Mataguaya, de unos 200 de toda chusmas tenian lenguarás en la lengua
_quichua_, y por medio de mi paje exhortèles á la conversion de la Fé: y
haciendo poco aprecio, solo aspiraban á pedir tabaco y otros cosas.
Regaléles y quedaron contentos: mas unos 12 de estos, ocultándose entre
los sauces, me siguieron dos leguas, y arrojáronse á la canoa. A este
tiempo, saltó de la banda del S, otra indiada de mas de 300 Matacos de
toda chusma, y huyeron los 12 que me seguian. Son todos de una misma
nacion, pero enemigos declarados los del S con los del N; y suelen decir
los del S: _Mataco bueno_, _Mataguayo malo_, y al contrario los del N.
Estaban todos bebidos, cayeron sobre la canoa, y apoderados de ella, nos
llevaron donde estaba la chusma. Salté á tierra, y preguntéles: ¿qué
querian? que yo era su amigo, que los regalaría, que no hiciesen daño á
los mios. Hablaban con enojo en su lengua, y al cabo de un buen rato
dijo el ladino: _saca, Padre, mucho tabaco, bizcochos y cuchillos_.
Díles con abundancia, y no hubiesen quedado contentos, si no hubiese
dado á algunos de los capitanes un sombrero y unas varas de ropa. De
allí, como á la legua, salió otra indiada, como de unos 200 de toda
chusma: practicaron la misma diligencia que los antecedentes, quisieron
llevarselo todo: pero habiendo dado á un capitan, que mandaba entre
ellos, unas varas de ropa y seis cuchillos, los contentó el capitan con
unas gualcas, charque y bizcochos que les dí, y me dieron paso. A la
media legua, á la parte del S, topamos una rancheria á las márgenes del
rio, que era de un indio ladino llamado _Francisco_: recibíome este
indio con mucho agrado, á quien exhorté acerca de su reduccion: hícele
presente nuestra santa ley; y me dijo, que su hermano Estevan, y él con
el indio Mariano, querian reduccion en _Mais Gordo_. Díles algunas
cosas: serian de toda chusma poco mas de 100: paramos junto á la misma
ranchería. La sonda, de á seis cuartas: anduvimos este dia, por las
continuas paradas, 8 leguas; todo es campo en las márgenes de este dia,
con algunas cejas de monte.
El 20 amaneció lloviendo con fuerte viento, mas por huir de los indios
caminamos como una legua: y lloviendo como estaba, de la parte del N se
arrojaron al rio, entre hombres y mugeres, mas de 200, que algunos
estuvieron ya para ahogarse. Llegaron á la canoa, y apoderados de ella,
querian llevarlo todo: díles algunas cosas, y dejáronme. Arrimème á un
recodo de la parte del N, donde pudimos refugiarnos del agua y del
viento. Todo este dia paré, é iban y venian los indios, á quienes les
mostraba por su ladino las verdades de Jesu-Cristo, y las mentiras de
Satanás. Este dia á D. José Parilla le dió un accidente, que quedó mas
de una hora por muerto; y salimos poco despues por haberse aliviado
dicho Parilla. Anduvimos una legua: la sonda de tres varas.
El 21, saliendo al amanecer, á la legua de camino encontramos una
rancheria de 150 indios de toda chusma, al lado del N, que nos estaban
aguardando dentro de unos sauces, y uno de ellos en voz alta, dijo: si
_no hay tabaco, no hay caballo_. Comprendíle el misterio, y atracando la
canoa donde estaban, dándoles tabaco y otras cosas, parè. A poco
volvieron á salir 6 indios, de los que ya dejábamos atras, diciendo, que
á ellos no les habia dado tabaco: volvíles á dar, y se fueron. Aquí el
rio da vuelta á la parte del N por espacio de dos leguas, y vuelve al
naciente. A la parte del S salió una indiada Mataca: su ladino se
llamaba _Luis_, á quien antes conocia; pues este con su gente trabajó en
Salta en el convento, estando yo de guardian; y de toda chusma habria
220. Tratéles de su conversion, y me respondió que ya habia tratado con
su amigo el Señor Arias. Regalélos, y me regaló dicho ladino un poco de
miel: paramos junto á unas rancherias á la parte del S. Dijéronme los
indios que serian como unos 200 de toda chusma, que su ladino era
_Lopez_, que vendria presto, (conocia á este indio) y lo mandé llamar.
