en las garras de una lechuza.
ROSS.
Los caballos de Duncan, los mejores de su casta, han quebrantado sus
establos, y vueltos al estado salvaje, son terror de los palafreneros.
EL VIEJO.
Ellos mismos se están devorando.
ROSS.
Así es. ¡Qué horror miran mis ojos!... Pero aquí se acerca el buen
Macduff. ¿Cómo están las cosas, amigo?
MACDUFF.
Ya lo veis.
ROSS.
¿Quién fué el asesino?
MACDUFF.
Los que mató Macbeth.
ROSS.
¿Y qué interes tenian?
MACDUFF.
Eran pagados por los dos hijos del Rey difunto.
ROSS.
¡Horror contra naturaleza! ¡La ambicion se devora á sí misma! Y Macbeth
sucederá en el trono.
MACDUFF.
Ya le han elegido rey, y va á coronarse á Esconia.
ROSS.
¿Y el cuerpo del rey Duncan?
MACDUFF.
Lo llevan á enterrar á la montaña de San Colme, sepulcro de sus mayores.
ROSS.
¿Te vas á Esconia, primo?
MACDUFF.
A Faife.
ROSS.
Yo á Esconia.
MACDUFF.
Felicidad en todo. Adios. Gusto más de la ropa nueva, que de la
antigua.
ROSS.
Adios, buen viaje.
EL VIEJO.
Quien saque como vosotros bien del mal, y haga amigo al enemigo,
llevará la bendicion de Dios.
[Ilustración]
[Ilustración]
ACTO III.
ESCENA PRIMERA.
=Palacio de Fóres.=
BANQUO, MACBETH, un CRIADO y dos ASESINOS.
BANQUO (_sólo_).
Ya eres rey, Macbeth, y señor de Glámis y de Cáudor. Está cumplido en
todas sus partes el vaticinio de las hechiceras, pero ¿quién sabe si la
traicion te habrá allanado el camino? Ni ha de quedar el cetro en tu
linaje. Si es verdad lo que nos dijeron, reyes han de ser mis hijos.
¿Por qué los oráculos que fueron veraces contigo no han de ser tambien
propicios á mi ambicion? Pero disimulemos.
MACBETH.
Ya tenemos aquí á nuestro principal convidado.
LADY MACBETH.
Grande hubiera sido su falta en el banquete.
MACBETH.
Te convido á un gran festin que he de dar esta noche.
BANQUO.
Vuestra Majestad puede mandarme, en vez de convidarme. Mi voluntad está
indisolublemente unida á la vuestra.
MACBETH.
¿Sales á caballo esta tarde?
BANQUO.
Sí.
MACBETH.
Si no, podrias ayudarme con tu consejo en la junta de esta tarde.
Mañana será. ¿Vas lejos?
BANQUO.
Pasearé hasta la hora de cenar. Si mi caballo no aprieta el paso,
pediré prestadas á la noche una ó dos horas.
MACBETH.
No faltes.
BANQUO.
No faltaré.
MACBETH.
Tengo nuevas de que mis revoltosos deudos están refugiados en
Inglaterra y en Irlanda. No confiesan su parricidio, y divulgan contra
mí horrendas acusaciones. Mañana hablaremos de esto, cuando nos
juntemos á tratar de otros negocios. Ahora, á caballo. Hasta luego. ¿Te
acompaña tu hijo?
BANQUO.
Sí, y vendrá pronto, porque ya es hora.
MACBETH.
Dios guie con bien vuestros caballos y os vuelva pronto. Hasta la
noche.
(_Vase Banquo._)
Vosotros haced lo que querais hasta las siete. Vuestra compañía me será
más grata á la hora de cenar, si en este momento me dejais solo. Adios,
mis caballeros.
(_Vanse todos._)
MACBETH.
(_A un criado._) ¿Me esperan ya esos hombres?
CRIADO.
Están á la puerta de palacio.
