedad

nueva.

ESCENA III.

=Habitacion de Julieta.=

JULIETA y su MADRE.

JULIETA.

Sí, ama, sí: este traje está mejor, pero yo quisiera quedarme sola esta

noche, para pedir á Dios en devotas oraciones que me ilumine y guie en

estado tan lleno de peligros.

(_Entra la señora de Capuleto._)

SEÑORA DE CAPULETO.

Bien trabajais. ¿Quereis que os ayude?

JULIETA.

No, madre. Ya estarán escogidas las galas que he de vestirme mañana.

Ahora quisiera que me dejaseis sola, y que el ama velase en vuestra

compañía, porque es poco el tiempo, y falta mucho que disponer.

SEÑORA DE CAPULETO.

Dramas de Guillermo Shakspeare [vol. 1] · 第 11 / 18 段