Anduvimos este dia 13 leguas: la sonda de á mas de 6 cuartas en la
playa, y lo demas de tres varas. Las orillas del rio en este dia son
campos, sauzales y cejas de monte: díles á estos indios bizcocho y carne
para cenar.
El 22 por la madrugada llegó el dicho ladino Lopez, habléle á él y á los
suyos, exhortándolos á que pidiesen reduccion, y me dijo, que èl, con el
hijo del difunto José Antonio, habian hablado al Señor Arias, cerca de
reduccion. Preguntéles donde estaba el José Antonio, y qué familia
tenia: y me dijo, "ya lo has pasado, pues está dentro, en unas lagunas,
y tiene mas de 200 indios". Regaléles cuchillos, ropa, tabaco y otras
cosas: diéronme unos zapallos, y me despedí de ellos.
A la legua de camino, al lado del N de un bosque espeso de sauces, salió
un indio: huyó al vernos, y habiendo ido á llamar á sus compañeros, como
á la legua, nos salió una comitiva de indios, que serian 50, todos con
armas. Pidiéronme tabaco; mas un viejo con desagrado daba voces en su
lengua, y me quitò de la mano el tabaco que tenia, como enfadado: díles
otras cosas y se fueron. Da el rio muchas vueltas de N á S por campos
abiertos. A la parte del N salieron 12 indios con tu ladino: díles
tabaco y bizcocho, y todo era preguntar ¿donde parábamos aquella noche?
Siguiéronnos, ocultándose á trechos mas de dos leguas, y habiendo
encontrado á la parte del S dos indios de la rancheria de _Josengo_, les
dije lo llamasen. Seguíannos los del N, ocultándose á veces, y habiendo
llegado Josengo con su gente, luego que vieron á estos, dispararon los
12 que nos seguian.
Hablé con dicho Josengo, y otro ladino llamado _Ignacio_, acerca de su
conversion, y me dijeron ambos, que ya habian tenido tratados con dicho
Señor Arias, que en fé de su deseo le habian dado cuatro muchachos hijos
suyos, para que los tuviese como en rehenes. Regaléles algunas cosas, y
paramos en este parage, que dijeron llamarse los _Caymanes_: anduvimos
este dia 14 leguas. La sonda por las playas de mas de seis cuartas, y lo
restante de mas de tres varas: pobladas las márgenes del rio de campos y
sauzales.
El 23 al amanecer regalé á toda la chusma que habia llegado esta noche,
que serian 250. Despedíme de mis amigos: nuestro rio da vueltas y
revueltas, sin perder su natural giro al naciente. A las dos leguas, del
lado del N, salieron como 80 indios Mataguayos, arrojáronse al rio,
apresáronme la canoa, y furiosos querian estorbar nuestro tránsito: pero
al cabo del tabaco y otras regalías se rindieron, y nos dieron paso
franco. Como á las 5 leguas, á la parte del S, encontramos con la
rancheria de _Lope Mozo_, de nacion Mataca, que componia el número de
130 indios de toda chusma: recibíome con agrado: demostróme el gozo que
tenia de la oferta de reduccion que les habia hecho el Señor Arias, y
habiéndolos regalado, en recompensa dièronme una lechiguana, y gustosos
se despidieron.