MACBETH.
Diles que entren.
(_Se va el criado._)
¿De qué me sirve el poder sin la seguridad? Banquo es mi amenaza
perpétua: su altiva condicion me infunde miedo. Junta á su valor el
ingenio y la prudencia. Me reconozco inferior á él como Marco Antonio á
César. Él fué quien se atrevió á dirigir la palabra á las brujas cuando
me aclamaron Rey, y á preguntarlas por su suerte futura, y ellas con
fatídica voz le contestaron: «Tus hijos serán reyes.» A mí me otorgan
una corona estéril, un cetro irrisorio, que no pasará á mis hijos sino
á los de un extraño. Yo vendré á ser el bienhechor de la familia de
Banquo. Por servirla asesiné al Rey Duncan, y llené de hiel el cáliz de
mi vida; y vendí al diablo el tesoro de mi alma. ¡Todo para hacer reyes
á los hijos de Banquo! ¡Fatal destino mio, sálvame: lidia por mí esta
batalla! ¿Quién es?
(_Entran los asesinos._)
(_Al criado._) Espera á la puerta hasta que llame.
(_Vase el criado._)
(_A los asesinos._) Ya oisteis ayer lo que deseo.
ASESINO 1.º
Sí, rey.
MACBETH.
¿Habeis pensado bien lo que os dije? Él y no yo ha sido hasta ahora
la causa de vuestros males. Ya os expliqué cómo se habia burlado de
vosotros: quiénes le ayudaron. En suma el más necio hubiera podido
decir: _Tuvo la culpa Banquo._
ASESINO 1.º
Verdad es lo que dices.
MACBETH.
Y añado más, y vengo al objeto de este coloquio. ¿Hasta cuándo durará
vuestra paciencia? ¿Manda el Evangelio que receis á Dios por ese hombre
y por su linaje, cuando os está empobreciendo y esquilmando, y os tiene
casi á punto de muerte?
ASESINO 1.º
¡Oh Rey! somos hombres.
MACBETH.
Tambien son perros los galgos y los mastines y los lebreles, y los de
aguas y los de caza, pero se distinguen unos de otros por tener más ó
menos valor y fortaleza, y mejor ó peor olfato. La naturaleza reparte
con igualdad sus dones, y por eso las diversas castas tienen nombres
distintos. Lo mismo sucede con los hombres. Si no quereis ser de los
últimos y más abyectos, yo os daré un consejo que os libre para siempre
de esa opresion y tiranía, y os haga acreedores á mi gratitud eterna,
porque no puedo vivir en paz, si él no muere.
ASESINO 1.º
Señor; yo soy un hombre de esos tan maltratados por la suerte, que me
arrojaré á cualquier cosa, por vengarme del mundo.
ASESINO 2.º
Tan mala ha sido mi fortuna, que para mejorarla ó acabar de una vez,
arriesgaré mi vida en cualquier lance.
MACBETH.
Está bien. Banquo es enemigo vuestro.
ASESINO 2.º
Verdad, señor.
MACBETH.
Y mio, á tal extremo que cada minuto de su vida es un tormento para
mí. Yo podria sin cargo de conciencia deshacerme de él, pero tiene
amigos que tambien lo son mios, y no quiero perderlos. Por eso acudo á
vosotros, ya que hay poderosos motivos para que el golpe sea secreto.
ASESINO 2.º
Se hará vuestra voluntad, oh Rey.
ASESINO 1.º
Aunque perezcamos en la demanda.
MACBETH.
Conozco vuestro denuedo. Pronto os diré en qué sitio habeis de
emboscaros, y cuándo; porque esta misma noche ha de darse el golpe.
Conviene que sea lejos de palacio, para alejar de mí toda sospecha. No
dejeis indicio alguno del crímen. Le acompaña su hijo Fleancio, que me
estorba tanto como su padre. Por consiguiente, matadle tambien. Quedaos
solos. Volveré luego.