Como á las tres leguas de esta rancheria, á la parte del S, encontré con
la del ladino _Tineo_, que se compondrá de mas de 300 indios, entre
chicos y grandes: díles á entender por dos ladinos que tenian, la
ceguedad en que vivian; los daños que les habian de resultar de la
idolatria á sus almas, y por esta las necesidades que pasaban: que
prestasen vasallaje al Rey, mi Señor, de las Españas, que este Señor los
favoreceria: y siendo estos, como los judios, carnales, expliquéles con
ejemplos materiales las ventajas que lograrian en nuestra religion, de
presente y de futuro. Díles á entender la hermosura de la gracía, y la
fealdad del pecado, la eternidad consabida en uno y otro extremo de pena
y gloria, con la duracion del alma, y otros puntos que juzgué por
convenientes, los que oyeron con gusto: y tratándoles de reduccion, un
ladino, llamado _Lorenzo_, me respondió lo mismo que ya me habia
informado Ignacio, su compañero; por lo que conocí de cierto en estos
deseo de reducirse.
Preguntéles por su caudillo Tineo, y me dijeron, que estaba muy enfermo,
y distante de allí 15 leguas, por lo que con harto dolor mio no pude ir
á socorrerle en su mayor necesidad. Díles á todos varias regalias,
especializándome con los dos ladinos: quedarónse gustosos, y despedíme
de ellos. A la legua, á la parte del N, salieron unos 50 indios
Mataguayos; díles tabaco y unas gualcas, y quedaron contentos. Paramos
este dia en un recodo que hace el rio á la parte del S. Anduvimos 18
leguas: la sonda, por lo menor, seis cuartas, lo mas cuatro varas.
Llaman á este parage _la Esqina_: las orillas del rio son campos y cejas
de montes.
El 24 salimos al ser de dia: á las dos leguas encontramos una caja de
monte alto, con árboles de palo santo, á la parte del S, y á la del N,
eminentes palmares que siguen como 6 leguas. Encontramos este dia á la
parte del S, una rancheria despoblada, cuya construccion indicaba ser de
Chunupíes, con algunos pescaderos que tenian en el rio: aquí paramos en
esta rancheria, habiendo caminado 18 leguas. La sonda lo menos de dos
varas, lo mas de cinco y seis. Registramos en sus orillas este dia
montes, palmares y campos.
El 25, caminando de esta jornada, llegamos á la rancheria del famoso
General de los Chunipíes, Sinipés y Malbaláes, _Antecapibax_, á quien
encontré con sus dos valerosos capitanes, _Chinchin_ y _Guanchil_, y
habiéndoles hablado sobre su conversion, me diò á entender dicho General
el deseo de su conversion, y cuanto placer habia tenido de conocer al
español, y haber tratado á su amigo, el General Arias; y que hacia muy
poco habia mandado mensage acerca del sitio de su reduccion, avisándole
de su grave enfermedad que habia padecido, en la que imaginó morir; pero
que el Dios de los cristianos le habria otorgado tiempo para cumplir sus
deseos: que él y las tres naciones de su mando estaban prontos á cumplir
su escritura. Agradóme mucho esta gente, que es agigantada, hermosa de
rostro, blanca, despejada, muy culta y aseada en su vestido. Es dicho
General muy circunspecto y afable, sin que desmienta su señorio á su
gratitud: es temido y respetado de los suyos; pues, queriendo bajar
algunos solteros y solteras á la canoa, para verla por curiosidad,
mandóles en su lengua se estuviesen quietos, y lo practicaron, y á
súplicas mias se les permitió paso á su curiosidad, que á nó, no lo
consiguiesen.
Hízome presente, que su amigo, _el español_ Arias, les habia recomendado
á los que viniesen por agua, y que en su poder habia dejado una vaca
para que la diese á nuestra pasada: que estaba pronta, y que ya habia
enviado por ella. Agradecíles, y les dije que la comiesen en mi nombre.
Gratifiquéles cuanto pude, y suplicáronme quedase allí aquel dia con
ellos, á cuyo ruego no pude condescender. Al despedirme, me abrazó dicho
General, y me suplicó intercediese mi respeto para que su amigo Arias
les diese reduccion en aquel parage, y le persuadiese que esta mudanza
no era veleidad de su parte, sino buscar para los suyos su mayor
comodidad: que estuviese cierto de su constante amistad, y rogóme una y
muchas veces fuese yo su cura. A una y otra súplica le ofrecí el sí.