LOS DOS ASESINOS.
Estamos resueltos.
MACBETH.
Volveré pronto... Entrad... ¡Oh, Banquo! esta noche ó nunca subirá tu
alma á los cielos.
ESCENA II.
Lady MACBETH, MACBETH y un CRIADO.
LADY MACBETH.
¿Está en palacio Banquo?
CRIADO.
No, señora, pero esta noche vendrá.
LADY MACBETH.
Dí al Rey, que quiero hablarle un momento.
CRIADO.
Así lo haré...
LADY MACBETH.
¿De qué nos sirve haber logrado nuestros deseos, si no alcanzamos
placer ni reposo? Es preferible la paz de nuestras víctimas, al falso
goce que procede del crímen.
(_Entra Macbeth._)
Esposo mio, ¿por qué te atormentan siempre tan tristes recuerdos?
olvida lo pasado.
MACBETH.
Hemos herido á la serpiente, pero no la hemos matado. Volverá á
acometernos, mientras estemos cerca de sus dientes. ¡Húndase la tierra,
arda el universo, antes que yo coma ni duerma en medio de tales
espantos nocturnos! ¡Ojalá estuviera yo con mis víctimas, más bien
que entregado á la tortura de mi pensamiento! Duncan no teme ya ni el
hierro matador ni el veneno, ni la discordia, ni la guerra.
LADY MACBETH.
Esposo mio, alegra ese semblante, para que nuestros huéspedes no
adviertan esta noche tu agitacion.
MACBETH.
Así lo haré, amada mia. Fíjate en Banquo: muéstrate risueña con él, en
la mirada y en las palabras. Todavía no estamos seguros: es preciso
lavar nuestra honra en el rio de la adulacion, y convertir nuestros
semblantes en hipócrita máscara.
LADY MACBETH.
¡Oh, basta, basta!
MACBETH.
Mi alma es un nido de sierpes... ¡Todavía respiran Banquo y Fleancio!
LADY MACBETH.
No son inmortales.
MACBETH.
Esa es la esperanza que nos queda. El hierro puede alcanzarlos.
Antes que el murciélago abandone su claustro; antes que se oiga en
el silencio de la noche el soñoliento zumbido del escarabajo, estará
terminado todo.
LADY MACBETH.
¿Qué quieres decir?
MACBETH.
Vale más que lo ignores, hasta que esté cumplido, y puedas regocijarte
en ello. Ven, ciega noche, venda tú los ojos al clemente dia. Rompa
tu mano invisible y ensangrentada la atroz escritura que causa mis
terrores... Va creciendo la oscuridad: retorna el cuervo á la espesura
del bosque: las aves nocturnas descienden anhelosas de presa... ¡Te
horrorizan mis palabras! ¿Y por qué? Sólo el crímen puede consumar lo
que ha empezado el crímen. Ven conmigo.
ESCENA III.
=Bosque á la entrada del palacio.=
ASESINOS, BANQUO y su hijo FLEANCIO.
ASESINO 1.º
¿Quién te ha enviado?
ASESINO 3.º
Macbeth.
ASESINO 2.º
No debemos dudar de él, puesto que sabe nuestro fin y propósito.
ASESINO 1.º
Ya muere el sol en occidente, y el pasajero aguija su caballo para
llegar á la posada. Ya está cerca el que esperamos.
ASESINO 3.º
Suenan las herraduras de sus caballos.
BANQUO.
(_Dentro._) ¡Luz!
ASESINO 2.º
¡Ahí está! Le aguardan en la llanura.
ASESINO 1.º
Se llevan los caballos.
ASESINO 3.º
El, como los demas, se encamina á pié á palacio.
BANQUO.
¡Luz, luz!
ASESINO 3.º
¡Ahí está!
ASESINO 1.º
Aguarda. (_Entran Banquo, su hijo Fleancio, un criado con antorcha._)
BANQUO.
Va á llover esta noche.
[Ilustración]
ASESINO 1.º
¡Muera! (_Le hiere._)
BANQUO.
¡Traicion! Huye, hijo, y si puedes, venga mi muerte. (_Cae._)
ASESINO 3.º
¿Por qué mataste la luz?
ASESINO 1.º
¿No hice bien?
ASESINO 3.º
Ha muerto uno solo. El hijo huye.
ASESINO 2.º
Hemos perdido la mitad de la paga.
ASESINO 1.º
Vamos á dar cuenta á Macbeth.
ESCENA IV.
=Sala de palacio. Mesa preparada para un festin.=
MACBETH, los CONVIDADOS, LADY MACBETH, ASESINO 1.º y LÉNNOX.
MACBETH.
Sentaos, segun vuestra categoría y nobleza. Bien venidos seais todos.
LOS CONVIDADOS.
Gracias.
MACBETH.
Siéntese la reina en el trono, y démosle la bienvenida.
LADY MACBETH.
Gracias. Dádsela á nuestros convidados. Os saludo de todo corazon,
señores.
MACBETH.
Con toda el alma te lo agradecen. (_Á Lady Macbeth._) Los dos lados
iguales: yo en medio. Alegraos, brindaremos juntos.
(_Se presenta el asesino 1.º_)
Traes manchada la cara de sangre.
ASESINO 1.º
Sangre de Banquo.
MACBETH.
Más vale que sea la suya que la tuya. ¿Queda muerto?
ASESINO 1.º
Le degollé, señor.
MACBETH.
¡Matador excelente te debo apellidar, y más, si acabaste tambien con
Fleancio!
ASESINO 1.º
¡Oh rey! huyó.
MACBETH.
¡Y siguen mis temores! Si él hubiera muerto, yo seria feliz, duro como
el mármol y las rocas, libre como el aire. Pero ahora me veo receloso,
inquieto, entre dudas y temores. ¿Y Banquo murió de veras?
ASESINO 1.º
Cayó en una zanja profundísima, con veinte heridas en la cabeza, la
menor de ellas mortal.
MACBETH.
Gracias infinitas. Muerta está la serpiente, pero ese retoño fugitivo
ha de envenenarnos con el tiempo. Todavía no ha echado dientes. Vuelve
mañana. Aún tenemos que hablar.
(_Se va el asesino._)
LADY MACBETH.
Esposo, anima con tu presencia y tus palabras la languidez del festin.
Si no has de hacerlo, más valdrá comer solos. La alegría es la salsa de
las cenas.
MACBETH.
¡Dulce maestra mia! La buena digestion venga hoy despues del apetito, y
tras ellos la salud.
LÉNNOX.
Tomad asiento, rey.
MACBETH.
Congregada tendríamos esta noche la flor de la monarquía, si no nos
faltase el ilustre Banquo. Quiero culpar su negligencia, más bien que
imaginar que le haya acontecido alguna desgracia.
(_El espectro de Banquo ocupa el sitial de Macbeth._)
LÉNNOX.
Honradnos, señor, tomando asiento.
MACBETH.
¿Dónde? No le encuentro.
LÉNNOX.
Aquí le teneis, señor.
MACBETH.
¿Dónde?
LÉNNOX.
Señor, aquí. ¿Pero qué agitacion es la vuestra?
MACBETH.
¿Quién de vosotros ha hecho esto?
LÉNNOX.
¿Qué, señor?
MACBETH.
Yo no... yo no lo hice... no me mires agitando tu cabellera tinta en
sangre.
ROSS.
Levantaos: el rey está enfermo.
LADY MACBETH.
No, no, continuad sentados. Son accidentes que desde jóven padece
mi marido. No os levanteis. Es cosa de un momento. Vereis cual se
repone en seguida. No os fijeis en él, porque se aumentará su delirio.
(_Aparte á Macbeth._) ¡Y dices que eres hombre!