Regalóme un cordero, que á la verdad estaba hermoso de gordo, y
despedíme. Se compone esta rancheria de Chunupíes y Malbaláes, de 330
indios de toda chusma.
De esta rancheria, en distancia de 5 leguas á la parte del N, salió otra
de Mataguayos, de 130 indios de toda chusma. No tenia ya tabaco que
darles, que es lo que mas aprecian, y se contentaron con sal, bizcocho,
charque y unos clavos que traia. Encontramos por la parte del S tres
rancherias de Chunupíes, despobladas: paramos en la última á hacer
mediodia; y estando comiendo, pasó una india Sinipé á caballo, cerca de
nosotros: llaméla y vino á donde nosotros estábamos. Díle un poco de
bizcocho y unas cintas, y generosa, echando mano á sus mochilas, me
regaló todos los choclos y zapallos que traia, y se fué: estando
comiendo llegaron otros dos indios Sinipés: comieron conmigo, y se
fueron. Seguimos nuestro camino, y habiendo andado 16 leguas este dia,
paramos junto á unas barrancas salitrosas; su altura de tres varas. La
sonda de este dia, por ir el rio recogido, de mas de dos varas en lo
menos, y en lo mas, de seis y siete varas: las márgenes del rio están
pobladas de palmares y cejas de montes. Ya anochecido, pasò de la banda
del N un indio Mataguayo: convidéle á cenar conmigo, y despues de haber
cenado bien, se despidió con señales de amigo, y á la media noche vino
por el agua con otros cinco indios, y nos hurtaron la caldera de
calentar agua, un plato de estaño y otras cosas.
El 26 vino un indio Sinipé, con su lanza á caballo: díle un cuchillo, y
díjome: _yo Sinipé bueno, Mataguayo malo_: _yo guapo_: siguió la orilla
del rio en pos de nosotros. A poca distancia salió de la parte del N una
indiada Mataguaya, de ciento y mas indios, siendo su caudillo el
antecedente convidado y ladron nocturno: se arrojaron á la canoa, y el
indio Sinipé que nos acompañaba, se arrojó al rio y pasó donde yo
estaba, y habiéndoles regalado charque, bizcocho y gualcas, quedaron
contentos. Siguiéronnos unos 12, y nunca se atrevieron á llegar,
temerosos del indio Sinipé que á caballo nos acompañaba: fuése el indio
Sinipé. Este dia caminamos 16 leguas; su sonda por las playas, de seis
cuartas, lo demas de tres varas. Las orillas del rio son campos
abiertos, palmares y árboles de palo santo: gira su curso derecho de
poniente á naciente, con solo una vuelta que da, como de una legua,
hácia el poniente.
El 27 caminamos 18 leguas: la sonda como el antecedente dia, y lo mismo
las márgenes del rio. Encontramos unas rancherias desiertas, y en una de
ellas habia dos perros que nos siguieron. Observamos en adelante una
gran quemazon á la parte del N, y á la del S nos salieron 6 indios
Sinipés, que habiéndolos gratificado, uno de ellos recomendó su caballo
á sus compañeros, se encontró en la canoa, y nos acompañò todo este dia
y esta noche.
El 28, habiendo salido con el sol, á las dos leguas de camino a la parte
del S, nos salieron unos indios Sinipés; uno de ellos era algo ladino:
preguntéle por su capitan, y díjome que se llamaba _Dupulem_; que estaba
allí cerca, que le iria á llamar. Con efecto, á las dos leguas salió
dicho capitan, con su ladino é indiada de mas de 200 de chusma.
Exhortéles á la Fé de Jesu-Cristo; respondiéronme que su General, y _el
español_ Arias habian tratado sobre este punto; y aunque sus soldados
habian variado cuanto al sitio, habia sido con pesar suyo, porque él
quedó con _el español_ en salir _á la Cañada del Padre Roque_: pero que
su General y soldados habian mudado de consejo en esta parte, y que él
estaba en ánimo de pasar á Lacangayé á dar cuenta al _Apú_ (que así
llaman al superior en su lengua.)