MACBETH.
Y hombre fuerte, pues que me atrevo á mirar de hito en hito lo que
pondria espanto al mismo Satanás.
LADY MACBETH.
¡Necedad insigne! ¡Sombras que finge el miedo! Es como aquel puñal
que decias que te guiaba por el aire, cuando mataste al rey Duncan.
¡Consejas, tolerables solo en boca de una anciana, al amor de la
lumbre! ¡Vergüenza para tí! ¡Y áun sigues turbado! ¡No ves que tú
asiento está vacío!
MACBETH.
¡No, no... Mira, mira!... ¿No lo ves?... ¿Qué dices ahora?... Pero ¿qué
me importa lo que digas? ¿Mueves la cabeza en signo de incredulidad?...
Habla, habla... Si los sepulcros nos arrojan su presa, los palacios se
trocarán en festin de buitres.
(_Se va la sombra._)
LADY MACBETH.
¿Estás loco?
[Ilustración: _El festin de Macbeth._]
MACBETH.
Te juro, por mi alma, que le he visto.
LADY MACBETH.
¿Y no te avergüenzas?
MACBETH.
Siempre se ha derramado sangre. Desde que el mundo es mundo, ha habido
crímenes atroces. Pero antes el muerto muerto se quedaba. Ahora las
sombras vuelven y nos arrojan de nuestros sitiales.
LADY MACBETH.
Tus caballeros reclaman tu presencia.
MACBETH.
No me acordaba de ellos. ¡Amigos mios! ¡nobles caballeros! no hagais
caso de mí. Si me conocierais bien, no os extrañaria este súbito
accidente. ¡Salud, amigos! Brindemos á la salud de nuestro amigo
Banquo, único que nos falta. ¡Ojalá llegue pronto! ¡Brindo por
vosotros, y por él y por todos!
LOS CONVIDADOS.
Nosotros repetimos el brindis.
(_Vuelve á aparecer la sombra._)
MACBETH.
¡Lejos, lejos de mí!... Que la tierra te trague... Mi sangre se hiela:
falta á mis huesos el tuétano... la lumbre de mis ojos se oscurece.
LADY MACBETH.
El accidente vuelve: no es grave, pero descompone la fiesta.
MACBETH.
Yo no temo nada de lo que pueden temer los hombres. Ven á mí en forma
de tigre de Hircania, de oso ó de rinoceronte: no se agitarán mis
nervios. O vuelve á la vida, y rétame á lid campal, hierro á hierro, y
si tiemblo al ir á encontrarte, llámame hijo de mi nodriza... Pero no
vengas como sombra. ¡Huye de mí, formidable espectro!
(_Desaparece la sombra._)
Ya se retira, y vuelvo á ser hombre. Sentaos otra vez: os lo suplico.
LADY MACBETH.
Con ese delirio has turbado la alegría del convite.
MACBETH.
¿Y cómo no asombrarnos, cuando estalla esa borrascosa nube de verano?
Ahora dudo de mi razon viendo que podeis contemplar tales apariciones
sin que vuestro rostro palidezca.
ROSS.
¿De qué apariciones hablas?
LADY MACBETH.
¡Silencio! La contradiccion le molesta. Podeis retiraros sin ceremonia.
Idos pronto.
LOS CONVIDADOS.
Buenas noches, y descanse el Rey.
LADY MACBETH.
Buenas noches.
MACBETH.
¡Sangre pide! La sangre clama por sangre; ya lo dice el proverbio.
Hasta los árboles hablan á la voz del agorero, ó por natural virtud. Y
á veces la voz de la urraca, del cuervo, ó del grajo, ha delatado al
asesino. ¿Qué hora es?
LADY MACBETH.
La noche combate con las primeras horas del dia.
MACBETH.
Macduff se niega á obedecerme, y á reconocer mi autoridad.
LADY MACBETH.
¿Le has llamado?
MACBETH.
No, pero tengo noticias ciertas de él por mis numerosos espías. Mañana
temprano iré á ver á las brujas. Quiero apurarlo todo, y averiguar el
mal, aunque sea por medios torcidos. Todo debe rendirse á mi voluntad.
Estoy nadando en un mar de sangre, y tan lejos ya de la orilla, que
me es indiferente bogar adelante ó atras. Es tiempo de obras y no de
palabras. Descienda el pensamiento á las manos.
LADY MACBETH.
Te falta la sal de la vida, el sueño.
MACBETH.
Pues á dormir. ¡Mi terror, nacido de la falta de costumbre, me quita el
sueño! ¡Soy novicio en el crímen!
ESCENA V.
=Un páramo.—Tempestad.=
BRUJA 1.ª
Oh Hécate, tu semblante muestra á las claras tu enojo.
HÉCATE.
¿Y no tengo razon, impertinentes viejas? ¿Por qué, siendo yo la
fuente de vuestro poder y de todos los males humanos, habeis osado,
sin pedirme consejo, ni acudir á mi ciencia, tratar con Macbeth por
enigmas? ¡Y todo en provecho de un ingrato, de un ambicioso, que sólo
mira á su interes, y no se acuerda de vosotras! Antes que el sol se
ponga, venid á los antros tartáreos; no dejeis de traer ninguna de
vuestras redomas, encantos y conjuros. Ahora, á volar. Esta noche ha de
cumplirse una evocacion tremenda. De la luna pende una gota de vapor
que he de coger esta misma noche antes que caiga. Yo la destilaré con
mi ciencia maravillosa, y evocaré génios de tal virtud que le traigan
lisonjeramente engañado hasta el abismo. No temerá la muerte: confiará
en su estrella: podrá más su esperanza que su buen juicio ó sus
temores, y ya veis que hombre excesivamente confiado está medio perdido.
(_Se oye dentro una voz._) ¡Venid, venid!
HÉCATE.
¿Ois la voz del génio? Camina en esa transparente nube.
LAS BRUJAS.
Vámonos, que pronto volverá.
ESCENA VI.
=Palacio de Fóres.=
LÉNNOX y el SEÑOR.
LÉNNOX.
Te asombra lo que he dicho. Pero sigue tú discurriendo. Macbeth
mostró mucho sentimiento por la muerte de Duncan... ¡Es claro, como
que estaba muerto! Banquo salió á pasear muy tarde, y quizá le mataria
su hijo, puesto que huyó en seguida.—¿Y á quién se le ocurre salir á
pasear de noche?... ¿No fué cosa monstruosa el parricidio de Malcolm y
Donalbáin? ¡Cómo le angustió á Macbeth!... Tanto que en seguida mató á
los guardas, dominados por el sueño y el vino... ¡Lealtad admirable!...
ó gran prueba de talento. Hizo bien, porque ¿quién hubiera podido oir
con calma que negaban el crímen? A fe mia que si cayeran en manos de
Macbeth (lo cual no es fácil, ni Dios permita) los hijos de Duncan, ya
habian de ver lo que es matar á su padre, y lo mismo el hijo de Banquo.
Pero callemos, que por hablar demasiado y por huir de la mesa del Rey,
anda perseguido Macduff. ¿Sabes dónde está?
EL SEÑOR.
Malcolm, el heredero del trono de Duncan, usurpado por ese tirano, vive
en Inglaterra, al amparo del santo rey Eduardo, y dando brillantes
muestras de lo claro de su estirpe. Macduff ha ido á aquella córte, á
solicitar el auxilio del valeroso duque Suardo. Con su ayuda, y sobre
todo con la del Dios de los ejércitos, no volverá el puñal á turbar
nuestros sueños, y vivirán seguros los leales. La indignacion del Rey,
al saberlo, ha sido tanta, que va á declarar la guerra.
LÉNNOX.