Me dió una carta, que el Auditor de la expedicion reduccional habia
dejado para el de la fluvial: regalóme un cordero y unos zapallos,
quedándome corrido á vista de esta generosidad no tener mucho que
regalarles. Solo esta indiada, como la pasada, es hermosa, culta, bien
criada y vestida: despedíme de ellos, y aquí se quedó el indio que me
vino acompañando.
A poco, al lado del S, salió una indiada de nacion Atalulá, de unos 60
de toda chusma, de la reduccion de Macapilo, y su ladino se llamaba
_Pascual_. Enterado de sus apostasias, exhortéles con amor fuesen á su
reduccion: y me respondieron, que al regreso de su cura, el P. Fray
Antonio Lapa, del órden seráfico, tenian tratado su vuelta. Propúsele me
acompañase hasta donde estaba el Señor Arias, y le daria unas varas de
ropa, aceptó el partido, y se embarcó con nosotros: y habiendo dado á
los suyos bizcocho, sal y yerba, seguimos por el rio; y saltando por dos
veces en tierra, reconocimos en estas dos partes el nuevo carril que
habia abierto la expedicion reduccional. Anduvimos este dia 12 leguas,
la sonda, de mas de seis cuartas en las playas, y lo restante de cuatro
varas. Observamos á una y otra márgen cejas de montes, campos y algunos
palmares: todo este dia el rio corre al naciente.
El 29, acompañados del indio, anduvimos 18 leguas: observamos á una y
otra banda del rio famosos campos, cejas de monte y palmares que lo
hermosean. La sonda como en la antecedente jornada: da el rio este dia
tres vueltas, dos al N y una al S, y vuelve á su natural giro, que es el
naciente.
El 30 caminamos 17 leguas, y en distintas partes se observan barrancas
salitrosas, y en ellas el nuevo carril. La sonda, de siete cuartas lo
menos, lo mas de cinco varas. Observamos á una y otra márgen del rio
repetidas cejas de monte y barrancas salitrosas: da el rio repetidas
vueltas de N á S, y una al poniente.
DICIEMBRE.
El 1.º de este mes caminamos 13 leguas: á las 6 leguas encontré con una
rancheria de Mataguayos, á la parte del N, como unos 100: regaléles un
poco de bizcocho, y caminé. Como á las dos leguas encontré con una
rancheria de Tobas á la parte del S. Dijéronme que eran del pueblo que
se estaba haciendo: serian como 200 de toda chusma, y habiéndoles pedido
un indio para que acompañase á D. Josè Parrilla, por tierra, adonde
estaba el Comandante General D. Francisco Arias, y darle aviso de mi
llegada, franquearon indio y caballo, y dijéronme distaba el nuevo
pueblo cinco leguas: regalélos, y á la media legua habia á la parte del
N una rancheria de 100 Mataguayos. Arrojóse un Mataco tuerto al rio,
pidiendo tabaco; metieron prisa á la canoa mis remeros, y no nos pudo
dar alcance. En las márgenes este dia eran mas frecuentes las cejas de
montes y algunos campos, y da vueltas el rio de N á S: la sonda de este
dia, de siete cuartas. Al ponerse el sol paré en frente del nuevo pueblo
de _San Bernardo el Vertiz_, que se principiaba á edificar: dejé mi
canoa distante como media legua del pueblo, y pasé á ver al Señor Arias.