¿Y no llamó antes á Macduff?
EL SEÑOR.
Sí le llamó, pero él contestó rotundamente que no, volvió la espalda al
mensajero, y parecia decir entre dientes: «Muy cara os ha de costar mi
respuesta.»
LÉNNOX.
Será un aviso para que proceda con cautela, y no se exponga á nuevas
asechanzas. Vaya á Inglaterra un ángel con la noticia de todo lo
ocurrido, antes que Macduff vuelva. Caigan de nuevo las bendiciones de
Dios sobre esta tierra infeliz oprimida por un tirano.
EL SEÑOR.
Óigate el cielo.
[Ilustración]
[Ilustración]
ACTO IV.
ESCENA PRIMERA.
=El antro de las brujas.—En medio una caldera hirviendo.—Noche de
tempestad.=
BRUJAS, HÉCATE, MACBETH, varias SOMBRAS y LÉNNOX.
BRUJA 1.ª
Tres veces ha mayado el gato.
BRUJA 2.ª
Tres veces se ha lamentado el erizo.
BRUJA 3.ª
La arpía ha dado la señal de comenzar el encanto.
BRUJA 1.ª
Demos vueltas al rededor de la caldera, y echemos en ella las hediondas
entrañas del sapo que dormia en las frias piedras y que por espacio de
un mes ha estado destilando su veneno.
TODAS LAS BRUJAS.
Aumente el trabajo: crezca la labor: hierva la caldera.
BRUJA 3.ª
Lancemos en ella la piel de la víbora, la lana del murciélago amigo
de las tinieblas, la lengua del perro, el dardo del escorpion, ojos
de lagarto, músculos de rana, alas de lechuza... Hierva todo esto,
obedeciendo al infernal conjuro.
BRUJAS.
Aumente el trabajo: crezca la labor: hierva la caldera.
BRUJA 3.ª
Entren en ella colmillos de lobo, escamas de serpiente, la abrasada
garganta del tiburon, el brazo de un sacrílego judío, la nariz de un
turco, los labios de un tártaro, el hígado de un macho cabrío, la raiz
de la cicuta, las hojas del abeto iluminadas por el tibio resplandor
de la luna, el dedo de un niño arrojado por su infanticida madre al
pozo... Unamos á todo esto las entrañas de un tigre salvaje.
TODAS LAS BRUJAS.
Aumente el trabajo: crezca la labor: hierva la caldera.
BRUJA 2.ª
Para aumentar la fuerza del hechizo, humedecedlo todo con sangre de
mono.
HÉCATE.
Alabanza merece vuestro trabajo; y yo le remuneraré. Danzad en torno de
la caldera, para que quede consumado el encanto.
BRUJA 2.ª
Ya me pican los dedos: indicio de que el traidor Macbeth se aproxima.
Abríos ante él, puertas.
MACBETH.
Misteriosas y astutas hechiceras, ¿en qué os ocupáis?
LAS BRUJAS.
En un maravilloso conjuro.
MACBETH.
En nombre de vuestra ciencia os conjuro. Aunque la tempestad se desate
contra los templos, y rompa el mar sus barreras para inundar la tierra,
y el huracan arranque de cuajo las espigas, y derribe alcázares y
torres; aunque el mundo todo perezca y se confunda, responded á mis
interrogaciones.
BRUJA 1.ª
Habla.
BRUJA 2.ª
Pregúntanos.
BRUJA 3.ª
Á todo te responderemos.
BRUJA 1.ª
¿Quieres que hablemos nosotras ó que contesten los génios, señores
nuestros?
MACBETH.
Invocad á los génios, para que yo los vea.
BRUJA 1.ª
Verted la sangre del cerdo: avivad la llama con grasa resudada del
patíbulo.
LAS BRUJAS.
Acudid á mi voz, génios buenos y malos. Haced ostentacion de vuestro
arte.
(_En medio de la tempestad, aparece una sombra, armada, con casco._)
MACBETH.
Respóndeme, misterioso génio.
BRUJA 1.ª
Él adivinará tu pensamiento. Óyele y no le hables.
LA SOMBRA.
Recela tú de Macduff, recela de Macduff, Adios... Dejadme.
[Ilustración]
MACBETH.
No sé quién eres, pero seguiré tu consejo, porque has sabido herir la
cuerda de mi temor. Oye otra pregunta.
BRUJA 1.ª
No te responderá, pero ahora viene otra sombra.
(_Aparece la sombra de un niño cubierto de sangre._)
LA SOMBRA.
Macbeth, Macbeth, Macbeth.
MACBETH.
Aplico tres oidos para escucharte.
LA SOMBRA.
Si eres cruel, implacable y sin entrañas, ninguno de los humanos podrá
vencerte.
MACBETH.
Entonces ¿por qué he de temer á Macduff?... Puede vivir seguro... Pero
no... es más seguro que perezca, para tener esta nueva prenda contra el
hado... No le dejaré vivir; desmentiré así á los espectros que finge el
miedo, y me dormiré al arrullo de los truenos.
(_La sombra de un niño, con corona y una rama de árbol en la mano._)
¿Quién es ese niño que se ciñe altanero la corona real?
BRUJAS.
Óyele en silencio.
LA SOMBRA.
Sé fuerte como el leon: no desmaye un punto tu audacia: no cedas ante
los enemigos. Serás invencible, hasta que venga contra tí la selva de
Birnam, y cubra con sus ramas á Dunsinania.
MACBETH.
¡Eso es imposible! ¿Quién puede mover de su lugar los árboles y
ponerlos en camino? Favorables son los presagios. ¡Sedicion, no alces
la cabeza, hasta que la selva de Birnam se mueva! Ya estoy libre de
todo peligro que no sea el de pagar en su dia la deuda que todos
tenemos con la muerte. Pero decidme, si es que vuestro saber penetra
tanto: ¿reinarán los hijos de Banquo?
LAS BRUJAS.
Nunca podrás averiguarlo.
MACBETH.
Decídmelo. Os conjuro de nuevo y os maldeciré, si no me lo revelais.
Pero ¿por qué cae en tierra la caldera?... ¿Qué ruido siento?
LAS BRUJAS.
Mira.—¡Sombras, pasad rápidas, atormentando su corazon y sus oidos!
(_Pasan ocho reyes, el último de ellos con un espejo en la mano.
Despues la sombra de Banquo._)
MACBETH.
¡Cómo te asemejas á Banquo!... Apártate de mí... Tu corona quema mis
ojos... Y todos pasais coronados... ¿Por qué tal espectáculo, malditas
viejas?... Tambien el tercero... Y el cuarto... ¡Saltad de vuestras
órbitas, ojos mios!... ¿Cuándo, cuándo dejareis de pasar?... Aún viene
otro... el séptimo... ¿Por qué no me vuelvo ciego?... Y luego el
octavo... Y trae un espejo, en que me muestra otros tantos reyes, y
algunos con doble corona y triple cetro... Espantosa vision... Ahora
lo entiendo todo... Banquo, pálido por la reciente herida, me dice
sonriéndose que son de su raza esos monarcas... Decidme, ¿es verdad lo
que miro?
LAS BRUJAS.
Verdad es, pero ¿á qué tu espanto?... Venid, alegraos, ya se pierde en
los aires el canto del conjuro: gozad en misteriosa danza: hagamos al
Rey el debido homenaje.
(_Danzan y desaparecen._)
MACBETH.
¿Por dónde han huido?... ¡Maldita sea la hora presente!
LÉNNOX.
¿Qué hay?
MACBETH.
¿No has visto á las Brujas?
LÉNNOX.
No.
MACBETH.
¿No han pasado por donde tú estabas de guardia?
LÉNNOX.
No.
MACBETH.