Recibíome este con alguna suspension; y preguntóme ¿como no venia el
Comandante Cornejo? Informéle de su regreso á Salta y desistimiento de
su empresa. Mandó dicho Señor se tomase sumaria informacion del suceso,
y que interin se producia, yo y los mios nos mantuviesemos á raigo en
dicho pueblo. Prodújose la informacion mandada, y por auto definitivo
resolvió S. S. ser mi relacion verídica, y no haber embarazo para mi
transporte: pero que, atendiendo al piadoso fin que me trajo, y que
estos pueblos estaban escasos de operarios apostólicos, por no haber
venido los curas doctrineros, me mantuviese en dicho pueblo para dar el
pasto espiritual á los indios, y finalizados que fuesen, seguiría mi
viage. Este mandato era en nombre del Exmo. Señor Virey de Buenos Aires,
de quien en este particular tenia por cartas sus facultades. Obedecí el
mandato.
Matúveme en el ministerio de la conversion, á que se me habia destinado
en dicho pueblo de San Bernardo, hasta el 26 de Enero; en cuyo dia salí
conduciendo en mi canoa, con mis prácticos y remeros, al Comandante
General, y siete de sus oficiales, al pueblo de los Mocobíes de Dolores
de Santiago: nos dimos á la vela el referido dia, como á las 11: dá el
rio vueltas de N. á S. Como á las cuatro leguas á la parte del N habia
una rancheria: manifestáronse algunos indios, mas ninguno llegóse junto
á la canoa. Dá una vuelta el rio de una legua hácia el N: vuelve á su
natural giro: paramos al lado del N, junto á un sitio que llaman _la
Laguna Quemada_. La sonda de este dia, lo menos de tres varas, lo mas de
seis. Caminamos 11 leguas: las márgenes del rio son cejas de montes y
campos.
El 27, caminamos al salir el sol: á las 4 leguas á la parte del S, sale
del rio una laguna grande: como á las 2 leguas hay en el rio una isla
pequeña. Encontramos al lado del N una rancheria de Tobas, como de unos
200. Deja el rio el curso antiguo que corria al N, y rompe al oriente:
anduvimos este dia 14 leguas: la sonda y márgenes del rio como en el
antecedente dia: paramos media legua enfrente del pueblo de Dolores de
Lacangayé, al que nos fuimos todos.
Mantúveme en este pueblo hasta que se hizo la colocacion de la iglesia,
cuyo sermon prediquè; y habiendo mandado hacer el Comandante General una
canoa, aunque pequeña, con la nuestra hicimos una balza, y en ella se
embarcó S. S. en compañía de otros 18 mas, el dia 9 de Febrero del
presente año á puestas del sol. Anduvimos media legua por causa del
viento; la sonda, de tres varas.
El dia 10 salimos al salir el sol: dá el rio vueltas de N á S, todo
campo y tales cuales cejas de montes: la sonda de este dia, de tres
varas lo menos, y lo mas seis y siete: anduvimos este dia 12 leguas.
El 11, salimos al romper el dia, y dá el rio repetidas vueltas de N á S.
aunque no muy dilatadas: vuelve á su giro natural que es el naciente.
Encontramos unas rancherias viejas: la sonda de este dia y márgenes del
rio, como en el antecedente dia: anduvimos 14 leguas.
El 12, salimos al salir el sol: bojea el rio á todos rumbos: al lado del
N estaba la rancheria del capitan _Nogoniti_, de nacion Toba, con unos
80 de toda chusma del pueblo ya fundado. A este rumbo del N sale del rio
una laguna grande: al lado del S encontramos con los caciques
_Dadignoti_ y _Quiniguayquin_ de nacion Mocobís, con sus familias. A
este rumbo hace el rio barrancas de altura de seis varas, y el cimiento
de tierra negra: aquí hace el rio una herradura, y angosta por espacio
de 8 leguas, siendo su anchura de 50 varas. Aquí salió al lado del S una
indiada, de unos 80 indios Mocobíes del cacique _Almelcoy_: paramos
anochecido al lado del N. La sonda, de tres varas lo menos: anduvimos
este dia 18 leguas: todo es campo este dia, cejas de monte, y solo sigue
á uno y otro márgen el monte como unas 5 leguas.
Dia 13, salimos al amanecer, sigue el rio recogido y su anchura de mas
de 60 varas: su rumbo de S á N con repetidas vueltas, y otras al
naciente: á un lado y otro algunas cejas de monte y sauzales. Hállase al
lado del N una rancheria despoblada: paramos con una hora de sol al lado
del S, en el sitio que llaman el _Paso de los Guaycurús_: anduvimos este
dia 16 leguas: la sonda de mas de 3 varas lo menos.
Dia 14, salimos al amanecer: á la legua de camino al lado del N,
encontramos un madrejon que le administra agua al rio. A las 10 leguas
se divide el rio en dos brazos, el del S de mas agua, y el del N de
menos: hace aquí el rio un remanso grande: no entra este dia el brazo
que se apartó. Todo este dia son cejas de montes, y sauzales las
márgenes de nuestro rio: paramos á puestas de sol: anduvimos este dia 18
leguas: la sonda de mas de tres varas lo menos, y lo mas de ocho y
nueve.
Dia 15, salimos al amanecer, sigue el rio estrecho. A las 3 leguas
encontramos una division del rio en dos brazos, junto á este un remanso,
y en él tuvimos alguna demora para salir, por la violencia de las aguas
y la desigualdad de las canoas: á poco entra este en el rio: sale al
lado del N un poco de agua del rio, y gira su curso hasta dos cuadras:
sale á la parte del N un brazo del rio, y entra este à la media legua.
Todo este paraje es barrancas de tierra negra: ábrese el rio en dos
brazos, uno al S y otro al N, el del S de mas agua. Se halla en medio
del rio una isla de ocho varas de largo y seis de ancho: divídese en
otros dos brazos, uno al S y otro al N, y entra á las 6 cuadras: entra
al lado del N un rio de los brazos antecedentes, que habian salido de
este rumbo. Sale un brazo de este rio al lado del S, en medio hay una
barranca de 12 varas de altura y hace isla, y vuelve á entrar en el rio.
Anduvimos este dia 15 leguas: la sonda, de mas de tres varas: se
componen las orillas del rio de sauces, cejas de montes y algunos
palmares.
Dia 16, salimos al romper el alba: sigue el rio todo palmares sin
barrancas: á las 3 leguas al lado del S sale un madrejon con un poco de
agua, al lado del N hay una laguna grande, entra por la parte un brazo
de agua que es el primero que se apartó, aunque este dicen sale cerca de
la nueva reduccion de _Remolinos_. Se acaban los palmares, que tendrán 7
leguas de largo: entran sauzales y montes: entra en el Rio del Paraguay
al ESE: su anchura de mas de 100 varas: á su entrada hace una laguna al
lado del S. Anduvimos esto dia 18 leguas, habiendo entrado como á la
una del dia en el Rio del Paraguay. Dista esta entrada del Fuerte de
Curupaytí de los Correntinos, 11 leguas, de Corrientes, 23.
No se halla en Rio Bermejo, desde las juntas del Rio de Jujuy con el de
Tarija, una piedra ni palizada.
Siguiendo por el Rio del Paraguay, á las 11 leguas de navegacion
encontramos á la parte del S un Fuerte, llamado _Curupaytí_ de
Correntinos: siguiendo de este fuerte el rio, y entrando en un brazo que
vá á juntarse con el Paraná-Miní, navegando por dicho Paraná, á las 13
leguas de navegacion llegamos á la ciudad de San Juan de Vera de las
Siete Corrientes.
_Noticias de las leguas, maderas, géneros de peces, animales terrestres
y aquátiles que se observan en los rios de Tarija, Cenia, Jujuy y
Bermejo._
Desde las juntas del Rio de Ledesma con el de Jujuy, que este corre de S
á N por un dilatado valle, entre las dos famosas sierras de Calilegua y
del Alumbre, ó Santa Bárbara, hasta juntarse con el Rio de Tarija, hay
por agua 47 leguas, y por tierra 27. Desde el Fuerte de Nuestra Señora
de las Angustias de Centa, hasta las juntas de dicho rio con el de
Tarija, por agua 3 leguas, por tierra 2; y de estas á las juntas del de
Jujuy, por agua 26 leguas.